
Entrevista sobre el libro que desvela cómo un agente de la UDYCO infiltró investigaciones policiales para beneficiar al narcotráfico y cómo el crimen organizado se ha convertido en una plataforma de distribución de droga en España.
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El artículo es una entrevista sobre un libro que detalla el caso de Óscar Sánchez Gil, agente de la Policía Nacional que operó como capo de la droga durante seis años. Se menciona que la UDYCO lo descubrió tras interceptar contenedores con droga, incluido uno con 1,6 toneladas, y que Asuntos Internos analizó su patrimonio, detectando incrementos injustificados en ingresos en efectivo e inversiones de él, su mujer y otros familiares. El registro de su casa reveló una cantidad récord de dinero que estropeó las máquinas de contar billetes.
¿Cómo es posible que durante tantos años un capo de la droga, como Óscar Sánchez Gil, pudiera operar sin que nadie se diera cuenta dentro de la Policía?
Lo has definido muy bien, era un capo, realmente un capo de la droga. Así lo consideran los policías que lo atraparon. Cuando descubrieron lo que estaba haciendo, dejó de ser un policía para ellos y pasó a ser un capo. Lo cierto es que consiguió mantenerse durante tanto tiempo porque, por lo que hemos podido averiguar en el libro, era una persona muy inteligente, con una gran destreza para disimular. Durante años abrió investigaciones falsas contra sus colaboradores y consiguió establecer una especie de red dentro de la Policía, utilizando la propia inteligencia policial en beneficio de la organización para la que trabajaba. Eso es muy difícil de detectar, porque las investigaciones se cruzan entre distintos grupos. Él conseguía introducirse continuamente en las operaciones que llevaba a cabo la Unidad de Droga y Crimen Organizado de la Policía Nacional (UDYCO), sus propios compañeros de drogas y crimen organizado. De esta manera, podía interferir en las investigaciones.
¿Cómo se le descubrió?
El caso terminó saliendo a la luz cuando la UDYCO interceptó un par de contenedores, uno de ellos con 1,6 toneladas de droga, y no había nadie detrás de la operación. Los policías empezaron a sospechar que alguien estaba colaborando desde dentro. Asuntos Internos se puso manos a la obra, recibió un chivatazo de la propia UDYCO Central y analizó el patrimonio de este agente. Detectaron incrementos injustificados tanto en sus ingresos en efectivo como en las inversiones que estaban realizando él, su mujer y otros familiares.
¿Hasta qué punto estamos ante un caso excepcional dentro de la Policía?
Es el caso más excepcional que ha habido en la Policía, no solo por el tiempo que estuvo trabajando para el narcotráfico, sino también por la cantidad de dinero que apareció cuando registraron su casa. Los responsables de la operación insisten mucho en que nunca se había incautado tanto dinero a un policía, pero es que tampoco a un narcotraficante se le había encontrado semejante cantidad de efectivo. El registro está descrito minuciosamente, tanto en las anotaciones manuscritas como en los documentos posteriores. Cuando los agentes empezaron a abrir las distintas estancias de la casa, el dinero se multiplicaba hasta tal punto que las máquinas de contar billetes llegaron a estropearse, una auténtica locura. Además, tenía un perfil tan bajo y era tan discreto que sorprendió incluso a los propios agentes. Él mismo fue el más sorprendido, porque estaba tan convencido de que nunca lo atraparían que tenía todo aquel dinero en casa como si nada.
Un caso así, ¿hasta qué punto puede dañar la reputación de la Policía en general y de la UDYCO en particular?
La UDYCO ha sufrido cierto desprestigio en los últimos años. Ellos mismos son conscientes. Por supuesto, casos como este perjudican la imagen de la Policía, pero no hay que olvidar que fueron otros policías quienes lo atraparon. Eso demuestra que, aunque el sistema llegó tarde y durante seis años este hombre pudo operar con total impunidad, finalmente acabó funcionando. La operación es un ejemplo muy claro. Hay tantas pruebas contra él que el juez ha prorrogado su estancia en prisión y, probablemente, permanecerá allí hasta que se celebre el juicio, que podría llegar el año que viene o el siguiente.
¿Podemos hablar de un problema estructural de corrupción policial relacionado con el narcotráfico que no está recibiendo suficiente atención por parte del Ministerio del Interior?
En el libro aportamos datos sobre una cifra sostenida de agentes implicados en este tipo de casos durante los últimos quince años. No ha experimentado grandes variaciones, sino que se ha mantenido bastante estable. Sin embargo, en los últimos cuatro o cinco años han salido a la luz varios casos de policías de cierto rango, incluidos jefes de unidades antidroga e incluso equipos enteros que han sido detenidos o investigados. Y no ocurre únicamente en la Policía Nacional: también hay casos en la Guardia Civil. En el libro recojo las palabras de la fiscal antidroga Rosana Morán, que insiste en que el crimen organizado necesita policías y otros agentes corruptos para funcionar. Existe un problema soterrado al que quizá no se está dando la importancia que realmente tiene.
¿Qué hace que estos agentes sean corruptibles? ¿La falta de medios y financiación o la creciente capacidad económica de las organizaciones narcotraficantes?
Creo que es más lo segundo. Se trata de una guerra muy desigual. El crimen organizado dispone de unos recursos muy superiores a los de las unidades de investigación del Ministerio del Interior. Además, es como luchar contra una hidra: le cortas una cabeza y aparecen dos más. Parece una guerra que nunca va a terminar. Desarticulan un clan y, años después, sus antiguos subordinados acaban disgregándose y formando sus propias organizaciones.
Es un problema de largo alcance que, a mi juicio, solo acapara la atención mediática cuando sucede algo especialmente grave, como cuando dos guardias civiles murieron arrollados por una narcolancha en Barbate. Solo en situaciones así parece que la sociedad toma conciencia de la dimensión del problema.
¿Y qué medios tiene Asuntos Internos para investigar la corrupción dentro del propio cuerpo? ¿Son suficientes?
También son muy limitados. Si empiezan a aparecer casos como este, que se prolongan durante años, es evidente que necesitan más recursos. Los necesitan todos: Asuntos Internos, la UDYCO y la Fiscalía. Todo el mundo ha pedido que se amplíen las plantillas y que haya más juzgados dedicados a estos asuntos. Es un problema que afecta a todos.
Todo esto ocurre en un contexto de creciente actividad del narcotráfico internacional en Europa. ¿Qué papel desempeña España en ese entramado?
España es, en algunos puntos, la sede de grandes fortunas del crimen organizado. No es ningún secreto que Marbella es el parque de recreo de grandes jefes de la mafia europea y de otros lugares del mundo. Tampoco es ningún secreto, y así nos lo cuentan agentes de la Guardia Civil y de la Policía, que el Guadalquivir y el Guadiana se han convertido en grandes autopistas de entrada de droga en España. Antes se utilizaban fundamentalmente para el hachís y ahora también para la cocaína.
¿Procede ese crimen organizado del extranjero o es nacional?
Las organizaciones han adoptado un modelo de funcionamiento diferente: se reparten el trabajo como si fueran una gran multinacional. Cada grupo, e incluso cada país, se especializa en una tarea concreta. Por ejemplo, dentro del crimen organizado, los búlgaros están considerados especialistas en el pilotaje de barcos veleros y durante años se detectaron numerosos pilotos de esa nacionalidad en las rutas que conectaban Latinoamérica con Canarias y, posteriormente, con España. Las organizaciones de países productores, como Brasil, Colombia o México, aportan la mercancía, pero después necesitan a los grupos españoles para transportarla y distribuirla. España es una gran plataforma de distribución de droga hacia Europa. Marruecos y algunos países del golfo de Guinea también funcionan como puntos de almacenamiento temporal de la mercancía durante las travesías entre continentes, hasta que llega el momento de introducirla en España, ya sea a través de los puertos o de otras rutas.
¿Cómo ha cambiado la organización del narcotráfico en España respecto a la época de los grandes clanes gallegos de los años ochenta?
Ahora funcionan de una manera mucho más discreta. Quizá las últimas grandes organizaciones que tuvieron cierta proyección mediática fueron los Castaña, en La Línea de la Concepción, hace unos diez años. Pero los clanes siguen existiendo y continúan dominando distintas zonas del país. En Galicia hay familias criminales, aunque ya no son las históricas. En Andalucía también hay grandes organizaciones en Huelva y en el entorno del Guadalquivir. En Algeciras siguen operando. Lo que ocurre es que están mucho más atomizadas. También hay grandes clanes que operan en Barcelona y en el litoral mediterráneo, muchos de ellos procedentes del extranjero, que han conseguido asentarse en España.
Antes ha definido a España como una gran plataforma de distribución de droga. ¿Qué significa exactamente?
España es un centro de distribución. Es una de las principales puertas de entrada de cocaína en Europa, pero también es un lugar donde se produce marihuana de forma masiva. El hachís sigue llegando, aunque tampoco se queda aquí: acaba distribuyéndose por todo el continente. Me refería a eso, a que España funciona como un gran centro de distribución.
¿Ha cambiado también el tipo de sustancias que enriquecen a estas organizaciones? Si en los años ochenta era la heroína, ¿hoy son principalmente la cocaína y la marihuana?
Sí, sobre todo esas dos. También hay drogas sintéticas, aunque creo que en menor medida. En España se han desmantelado laboratorios muy grandes y se han incautado importantes alijos de estas sustancias, pero Países Bajos sigue siendo el principal punto de referencia en este ámbito, en colaboración con los cárteles mexicanos.
¿Cómo entra actualmente la cocaína en España? ¿Siguen siendo importantes las rutas tradicionales?
Sigue entrando fundamentalmente por los grandes puertos, como Valencia, Barcelona y Algeciras, y también a través de los ríos. Esa es una de las grandes novedades de los últimos tres o cuatro años: el Guadiana y el Guadalquivir se han convertido en dos de las zonas más calientes. En el Guadiana ha habido tiroteos con la Policía en los últimos meses y, hace aproximadamente un año, murió un agente de la Guardia portuguesa en una colisión. Se producen numerosos enfrentamientos porque las narcolanchas que se introducen por el río son mucho más numerosas que las embarcaciones del Servicio Marítimo de la Guardia Civil. En muchas ocasiones, los agentes se ven superados.
Toda esa actividad genera enormes cantidades de dinero. ¿Cómo se filtra en la economía legal? ¿De qué manera participa nuestra economía de los beneficios del narcotráfico?
En el libro hay un ejemplo muy claro: en el caso de Óscar Sánchez Gil, era su cuñada quien se encargaba de blanquear parte del dinero de la organización. Para ello llegó a hacerse con decenas de licencias de VTC. Es algo absolutamente llamativo, pero le funcionaba. También crearon distintas empresas y compraron activos inmobiliarios. Óscar Sánchez Gil, por ejemplo, invirtió una gran cantidad de dinero en reformar su segunda vivienda en Alicante, una cantidad que no podía justificar con sus ingresos.
Otros miembros de la organización compraban casas espectaculares y mansiones en Dubái. En España vemos constantemente entramados de blanqueo que recurren a empresas aparentemente normales, pequeñas y medianas, tanto para simular actividades que permitan introducir la mercancía como para blanquear después el dinero. Sin ir más lejos, hay varias empresas frutícolas del litoral mediterráneo que importaban fruta de Latinoamérica de forma completamente real, pero aprovechaban algunos de esos envíos para introducir droga.
También ha mencionado la entrada de armas junto con la droga. Siempre se ha dicho que, frente a países como Estados Unidos, España y Europa tienen un control muy estricto del armamento. ¿Hasta qué punto está cambiando esta situación?
Es una locura. Esta semana precisamente, se ha intervenido en la provincia de Sevilla un lanzacohetes anticarro M80. En prácticamente cualquier operación de la Guardia Civil o de la Policía aparecen armas de guerra: fusiles AK-47, granadas de mano y otros artefactos que antes no se veían en manos de estas organizaciones. Esto sucede, en primer lugar, por los conflictos que hay actualmente en el mundo y en territorios próximos, como Ucrania y Oriente Próximo. Hay rutas que tradicionalmente servían para introducir armamento en el mercado negro y ahora existe una mayor disponibilidad de armas. De una manera u otra, muchas armas de calibre OTAN o de origen soviético, como los AK-47 que circulan en el contexto de la guerra de Ucrania, terminan en manos de clanes españoles o de organizaciones que operan en España.
Esa mayor disponibilidad provoca un efecto de escalada. Si un clan tiene AK-47 para protegerse de posibles ataques o robos de mercancía por parte de sus rivales, los demás también recurren a ese armamento para defenderse. Además, por desgracia, cada vez tienen menos reparos en utilizarlo. El año pasado hubo un tiroteo en el Guadalquivir en el que resultó herido un agente de la UDYCO. Los agentes intervinieron en una operación y los narcotraficantes sacaron sus armas y dispararon contra ellos. La disponibilidad de armamento es cada vez mayor.
¿Existe el riesgo de que la violencia asociada al narcotráfico que conocemos en países como México termine trasladándose a Europa? En los últimos tiempos hemos visto asesinatos y tiroteos que parecen sacados de una película.
También hemos visto lo que ha ocurrido con la Mocro Maffia en Países Bajos. Es lo que decía al principio: parecen sucesos aislados, pero cada vez hay más episodios de este tipo. El caso de los sicarios que viajaron a Barcelona para asesinar a una persona es un ejemplo. El año pasado hubo numerosos tiroteos en Marbella entre distintos clanes, incluidos grupos irlandeses. Se han producido incidentes en discotecas, bares y otros establecimientos.
La mafia sueca también ha enviado sicarios a España, incluso menores de edad, para cometer asesinatos. El año pasado fueron detenidos varios. Son hechos que a veces tratamos en la prensa como episodios independientes, pero que forman parte de un mismo fenómeno. El intento de asesinato de Alejo Vidal-Quadras también fue aparentemente un caso aislado. No era un asunto de narcotráfico propiamente dicho, sino de crimen organizado: según la investigación de la Audiencia Nacional, el encargo se realizó a través de la Mocro Maffia y procedía de una potencia extranjera: Irán. Al final, todos estos sucesos forman parte de la misma historia: mayor disponibilidad de armas, más impunidad y más organizaciones criminales operando en nuestro país.
AI outlook — possibilities, not facts
El juicio contra Óscar Sánchez Gil se celebrará el año que viene o el siguiente.
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