Dustin Hoffman publica sus memorias a los 89 años y reflexiona sobre su carrera y el éxito
Quick Look
- Dustin Hoffman, de 89 años, publica sus memorias 'Look at me' el 11 de noviembre en Estados Unidos, tras revisar su carrera de seis décadas como actor icónico de Nuevo Hollywood.
- En el libro, coescrito con Ariel Levy de The New Yorker, reflexiona sobre su trayectoria desde su papel en 'El graduado' hasta su reciente trabajo en 'Tuner', habla de la muerte de amigos como Robert Redford, Gene Hackman y Robert Duvall, y afirma que el éxito es más fácil que la felicidad.
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Why It Matters
Dustin Hoffman se convirtió en una estrella tras su papel en 'El graduado' (1967), película que marcó el inicio del movimiento Nuevo Hollywood. A lo largo de seis décadas, ha interpretado papeles complejos en películas como 'Todos los hombres del presidente', 'Kramer contra Kramer' y 'Rainman', ganando dos Óscar. Ahora, a los 89 años, publica sus memorias tras revisar su filmografía y reflexionar sobre su vida.
En 2027 se cumplirán 60 años desde que El graduado convirtió a Dustin Hoffman en una estrella. Desde entonces, Pocas carreras son comparables a la suya. Aquel fulgurante comienzo fue el inicio de la sólida trayectoria de uno de los actores más importantes de la historia. Hoy, este californiano de 89 años ha revisado meticulosamente su trayectoria para escribir sus memorias, Look at me —se publican en Estados Unidos el 11 de noviembre— y asegura mirar a su yo más joven con orgullo. “Siempre tuve dudas sobre algunas de mis interpretaciones, pero al volver a ver las películas, pensé: ‘Está bastante bien. Si lo viera en otra persona, lo pensaría”, afirma. Y añade: “Recordar versiones más jóvenes de mí mismo es como ver a otra persona en ese momento de mi vida”.
Al principio nadie apostó por él. Cuando le dijo a su familia que quería ser actor, no recibió mucho apoyo: su tía Pearl le dijo directamente que no era lo bastante guapo. Posiblemente, lo que también quería decir es que no era lo bastante alto: galanes de su generación como Warren Beatty o Sidney Poitier se acercaban a los dos metros. Pero Hoffman, con su 1,65 y su aspecto de pajarillo asustado, contribuyó a redefinir la imagen del galán cuando se convirtió en un icono fundamental de aquel movimiento que llamaron Nuevo Hollywood. Una revolución cinematográfica surgida a partir de 1967 que transformó la forma de hacer cine en Estados Unidos. Hasta entonces el control absoluto de la industria lo tenía los grandes estudios, que perdían millones de dólares financiando musicales tradicionales con galanes envejecidos que los jóvenes ya no querían ver. La salvación surgió en forma de una nueva generación de directores jóvenes, influenciados por el cine de autor europeo: George Lucas, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese o Mike Nichols, que tenía 37 años cuando dirigió El graduado (1967).
La película estaba protagonizada por un desconocido Hoffman de 30 años. Hasta ese momento había trabajado sobre todo en Broadway y durante su prueba de cámara estaba tan nervioso que olvidó sus líneas. Pero su interpretación de Benjamin Braddock, un joven recién salido de la universidad seducido por la esposa del socio de su padre, demostró una vulnerabilidad, una complejidad y un contradictorio atractivo que lo alejaban de la imagen de la estrella de cine perfecta de décadas anteriores. Y resultaba tremendamente seductor para una nueva generación de espectadores.
Aquel éxito le marcó el camino. Hoffman siguió apostando por esos antihéroes neuróticos y de clase trabajadora, o al menos con problemas propios del hombre corriente. En una concatenación ininterrumpida de actuaciones memorables, se sucedieron Cowboy de medianoche (1969), Pequeño gran hombre (1970), Perros de paja (1971), Papillon (1973), Lenny (1974), Todos los hombres del presidente (1976), Marathon Man (1976), Kramer contra Kramer (1979), Tootsie (1983) y Rainman (1988). En 20 años, recibió seis nominaciones al Óscar. Ganó dos.
Hoffman influyó enormemente en el mundo del cine, pero nunca antes había contado la historia más fascinante de sus seis décadas de carrera: la suya propia. Escribir sus memorias no fue tarea fácil. Mientras se sentaba a rememorar su vida, algunos de sus íntimos fallecieron. Entre ellos Robert Redford, con quien coprotagonizó Todos los hombres del presidente, clásico thriller político sobre el escándalo Watergate de Richard Nixon que sigue siendo una de las mejores películas sobre periodismo jamás realizadas. “Su muerte fue un golpe”, recuerda Hoffman. “Mientras escribía el libro también fallecieron otros dos viejos amigos, Gene Hackman y Robert Duvall, con quienes viví en Nueva York cuando teníamos veintitantos y empezábamos nuestras carreras como actores. Es extraño ser el último de los tres que queda con vida”.
A Gene Hackman le conocía desde el principio de los tiempos: ambos nacieron en California y fueron alumnos de la misma escuela de interpretación en Pasadena. Gene, que había sido marine, tenía 26 años, Dustin, 19. Cuentan que se hicieron íntimos porque sus compañeros les votaron “los dos estudiantes con menos posibilidades de triunfar”. Hackman, expulsado de aquella academia tras sacar las peores notas cosechadas por un alumno en toda la historia, fue el primero en trasladarse a Nueva York para probar suerte en Broadway. Dos años después le siguió Hoffman, que se mudó al diminuto piso de su amigo. A las pocas semanas, Hackman, harto de una convivencia imposible, le mandó a vivir con otro principiante que tenía una casa un poco más grande: Robert Duvall.
Mucho antes de sentarse a escribir sobre sí mismo, Hoffman dedicó su vida a intentar descifrar a los demás. Sus interpretaciones se convirtieron en legendarias por la profunda comprensión emocional que las sustentaba. Ya fuera porque investigaba durante meses sus papeles, porque cuestionaba cada línea de diálogo hasta encontrar su propia verdad emocional y su razonamiento lógico, o por hacer un esfuerzo por sumergirse hasta el fondo de la psicología de sus personajes, Hoffman se ganó la reputación de ser uno de los actores más meticulosos de Hollywood. El director Sydney Pollack —quien dirigió Tootsie, película en la que Hoffman interpreta a un actor que no encuentra trabajo hasta que se disfraza de mujer para poder presentar un programa de televisión— describió al actor y su riguroso proceso como “imposibles”, antes de añadir: “Dustin hacía cien preguntas. Noventa y nueve de ellas eran geniales”.
Fue ese mismo instinto —indagar con ahínco en cada sentimiento de los personajes— lo que terminó moldeando la forma en que Hoffman abordaba sus propios recuerdos. “Mi mente divaga y los sentimientos me acompañan en el viaje”, dice sobre el proceso de escribir sus memorias. “El libro está estructurado temáticamente en lugar de cronológicamente, porque así es como recuerdo mi vida y las películas en las que he participado. Cuando llegas a los ochenta y tantos, tus recuerdos dejan de ser una progresión lineal… Todas las personas que has sido y todo el trabajo que has hecho se convierten en un mosaico en tu mente, y los mosaicos se mueven. Suena un poco psicodélico. Pero así es tener ochenta y nueve años, al menos para mí”.
Como era de esperar dado su perfeccionismo, Hoffman aplicó el mismo rigor a su propio pasado cuando se puso a escribir, por lo que volvió a ver todas y cada una de las películas en las que ha actuado. La experiencia le tomó por sorpresa. “Sinceramente, me sorprendió lo buenas que son muchas de ellas”, admite. “Por ejemplo, sobre La cortina de humo [la película de 1997 que le dio su última nominación al Oscar hasta el momento], pensé: ¿qué más se puede pedir a una película? Lo mismo ocurre con Todos los hombres del presidente, que todavía está llena de suspense. Creo que aguanta muy bien”.
Historias específicas sobre esas películas —y sobre los coprotagonistas que se convirtieron en algunos de sus amigos más cercanos— volvieron a la mente de Hoffman durante el proceso de escritura. A propósito del clásico mencionado sobre la investigación de Nixon, Hoffman dice: “Robert Redford tuvo una gran idea para esa película, en la que interpretábamos a Woodward y Bernstein, los periodistas que destaparon el caso Watergate en el Washington Post: que ambos nos aprendiéramos los diálogos del otro, además de los nuestros. Así podíamos hablar a la vez, decir lo mismo, sorprendernos mutuamente y a los demás actores de la película, sin preocuparnos por quién había dicho qué. Y funcionó. Éramos como un solo organismo”.
Es difícil imaginar la posibilidad de revivir tantos momentos de la vida de uno como lo hizo Hoffman cuando volvió a ver su filmografía. Durante más del 99,9% de la historia de la humanidad, nadie pudo revivir su pasado a través de fotografías, y mucho menos a través de imágenes en movimiento. Hasta hace muy poco, solo los actores y ciertas figuras públicas se enfrentaban a las cámaras con asiduidad, creando un registro visual de sus vidas a lo largo de décadas. Porque, aunque las estrellas de cine interpretaban personajes, sus actuaciones se entrelazaban con recuerdos reales y, de hecho, con sus propias vidas. En todas esas películas están presentes las amistades forjadas entre compañeros de reparto, el dolor que llevaban consigo al set de rodaje y las historias de amor que comenzaron o terminaron durante una producción. Hoy en día, sin embargo, casi todo el mundo crea un archivo de su propia vida con sus teléfonos inteligentes y redes sociales, lo que convierte el gran revisionado de nuestra propia vida, que antes estaba reservado a los actores de cine, en una experiencia que cualquiera de nosotros tendrá que afrontar. En el caso de Hoffman, hubo momentos en los que apenas reconocía a la persona que veía. “Mientras veía todas las películas pensaba: ‘¿Pero quién hizo esto?”, bromea. “En las que estuve bien, no sé qué hice ni cómo lo hice. Siento como si en la pantalla hubiera una persona completamente distinta”.
Y posiblemente sea verdad, porque desde que se hicieron esas películas, Hoffman ha sido esposo y padre —ha estado casado dos veces y tiene seis hijos—; director —en 2012 debutó tras las cámaras con El cuarteto—, y ahora, por fin, escritor. Pero el icono de Hollywood aún no se ha retirado de los escenarios. A principios de este año protagonizó el thriller de atracos Tuner, del director Daniel Roher —que ganó el Oscar por Navalny—, en el que interpretó a Harry Horowitz, un afinador de pianos de edad avanzada y figura paterna de un talentoso pianista con hiperacusia (es inevitable pensar en el papel de Hoffman como figura paterna para todos los actores y cinéfilos al ver su interpretación, así como en su propia intensidad artística). Sobre cómo abordó este papel, Hoffman dice: “Siempre empiezo intentando buscar puntos en común entre ‘mi personaje’ y yo. Subrayo las comillas porque intento encontrar en quien interpreto una versión o un resquicio de mí mismo. Así no pienso tanto en el resultado, sino en estar presente y ser auténtico”.
Esa es, en muchos sentidos, la filosofía que ha definido toda su carrera. Siempre hemos visto mucho del propio Hoffman reflejado en sus famosos personajes. Pero la interpretación permite a un individuo expresarse o revelarse de maneras indirectas. Unas memorias, en cambio, desenmascaran al artista, obligándole a mostrarse (aunque, en este caso, con la ayuda de Ariel Levy, redactora de The New Yorker, que editó y coescribió el libro). Las memorias de Hoffman profundizan en cuestiones tremendamente personales, incluyendo la relación entre el éxito y la felicidad, ambas experimentadas con intensidad en diferentes momentos a lo largo de su extraordinaria vida.
Tras 89 años —y después de, finalmente, dirigir su mirada hacia sí mismo—, la distinción se ha vuelto sorprendentemente clara. Al preguntarle sobre la relación entre éxito y felicidad, Hoffman no duda: “El éxito es más fácil”.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Las memorias de Dustin Hoffman recibirán atención mediática significativa tras su publicación
Likely · Within weeks
Habrá renewed interest en las películas clásicas de Hoffman tras la publicación de sus memorias
Possible · Within months
Open Questions
- ¿Cuándo se publicarán las memorias en otros países?
- ¿Qué editorial publica el libro en español?
- ¿Habrá una gira de promoción para el libro?
- ¿Incluyen las memorias detalles sobre su vida familiar reciente?






