El 11-S: de la aburrida guardia a la tragedia que marcó un siglo
Quick Look
- En el verano de 2001, bomberos de Nueva York esperaban un incendio real mientras estaban de guardia cerca del World Trade Center.
- El 11 de septiembre, un avión impactó la torre norte, iniciando los ataques que dejaron más de 2.770 muertos en Nueva York, incluyendo 343 bomberos.
- El historiador Nathan Citino señala que el shock del 11-S fue aprovechado para lanzar guerras largas en Afganistán e Irak, lo que aceleró el declive del poder estadounidense y aumentó la islamofobia, la vigilancia masiva y la desconfianza ciudadana.
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Why It Matters
En el verano de 2001, los bomberos de la estación de Duane Street en Bajo Manhattan esperaban un incendio real tras semanas de llamadas rutinarias. El 11 de septiembre de 2001, un avión impactó la torre norte del World Trade Center a las 8:46, seguido por un segundo impacto en la torre sur. Los ataques incluyeron también el Pentágono y un vuelo que se estrelló en Pensilvania, dejando casi 3.000 muertos.
Morir de aburrimiento para un bombero significa que no sucede una desgracia a la que responder rápido al rescate.
Esa es la sensación que tenían en una de las dependencias del bajo Manhattan en el verano del 2001, muy cerca del World Trade Center (WTC) coronado por las icónicas Torres Gemelas.
“Todos nosotros en el cuartel de bomberos de Duane Street habíamos estado esperando que hubiera un incendio de verdad”, explicó Joseph Pfeifer en la reciente reedición su libro Ordinary heroes ( Héroes corrientes ). Entonces era jefe de batallón de los bomberos de Nueva York (FDNY) y máximo responsable operativo de la zona sur de Manhattan, incluido el WCT.
Tras semanas sin “nada excitante” –detectores de humo activados en edificios de oficinas, uno o dos incendios de coches o una guía telefónica ardiendo en un cubo de basura–, aquella mañana del 11 de septiembre recibieron una llamada por “posible olor a gas” a pocas manzanas del cuartel. Aunque era una cosa rutinaria, todo menos emocionante, hacia allá que fueron, incluido Pfeifer.
Ya en el lugar, al jefe le sorprendió el rugir de un avión que volaba muy bajo. Incluso leyó en el fuselaje American , nombre de la compañía aérea.
El aparato se perdió de vista entre los rascacielos hasta que reapareció directo hacia la torre gemela norte, donde impacto a las 8,46 horas. Emergió una gran bola de fuego. Ahí empezaron 102 minutos –desde los choques en los dos rascacielos y sus desplomes– que cambiaron la historia de Nueva York, de Estados Unidos y del mundo, fecha de la que se cumple el 25 aniversario el próximo viernes.
Sin contar los atentados casi simultáneos en el Pentágono y el avión que cayó en Pensilvania, supuestamente en dirección a la Casa Blanca o el Congreso, en Nueva York hubo más de 2.770 muertos. El FDNY pagó un alto precio con 343 bajas. Además, perdieron la vida 37 agentes de la Autoridad Portuaria y 23 de la policía local.
Pero como dicen muchos que aún sufren las consecuencias, el 11-S es el día más largo de la historia. Unas 10.000 personas han fallecido desde entonces por enfermedades relacionadas con la toxicidad contraída en las tareas realizadas en la Zona Cero.
Pfeifer, el primer jefe que llegó al lugar y dio las órdenes iniciales cuando no se sabía que otro avión se convertiría en un misil dirigido a la segunda torre, comprendió en un instante cómo otra jornada aburrida se convertía en la peor de su vida.
Una de sus confesiones. La primera víctima de los bomberos no fue en el interior de los edificios. Se registró fuera al recibir el impacto del cuerpo de alguien que se tiró al vacío.
Relató que el ruido de esos impactos le llenaron de horror. “Solo puedo imaginar con qué intensidad ardía el fuego allá arriba si la gente tuvo que tomar la terrible decisión entre morir quemada o dar ese salto”, escribió. Algunos se lanzaron en pareja, cogidos de la mano.
Esa imagen expresa la magnitud de la tragedia. “Fue un gran shock y los arquitectos de las largas guerras en Afganistán e Irak se aprovecharon de ese shock”, recalcó Nathan Citino, profesor de historia en la Universidad Rice de Houston y autor de varios libros. Acaba de publicar una reflexión sobre el 11/S y su legado duradero.
“La gente quedó conmocionada por el ataque, y se produjo una pérdida de la sensación de seguridad. Eso es lo más importante”, reflexionó.
“No usaría la expresión ‘pérdida de la inocencia’, porque la gente reconoce que, digan lo que digan sobre el excepcionalismo estadounidense, Estados Unidos ha sido una superpotencia mundial, una potencia imperial. Nació como una especie de proyecto colonial de asentamiento en Norteamérica. Así que, en realidad, nunca existió verdadera inocencia, al menos no en un sentido moral, político o histórico”, sostuvo.
“Pero es cierto que se produjo una gran conmoción y una pérdida de la sensación de seguridad, en especial porque ocurrió después de un periodo en el que la Unión Soviética había colapsado y la guerra fría había terminado. Existía una sensación de triunfalismo, de victoria, y ese acontecimiento del 11 de septiembre puso fin abruptamente a esa sensación”, recalcó Citino por teléfono.
“Hay una cierta ironía. Tras ese periodo en el que existía una sensación de victoria en la guerra fría, la sensación de ser la última superpotencia en pie tras el colapso de la URSS, sarcásticamente, la respuesta estadounidense al 11-S, en cierto modo aceleró –no quiero decir exactamente el declive de la autoridad, el poder o la hegemonía de EE.UU.–, pero sí aceleró de alguna manera el declive del poder estadounidense en distintos sentidos.Y esa podría ser la consecuencia más duradera, que atribuyamos al 11-S dentro de 100 años”, sopesó.
Citino y otros historiadores coincidieron en que la desproporcionada respuesta militar de Washington con la guerra al terror supuso alentar la islamofobia, eliminar la distinción entre seguridad doméstica y exterior, que hizo que se creara el Departamento de Seguridad, con los agentes aduaneros o ICE persiguiendo todavía hoy a los inmigrantes, la vigilancia masiva de estadounidenses, la pérdida de derechos y la creciente desconfianza de los ciudadanos hacia los gobernantes y políticos que mostraron apoyo a las denominadas “guerras eternas”.
Donald Trump manejó con éxito la baza de estar en contra de esos conflictos militares, estrategia que fue básica en sus dos victorias electorales. Pero con la guerra de Irán “está experimentando el tipo de reacción adversa de la que se benefició antes contra las élites estadounidenses”, según Citino.
El 11-S y todas sus circunstancias han incrementado la división interna a partir del estás conmigo o eres un traidor.
Ha supuesto, además, una magnificación de las teorías conspirativas desde los truthers , los que propagaron, gracias a la expansión de internet, su negación de la versión oficial y proclamaron que la caída de las torres fue un trabajo interno del gobierno, no de terroristas islamistas, en parte sustentada por la mentira de las armas de destrucción masiva para invadir Irak en el 2003. Esto se ve como un antecedente para alegar falsas manipulaciones electorales y tratar de acallar voces.
El tributo del 25 aniversario del ataque a Nueva York se produce cuando Zohran Mamdani es el primer alcalde musulmán de la ciudad y cuando en otros lugares del país se apela de nuevo al eco de la islamofobia del 11-S para defenestrar candidatos y estigmatizar ciudadanos.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
El legado del 11-S seguirá siendo debatido en términos de su impacto en la democracia estadounidense y el poder global de EE.UU.
Likely · Within years
Open Questions
- ¿Cómo se evaluará el legado del 11-S dentro de 100 años?
- ¿Qué papel jugó exactamente la desinformación en el auge de las teorías conspirativas tras el 11-S?
- ¿En qué medida las políticas post-11-S han afectado permanentemente las libertades civiles en Estados Unidos?


