
A pesar de la retórica oficial, los trabajadores enfrentan niveles históricos de desigualdad económica y una pérdida de poder adquisitivo, mientras crece el apoyo popular hacia los sindicatos.
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El Día del Trabajo en EE. UU. se celebra el primer lunes de septiembre, diferenciándose del 1º de mayo internacional. El sindicalismo ha pasado de representar a un tercio de la fuerza laboral en los años 50 al 11% actual.
Cada primer lunes de septiembre es oficialmente el Día del Trabajo para supuestamente festejar a los trabajadores estadunidenses. Sin embargo, este año enfrentan despidos masivos, menos derechos y un costo de la vida cada vez más alto, mientras padecen un nivel de desigualdad económica más amplio que nunca en un siglo, todo mientras sus patrones gozan de más riqueza que nunca.
Este lunes hay poco que festejar para un trabajador; el día más bien se vuelve un feriado oficial sin memoria (el 1º de mayo en que se celebra el Día de los Trabajadores a escala mundial no se marca oficialmente en este país, a pesar de que la fecha nació en Chicago, en la lucha por la jornada laboral de ocho horas en 1886).
Resultado de cuatro décadas de neoliberalismo y ahora con el asalto por los ricos, el sindicalismo estadunidense está en su punto mas débil, algo que continúa con una Casa Blanca que, a pesar de su retórica populista de derecha, tiene el proyecto de entregar el país a lo que los opositores llaman una oligarquía.
Once por ciento de la fuerza laboral pertenece a un sindicato en este país, según cifras oficiales del Departamento de Trabajo –en la década de los 50 del siglo pasado, más de un tercio estaba sindicalizada–, y sólo 6 por ciento de los trabajadores del sector privado pertenecen a un gremio.
El salario real promedio de los trabajadores estadunidenses tiene el mismo poder de adquisición que hace 40 años. El salario mínimo real en 2025 es casi el mismo que el de 1956, calcula el Economic Policy Institute.
A la vez, la concentración de riqueza ha llegado a niveles sin precedente en un siglo. El 1 por ciento más rico tiene más riqueza que 93 por ciento de los de abajo, y un solo hombre, Elon Musk, tiene mas riqueza que 50 por ciento de abajo de los hogares estadunidenses. Diez por ciento de los hogares más ricos del país controlan más de dos tercios de la riqueza total de la nación, según datos de la Reserva Federal.
“Nunca antes en la historia estadunidense tan poca gente ha controlado tanta riqueza y tanto poder. Nunca antes hemos tenido una clase gobernante con tanta avaricia y tan irresponsable”, repite el senador independiente Bernie Sanders. Vale recordar la frase celebre del multimillonario honesto Warren Buffett en 2006: “por supuesto hay una guerra de clases, pero mi clase, la clase rica, está librando la guerra y estamos ganando”.
Sin embargo, sorprende que después de décadas de neoliberalismo que identifica a los sindicatos como enemigos y algo anticuado, una nueva encuesta de Gallup revela que 71 por ciento de estadunidenses los aprueban, el nivel más alto en 60 años. Un 43 por ciento de trabajadores no sindicalizados –56 millones– dicen que votarían por sindicalizarse en sus empresas si les fuera ofrecida la oportunidad.
Y hay nuevas luchas: más de 12 mil empleados de Starbucks han votado a favor de sumarse al sindicato independiente Starbucks Workers United en más de 700 ubicaciones, y el mes pasado anunciaron un boicot contra la empresa hasta que acepte negociar el contrato colectivo (la central obrera AFL-CIO y el sindicato de maestros de Chicago votó a favor del boicot con más aliados todos los días).
El sindicato automotriz UAW, bajo liderazgo progresista, está resucitando la memoria del 1º de mayo para intentar construir una alianza nacional con la finalidad de defender los derechos laborales y nutrir esfuerzos de solidaridad gremial.
La presidenta del sindicato nacional de sobrecargos, Sara Nelson, redactó en el 250 aniversario de Estados Unidos: “es hora de escribir una nueva historia para la democracia, tanto en el lugar de trabajo como en la plaza pública. Los patrones han controlado demasiado de los primeros los 250 años del país. Necesitamos luchar para ganar los siguientes 250 para la clase trabajadora para devolver la nación a su dueño legítimo: el pueblo”.
Tal vez los ecos de las grandes luchas laborales que ayudaron a democratizar este país a lo largo de su historia se escuchan otra vez en las calles, oficinas, fábricas y campos.
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