La falta de respuesta unificada ante el colapso humanitario en Ceuta refleja una fatiga democrática y el peligro de la inacción política.
El autor analiza la crisis migratoria en Ceuta bajo el 'efecto espectador', criticando la parálisis y el cruce de culpas entre el Gobierno y la oposición, y reclamando una respuesta de Estado y europea ante lo que define como un golpe híbrido y colapso humanitario.
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El artículo utiliza el 'efecto espectador' para explicar la inacción política ante la llegada masiva de migrantes a Ceuta. Se describe la situación como un colapso humanitario y un desafío a la seguridad nacional.
Tiene muchos nombres: el efecto bystander , el efecto espectador (así, literal), o el efecto Genovés por el ampliamente estudiado asesinato de Kitty Genovese en el New York de los años 60. Se trata de un fenómeno psicológico que indica que es menos probable que una persona ayude en una emergencia cuantos más testigos haya presentes. Cuanto mayor es el grupo, menor es la tendencia individual a intervenir. Es una pena, pero ocurre habitualmente. Hay tres causas para esa reacción: uno, al haber más gente, verbigracia, varias instituciones, cada parte piensa que el otro se hará cargo, diluyendo su propio deber de actuar; dos, si nadie reacciona en el tiempo y forma esperado ante una situación progresivamente cada vez más confusa, los demás asumen que no pasa nada (o no es tan grave), imitando la aparente calma del grupo para cabreo del respetable; y tres, va pasando el tiempo y el miedo a actuar de forma incorrecta va abriéndose paso, pensando que actuando se hace el ridículo, siendo evaluados de manera negativa por la sociedad. En los últimos 24 días esto es lo que les ha sucedido con lo de Ceuta al Gobierno de España, al principal partido de la oposición y a buena parte de los representantes de la ciudad autónoma.
No hay mejor metáfora para entender la percepción de parálisis institucional, polarización y falta de un gran acuerdo ante lo que ha vivido España: técnicamente “un golpe híbrido” al que, gobierne quien gobierne, hay que darle una respuesta de Estado dentro y fuera de nuestras fronteras: de unidad institucional inquebrantable. Todo lo contrario es un error, porque ante problemas estructurales del Estado (y la demografía procedente de África lo es), no se puede ni se debe, culpar sistemáticamente al adversario.
El juego de la inacción supone algo que cualquier ciudadano entiende a la primera: ninguno de sus dos principales líderes da el primer paso para desbloquear consensos amplios por temor a que sus propios electorados más duros les castiguen, esperando siempre que sea el otro quién ceda primero. Pues bien, con lo de Ceuta se equivocan: quién dé el primer paso acertará. Hay momentos donde se pueden ser dos, tres y cuatro partidos, naciones o no, 17 Comunidades, pero hay momentos, como con lo de Ceuta, donde tienes que ser el Estado plurinacional de la UE que somos. Y usar todos los instrumentos institucionales dentro o fuera, por ejemplo, con una Conferencia de presidentes, para proteger lo que somos frente al mundo.
Lo de Ceuta es un colapso humanitario. Así es como debe definirse tanto en el Consejo de Ministros, sus Comisiones, Seguridad Nacional, el conjunto del poder ejecutivo y el poder legislativo como también fuera, en el Consejo, la Comisión y el Parlamento europeo. La pasividad comunitaria ha provocado además en términos públicos la espiral de otros estados como Italia o Dinamarca. La ecuación es sencilla de entender: si los testigos lejanos no reaccionan con urgencia, asumen públicamente que la situación no es catastrófica. La UE siempre tendrá en la frontera sur una crisis migratoria permanente. Es lo que tiene la demografía, ahora que en estos momentos la fertilidad global ya estaría por debajo de la tasa de reemplazo por primera vez en la historia. Su respuesta ha sido muy inmadura y de baja calidad.
Lo de Ceuta es una guerra cognitiva, cultural, política, económica y social que excede por completo las capacidades de cualquier administración estatal, autonómica o local. Para que España proteja, Europa debe proteger lo mismo que España. En el plano interno, el juego de las culpas a tres bandas debe acabar y en el externo, debe haber un frente europeo tras la magra respuesta. Como consecuencia de todo ello, los “espectadores” siguen observando el deterioro del debate público, así como las anomalías institucionales de las que se valen para entrar electoralmente los autoritarios. Es lo que ha ocurrido desde hace tres semanas, da igual quien tenga más culpa (no entramos). La conclusión es una: fatiga democrática y retirada de la confianza del ciudadano al Estado y a la UE. Al percibir la política como un bucle cerrado de reproches simétricos, la sociedad civil entra en modo “espectador pasivo”, desistiendo de exigir a una democracia que no funciona, asumiendo que nada va a cambiar y castigando cuando lleguen las urnas. Y, sí, en este efecto Genovés, curiosa ironía, los populares han hecho todo lo contrario a los que habría sido su mayor acierto.
Next week
La demografía
Primero vienen los cambios demográficos y luego los sociales, económicos, políticos, culturales y cognitivos. Lo prioritario es centrarse en el papel del Estado como garante de un lugar en el mundo para sus ciudadanos. Lo de la ciudad autónoma de Ceuta ha interpelado al Estado, que tiene que proteger a los suyos y eso va más allá de las políticas públicas de inmigración, las expulsiones de los extranjeros o la acogida de los menores que han llegado a España y están desamparadas, las invasiones, la reemigración. Es un colapso humanitario.
El ojo de halcón
Golpe híbrido
El golpe híbrido que ha tenido lugar en la ciudad autónoma de Ceuta interpela a la mente de las personas y reconfigura el papel del Estado como instancia de protección. Afecta tanto a la dimensión social como a la seguridad nacional, a la defensa, a lo territorial. Todo al mismo nivel. La reivindicación de la lógica parlamentaria, el regreso a las instituciones, en defensa de un Estado que protege a los suyos y garantiza un lugar en el mundo es la línea recta para la resolución de la crisis desatada el día 30 de julio cuando miles de personas cruzaron la frontera.
Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, enfrenta una crisis migratoria sin precedentes tras la entrada masiva de personas desde Marruecos. Critica la inacción y lentitud del Gobierno central ante lo que califica como un ataque a la soberanía nacional.

El príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, visita París para reunirse con Emmanuel Macron. La agenda se centra en la crisis con Irán, la seguridad en el Estrecho de Ormuz, la estabilidad en el Líbano y la cooperación económica en defensa y energía.
Junts per Catalunya inicia el curso político con el posible retorno de Carles Puigdemont y la presión electoral de Aliança Catalana. La formación enfrenta tensiones internas, rumores de un congreso extraordinario y la necesidad de definir su estrategia.

Ocho ministros del Gobierno comparecerán en el Congreso entre el 25 y el 31 de agosto para explicar la gestión de la crisis migratoria en Ceuta, tras la entrada masiva de miles de personas. La oposición del PP critica la ausencia de Pedro Sánchez.

El Grupo Parlamentario Popular ha registrado doce preguntas en el Senado para exigir explicaciones al ministro Óscar Puente sobre la caída del 15,5% en pasajeros de alta velocidad, el aumento de descarrilamientos y la gestión de fondos europeos en Cercanías.

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