
Las altas temperaturas del mar y la llegada de vaguadas estacionales elevan la preocupación de los meteorólogos ante posibles fenómenos severos en las próximas semanas.
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El Mediterráneo ha alcanzado temperaturas récord de 33 grados este verano, aportando calor y humedad a la atmósfera.
El Mediterráneo llega al final del verano cargado de energía. Sus aguas, que este verano han llegado a alcanzar una temperatura récord de 33 grados, aportan calor y humedad a una atmósfera que, cuando se dan los ingredientes necesarios, puede alimentar tormentas especialmente intensas. Una combinación que este lunes dejó una de sus imágenes más llamativas en el sur de Francia, donde un tornado -que podría haber alcanzado una intensidad EF2 o EF3- causó importantes destrozos en la localidad de Pomas. Lo ocurrido al otro lado de los Pirineos no es, sin embargo, un fenómeno ajeno a España: los expertos recuerdan que tornados de estas características también pueden producirse en nuestro país y apuntan a las próximas semanas como un periodo en el que habrá que seguir de cerca la evolución meteorológica.
Detrás de un tornado como el que golpeó Pomas tienen que coincidir numerosos factores. Sin embargo, una de las claves de lo ocurrido en Francia es que la situación atmosférica que desencadenó las tormentas no era excepcional. "Esto es un poco lo que preocupa", explica a 20minutos Víctor M. González, divulgador especializado en meteorología en Meteored. "Ha entrado una vaguada muy habitual, de las que a veces hay en verano y refrescan un poco, y se ha transformado en un monstruo como este", señala.
Samuel Biener, meteorólogo de Meteored, coincide en el diagnóstico: "La situación atmosférica era totalmente normal en esta época del año", asegura a 20minutos. La diferencia está en el extra de energía disponible: las elevadas temperaturas del Mediterráneo hacen que el aire que se encuentra sobre sus aguas disponga de más calor y humedad, dos ingredientes que alimentan a las tormentas cuando aparece la inestabilidad. Biener lo describe como tener "gasolina de primera" a disposición de estos sistemas.
Que el Mediterráneo esté especialmente caliente, sin embargo, no significa que vaya a producirse necesariamente un episodio extremo. "Si estuviésemos con un anticiclón hasta diciembre, aquí no pasa nada", ejemplifica González. Para que toda esa energía entre en juego tienen que coincidir otros fenómenos atmosféricos, como una borrasca, una DANA o una vaguada. De ahí que las próximas semanas despierten especial atención: "Tenemos por delante un par de meses un poco delicados", apunta el experto.
La "reina de las tormentas"
En Pomas, la tormenta que acabó generando el tornado fue una supercélula, un tipo de tormenta cuya principal particularidad es que tiene una corriente ascendente en rotación. "Es como una especie de peonza gigante", explica González. Para que se forme, además de humedad y energía, tiene que existir una determinada cizalladura: que el viento cambie de dirección e intensidad a medida que aumenta la altura. Cuando el aire asciende en esas condiciones, la corriente puede comenzar a girar y trasladar esa rotación a la propia tormenta.
Esa rotación permite a las supercélulas aprovechar de manera especialmente eficiente la energía disponible y mantenerse durante más tiempo. Biener las define como "la reina de las tormentas": pueden persistir durante horas, recorrer cientos de kilómetros y producir algunos de los fenómenos más adversos asociados a las tormentas, como lluvias torrenciales, granizo de gran tamaño o fuertes rachas de viento. Solo una parte de ellas termina generando tornados, que es lo que sucedió en Pomas.
El tornado de Pomas podría haber alcanzado una intensidad equivalente a F3, una estimación que se realiza a partir de los daños que deja a su paso -en una especie de "meteorología forense", como la define González-, ante la dificultad de medir directamente la velocidad del viento. "Un F3 ya es una cosa muy seria", señala González. En este nivel, los vientos pueden superar ampliamente los 200 km/h y causar daños importantes incluso en construcciones robustas. Biener apunta que el tornado francés pudo registrar vientos superiores a los 220 o 230 km/h. "No es el primer caso detectado en el suroeste europeo, pero tampoco es habitual", matiza.
Tornados también en España
Aunque episodios de esta intensidad sean poco frecuentes, los tornados no son un fenómeno desconocido en España. "No es raro que todos los otoños o todos los veranos aparezcan varios, incluso en las costas españolas", explica González, aunque muchos son trombas marinas que no llegan a tierra y otros atraviesan zonas deshabitadas. Además, se trata de fenómenos muy localizados, que pueden tener apenas "decenas o cientos de metros de diámetro", recorrer unos kilómetros y desaparecer en cuestión de minutos. Por eso, señala González, "es cuestión de suerte -o mejor dicho, mala suerte- que en algún momento alguno toque una zona poblada".
Se han observado tornados prácticamente en todas las provincias españolas, aunque "son más habituales o intensos normalmente en regiones del noreste: Cataluña, el litoral de Castellón y Valencia, Aragón y las zonas de Teruel y Soria", explica González. El experto señala además otro punto caliente en Andalucía, donde pueden producirse incluso durante el invierno. Biener se detiene en Teruel y Soria, donde recuerda que se han registrado varios tornados similares o incluso más intensos que el de Francia. Es, dice, "nostro tornado alley particular". "En España se producen tornados, aunque el imaginario diga que no", recalca.
Lo que todavía no puede determinarse es si estos fenómenos están aumentando en frecuencia o intensidad. Ambos meteorólogos piden prudencia: los registros disponibles son relativamente cortos y, además, la capacidad para detectarlos ha cambiado enormemente con los radares, satélites y la generalización de los teléfonos móviles. "De momento cuesta mucho saberlo", reconoce González. En la misma línea, Biener recuerda que "los tornados ya estaban ahí" y que "habrá que ver en las próximas décadas si finalmente están aumentando su frecuencia e intensidad en España".
También es difícil anticipar cuándo y dónde aparecerá un tornado. Los meteorólogos pueden detectar con dos o tres días de antelación que una zona reúne condiciones favorables para su formación; de hecho, antes del episodio de Pomas ya se sabía que había riesgo en el sur de Francia y también en zonas del valle del Ebro, Aragón y Cataluña. Pero "para saber si el tornado te va a tocar en la puerta de tu casa hay que acercarse prácticamente al minuto", explica González, que sitúa el margen de anticipación, una vez formada la supercélula, en apenas 10, 15 o 20 minutos, un tiempo que considera "más que suficiente para ponerte a resguardo".
"En el fondo suspendemos la asignatura"
Ese escaso margen pone el foco en la capacidad de reacción. González, que también trabaja como técnico en coordinación de emergencias, considera que España tiene herramientas para responder, pero que todavía queda trabajo por hacer. "Aunque en cierto modo soy optimista y sé que tenemos medios y sistemas para poder adaptarnos a este tipo de fenómenos, sigo pensando que en el fondo suspendemos la asignatura", afirma. Mientras en Estados Unidos existen alertas prácticamente inmediatas ante un tornado, González considera que los protocolos de activación de ES-Alert en España todavía carecen de agilidad. Biener señala, además, que España no cuenta con un protocolo específico frente a tornados: "Si tenemos protocolos ante tsunami, yo pienso que también deberíamos tener alguno de tornados".
Ante la llegada inminente de uno, la recomendación es buscar refugio en un edificio robusto, situarse en las habitaciones más interiores y en la planta más baja posible, lejos de las ventanas. González desaconseja también salir a la calle o tratar de huir en coche, que no ofrece una protección adecuada frente a los fuertes vientos.
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