El sueño kurdo de autonomía se desvanece tras una década de cambios en Oriente Próximo
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Tras una década de avances kurdos contra el ISIS en Siria e Irak, los sueños de autonomía territorial han quedado aparcados debido a la consolidación de Estados-nación centralizados en la región, según expertos que analizan los procesos de negociación en Turquía y Siria, las divisiones internas en el Kurdistán iraquí y la histórica dependencia de apoyos externos que han resultado efímeros.
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Why It Matters
Los kurdos, con una población estimada de 30-35 millones distribuidos entre Turquía, Irán, Irak y Siria, han perseguido durante décadas proyectos de autonomía o independencia. Tras el colapso estatal en Siria tras 2011 y la lucha contra el ISIS, las milicias kurdas ganaron territorio y apoyo occidental, mientras que en Irak el Gobierno Regional del Kurdistán expandió su dominio. Un referéndum de independencia en 2017 en el Kurdistán iraquí fracasó, y en Turquía el PKK llevó el conflicto a zonas urbanas. Diez años después, los cambios en el equilibrio de poder regional han favorecido la consolidación de Estados-nación centralizados.
Las milicias kurdas de Siria avanzaban hace una década contra las fuerzas del autoproclamado Califato del Estado Islámico. Y su heroica resistencia y su arrojo en el combate contra los mismos yihadistas que atentaban en Europa, conquistaban la opinión pública internacional. En Irak, los peshmerga kurdos, también aprovechando la lucha contra el Estado Islámico, incorporaban nuevas ciudades al dominio del Gobierno Regional del Kurdistán ante un Bagdad sobrepasado por la situación y al año siguiente convocaron un polémico referéndum de independencia. En Turquía, el grupo armado PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán) trataba de emular a sus aliados en Siria y llevó la guerra a las ciudades buscando crear zonas liberadas, y en Irán, las fuerzas de los grupos kurdos exiliados aprovechaban para iniciar una nueva fase de su guerra de guerrillas fronteriza. Diez años más tarde, las tornas han cambiado: los sueños de autonomía han quedado enterrados ante la cruda realidad de Oriente Próximo y los cambios en el equilibrio de poder regional.
“El sueño de la autonomía territorial kurda ha quedado aparcado en toda la región a medio plazo. Se ha desvanecido la oportunidad que se abrió tras 2011, con el colapso del Estado en Siria y la guerra contra el ISIS [siglas en inglés de Estado Islámico], que llevó a Occidente a proporcionar armas a los kurdos. Esa combinación ya no existe. Y el orden regional se ha consolidado de nuevo en torno a Estados-nación centralizados, que es la estructura que Turquía desea y la que Washington considera más fácil de gestionar”, opina Ezgi Basaran, profesora de la Universidad de Oxford y autora de varios libros sobre política turca y la cuestión kurda.
La académica subraya que ha sido una decisión tomada “por los propios movimientos kurdos”, si bien matiza que la autonomía como proyecto político sigue teniendo apoyos entre la población kurda y “la demanda resurgirá de inmediato si los Estados se fragmentan de nuevo”.
Con unos 30-35 millones de personas repartidas entre Turquía, Irán, Irak y Siria, los kurdos son habitualmente definidos como uno de los mayores pueblos sin Estado del mundo. Sin embargo, y aunque hay lazos familiares y comerciales a ambos lados de cada una de estas fronteras, entre los kurdos hay fuertes diferencias históricas, ideológicas e idiomáticas. Por ejemplo, en Siria y Turquía domina el dialecto kurmanyi, y también se habla el zazaki; en Irak e Irán, mayormente el sorani.
“Dentro de este nuevo orden, tanto en Siria como en Turquía, se les está diciendo a los kurdos que reivindiquen sus derechos como ciudadanos de los Estados existentes, en lugar de como un bloque autónomo. El movimiento de Öcalan y el de Abdi han aceptado este planteamiento por ahora, que implica cambiar un paradigma militar, en el que estaban perdiendo, por uno político y legal, donde sus perspectivas a largo plazo son mejores”, explica Basaran en referencia al líder del PKK, Abdullah Öcalan, quien negocia con el Gobierno turco un proceso de desarme, y a su discípulo, Mazlum Abdi, que esta misma semana anunció la disolución de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) como colofón al proceso de integración de las milicias kurdas y su administración autónoma en el Estado sirio.
“En Siria, debido al pequeño tamaño de la población kurda y a su dispersión geográfica, mantener una autonomía territorial clásica no era viable”, afirma Roj Girasun, director del centro de investigación Rawest en Diyarbakir, capital oficiosa de los kurdos en Turquía. El error de los kurdo-sirios, en su opinión, fue “no entender el cambio en los equilibrios de poder” tras el derrocamiento de Bachar el Asad en 2024: “Si hubieran alcanzado un acuerdo [con Damasco] antes, podrían haber mantenido un cierto grado de autonomía o estatus especial. Pero al no hacerlo, se vieron obligados a negociar tras una derrota militar [el pasado enero]”.
Los procesos de negociación en ambos países avanzan en paralelo por los vínculos entre ambos movimientos y ambos Gobiernos centrales, pero, de momento, los kurdos sirios han visto sus derechos reconocidos (la oficialidad de su idioma y la educación en lengua materna), mientras que en Turquía lo único que se ha pactado es una amnistía parcial para los combatientes del PKK. “La sociedad kurda [en Turquía] no ve este proceso como una solución de la cuestión kurda, sino como la liberación de la cuestión kurda del conflicto armado, un conflicto que había dejado exhaustos a los kurdos. Quieren que la cuestión pase a ser decidida por la política. Así que hay un optimismo cauto”, opina Girasun. Se trata de un punto importante porque, debido a la lucha armada del PKK, cualquier demanda kurda era tratada hasta ahora desde la óptica del terrorismo, por lo que el fin de la lucha armada abre un nuevo periodo.
La trampa del apoyo extranjero
El gobierno regional del Kurdistán Iraquí –surgido de la invasión estadounidense de Irak que, en 2003, derrocó a Sadam Husein e impuso un Estado federal– había sido un espejo en el que se miraban los movimientos nacionalistas kurdos de otros países, pero desde el fallido referéndum de independencia de 2017 –cuyos resultados solo fueron reconocidos por Israel y que la mayoría vieron como una maniobra del presidente Masud Barzani para prolongarse en el poder–, reina la parálisis política. Las elecciones parlamentarias que se celebraron en 2024 –con dos años de retraso– produjeron un parlamento regional muy dividido que, unido a las fuertes divisiones entre los dos grandes bloques (el Partido Democrático del Kurdistán, del clan Barzani, la Unión Patriótica del Kurdistán, de la familia Talabani), han impedido la formación de un gobierno desde entonces.
Estas divisiones han “limitado la capacidad de negociación” del Gobierno regional, sostiene Dlawar Aladdin, director del Instituto de Investigación de Oriente Medio, con sede en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. Y eso lo ha aprovechado el Gobierno central. “Bagdad lleva tiempo intentando limitar el autogobierno, principalmente debilitando su autonomía fiscal y mediante fallos del Tribunal Supremo Federal sobre la exportación de petróleo [que ahora maneja el Gobierno iraquí]”, lamenta Aladdin.
El Kurdistán iraquí también se ha opuesto a que grupos armados kurdo-iraníes que tienen ahí su base utilicen el territorio para atacar a Irán, por miedo a las represalias de Teherán. Cuando comenzaron los ataques israeloestadounidenses sobre Irán en febrero, estos grupos se mostraron dispuestos a colaborar en una invasión terrestre, un plan promovido por el Gobierno de Israel, pero que el presidente estadounidense, Donald Trump, terminó desechando por las presiones de Turquía y otros aliados regionales. “Algunos nacionalistas turcos se emparanoiaron con que Israel transformaría la región utilizando a los kurdos. Por otro lado, algunos nacionalistas kurdos atribuyeron un poder casi mitológico a Israel, creyendo que podría ser un actor decisivo para que los kurdos ganaran estatus”, sostiene Girasun, que considera que la situación en Irán “no está madura” para las aspiraciones kurdas.
Este punto, el del apoyo de Israel, es interesante. Tel Aviv ha pasado de suministrar inteligencia y equipamiento militar a Turquía en su lucha contra el PKK, en la década de 1990, a cortejar a diversos movimientos kurdos para debilitar a los Estados de la región. Por ejemplo, en los dos últimos años el Gobierno de Benjamin Netanyahu instó a las milicias kurdosirias a resistir frente a Damasco, pero estas terminaron rechazando su apoyo.
Y es que, durante los últimos 80 años, el apoyo de una potencia externa ha sido clave en la consecución de proyectos autonómicos kurdos. Pero también ha sido su perdición. El gran ejemplo es la República de Mahabad (enero-diciembre de 1946), que apenas resistió unos meses desde que sus patrocinadores –los soviéticos– se retiraron de Irán.
“Los patrocinadores externos han resultado ser tan fiables como sus propios intereses. EE UU apoyó a las FDS contra el ISIS, y las abandonó en cuanto decidieron gobernar Siria desde Damasco. Israel ofreció apoyo a los kurdos iraníes, y luego Trump les retiró el respaldo”, reitera Basaran: “La lección, que los kurdos ya han aprendido tres o cuatro veces, es que una autonomía que dependa de una fuerza aérea extranjera dura exactamente lo que dura el interés de la potencia extranjera en ella. Ni un día más”.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Los kurdos en Siria y Turquía continuarán priorizando el camino político y legal sobre el militar para lograr sus objetivos
Likely · Within months
El Gobierno Regional del Kurdistán en Irak permanecerá paralizado debido a las divisiones entre el PDK y la UPK, impidiendo la formación de un gobierno estable
Likely · Within months
Cualquier resurgimiento significativo de la demanda de autonomía kurda dependerá de una fragmentación futura de los Estados-nación en la región
Possible · Within years
Open Questions
- ¿Hasta qué punto los procesos de negociación actuales en Turquía y Siria conducirán a un reconocimiento significativo de derechos kurdos?
- ¿Podrá el Gobierno Regional del Kurdistán superar sus divisiones internas para recuperar capacidad negociatoria con Bagdad?
- ¿Qué condiciones serían necesarias para que resurja una demanda significativa de autonomía kurda en la región?
- ¿Cómo afectarán las dinámicas geopolíticas cambiantes, incluyendo las relaciones entre Israel, Turquía y los kurdos, a las aspiraciones kurdas futuras?




