El director y docente reflexiona sobre la crisis educativa, la falta de recursos, el impacto de la inteligencia artificial y el malestar del profesorado en Cataluña.
Rafa González, director del instituto Peralada en Girona, analiza en una entrevista la crisis estructural de la educación, el agotamiento docente, el impacto de la inteligencia artificial y los retos de la escuela inclusiva actual.
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El sistema educativo catalán afronta tensiones y protestas del profesorado por la carga laboral y la falta de recursos.
Rafa González, director del instituto Peralada (Girona), enseña un vídeo en el que se ve a un gigante empujando una enorme roca cuesta arriba de una montaña, una y otra vez. La roca crece en cada descenso y aumenta el peso. Desde el valle los pobladores tiran flechas a este Sísifo, que apenas puede sostener la bola, hasta que se cansa y suelta su carga aplastando al pueblo. “Así nos sentimos los docentes; nos hemos cansado de tanta carga”. Ingeniero de telecomunicaciones dejó la industria por la docencia hace dos décadas.
¿Qué está asumiendo la escuela que no debería?
El docente quiere dar clase y no se siente cómodo con tantas cargas. Si queremos que la escuela atienda la salud mental, la diversidad, la pobreza, la inmigración y los servicios externos no lo facilitan, hace falta que tenga más recursos. No puede ser que llames al centro de salud mental por la urgencia de un alumno y te den cita para dentro de tres meses.
¿Quién debe decidir qué se quiere de la escuela?
La sociedad. Es un servicio público. Yo puedo tener mi idea, pero es una decisión política. Lo que no vale es pedirlo todo y mantener los mismos recursos. Y no hablo de docentes. Son psicólogos, enfermeros, educadores social.
Empezamos el curso, como lo dejamos, con una huelga. Si fuera conseller ¿qué es lo primero que haría?
Ahora es muy difícil arreglarlo porque se piden muchas cosas y todo a la vez. El malestar se ha acumulado y es una burbuja que ha explotado. No culpo a esta conselleria: podía haber estallado ahora o hace dos años. Quizá se ha escuchado demasiado poco a las direcciones, que somos el punto de enlace entre docentes, familias y administración. Pero el problema es estructural y cualquier reforma dará resultados lentos, a largo plazo. Tendremos un primer semestre muy movido.
Sin colonias, sin clases. ¿Se subestima el coste para la vida de los centros y para el aprendizaje de los alumnos?
La mayoría de docentes quieren su profesión y buscan el progreso de los alumnos. Sufren por sus alumnos, pero si no hay una protesta es difícil visibilizar el malestar y la necesidad de cambio. ¿Hasta cuándo será sostenible? Eso no lo sabemos. Pero también es verdad que no podemos estar enfadados todos con todos. Tenemos que recuperar la confianza y la esperanza.
Su centro se ha adherido a la supresión de las colonias.
Empezó como una medida de presión, pero se ha visto que no son sostenibles. Se ha institucionalizado el voluntarismo. No se puede pretender que cuatro docentes controlen a 70 alumnos durante un viaje de seis días, las 24 horas. La sociedad no asumiría que esos profesores no vigilaran a los alumnos y que alguno pudiera escaparse del hotel a las tres de la mañana. Pero la vida escolar seguirá. Será menos ambiciosa. Se nos había ido de la mano eso de participar en todo: concursos académicos, ferias de ciencia, salidas, viajes...
No se vislumbra una salida a este conflicto.
Cuanto más complejo es el problema, más tienen que participar las personas que lo viven. Necesitamos más autonomía de los centros y fortalecer los equipos directivos, los cargos de coordinación y los jefes de departamento. Más tiempo de coordinación y más recursos. Puedes pedir a alguien que haga más trabajo voluntariamente, pero no puedes pedirle responsabilidad sin no le pagas. Los tutores también necesitan mucha más consideración. Hacen un trabajo enorme sin ser reconocido.
¿Hay que redefinir la escuela inclusiva?
Todos los alumnos deben estar en la escuela, pero no necesariamente todos en una misma aula haciendo lo mismo. No tiene sentido. Todos en el mismo centro, sí, pero diseñando planes para cada uno, según lo que necesita. Con recursos, claro.
El rendimiento de los alumnos ha bajado. ¿Está perdiendo la escuela el objetivo de enseñar?
No es que la haya perdido, pero su enfoque se ha diluido por la atención que debe poner a tantas cosas. Hay que volver a cosas básicas: escribir, leer, sumar, razonar. Eso es esencial.
Usted, además de director, da matemáticas en primero de ESO. ¿Cómo llegan los alumnos?
Con un nivel más bajo. La comprensión lectora, por ejemplo, ha bajado mucho. Son alumnos con menor capacidad de concentración. Y no culpo a Primaria: les ocurre lo mismo. Si les pedimos tantas cosas, los objetivos académicos se diluyen.
¿Le parece un problema que pasen de curso sin dominar los aprendizajes básicos?
En algún caso sería necesario repetir. Pero la mayoría necesita medidas de refuerzo. Y volvemos a lo mismo: faltan recursos.
¿Cómo se garantiza el progreso de los alumnos inmigrantes?
Yo me pongo en su situación. Llegas con 14 o 15 años, no sabes ninguna lengua oficial y te ponen en un aula de 30 alumnos durante seis horas. Piensas: “Están locos estos”. Deberían estar un tiempo, uno o dos años, aprendiendo el idioma. No digo fuera del centro: pueden coincidir con el resto en clases como educación física.
¿Han cambiado las familias?
El miedo domina la sociedad. Las familias, con buena intención, tienden a sobreproteger a sus hijos: que nadie les exija, regañe, suspenda, que se evite la frustración. Pero aprender requiere incomodidad y paciencia. Hay que esforzarse y equivocarse, porque eso permite crecer. Estamos evitando esa incomodidad y eso mina la autonomía del alumno.
¿Cómo interpreta que Catalunya haya quedado excluida del informe PISA por haber excluido a un 23% de los alumnos de la muestra?
No lo sé. Entiendo que a los centros se les dio la información. Hay unos criterios objetivos y la inspección lo revisa y el equipo de psicopedagogos (EAP) lo valida. Seguramente tenemos ese porcentaje de alumnos en situaciones extremas, con grandes necesidades educativas.
Se ha constatado la pérdida de aprendizaje cuando los alumnos utilizan IA.. ¿Preocupa a la escuela este fenómeno?
No sé si a la escuela en general, pero yo estoy preocupadísimo. Es uno de los mayores retos que tenemos y no se ha tomado conciencia. La IA avanza muy rápido y los cambios educativos son lentos. Su impacto es enorme en adultos hasta el punto de desaprender, pero y ¿un joven que no ha aprendido? La IA nos obliga a replantearnos qué tienen que aprender los alumnos y cómo. Los currículos de hace cuatro años han quedado obsoletos.
¿Hay que prohibirla?
Prohibirla es inviable: la llevan en el móvil. Ignorarla es irresponsable, igual que ser entusiasta y no mirar sus riesgos. Solo queda liderar su incorporación con criterio. Los centros tienen que saber por qué, cómo y cuándo se utiliza, y hay que alfabetizar en IA a docentes, alumnos y familias.
¿Cómo la están utilizando los alumnos?
Todos la utilizan, sin excepción. En todas las materias. La profesora de Lengua, por ejemplo, ve la uniformidad de las redacciones que hacen en casa: las mismas ideas, el mismo lenguaje. Eso afecta, entre otras cosas, al desarrollo de la creatividad. En cambio, hay familias que pagan versiones premium para que sus hijos la utilicen en los trabajos, sustituyendo así un aprendizaje personal muy importante. Y los alumnos creen que ya saben utilizarla porque la tienen a mano, pero no es así.
¿Qué es necesario?
Más que nunca los alumnos necesitan conocimientos, buenos fundamentos. Necesitan una excelente comprensión lectora, saber escribir y desarrollar pensamiento crítico. Hay que volver a las bases de la educación. La puerta de entrada al conocimiento no puede ser la pereza, sino la curiosidad.
Mientras tanto, algunos países están volviendo a los exámenes orales y a hacer los deberes en el centro, no en casa. ¿Eso ayuda?
Es una actuación defensiva e inviable con 30 alumnos por aula. ¿Cuánto tiempo tardaríamos en evaluar? Y además, ¿qué queremos evaluar? ¿La capacidad de memorización? Los deberes, por otra parte, tienen una función educativa: encontrar tiempo para hacer una tarea y aprender a organizarse. No solo es aprender con las tareas sino adquirir responsabilidades, madurar.
¿Los profesores también utilizan IA?
Sí, pero no debería utilizarse simplemente para ahorrar tiempo, sino para hacer mejor su trabajo.
¿Cómo se están preparando en su centro?
Tenemos un plan de formación interna para los docentes, con diseño de actividades para trabajar con los alumnos, y un plan de alfabetización en IA para los estudiantes. Creo que cada centro tiene que establecer su propio marco de uso. Además, acaba de entrar en vigor el reglamento europeo de IA y determinados usos en educación están considerados de alto riesgo. Y no tenemos suficiente información. Más allá de la privacidad, el impacto de la IA en educación es muy importante.

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El Departament d'Educació i FP de Cataluña ha anunciado medidas para el curso escolar 2026-2027 que comienza el 8 de septiembre, incluyendo 500 nuevas aulas de acogida para inmigrantes, enfermeras escolares en el 50% de los centros, un aumento del 25% en el presupuesto y una guía para regular el uso de la IA en educación, prohibiéndola a menores de 14 años sin autorización.
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La consejera de Educación de Ceuta, Pilar Orozco, ha solicitado al secretario de Estado de Educación que el Ministerio concrete y comunique el plan de seguridad para el inicio del curso, incluyendo detalles sobre el dispositivo, efectivos, plazos y refuerzo de perímetros en cinco centros educativos, ante la preocupación de las familias por la situación excepcional de la ciudad.
El artículo argumenta que el conflicto político actual ya no es ideológico sino existencial, centrado en la relación humano-máquina debido al impacto de la IA. Señala que la universidad debe reformarse radicalmente para preservar la autenticidad humana frente a la tecnocracia algorítmica, ya que el Estado y la política actual son incapaces de gestionar este cambio por su obsolescencia y falta de soberanía educativa en el siglo XXI.