
Lo que comenzó como una protesta estudiantil por mejoras educativas en Francia el 17 de octubre se transformó en actos de vandalismo y saqueo tras la convergencia con el movimiento de los chalecos amarillos y la instrumentalización por parte de La Francia Insumisa, que utilizó la causa palestina como una 'omnicausa' para unir luchas diversas y legitimar la violencia frente al gobierno de Macron.
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La protesta comenzó como una movilización estudiantil por mejoras educativas, incluyendo la sustitución de profesores ausentes, mayor inversión en instalaciones, reducción de la jornada escolar y la eliminación de Parcoursup, plataforma de acceso a la universidad pública criticada por opacidad y discriminación.
El espectáculo de una Francia en llamas, vandalizada y saqueada que dio la vuelta al mundo el 17 de octubre no es sólo el resultado de una manifestación estudiantil desbordada por un puñado de exaltados o de infiltrados.
Sí, en un principio, como cada regreso a clases, los estudiantes se movilizaban para exigir mejoras educativas. En esta oportunidad, la sustitución de los profesores ausentes, mayor inversión en las instalaciones, recortar la amplitud horaria de la jornada escolar o eliminar Parcoursup, la denostada plataforma de ingreso a la universidad pública, acusada de opacidad y discriminación.
Hasta aquí, nada nuevo, incluso en sus excesos, como el bloqueo de institutos, las barricadas o alguna fogata con consignas provocadoras. Después de todo, este es el país del Mayo francés y la tradición revolucionaria forma parte de su ADN. Además, para estos adolescentes, un simulacro de insurrección funciona como un rito de paso a la adultez, un folclore que se repite cada año bajo la mirada condescendiente de padres, profesores y medios de comunicación. Pero esta vez, rápidamente, la protesta tomó otro giro, no sólo por el nivel de la violencia, sino por sus protagonistas, su articulación política y la premeditación de los destrozos.
Al reclamo estudiantil inicial se le sumó el sábado el movimiento de los chalecos amarillos, la Francia periférica, que hace rato sueña con una resurrección. La lucha por el poder adquisitivo, en un contexto de alza de precios por la guerra en Ucrania y en Oriente Próximo (el costo de la gasolina se disparó), unificó el descontento contra el impopular presidente Emmanuel Macron, que enfrenta una deuda pública cercana al 119% del PIB y el Gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu, que necesita aprobar un presupuesto que contenga el déficit.
La legitimación de la violencia
Los reclamos estudiantiles fueron progresivamente eclipsados. El martes, la antigua abanderada de la lucha contra el cambio climático, Black Lives Matter, dos veces pasajera de la flotilla a Gaza y trotamundos sin ingresos conocidos, Greta Thunberg, apareció en el instituto Paul-Éluard de Saint-Denis, al norte de París, para expresar su apoyo a los estudiantes. ¿Qué hacía la ahora activista propalestina aquí?
Seine-Saint-Denis es el departamento de Francia metropolitana con mayor proporción de inmigrantes y de hijos de inmigrantes: ambos grupos sumaban alrededor del 63% de su población, según datos oficiales de 2020-2021. El alcalde de la comuna de Saint-Denis es Bally Bagayoko, actual estrella del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa (LFI). El líder y candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon lo ve tanto a él como a su circunscripción como el símbolo de lo que llama "la nueva Francia", el electorado joven y "racializado" cautivo de LFI.
Bagayoko se fotografía en su oficina con una enorme bandera palestina. Ha bajado el retrato del presidente Macron, presente en las alcaldías de Francia como símbolo republicano, para dejarlo en el suelo. En estos días, mientras las protestas se endurecían, Bagayoko declaró que "la violencia, en un momento dado, puede ser legítima", aunque precisó que era "mejor evitarla". Del mismo modo, la eurodiputada de su partido, Rima Hassan, afirmó tras el 7 de octubre de 2023 que el pogromo de Hamás constituía una "acción legítima".
La omnicausa
Desde LFI se ha vuelto recurrente el discurso según el cual la violencia callejera es una respuesta natural a la "verdadera violencia sistémica e institucional". Sus dirigentes echan leña al fuego en una irresponsable estrategia del caos en nombre de "la convergencia de las luchas". Pueden contar con la colaboración de los grupos de choque antifa y los black blocks, siempre dispuestos a destruir, enmascarados, comercios e instituciones. Recién entonces aparecen, por puro oportunismo, jóvenes suburbanos, muchas veces de origen magrebí y subsahariano. Aunque vayan vestidos completamente de negro como los antisistema, buscan los símbolos exteriores de la riqueza capitalista; saquean Louis Vuitton, Céline, Dior, Sephora, Apple Stores, mientras los anteriores destrozan alcaldías, como la de Limoges o Marsella, o la histórica oficina de turismo de Lyon. Nótese que ninguna librería fue saqueada pese a los reclamos por el material escolar y la carestía.
Es curioso cómo, entre los chicos pijos, blancos y culposos de los institutos del barrio Latino, entre los jóvenes pobres "racializados" de los suburbios o en los grupos de ultraizquierda y los representantes de LFI, la bandera palestina está omnipresente (y la francesa ausente), aunque el vínculo de Oriente Próximo con el reclamo escolar sea factualmente inexistente.
La "causa palestina" se ha convertido en "la omnicausa", la supuesta lucha "interseccional" en la que conviven el ecologismo, feminismo, derechos LGBT, antirracismo, anticolonialismo y anticapitalismo. Este absurdo denominador común combina en realidad el autoodio europeo del progresismo y resentimiento poscolonial. Así, los reclamos originales de los estudiantes fueron instrumentalizados para convertirse en otra cosa, una tribuna contra Occidente.
A seis meses de las elecciones presidenciales, LFI apuesta por una radicalización que polarice lo suficiente la sociedad para forzar una segunda vuelta con Agrupación Nacional, de Marine Le Pen. Mientras, gracias a sus adversarios, ella hace campaña sin mover un dedo.
AI outlook — possibilities, not facts
LFI continuará radicalizando su discurso para polarizar la sociedad y forzar una segunda vuelta electoral con Agrupación Nacional
Likely · Within months
El gobierno de Macron enfrentará presión creciente para aprobar un presupuesto que contenga el déficit frente a la deuda pública cercana al 119% del PIB
Very likely · Within months

Student protests in France led to extreme violence on October 17, with looting, fires in public buildings such as Limoges City Hall and attacks on symbols of the Republic, overshadowing legitimate demands on education and purchasing power, while discussing government inaction, the erosion of Macron and the tradition of excessive police force.

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