El monarca, que rompió tradiciones al casarse con una plebeya, muere en Oslo tras una anemia hemolítica, dando paso al reinado de Haakon VIII
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Harald de Noruega fue el primer heredero en casarse con una plebeya, Sonia Haraldsen, en 1968. Su reinado se caracterizó por la estabilidad, solo interrumpida por el atentado de Utoya en 2011.
Harald de Noruega pasará a la historia como el primer heredero al trono que se atrevió a desafiar las leyes dinásticas al romper una tradición de siglos en las cortes europeas y casarse con una plebeya. Es que se sepa su único acto de rebeldía en sus 89 años de vida. Hoy el tercer rey de la Noruega moderna deja viuda a Sonia Haraldsen, la joven de la que se enamoró a finales de los años 50 y con la que, tras un empeño de diez años y conseguir el permiso de su padre, se casó en 1968.
La corte noruega ha comunicado el fallecimiento del rey Harald, que ha muerto a las 6.35 horas de este viernes, hora local, en el Hospital Nacional de Oslo, donde estaba hospitalizado desde hace once días por una anemia hemolítica. Su muerte da paso al heredero, el príncipe Haakon, que será coronado rey de Noruega como Haakon VIII, sin haberse resuelto aún qué papel tendrá la hasta ahora princesa Mette-Marit que se recupera de un trasplante de pulmón y de la grave crisis reputacional derivada de su relación con el pedófilo Jeffrey Epstein y el encarcelamiento de su hijo Marius habido de una relación anterior a su matrimonio con el hasta ahora príncipe heredero.
Harald de Noruega nació en Oslo el 21 de febrero de 1937. Reinaba su abuelo, Haakon VII, un príncipe de Dinamarca que asumió el trono noruego en 1905 tras la separación de Suecia y la celebración de un plebiscito en el que los noruegos aprobaron la monarquía. El conocido como Carlos de Dinamarca fue proclamado Haakon VII, enlazando así con el último rey vikingo, Haakon VI, que reinó en el siglo XIV, logrando en pocos años una gran popularidad en Noruega.
Haakon VII solo tuvo un hijo, Alejandro, que tras convertirse en príncipe heredero de Noruega cambió su nombre por el de Olav. Ya príncipe heredero de Noruega, de su matrimonio con la princesa Marta de Suecia nacieron dos niñas Ranghild y Astrid y el pequeño Harald.
Como monarquía de nuevo cuño tanto Haakon VII como Olav V ejercieron el reinado desde la modernidad, convertidos, durante la II Guerra Mundial en héroes de la resistencia, a diferencia de sus primos suecos. El joven Harald con sus hermanas y su madre vivieron la guerra exiliados en Estados Unidos, donde la aguerrida princesa Marta logró los favores del presidente Franklin D. Roosevelt que apoyó a Noruega en su lucha contra el nazismo.
Acabada la guerra, la monarquía noruega se consolidó en el país y el pequeño Harald y sus hermanas vivieron una infancia y juventud en contacto con su generación, estudiando en colegios públicos y alegrando una corte en la que ya faltaba su abuela, la reina Maud, y posteriormente su madre, la princesa Marta. Haakon VII, viudo desde 1938, murió en 1957 y le sucedió su hijo, Olav, también viudo, desde 1954, convirtiéndose Harald en príncipe heredero.
Tras estudiar en las academias militares y a falta de reina, en Harald se pusieron las esperanzas para dar con una princesa heredera que, además, acompañara al rey Olav. El príncipe noruego no se puso a buscar esposa en las cortes europeas por más que la leyenda diga que la entonces princesa Sofía de Grecia estuvo entre las candidatas. Harald siempre lo tuvo claro y desde que conoció a Sonia Haraldsen, hija de un comerciante de Oslo, no contempló la posibilidad de casarse con otra. Empezó un tira y afloja con su padre, que muy moderno para ejercer de rey popular no lo era tanto a la hora de aceptar una plebeya en palacio, pero el príncipe Harald tenía una baza a su favor, con sus hermanas fuera del orden sucesorio por mujeres y por haberse casado con burgueses, o aceptaban a Sonia o se quedaba soltero y la corona noruega sin sucesión.
Al final, el buen rey Olav cedió y Harald y Sonia se casaron en 1968, nueve años antes de que Carlos Gustavo de Suecia lo hiciera con la igualmente plebeya Silvia Sommerlath y con décadas de anticipación a Felipe de Borbón, Federico de Dinamarca, Guillermo de Holanda o el propio Haakon de Noruega, por citar a príncipes herederos casados con mujeres no pertenecientes a la realeza.
Desde su boda hasta el fallecimiento del rey Olav, en 1991, la princesa Sonia ejerció el papel de reina acompañando a su suegro a quien conquistó como había hecho con Harald. Del matrimonio de Harald y Sonia nacieron la princesa Marta Luisa, que heredó el hombre de su abuela, y después el príncipe Haakon, llamado como su bisabuelo, futuro príncipe heredero de acuerdo con las leyes noruegas que, hasta 1990, no aprobaron que el heredero fuera el primogénito tanto si era hombre como mujer.
Del papel de Harald como príncipe heredero de Noruega lo más destacable es que ejerció como tal hasta unos días antes de cumplir 54 años. La sombra de Olav y su gran popularidad opacaron a su heredero durante años y ni siendo proclamado rey llamó la atención en un país, el de mayor nivel de vida de Europa, en el que nunca pasa nada. Buen deportista y jefe de Estado prudente, su reinado fue tranquilo únicamente alterado por el terrible atentado de la isla de Utoya, donde el terrorista de extrema derecha Anders Behring Breivik asesinó a 77 personas el 22 de julio de 2011.
Si en lo público, el suyo ha sido un reinado tranquilo, en lo familiar a Harald de Noruega las cosas se le complicaron pronto con las ínfulas esotéricas de su hija Marta Luisa, casada primero con un escritor rebelde, Ari Behn, que se saltó cuantos convencionalismos pudo antes de divorciarse de la princesa con la que tuvo tres hijas. Años más tarde, Behn se suicidó cuando Marta Luisa ya se había emparejado con Durek Verret, un chamán de oscuro currículo con el que acabó casándose sin que Harald y Sonia pudieran impedirlo.
No fue Marta Luisa, apartada de la corte pero no del afecto familiar, quien procuró los mayores disgustos a Harald y Sonia, sino su hijo Haakon quien en 2001 decidió casarse con Mette Marit Tjessem, una madre soltera que, como ella misma confesó días antes de su boda, atesoraba “un pasado salvaje”. La sociedad noruega volvió a dar muestras de tolerancia y los reyes Harald y Sonia de una infinita paciencia cuando aceptaron a Mette Marit, a su hijo y a su pasado.
Haakon, un príncipe aún más tranquilo que su padre, toleró algunos ataques de ira de la princesa heredera quien tardó en adaptarse pero finalmente lo hizo hasta que en los últimos tiempos, coincidiendo con los repetidos problemas de salud del rey Harald, Mette Marit se ha convertido en protagonista de la mayor crisis de la monarquía noruega en sus 120 años de existencia.
Mette Marit, diagnosticada de fibrosis pulmonar, ha sido sometida recientemente a un trasplante de pulmón. Su hijo, Marius Borg, acusado de dos delitos de violación y maltrato, ha sido condenado a cuatro años de prisión y, por si fuera poco, a la princesa heredera se la relaciona con el pedófilo Jeffrey Epstein con quien mantuvo una larga relación, llamémosla de amistad, y un continuado intercambio de correos electrónicos, incluso después de que el millonario estadounidense fuera procesado, en los que la princesa heredera confesaba aburrirse en la corte, entre otras lindezas.
A pesar del afecto que los noruegos sentían por Harald y Sonia, los escándalos que han rodeado su hija, Marta Luisa, y sobre todo a la princesa heredera y de paso al heredero Haakon han abierto una brecha en la aceptación de la monarquía. Una cosa está clara, el rey Harald no ha sabido, no ha podido o no ha querido intervenir en la vida de su hijos y, ahora, una vez fallecido está por ver si su legado, poco relevante pero, al mismo tiempo, limpio de errores institucionales, será suficiente para que el nuevo rey Haakon inicie un reinado en el que queda por definir el papel de Mette Marit y en el que la única que aparece sin contaminar es la nueva princesa heredera Ingrid Alejandra.

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