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Brasil vive una profunda polarización política tras el intento de golpe de Estado de 2022 liderado por Jair Bolsonaro, quien se negó a reconocer su derrota electoral. Posteriormente fue condenado y inhabilitado, lo que fue visto internacionalmente como un ejemplo de defensa de la democracia. Su familia, liderada por Flávio Bolsonaro, ha mantenido fuerte presencia electoral, obteniendo múltiples escaños en el Congreso nacional. El escenario actual refleja un intento de reversar esa condena mediante el voto popular, con promesas de amnistía. Simultáneamente, Brasil mantiene una relación económica estratégica con China, su mayor socio comercial, superando incluso a Estados Unidos y la Unión Europea en volumen de intercambio.
Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, fue el candidato más votado en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil, con el 47% de los votos válidos frente al 45% del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El senador llega como favorito a la segunda vuelta del 25 de octubre.
La aritmética lo favorece. La mayoría de los votantes de los demás candidatos, que sumaron cerca del 8%, difícilmente migrará hacia Lula, que a los 80 años busca un cuarto mandato. Otra opción para el exlíder sindical sería movilizar a parte de los 33 millones de brasileños ―21% del electorado― que se abstuvieron. El problema para Lula es que, a diferencia de un recién llegado, le costará cambiar la imagen que los votantes tienen de él: se postuló por primera vez a la presidencia en 1989 y ha desempeñado durante décadas un papel dominante en la política brasileña.
Para muchos brasileños, sobre todo los más jóvenes, Lula representa al establishment en un momento en que el rechazo a los gobiernos de turno es fuerte en toda América Latina. Ni siquiera la revelación de un gran escándalo de corrupción que involucrara a Flávio Bolsonaro cambiaría necesariamente el panorama: en mayo salieron a la luz audios en los que el senador le pedía dinero a Daniel Vorcaro, un banquero caído en desgracia y encarcelado. El escándalo hizo caer su intención de voto, pero Bolsonaro recuperó el terreno perdido antes de la primera vuelta. Eso se debe a que la dinámica central de la polarización brasileña es hoy el miedo y el rechazo al otro bando. En conversaciones con votantes de Bolsonaro en las últimas semanas, la mayoría mencionó el rechazo a Lula como una de las principales razones de su voto. Uno me dijo que votaría por un caballo si compitiera contra Lula.
El fuerte desempeño de la familia Bolsonaro en las urnas ―además de Flávio, la esposa de Jair, Michelle, y su hijo Carlos fueron elegidos senadores, y otro hijo, Jair Renan, y su hermano Renato, diputados federales― es un veredicto sobre la decisión histórica de Brasil de punir y encarcelar a Jair Bolsonaro y a varios de sus generales por el intento de golpe de Estado de 2022, cuando se negó a reconocer su derrota. Desde entonces, Brasil ha sido elogiado como ejemplo de cómo enfrentar este tipo de amenazas a la democracia, y a menudo se lo comparó favorablemente con Estados Unidos. Flávio ha prometido una amnistía para su padre y los demás condenados por la trama golpista, y, si lo hace, el caso brasileño pasará a mostrar lo contrario: que los responsables de un intento de golpe pueden quedar impunes si su grupo político gana la elección siguiente.
En Washington, un triunfo de Bolsonaro sería visto como una victoria estratégica del Gobierno de Trump, que busca ampliar su influencia en América Latina ayudando a elegir a líderes ideológicamente afines. “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca más volverá a ser cuestionado”, proclamó el Departamento de Estado en agosto. La Casa Blanca ha logrado en buena medida inclinar la cancha electoral hacia sus candidatos preferidos. En Argentina condicionó un rescate financiero multimillonario a la victoria del partido de Javier Milei en las legislativas de octubre de 2025. En Honduras, Trump hizo campaña en Truth Social por el conservador Nasry Asfura días antes de una elección que este ganó por un margen mínimo.
Esa estrategia puede generar ventajas de corto plazo, pero difícilmente producirá un alineamiento estructural y duradero con Estados Unidos, como una reducción de los vínculos de la región con China. Milei, por ejemplo, se presenta como el principal aliado de Trump en América Latina y sigue ampliando la relación con Pekín. Es una cuestión de pragmatismo económico: el comercio entre China y América Latina superó los 500.000 millones de dólares en 2024, y Brasil exporta más a China que a Estados Unidos y a la Unión Europea juntos.
La historia reciente apunta en la misma dirección. Durante la presidencia de Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2022, Brasil cumplió los rituales del alineamiento con Washington mientras sus exportaciones a China seguían creciendo. Si gana, Flávio Bolsonaro se presentará como aliado de Trump y ampliará la cooperación en seguridad, aunque él mismo ya adelantó que su relación con China será “pragmática”. Las promesas de un alineamiento estructural ignoran la realidad económica: el agronegocio, pieza central de su coalición electoral, bloquearía cualquier intento de alejarse de Pekín.
AI outlook — possibilities, not facts
Flávio Bolsonaro ganará la segunda vuelta presidencial del 25 de octubre
Likely · Within days
Si Flávio Bolsonaro gana, concederá amnistía a su padre Jair Bolsonaro y otros condenados por el intento de golpe de 2022
Very likely · Within months
Brasil mantendrá una relación pragmática con China incluso si Flávio Bolsonaro gana y se alinea con Trump en temas de seguridad
Very likely · Within months

Thousands of people participated in a demonstration for the right to housing in Barcelona, organized by the Sindicat de Llogateres de Catalunya, which ended with police charges after incidents with thrown objects and burning containers. The protest sought to promote a general strike for housing before the November 29 elections.

Former president José María Aznar has warned that the general elections scheduled for November 29 are 'historic and transcendental' and that if Pedro Sánchez manages to form a government, the constitutional system, the unity of Spain and the Monarchy as it is known would end, inevitably leading to the Republic. He also criticized the grandchildren law for attempting to alter the electoral roll.

Tens of thousands of people have taken to the streets of Barcelona to demand a general strike for housing, called by groups such as the Sindicat de Llogateres, the PAH and the Sindicat d'Habitatge Socialista, with the support of CCOO, UGT and CGT. The demonstration, initially planned for L'Hospitalet de Llobregat, was redirected to the Arc del Triomf due to the large influx. The organizers link the protest to the announcement of early elections by Pedro Sánchez and criticize the housing decrees as insufficient measures to address the structural crisis of access to housing.
The President of the Government, Pedro Sánchez, advances the general elections to November 29. The PSOE attacks the PP and Vox for doubting the vote by mail and the electoral system, while unions and parties react to the housing crisis and the call.

The advance of the elections to November 29 makes it difficult to execute the Supreme Court's precautionary measure that suspends the right to vote of those naturalized through the Democratic Memory Law, affecting hundreds of thousands of citizens abroad.

President Pedro Sánchez has brought forward the general elections to November 29 after the blocking of social decrees. While the Frente Amplio declares itself ready to attend and the PP celebrates the announcement, the call causes the fall of pending laws.