Islandia decide en las urnas si reabre las negociaciones de adhesión a la Unión Europea
Una consulta muy ajustada pone sobre la mesa el coste de la vida, la soberanía y el control de los recursos pesqueros tras más de una década de suspensión.
Quick Look
- Los islandeses votan en referéndum si reanudan las negociaciones para unirse a la Unión Europea.
- El debate está marcado por el coste de la vida, la soberanía nacional, la seguridad y el control de los recursos pesqueros en medio de sondeos muy ajustados.
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Why It Matters
Islandia solicitó la entrada en la UE en 2009 tras la crisis financiera, pero el proceso se suspendió en 2013.
La población de Islandia decide este sábado en las urnas si reabre las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, suspendidas desde hace más de una década, en una consulta que se prevé muy ajustada. El coste de la vida, el control de los recursos naturales —sobre todo los pesqueros—, la soberanía y, en menor medida, la seguridad han sido los temas predominantes en la campaña electoral. Una victoria de la opción proeuropea no implicaría el ingreso en el bloque comunitario, sino la reanudación de un proceso negociador con Bruselas para establecer los términos de la integración. Una vez fijados, los islandeses votarían de nuevo en referéndum.
Islandia solicitó la entrada en la Unión en 2009, menos de 12 meses después de que la crisis financiera global provocara el colapso de su sistema bancario. El proceso negociador se suspendió tras cuatro años de conversaciones, cuando asumió el poder un Gobierno euroescéptico. El retorno a la vía europea se produjo a finales de 2024, con la formación de un Ejecutivo de centroizquierda encabezado por la socialdemócrata Kristrún Frostadóttir.
La jefa de Gobierno anunció nada más asumir el cargo su intención de celebrar un referéndum en 2027. Sin embargo, el pasado marzo, tras las amenazas de Donald Trump de anexionar por la fuerza la vecina Groenlandia a Estados Unidos, decidió acelerar el proceso. “No es ningún secreto que la situación ha cambiado enormemente durante el último año y medio”, afirmó Frostadóttir. “Estamos viendo cómo EE UU utiliza los aranceles como instrumentos de coerción comercial y como un arma”, argumentó antes de incidir en que el creciente apetito por el Ártico de las principales potencias mundiales coloca a Islandia en una posición más vulnerable que hace una década.
En un país sin ejército propio, aunque miembro fundacional de la OTAN, las incertidumbres geopolíticas han contribuido a reactivar el debate europeo, pero la campaña ha acabado marcada por cuestiones ligadas al bolsillo de los ciudadanos. “La corona islandesa es la moneda independiente más pequeña del planeta y nuestra economía sufre frecuentes episodios de inflación y tipos de interés muy elevados”, explica Thórhildur Sunna Aevarsdóttir, portavoz de Evrópuhreyfingin (Movimiento Europeo). “La adopción del euro probablemente rebajaría los costes de las hipotecas y los préstamos”, argumenta.
Islandia forma parte del Espacio Económico Europeo, junto con Noruega y Liechtenstein, por lo que tiene acceso al mercado único, pero al mismo tiempo está obligada a adoptar gran parte de la legislación europea sin ninguna capacidad de decisión. “La campaña del no sostiene que entrar en la UE supondría una pérdida de soberanía. Nosotros creemos justo lo contrario”, afirma Aevarsdóttir. “Ya incorporamos numerosas normas comunitarias sin participar en los procesos legislativos”.
La discusión en torno a la soberanía adquiere una dimensión especialmente sensible cuando se traslada a la pesca, un sector que, pese a haber perdido peso en las últimas décadas, aún representa más de un tercio de las exportaciones del país y en torno al 7% de su PIB. La posibilidad de que Bruselas tenga alguna capacidad de decisión sobre los caladeros nacionales sigue despertando recelos en una parte significativa del electorado y explica la fortaleza del campo euroescéptico.
El Gobierno de Frostadóttir ha reiterado durante la campaña que la pesca sería una línea roja en las hipotéticas negociaciones con Bruselas. Asimismo, ha insistido en que se podrá alcanzar un acuerdo que preserve la gestión de los caladeros, el reparto de las capturas y las restricciones a la propiedad extranjera en el sector. En la misma línea, el comisario europeo de Pesca, Costas Kadis, afirmó en primavera que “sin duda hay margen para la flexibilidad” respecto a los recursos pesqueros islandeses. Marta Kos, responsable de Ampliación, también ha abierto la puerta a “soluciones creativas”. En caso de que la población islandesa respalde la reapertura de las negociaciones con Bruselas, el Ejecutivo de Frostadóttir calcula que las conversaciones podrían iniciarse a finales de este mismo año y prolongarse entre 18 y 24 meses.
Los detractores de la adhesión consideran poco realista confiar en esas promesas. Recuerdan que las negociaciones suspendidas en 2013 ni siquiera llegaron a abordar en profundidad la pesca y la agricultura. Egill Gautason, profesor de la Universidad Agrícola de Islandia y un firme defensor del no, sostiene que Bruselas ya rechazó entonces conceder excepciones significativas y no ve motivos para pensar que la posición haya cambiado. “No creo que la UE esté dispuesta a ofrecer ahora acuerdos especiales que no quiso ofrecer hace unos años”, afirma.
La sensibilidad que despierta el control de los recursos naturales está estrechamente ligada a la historia reciente del país. Islandia obtuvo su independencia de Dinamarca en 1944 y muchos detractores de la adhesión consideran que la capacidad para decidir sobre asuntos como la pesca constituye uno de los pilares de esa soberanía. “En cien años hemos pasado de ser uno de los países más pobres de Europa a uno de las más ricos del mundo. Creo que eso ocurrió porque nos independizamos y confiamos en nuestras capacidades”, defendió el jueves en un debate electoral en la televisión pública Gudrún Hafsteinsdóttir, líder del Partido de la Independencia, la principal fuerza política contraria a la integración en el bloque comunitario.
El debate sobre la UE dibuja una fractura evidente entre el entorno urbano y el rural. El respaldo a la reapertura de las negociaciones es mayor en Reikiavik, la capital, mientras que en las regiones más aisladas y dependientes de la pesca y la agricultura se prevé un profundo rechazo. Si Islandia llegara a convertirse en el 28º Estado comunitario, pasaría a ser el miembro con la menor población. Sin embargo, sería el undécimo con la mayor superficie.
Tras meses de sondeos muy ajustados en los que la opción europeísta parecía tener una ligerísima ventaja, una encuesta de Gallup publicada este viernes prevé la victoria del no por un margen muy estrecho (51,6%).
Los colegios electorales cerrarán en Reikiavik a las 22.00 (medianoche en la España peninsular) y unas horas antes en el resto del país. El resultado podría no estar claro hasta bien entrada la madrugada del domingo.
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Inicio de conversaciones con Bruselas a finales de año si gana el sí
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