
El ministro presenta su renuncia a Pedro Sánchez horas antes de que La Moncloa rechazara su salida, citando dignidad política y empatía con las víctimas
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Óscar Puente presentó su dimisión como ministro de Transportes tras el accidente ferroviario de Urda, que causó 69 fallecidos, nueve meses después del accidente de Adamuz con 46 víctimas. La renuncia ocurre a 26 días de las elecciones y obliga a Pedro Sánchez a una crisis de Gobierno en plena precampaña.
Quizás, al final, sea sólo coherencia. Si uno entiende que se exija su dimisión externa e internamente, incluso es algo que se comparte, lo lógico es dimitir. Quizás. Y al final, pese al «respaldo absoluto» de Pedro Sánchez, Óscar Puente decidió dimitir. Su salida era rechazada por La Moncloa horas antes, aunque él no era ya tan tajante como en días anteriores. «El ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad directa en ellos», fue la despedida en directo que hizo saltar las alarmas, que sorprendió en el complejo presidencial y Ferraz. El ya ex ministro se mensajeaba desde su móvil momentos antes. Informó a Sánchez sólo unos minutos antes de sus meditadas palabras, sin saber cómo reaccionaría el jefe del Ejecutivo, relatan desde ambas partes.
«No tenía otra opción», sentencia un miembro del Gobierno. «Bien hecho», apunta un destacado cargo. «La mejor opción». Desde el primer momento, su continuidad o no generó división en el Gobierno y el PSOE. «Al final, la responsabilidad política, hasta técnica, y de falta de recursos es siempre del que está al mando», reflexiona un alto cargo socialista del Gobierno.
Puente, desde el mismo miércoles por la mañana, había puesto su cargo a disposición del presidente del Gobierno. Su impulso, en esos primeros compases, cuando supo de la tragedia y se trasladó hasta el centro de control de Adif en Atocha, fue el de dimitir. Habló con su familia. Quienes le conocen explican que le vieron «muy tocado». Pero la conversación y el cierre de filas de Sánchez le hizo seguir en el cargo, al menos hasta dar explicaciones y armar las primeras medidas para «recobrar la confianza» en la alta velocidad y articular las ayudas a las víctimas. El jefe del Ejecutivo planteaba que dimitir sería admitir culpabilidad en lo sucedido y que irse era algo «injusto» porque su gestión no había provocado la tragedia ferroviaria.
Ambos mantienen una estrecha relación, Puente era uno de sus escuderos, miembro selecto de su núcleo duro de confianza. Muchos en el Gobierno pegaron un respingo cuando en sus móviles vieron que su colega daba un paso al lado. Hasta el propio Sánchez al ver los mensajes de Puente. El presidente del Gobierno pillado en fuera de juego. «Es una cuestión de dignidad política, coherencia y empatía con las víctimas», defendió el ya ex ministro.
Lo cierto es que en esta semana, la presión interna para que Puente renunciara había ido in crescendo. Eran muchas las voces en el PSOE, y también alguna en el Gobierno, que consideraban inevitable su salida, que era necesario un «gesto» ante una nueva tragedia ferroviaria que se cobraba la vida de 69 personas, sólo nueve meses después de Adamuz, donde fallecieron 46 personas. «La campaña no va a cambiar, pero era una cuestión de empatía», resume un cargo institucional. «Estaba amortizado», sentencian fuentes socialistas. «No se entendía otra cosa. Culpable o no, hay que hacerse cargo de las cosas que pasan». «Es importante que se investiguen y esclarezcan las causas del accidente, se tomen las medidas para que esto no vuelva a ocurrir y se asuman las responsabilidades que se deriven de las investigaciones», reflexiona un secretario general provincial.
El respaldo de Sánchez hacia Puente le concedía un «escudo protector» ante la crisis por el accidente ferroviario de Urda. Ahora, una vez que el titular de Transportes toma una «decisión de dignidad política», deja al presidente del Gobierno sin ese parapeto ante las críticas. El riesgo es ahora que las exigencias apunten hacia La Moncloa. «A un mes de las elecciones es una agujero difícil de tapar», sostienen quienes veían lógica su continuidad. En realidad faltan 26 días para los comicios. Por medio, también, un fin de semana de encuestas, también en La Moncloa -con trackings y cualitativos constantes-, donde se percibía un importante descenso del PSOE.
Sánchez queda también huérfano de uno de los políticos con más tirón entre la militancia socialista, porque también renuncia a ser cabeza de lista por Valladolid. El candidato socialista ha perdido en seis meses a dos «pilares para las bases» como José Luis Rodríguez Zapatero, investigado por la Justicia, y Puente.
Pero su salida concede a los socialistas la oportunidad de contrarrestar la estrategia del PP de lastrar al Gobierno por el accidente y la ausencia de asunción de responsabilidades. Ahora ven la oportunidad de señalar, como hizo ya el propio Puente: «No es cierto que todos los políticos seamos iguales». Como sucedió con la renuncia de Montse Mínguez, portavoz del PSOE, contraponer que ellos sí dan un paso a un lado aunque no sean culpables directos. «Óscar Puente ha dado la cara, ha dado soluciones y, después, ha dado un paso al lado. Por dignidad. Por voluntad propia. Por respeto a las víctimas y al proyecto progresista. Políticos como él dignifican a nuestro país y nos demuestran que no todos somos iguales», expuso Sánchez en sus redes sociales. El objetivo pasa por darle la vuelta a la situación, pese a que hasta hora se pensaba que dimitir era asumir culpabilidad.
De hecho, fuentes de La Moncloa destacaron que Puente «ha gestionado los momentos más difíciles de la emergencia y poniendo en marcha las medidas necesarias para atajarlas y asistir a las víctimas. Acto seguido, ha renunciado a su cargo por voluntad propia. Demuestra así que ni todos los políticos ni todos los partidos son iguales».
La salida de Puente obliga a Sánchez a realizar una crisis de Gobierno en plena precampaña, pero seguirá siendo ministro hasta que su renuncia se publique en el BOE.
AI outlook — possibilities, not facts
Pedro Sánchez nombrará un nuevo ministro de Transportes tras la publicación de la renuncia en el BOE
Very likely · Within days
Se abrirá una investigación para esclarecer las causas del accidente de Urda
Very likely · Within weeks

The Urda train accident, with 69 deaths, disrupted the Ibero-American Summit that the PSOE saw as a milestone of its pre-campaign. Sánchez seeks to recover the tone of confrontation against the extreme right with Milei and Kast as references, although Lula, Sheinbaum and Delcy Rodríguez will not travel to Madrid. Óscar Puente resigned and there will be no bilateral meeting between Sánchez and Milei.

Óscar Puente resigned as Minister of Transport six days after the Urda train accident and after a week of internal and external pressure on his continuity in office.

The Minister of Transport, Óscar Puente, has announced his resignation after appearing for more than four hours in the Permanent Deputation of Congress, six days after the Urda train accident that left 69 dead. He also resigns from heading the PSOE list for Valladolid on November 29. The decision comes after two serious railway accidents in nine months (Adamuz and Urda) with a total of 116 deaths, and despite the fact that the Government and Pedro Sánchez initially supported its continuity.

The Democratic Party is approaching control of the House of Representatives and has increasing chances of winning the Senate, with projections giving it 45 of 100 senators and victories in states such as North Carolina, Georgia and Texas, while the Republicans maintain Florida, Wyoming and West Virginia.

Óscar Puente resigns as Minister of Transport after the train accidents in Urda and Adamuz, announces that he will not head the PSOE list for Valladolid nor will he compete in the elections on November 29, and publishes a cartoon by Forges on political responsibility.

Democrats need to take four seats from Republicans to control the Senate in the midterm elections. With initial projections favoring Warner and Ossoff, seven states—Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Michigan, Ohio and Texas—will be decisive on a night with historic overtones.