
En Ceuta, tras el asalto de 90.000 personas desde Marruecos el 30 de julio, se denunciaron alrededor de 40 agresiones sexuales, pero el caso de una menor de 17 años supuestamente violada y reanimada por la policía en el asentamiento del Trampolín el 26 de septiembre resultó ser un falso positivo: las pruebas hospitalarias mostraron que la sangre era menstrual, no había evidencia de fuerza y la joven no consumió Rivotril, según fuentes policiales.
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Desde el asalto fronterizo del 30 de julio, cuando aproximadamente 90.000 personas entraron a Ceuta desde Marruecos, la ciudad autónoma ha experimentado una crisis humanitaria y de seguridad, con denuncias de alrededor de 40 agresiones sexuales según fuentes policiales, aunque el Consejo General del Poder Judicial reportó 37 causas y 39 víctimas, de las cuales 14 eran menores.
Quienes habitan (legalmente o no) los 19 kilómetros cuadrados en que se asienta Ceuta viven desde hace dos meses un drama humanitario hobbesiano, una pesadilla a la vez medieval y posmoderna: donde no hay ley, porque el Estado declinante no es mucho más que una manta corta y por tanto insuficiente, el hombre es un lobo para el hombre (y para mujeres y niños no digamos), y los límites entre la verdad y la mentira desaparecen.
La ciudad autónoma ha registrado, en estos ya más de dos meses desde que 90.000 personas la tomaran al asalto desde Marruecos el 30 de julio pasado, «en torno a 40 agresiones sexuales», aseguran a EL MUNDO fuentes policiales de la Unidad de Atención a la Familia y la Mujer, «aproximadamente la mitad a mujeres adultas, y la otra mitad a menores» —el Consejo General del Poder Judicial ofreció cifras el 22 de septimbre: 37 causas por agresión sexual a 39 víctimas, de las cuales 14 eran menores de edad—.Todas las víctimas, que se sepa, han sido por el momento igualmente inmigrantes: los propios ceutíes comentan, cuando se quejan de cómo las mujeres y jóvenes de la localidad apenas pueden caminar tranquilas por sus calles, que los llegados del otro lado de la frontera están teniendo buen cuidado, por el momento, de no buscarse problemas, evitando tocar a las ceutíes. No así de perseguirlas por las calles, como ha podido comprobar este diario.
Con semejante panorama, en cualquier caso, a nadie extrañó que el sábado 26 de septiembre, hace algo más de una semana, los medios publicaran un llamativo titular que sólo podía dar cuenta del absoluto descontrol en que vive la ciudad autónoma, tanto para los 83.000 ceutíes, que empiezan a acusar la situación y la complicada incertidumbre de cuándo terminará todo, como para los 10.000-12.000 inmigrantes llegados desde Marruecos que siguen en la ciudad. El titular era: «La Policía reanima a una menor tras sufrir una violación en el asentamiento del Trampolín».
La información, adelantada por la Cadena Ser, describía una escena brutal: los agentes habían acudido a la célebre playa, convertida en una especie de Calcuta norteafricana (y en su pico demográfico actualmente), ante los gritos desgarradores de una menor, de 17 años, que salía sangrando de una de las infraviviendas que el Gobierno central no ha conseguido evacuar.
EL RELATO DE LA SUPUESTA VIOLACIÓN
La chica, rezaba el texto, tenía cortes en la cara y en sus extremidades, y sangraba también por la entrepierna. Aparentemente drogada, «parecía no saber dónde estaba», seguía la noticia, y se desvaneció en dos ocasiones en brazos de los policías, que tuvieron que reanimarla como buenamente pudieron antes de aplicar el protocolo antiviolación y trasladarla al hospital general de la localidad. Toda la información, explicaba el teletipo que rebotaba lo dicho por la cadena de radio, procedía del atestado policial levantado por los agentes de la Unidad de Intervención Policial, que aportaba también la edad de los dos detenidos, 47 y 21 años, que negaron los hechos.
Además, en el mismo texto de agencia, publicado por un rosario de periódicos (algunos de ellos extranjeros), se daba cuenta a renglón seguido de otro caso.
«En las últimas horas», seguía la noticia, «la Policía ha detenido también a otros dos inmigrantes, mayores de 18 años y que entraron en Ceuta el 30 y 31 de julio, como presuntos autores de un intento de agresión sexual contra otra menor marroquí en la misma zona del Trampolín, han confirmado fuentes policiales. Esta segunda víctima, que ya había vivido un altercado similar el viernes, se niega a permanecer en centros de acogida y ha sido citada en Fiscalía para ratificar o no su denuncia».
La noticia que ahora ha podido confirmar EL MUNDO es que ambas mujeres, la drogada, violada y reanimada, y la que sufrió otro intento de agresión sexual poco después en el mismo sitio y ya había tenido un problema anterior, eran en realidad la misma.
Y, según fuentes policiales enteramente conocedoras de los hechos, las pruebas posteriores habían reducido a «la nada» sus supuestas heridas.
SANGRE DE MENSTRUACIÓN
Las pruebas en el hospital no mostraron rastro de violación. La sangre inguinal de la mujer procedía, aunque los agentes no se habían percatado en absoluto, de que en realidad tenía la menstruación.
No había tampoco en sus zonas íntimas evidencia de haber sido forzada. Ella misma había declarado que la habían drogado empleando un potente ansiolítico, llamado Rivotril (cuyo principio activo es el clonazepam), pero la analítica de sangre realizada en el hospital no mostraba vestigio ninguno. Además, siempre según estas mismas fuentes, la actitud de la mujer no cuadraba en absoluto con haber sufrido ninguna agresión sexual: volvió al Trampolín horas después de los supuestos hechos.
Quienes pudieron explorarla ese sábado comenzaron a recabar datos, y lo que encontraron fue otro panorama. La mujer se había escapado al menos en tres ocasiones del centro para chicas menores de edad en que estaba alojada, manteniendo habitualmente una actitud beligerante hacia quienes lo coordinaban.
Pronto emergió que la menor ya había denunciado situaciones similares anteriormente, sin aportar habitualmente pruebas y de forma sospechosamente inconcreta. En esas situaciones, y también en la que llevó a prisión a esos dos varones de 21 y 47 años ya liberados, la menor no había ratificado su inicial denuncia ni en sede judicial ni ante las autoridades policiales. Cuando nuevos agentes acudieron a buscarla a los recursos, para facilitarle que ratificara, no la hallaron. De las sucesivas violaciones, en fin, ni rastro.
La pregunta es: ¿para qué? «Puede tratarse de inestabilidad mental, o puede que ella pensara que la denuncia podría acercarla al asilo», concluyen fuentes policiales: «Se lo cuentan entre ellas».
AI outlook — possibilities, not facts
Las autoridades de Ceuta revisarán los protocolos de atención a denuncias de violencia sexual para incluir pruebas toxicológicas y ginecológicas más rigurosas
Likely · Within weeks
Se incrementará la vigilancia y control en el asentamiento del Trampolín y otras zonas de alta concentración de inmigrantes
Very likely · Within days

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