
El hombre que ejerció como chófer de Pedro Sánchez en 2017 ha sido señalado por irregularidades internas en el partido y su supuesta implicación en el caso Hidrocarburos.
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Cristian Corvillo ha sido vinculado a diversas polémicas internas del PSOE en Córdoba y a casos de corrupción a nivel nacional. La UCO lo investiga por su supuesta participación en la canalización de mordidas en contratos de Adif.
La foto muestra a un joven y delgadísimo Pedro Sánchez, en 2017, sentado sobre un escalón de piedra comiendo un arroz de taper y bebida de lata mientras se patea los pueblos de Andalucía. La colgó en sus redes sociales, henchido de orgullo, el militante del PSOE Cristian Corvillo, quien, por interés personal, estaba contra Susana Díaz, la rival en primarias de Sánchez, y se había mostrado encantado de ejercer como conductor del futuro presidente en su periplo por el sur.
En esos momentos, el chófer de Sánchez jugaba a dos bandas que eran la misma. Estaba en el PSOE pero, en su pueblo, en un transfugismo raro respaldaba, incluso asistiendo a las reuniones de la dirección, a la candidata de otro partido, ex alcaldesa del PSOE, Luisa Ruiz, sin importarle que estuviese imputada por malversación y prevaricación. Ruiz, mientras ocupaba su cargo al frente del Consistorio de Peñarroya, le había acogido bajo su protección tras licitarle los servicios sociales del Ayuntamiento cordobés. A esas alturas de la carretera, el socialista Cristian Corvillo ya se había enfrentado a «una deuda de medio millón de euros con la seguridad social» y era recordado en su pueblo, según las fuentes consultadas, «por no haber pagado durante meses a sus trabajadoras».
Aunque el PSOE y el Gobierno aseguraban el jueves que ni era el chofer ni era socialista, el compañero de viaje de Sánchez ya había sido denunciado una vez ante los cargos internos del partido. Más tarde, cuando gracias a los servicios prestados tuvo oportunidad de tocar poder, sería denunciado de nuevo internamente por intentar manipular unas primarias a base de afiliaciones irregulares. De las dos denuncias salió indemne.
A Cristian Corvillo, en su pueblo, le llaman «el encantador de serpientes». De modo que no es tan difícil que se incorporase con absoluta facilidad al grupo de los otros encantadores de serpientes, como Aldama, Koldo o Ábalos, condenados o en prisión, que prosperaron a la sombra de Sánchez con impunidad estableciendo métodos más que dudosos para conseguir y permanecer en el poder.
Tras ayudar en las primarias al presidente, en su caso dos veces, viene su nombre registrado en el caso Hidrocarburos, en la compra del chalet de Ábalos y en el caso Mascarillas. Y, desde el jueves, día en el que fue detenido en su casa y puesto en libertad, como el hombre que según la UCO canalizaba las mordidas en contratos de Adif. Se llevaba peor con Santos Cerdán, a quien insultaba con calificativos denigratorios, pero, aun así, durante un tiempo convivieron por el interés. «Cristian es el ejemplo de cómo ha conducido Sánchez el PSOE. Incapaz de incorporar a sus críticos o a quienes le disputaban legítimamente el puesto, se ha puesto en manos de aventureros dañinos», señala un político socialista andaluz que ha seguido muy de cerca las andanzas de Corvillo. En Peñarroya, tras la detención, un mensaje saltaba de móvil en móvil: «El karma existe».
La primera vez que Cristian Corvillo fue denunciado ante los órganos internos del PSOE fue precisamente poco antes de que se iniciaran las primarias en las que se enfrentaban Sánchez y Susana Díaz para la Secretaría General, por un asunto que se retrotrae a finales de 2014. Corvillo era el hombre de confianza de Luisa Ruiz, la alcaldesa de Peñarroya (un municipio de 10.000 habitantes, clave en los procesos internos del partido en Córdoba), que se enfrentaba a varias acusaciones por parte de la Audiencia Provincial por prevaricación, falsedad documental, malversación y fraude en las subvenciones de los Fondos Miner, básicos para la recuperación de la antigua cuenca minera de la que se nutría la localidad. Unas acusaciones que más adelante se sustanciarían en una condena de la Audiencia Provincial de más de 6 años de prisión y 18 de inhabilitación.
Durante cinco horas y media, en la sede provincial del partido, cuatro dirigentes, encabezados por Juan Pablo Durán, el secretario de organización cordobés, intentaron convencerla de que no podía ser la próxima candidata por su imputación. Pero le ofrecieron elegir sustituto. La alcaldesa eligió a Cristian Corvillo, un militante de base que, a pesar de sus buenos contactos, no logró el visto bueno de la estructura provincial. Corvillo fue nombrado igualmente, de forma forzada, en una asamblea casi secreta, convocada por la alcaldesa y prohibida por el partido. Su designación fue anunciada hasta en la prensa, pero el golpe de mano no dio resultado porque no fue ratificado. «Tampoco es que tuviera buena fama en el pueblo», señala una vecina de la localidad, «porque las trabajadoras que tenía contratadas tienen familia y amigos, y todo el mundo sabía que había meses que no les pagaba alegando que era la Junta la que se retrasaba». En febrero de 2015, Luisa Ruiz, en protesta, fundó Unión Democrática Peñarriblense.
La denuncia presentada ante la Comisión ejecutiva provincial del PSOE en Córdoba, a la que ha tenido acceso Crónica, rezaba así: «El motivo de la presente es trasladarte las siguientes impugnaciones de alta de los afiliados directos que se relacionan por los motivos que se exponen: Cristian Abel Corvillo, militante del PSOE. Aun sin ser incluido en la candidatura independiente (UDPñ), colabora activamente con el citado partido».
Los denunciantes aportaban la web de la nueva formación con fotos de Corvillo en las reuniones de la directiva. Se le abrió un expediente informativo, que quedó en nada. Las fuentes consultadas aseguran que Pedro Sánchez fue informado en su día del proceder de su acompañante, sin resultado.
La siguiente denuncia interna en la que se le señala por prácticas irregulares, aunque de forma indirecta, se produce en 2021, cuando Corvillo estaba ya tan integrado entre los hombres de confianza que habían acompañado en las primarias al presidente, que alardea de ser él quien hacía las listas en Córdoba e incluso en Andalucía porque era «el hombre de Ábalos».
Ese año volvió a haber primarias. En esta ocasión enfrentaron a Susana Díaz con Juan Espadas, respaldado por Pedro Sánchez. «Al departamento Federal de Atención al Militante. Secretaría de organización del PSOE. Ferraz. Se informa de que hay 50 solicitudes de alta», viene en la denuncia. «Algunos de los solicitantes forman parte de otra organización política (Unión Democrática Peñarriblense) diferente a la nuestra. Otros son afiliados en otras localidades. No entendemos por qué personas que no están empadronadas aquí, tienen que participar en decisiones que atañen a esta organización... Está claro que lo que se pretende es cambiar la voluntad de una agrupación... A nadie se le escapa que estas afiliaciones buscan la participación en los procesos congresuales que se avecinan», escribió la secretaria de organización local, Ana Ruiz.
«Se presentó todo fuera de plazo y la letra de todos los documentos de afiliación era la misma, pertenecía a un concejal socialista que, aunque estaba en el equipo de gobierno, era partidario de Luisa y de Cristian, pero la respuesta que recibimos desde Ferraz fue: "Cuantos más militantes tengamos, mejor"», señala un dirigente del PSOE local. Se duplicó la militancia con afines a Espadas.
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Apertura de diligencias judiciales adicionales tras la detención de Corvillo.
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