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Los votantes de EE UU dieron un palo a la IA. La Bolsa tardó en entenderlo
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El País Economía30 minutes agoPolitics5 min readSpainView translation

Los votantes de EE UU dieron un palo a la IA. La Bolsa tardó en entenderlo

Quick Look

  • Los votantes estadounidenses han respaldado restricciones a centros de datos de IA en 40 municipios, reflejando preocupaciones por el consumo energético.
  • El fenómeno coincide con turbulencias en los mercados y crecientes incidentes de ciberseguridad global.

AI-generated summary

Why It Matters

El despliegue masivo de centros de datos para IA está generando tensiones por el alto consumo de electricidad y agua. Los votantes en EE UU han comenzado a exigir límites a estas instalaciones.

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Los votantes de Estados Unidos tenían muchos motivos para darle un varapalo a Donald Trump en las elecciones de medio mandato del martes pasado. El aumento imparable de los precios de la gasolina, como resultado de una guerra en Irán inexplicable e inacabable; el coste de la vida en general, que también acusa el impacto de los aranceles; las redadas de los agentes antiinmigración, que han aterrorizado a las minorías latinas que antes votaron al republicano; la desconexión con la realidad del presidente, que cerró la campaña hablando de su reforma del estanque del monumento a Lincoln en vez de prestar atención a los problemas de los ciudadanos. También ha pesado en el castigo, aunque menos, la política exterior: el acercamiento a Vladímir Putin frente al alejamiento de los aliados tradicionales; el apoyo incondicional a Israel, pese a sus matanzas en tierra palestina, y su influencia en la decisión de ir a una guerra que solo convenía a Benjamín Netanyahu.

Pero en el debate electoral en EE UU irrumpió otro asunto inesperado: el rechazo ciudadano a la inteligencia artificial. O, más en concreto, a la loca carrera por construir centros de datos que requiere el despliegue de la IA. En 41 municipios se sometía a consulta una moratoria o estrictos límites para las nuevas instalaciones de procesamiento: en 40 los votantes lo respaldaron. Lo hicieron localidades en Estados como Ohio, Kansas, Maine o Illinois; solo en Harwood, un pueblo de Dakota del Norte, los votantes rechazaron las restricciones. Todos los millones de dólares que se han gastado en las elecciones los jerarcas del sector tecnológico y cripto (Elon Musk, el dueño de SpaceX y Tesla; Greg Brockman, cofundador de OpenAI; los inversores en capital riesgo Marc Andreessen y Ben Horowitz; los criptobros Cameron y Tyler Winklevoss) no han disuadido a los electores, preocupados porque la energía que devoran los data center les hace pagar más por la luz. No es el miedo genérico a la IA, a que acabe con millones de empleos o extermine a los humanos como se llega a decir; es el efecto aquí y ahora de una voracidad insaciable de recursos básicos que son escasos: la electricidad y el agua. Se critica además de estos ingenios el zumbido continuo, audible en los alrededores, y su escasa aportación al empleo una vez edificados.

A Musk, que ha destinado casi 500 millones de dólares a apoyar a candidatos republicanos, le habrá dolido en especial la victoria demócrata en Texas. El empresario había trasladado la sede central de SpaceX de California al Estado de la estrella solitaria porque su administración republicana le garantizaba una regulación y una fiscalidad favorable para sus negocios. Texas es el paraíso de los centros de datos: alberga más de una cuarta parte de la capacidad instalada de todo EE UU. La vuelta de la tortilla ha llegado hasta allí: la demócrata Gina Hinojosa será la nueva gobernadora. En campaña prometió paralizar los nuevos centros de datos, y quitarles los beneficios fiscales, hasta que los vecinos participen por ley en la aprobación de cada uno. A ver a dónde se muda Musk ahora.

Los mercados han tenido una reacción chocante a la victoria arrolladora de los demócratas en las dos Cámaras del Congreso, además de la gobernación de varios Estados. Se esperaban caídas, pero las Bolsas reaccionaron el primer día, el miércoles, con alzas considerables. Eso sí, llegó la rotación entre sectores: subieron los relacionados con el consumo y algunas tecnológicas, mientras bajaron los más vinculados al despliegue de la IA, como Nvidia y Broadcom o la misma SpaceX; además de las firmas de defensa. La lectura del mercado es que el Congreso frenará a Trump en algunas de sus políticas y limitará el descontrol del déficit; que es menos probable ahora una escalada en Irán (por eso ha bajado tanto el petróleo), y que los grandes de la IA tendrán que ralentizar su desarrollo. El mensaje resonó al otro lado del mundo, donde cayeron los fabricantes de semiconductores en las Bolsas de Corea del Sur o Taiwán. Algunos inversores se lo pensaron mejor y el segundo día poselectoral fue un jueves negro: el Nasdaq se dejaba más del 5% y el S&P500, más del 4%. Llueve sobre mojado: las empresas que más han apostado por la IA ya venían de ser castigadas la semana anterior, porque crecen las dudas sobre los retornos de las mastodónticas inversiones que están realizando, con cargo a deuda que paga tipos de interés cada vez más altos.

La desconfianza hacia los centros de datos no es un fenómeno que se limite a EE UU. En España esas instalaciones también proliferan, gracias a una privilegiada situación geográfica entre el Atlántico y el Mediterráneo, con acceso a los grandes cables submarinos por los que viaja internet, y gracias a unos precios competitivos de la electricidad gracias al peso de las energías renovables. El Ministerio de Transición Ecológica de Sara Aagesen prepara un decreto que impondrá duras exigencias a los data center, entre ellas la justificación hora a hora de que un 80% del consumo proviene de fuentes renovables adicionales. La norma despierta el frontal rechazo de las grandes empresas de este negocio (Amazon Web Services, Google y Microsoft), que alertan de que convierte en inviables sus proyectos. Aunque Aagesen abrió un poco la mano, al anunciar un periodo transitorio de cinco años, las tecnológicas asociadas en Spain DC siguen rechazando el proyecto, y amenazan con llevarlo a los tribunales. El asunto es delicado porque están en juego grandes inversiones en España, pero también el precio de la luz, asunto muy sensible hoy: Transición sostiene que, si no se mete en cintura a esta actividad, la factura podría llegar a triplicarse.

El voraz consumo energético es solo uno de los puntos ásperos del despliegue de la IA. Se ha disparado la alarma por la acumulación de incidentes relacionados con la ciberseguridad. El crimen organizado armado con agentes de IA es mucho más temible. En los últimos días se han sucedido los sustos. El ataque a varias cadenas de supermercados de Francia para que subiera la temperatura en sus cámaras y se echaran a perder los alimentos se ha repetido en otros países: Bélgica, Suecia, Luxemburgo, Países Bajos, Irlanda, Estonia y Finlandia. En Francia también se usó el mismo método para elevar la temperatura de las muestras de plasma que guardaban varios bancos de sangre, un sabotaje especialmente malvado. Casos extraños, por ahora inexplicados, que parecen responder más a una guerra híbrida (Rusia suele citarse entre los sospechosos de eso) que a intentos de extorsión. Al mismo tiempo, ha habido dos desfalcos muy sonados protagonizados por intrusos informáticos: al banco francés Crédit Mutuel Arkea, que reconoció haber perdido 100 millones de euros, y a la plataforma cripto Binance, a la que sustrajeron la increíble cantidad de 6.300 millones de dólares. El robo del siglo, del que se acusa a los hackers de Corea del Norte.

Juegan a favor del miedo los casos en los que modelos experimentales de IA realizaron acciones hostiles de forma autónoma. El ataque de un enjambre de agentes de IA de OpenAI a la plataforma Hugging Face, ocurrido en julio, ha sido el “momento Sputnik” de la ciberseguridad, en palabras de Manuel Muñiz, rector de IE University y ex secretario de Estado para la España Global. Muñiz cree que los incidentes relacionados con el cibercrimen y la IA se van a ir repitiendo con cada vez mayor frecuencia. Que muy probablemente llegarán sabotajes de las infraestructuras críticas: el sistema eléctrico o la banca. Será solo entonces, afirmó el experto en el foro World In Progress organizado por Prisa esta semana en Barcelona, cuando las autoridades reaccionen y se imponga una regulación. En ningún caso será suficiente la autorregulación del sector, en la que decía confiar Donald Trump.

El temor a la IA incluye otros elementos, como su impacto en la desigualdad. Muñiz explica bien que esta revolución tecnológica está acelerando una tendencia ya detectada en las economías avanzadas: una caída sostenida del peso de las rentas del trabajo en la renta nacional, en favor de las rentas de capital. Para colmo, la recaudación de impuestos es más eficaz con los asalariados que con las ganancias de capital. “Ser trabajador en Occidente es menos interesante que antes”, explica, a pesar de los “niveles históricos de abundancia”. Lo que falla es la redistribución. Ahí está el contrato social roto, ahí está el vaciado del centro político, ahí está la desafección con el sistema. Les recomiendo mucho escuchar su conversación completa con el periodista Jordi Fábrega en el foro WIP en este vídeo de EL PAÍS en YouTube.

Es pronto para afirmar que estemos en una crisis como la de las puntocom en el año 2000. Una lección de entonces: era verdad que internet iba a cambiar nuestras vidas, pero eso no justificaba las valoraciones estratosféricas de ciertas compañías. Ocurra lo que ocurra en los mercados en las próximas semanas, no echen la culpa a los votantes de EE UU por apoyar que se ate en corto a los gigantes tecnológicos. La culpa de que reviente una burbuja es más de quien la hincha que de quien la pincha.

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • Implementación de normativas más estrictas para centros de datos en España.

    Likely · Within months

Open Questions

  • ¿Cómo afectará la regulación de Aagesen a la competitividad de España?
  • ¿Se confirmará la autoría estatal en los ciberataques recientes?

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This article was originally published by El País Economía.

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