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Lula da Silva, expresidente de Brasil, busca su cuarto mandato presidencial a los 81 años. Tiene un historial de tres presidencias anteriores (2002, 2006, 2022), tres derrotas electorales previas (1989, 1994, 1998), pasó casi dos años en prisión entre 2018 y 2019 por corrupción antes de ser absuelto por el STF, superó un cáncer de laringe y perdió a dos esposas. Su tercera esposa, Janja, es 21 años menor que él.
Al borde de cumplir 81 años, Luiz Inácio Lula da Silva quiere ser presidente una vez más, la cuarta, y gobernar hasta los 85 años. En una línea se resume el momento de uno de los líderes más importantes de la historia contemporánea de América Latina, un político que pareciera no admitir otra cosa que ser eterno.
«Lula es ya una figura histórica en Brasil, ser presidente una vez más no le va a agregar nada», dijo a EL MUNDO Julio María Sanguinetti, dos veces presidente uruguayo. «Además, lo noto más crispado que en sus dos primeros gobiernos. Lula era muy alegre, ocurrente. Creo que después de su paso por prisión ha quedado un poco marcado psicológicamente».
Cuatro años atrás, Lula terminó sin voz la campaña electoral de cara a unas elecciones en las que derrotaría muy ajustadamente a Jair Bolsonaro, 50,9 a 49,1 por ciento. Cuatro años después, el rival es Flavio, el hijo mayor del expresidente, emblema de la derecha dura brasileña. Pero a Lula, líder hegemónico y sin rival en la izquierda nucleada en torno al Partido de los Trabajadores (PT), todavía le queda voz. Con sus entrevistas, discursos e infinitas apariciones en todo tipo de plataformas mostrando su rutina en el gimnasio viene a decir siempre lo mismo: no me confundan con Joe Biden, yo sí estoy en condiciones de gobernar.
Lula nació en el empobrecido nordeste del país, en una casa de adobe de apenas dos habitaciones en la que sus nueve ocupantes se turnaban en un colchón. Los demás se las arreglaban en el suelo. Su padre lo abandonó cuando tenía dos semanas de vida para formar una familia paralela, en 1964 perdió un dedo de la mano izquierda trabajando como tornero, su primera esposa murió en 1971 de hepatitis, y con ella se fue el hijo que estaba gestando. Superó un cáncer de laringe hace una década, su segunda esposa murió en 2017 y pasó casi dos años en la cárcel entre 2018 y 2019, condenado por corrupción antes de ser liberado por el Supremo Tribunal Federal (STF), que sentenció que el juez que lo había condenado no tenía la competencia para hacerlo.
Profundamente enamorado y dependiente de Rosângela Lula da Silva (Janja), su tercera esposa, 21 años menor que él, alguna vez admitió en una entrevista con la revista Time que la política vive en cada célula de su cuerpo, en su sangre, en su cabeza.
«Yo tengo una causa», dice Lula cuando se le pregunta por qué sigue.
Vendedor ambulante a los ocho años y limpiabotas a los nueve, fue ayudante de tintorería en su adolescencia, antes de ingresar a los 14 a una empresa metalúrgica y convertirse en tornero.
Llegarían los tiempos del liderazgo sindical, seguidos de su crecimiento político durante la dictadura militar iniciada en 1964, y en democracia desde 1985. A esa altura ya había sumado su apodo, «Lula», a su nombre legal. Diputado del PT en 1986, perdió tres elecciones presidenciales consecutivas (1989, 1994 y 1998) antes de ganar las de 2002, 2006 y 2022. Para ese entonces ya había abandonado las camisetas del Che Guevara y moderado su imagen, que atemorizaba a las clases medias brasileñas y a los poderosos empresarios de una de las mayores economías del mundo. Atrás quedaba la provocación de un grupo de empresarios brasileños en 1989, cuando anunciaron que se comprarían un avión para salir todos juntos del país si Lula era presidente.
Lula es, sobre todas las cosas, un profundo pragmático. Su política económica estuvo lejos de las ensoñaciones estatistas de muchos de sus vecinos, aunque usa el Estado como palanca en la economía y para subsidios y apoyo a los brasileños más desfavorecidos, que son muchísimos en un país profundamente desigual.
Se considera a sí mismo el líder más importante de América Latina, detesta al argentino Javier Milei y se planta como par ante todos los presidentes y potencias mundiales. Entre ellos, Donald Trump, con el que el antagonismo de los últimos tiempos le rinde en términos electorales.
AI outlook — possibilities, not facts
Lula da Silva será candidato oficial del PT en las próximas elecciones presidenciales de Brasil.
Very likely · Within months
Flavio Bolsonaro será el principal rival de Lula en las elecciones presidenciales venideras.
Likely · Within months

Flávio Bolsonaro surpasses Luiz Inácio Lula da Silva in the first round of the presidential elections in Brazil with 48.05% of the votes compared to 43.96%, forcing a second round on October 25 while the right sweeps the legislative and regional elections.

With 92% of the Brazilian presidential elections counted, Flávio Bolsonaro leads with 47.8% and Luiz Inácio Lula da Silva follows with 44.1%, forcing a second round on October 25. Tarcísio de Freitas is re-elected in São Paulo and Michelle Bolsonaro becomes the senator with the most votes in the history of the Federal District.

Flávio Bolsonaro exceeds 50% of the valid votes with 41.57% of the electoral sections counted, leading Luiz Inácio Lula da Silva by almost 9 percentage points. If the trend continues, he would be elected president in the first round, something that has not happened in Brazil since 1994.
More than 500 former ministers, former ambassadors and senior European officials are urging the European Commission to present legislative proposals to sanction financial institutions that support the E1 project and block EU trade with illegal settlements, warning that the project would divide the West Bank and make a two-state solution impossible, while denouncing the EU's inaction in the face of violations of international law and violence in Gaza and the West Bank.

Flávio Bolsonaro obtained 49.58% of the votes with 65% counted, surpassing Luiz Inácio Lula da Silva (42.25%) and forcing a second round on October 25. The result reflects an advance of the hard right in Latin America, with support from figures such as Donald Trump and Javier Milei. Bolsonaro, son of former president Jair Bolsonaro, promises to amnesty his father and those convicted of the January 8 acts if he wins.

With 64% of the votes counted, Flávio Bolsonaro leads with 49.58% compared to Luiz Inácio Lula da Silva's 42.25% in Brazil's presidential elections. If none exceeds 50%, there will be a second round on October 25. The article mentions the interest of Donald Trump and Javier Milei in preventing Lula's re-election, as well as the potential impact on Brazil's natural resources and regional relations.