Mar gruesa en el horizonte: el complejo panorama económico tras el verano
La persistencia de la inflación, la subida de tipos de interés y la inestabilidad geopolítica marcan un inicio de curso político y económico incierto para España y el mundo.
Quick Look
- El inicio del curso político y económico presenta riesgos globales: inflación persistente, subida de tipos y tensiones geopolíticas por la guerra en Irán.
- España enfrenta el reto de gestionar su economía en un entorno de financiación encarecida y parálisis presupuestaria.
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Why It Matters
La economía global enfrenta una inflación persistente y tensiones geopolíticas derivadas del conflicto en Irán. España mantiene una parálisis presupuestaria prolongada desde 2023.
Tras el verano septentrional llega el nuevo curso político y económico con inevitables cambios tanto a nivel nacional como global. Los de carácter político están en manos de los electores, pero los económicos, hijos en parte de los primeros, barruntan mar gruesa en el horizonte. Con la guerra de Irán encasquillada, la inflación persistirá más tiempo del previsto, los tipos de interés volverán a subir (ya lo han hecho los bonos en medio mundo), se encarecerá la financiación de la economía, se estresarán las finanzas de los Estados, de las empresas y de las familias, y se frenarán el crecimiento y el empleo. Una singladura con mar gruesa.
España ha experimentado un generoso ciclo de crecimiento desde que superó el bajonazo del covid, aunque alimentado por los flujos demográficos de la inmigración irregular, pero en absoluto suficiente como para argumentar con el mínimo rigor que vivimos en otro mundo y que la economía española no depende del exterior. Depende, depende mucho y depende cada vez más. De hecho, la variable demográfica ha dejado de tener hace muchas décadas carácter nacional, con saldos vegetativos nacionales declinantes y negativos, para depender del exterior. Haciendo abstracción del episodio extraordinario de la regularización reciente, que ha generado una severa crítica y censura de los socios comunitarios, España depende cada vez más de decisiones y acontecimientos externos.
El país entra en el nuevo curso político y económico, y a la vez en la recta final de la legislatura, con buenos datos nominales de su desempeño económico, pero con las grandes decisiones de política económica varadas desde hace años. No parece el Gobierno capaz de lograr una mayoría parlamentaria que respalde un Presupuesto, como no ha sido capaz de lograrlo en los tres últimos años, enganchado a una prórroga sistemática de las cuentas de 2023 y a modificaciones de partidas y ampliaciones de créditos que complican sobremanera desentrañar ingresos y gastos públicos. El formato ha anestesiado a la política nacional en tal grado que nadie se pregunta ya por qué, cuando la metamorfosis de la economía y de la demografía desde el covid exige decisiones severas en educación, infraestructuras, pensiones, sanidad o finanzas autonómicas, España carece de raíles presupuestarios para transitar.
La cuestión es si la economía mantendrá el ritmo nominal actual, que crece más a lo ancho que a lo alto, o si se plegará a las condiciones mucho menos expansivas que imponga la economía global. Como antes del verano septentrional, todo depende de una sola decisión sobre la guerra de Persia, un acuerdo que ponga fin al conflicto, aunque cada vez parece menos probable que el desenlace esté en las únicas manos del presidente norteamericano, como él se jacta de cacarear. La posición política de Trump es mala fuera y dentro del país, y cada vez más encuestas auguran una derrota electoral en el Congreso, y puede que también en el Senado, en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.
Solo terminar con una guerra cuya estimación inicial de EE UU era de seis semanas, pero que se ha enquistado y dura ya seis meses, puede salvar el pellejo político de Trump si quiere lustrar su reputación en su segundo mandato, en vez de embarrarlo como hizo en el primero instigando la ocupación del Congreso. Solo uno de cada tres norteamericanos aprueba ahora la gestión del presidente tras una política interna y externa que ha encarecido la vida de forma muy significativa y que amenaza con cronificarse si la espiral guerra-inflación-tipos de interés, que ya ha empezado, no cesa y echa raíz. Lógicamente los efectos perversos del conflicto bélico son globales, pero llama la atención que en las variables financieras el primer damnificado resulte ser EE UU.
En un contexto de política económica errática por los continuos cambios de humor acerca de los aranceles y la gestión de su descomunal déficit fiscal y deuda pública, y una monetaria que con el nuevo presidente de la Reserva Federal ha perdido la previsibilidad y visibilidad que tenía con su antecesor, la deuda pública norteamericana marca récord de volumen y de rentabilidad, tensionando los tipos de interés que financian el resto de la economía. Además, la fuerte absorción de recursos por parte de las grandes tecnológicas por desarrollar programas de inteligencia artificial y de las corporaciones industriales y de servicios por aplicarlos está detrayendo recursos que hasta ahora financiaban al Tesoro, con el consiguiente encarecimiento de las emisiones.
Un reciente informe de La Financière de l’Échiquier destaca que el 18% de las emisiones de bonos con grado de inversión en lo que va de año y con plazos de vencimiento de más de 15 años corresponden a iniciativas para financiar la inteligencia artificial, mientras que en 2024 solo suponían el 1%, lo que da una idea de la atracción de recursos que esta ingente inversión resta a la financiación soberana y a la del resto de la economía privada, precisamente cuando mayores son las necesidades de los emisores estatales. Apunta también cómo tales emisiones se hacen con una rentabilidad sensiblemente superior a la de los mejores bonos públicos, acercándose en algunos casos al 7% para asegurarse la captura de recursos. Y todo ello en un contexto en el que los países con más mochila fiscal tienen tensionados los tipos: Francia, EE UU, Japón…
Todo, por tanto, son malas noticias para la financiación de la economía. La inflación ha frenado su tendencia de reducción y hay ya crecientes posibilidades de subidas de tipos oficiales en todo el planeta. En Europa podría haber este año una segunda subida tras la de junio, y en EE UU, Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Fed, apuesta por la disciplina y podría practicar una o dos subidas de tipos a medio plazo. Y precisamente en un contexto, en Europa y EE UU, en que el crecimiento carece de brillo. Francia e Italia crecen poco, y Alemania, nada, aunque su canciller asegura haber dejado atrás el estancamiento. El plus inversor del Plan de Recuperación y Resiliencia ha concluido, las necesidades de gasto de los Estados tienden a subir, y las propuestas de Mario Draghi y Enrico Letta para activar la economía solo encuentran respuesta a cuentagotas en todo el continente.
España al menos parece tener bajo control el coste de financiación pública, que sigue siendo un gigante dormido; pero el euríbor, que ya está en el 3% (máximo de los dos últimos años), tensionará las finanzas de los hogares y frenará la demanda de vivienda y la concesión de hipotecas, además de tener efecto contractivo sobre el consumo. El Gobierno podría verse obligado a prolongar las ayudas para combatir los efectos de la guerra de Irán si la energía no afloja y mantiene elevada la inflación, que ha vuelto a superar con creces el 4% mientras la tasa subyacente sigue agarrada al 3%. Tal decisión, que tomará a finales de septiembre en función de las circunstancias, puede afectar a las finanzas públicas.
Mar gruesa, por tanto, en el horizonte económico, sin descartar los riesgos de rolar a mar arbolada por la derrota de 2027.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Posible prolongación de ayudas energéticas en España a finales de septiembre.
Possible · Within weeks
Open Questions
- ¿Qué decisión tomará el Gobierno español sobre las ayudas energéticas en septiembre?
- ¿Cómo afectará el resultado electoral de EE. UU. a la política económica global?







