
La zona sur de Madrid vive una transformación marcada por apartamentos de alto standing que conviven con el sinhogarismo, la inseguridad y la falta de servicios básicos para los vecinos.
Méndez Álvaro, en Madrid, experimenta una gentrificación con complejos residenciales de lujo que contrastan con asentamientos de personas sin hogar, inseguridad en túneles y una notable carencia de equipamientos públicos y comercio de barrio.
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Méndez Álvaro ha pasado de ser una zona industrial a un polo inmobiliario de lujo con alquileres de alta renta. La transformación no ha ido acompañada de equipamientos públicos ni seguridad.
«Hace meses que no veo a nadie masturbarse en la calle». Juan lo dice con una ironía que tiene más de humor negro que de chiste. Vive en Méndez Álvaro y asegura que, al menos últimamente, «la cosa parece estar un poco mejor». Su comentario resume de forma descarnada una de las contradicciones de una zona convertida en uno de los nuevos polos inmobiliarios de Madrid: apartamentos de más de 2.000 euros al mes con piscina, gimnasio, cine o «spa para mascotas» conviven a pocos metros con asentamientos improvisados, personas durmiendo junto a las vías y jeringuillas abandonadas incluso junto a centros escolares.
Méndez Álvaro se vende hoy como una suerte de nuevo distrito residencial y financiero al sur del centro de Madrid cuya transformación se mide especialmente por el tipo de inquilino al que apuntan sus desarrollos inmobiliarios: grandes complejos destinados exclusivamente al alquiler y concebidos para rentas altas, con una oferta que se acerca más a la de un hotel de lujo que a la de un bloque de pisos. Los apartamentos de dos dormitorios parten de los 2.260 euros mensuales, mientras que los de una habitación superan los 1.600 a cambio de servicios como piscina, gimnasio, coworking, cine, club social, azoteas, salas gourmet, seguridad las 24 horas e incluso «spa para mascotas». Uno de estos complejos se presenta como una comunidad inspirada en un «estilo de vida sofisticado» y sus promotores emplean reclamos como el de que Méndez Álvaro ha experimentado un «impresionante desarrollo» hasta convertirse en «uno de los destinos más codiciados para vivir», con publicidad dirigida a clientes de «alto poder adquisitivo», bajo el concepto de una «vida premium»: «Nadie se imagina alquilando una vida pequeña», reza uno de sus lemas.
Pero basta caminar un minuto desde esos complejos residenciales para encontrarse con una realidad urbana menos glamurosa marcada por el sinhogarismo, la toxicomanía y zonas despobladas convertidas en espacios fantasma, tras el cierre de las oficinas que transmiten una sensación de inseguridad a los vecinos.
Y es que precisamente esos lugares poco transitados coinciden en ocasiones con las principales arterias que comunican Méndez Álvaro con el vecino distrito del Retiro. El más destacado es el túnel de Comercio a Menéndez Pelayo. Su trazado bajo las vías impide ver qué ocurre al otro lado y muchos residentes evitan cruzarlo a pie al caer la noche. Además, junto a su entrada se sitúa la calle Garganta de los Montes, un trazado sin edificios, comercios o equipamientos que discurre paralela a la vía del tren y que es empleada como aparcamiento de autobuses los días de manifestación, atajo de taxistas para evitar los semáforos en dirección a la estación de Atocha y mingitorio y picadero nocturno.
A la inseguridad que transmite este cruce también contribuyen episodios como el asesinato de Isaac a manos de pandilleros de los Dominican Don't Play, que durante los últimos años protagonizan luchas con los Trinitarios por el control del parque en la vecina calle de Ramírez de Prado.
Otro de esos vacíos urbanos aparece en las calles Acanto y Retama situadas paralelas a la M-30 en dirección a Puente de Vallecas, en las inmediaciones del antiguo El Corte Inglés, cerrado en 2024. Cuando terminan los horarios de oficina, las aceras quedan desiertas. Además, en la pequeña zona verde que limita con la vía de circunvalación, pueden encontrarse refugios levantados por personas sin hogar entre taludes y plantas.
La propia calle Méndez Álvaro ofrece otra imagen frente a la Estación Sur de Autobuses. Sentarse unos minutos en alguna de sus terrazas permite observar el tránsito de viajeros y oficinistas, pero también de personas con evidentes problemas mentales que deambulan, individuos desorientados o tirados en los soportales y otros tratando de realizar ventas callejeras de objetos como gafas de sol u otros artículos de procedencia desconocida. Los problemas alrededor de la estación tampoco son completamente nuevos: las quejas vecinales sobre prostitución, suciedad o conflictos son una constante.
Es una situación que Víctor, vecino desde hace 30 años, resume con crudeza: «Le puedes poner casoplones alrededor, pero sigue siendo Méndez Álvaro». Y es que esta zona, antiguamente enfocada al sector secundario en las inmediaciones de Atocha, ha sustituido la pequeña industria por viviendas y oficinas sin consolidar la vida de barrio.
Los vecinos llevan años reclamando equipamientos públicos y comercio cotidiano. Faltan instalaciones como biblioteca o centro de salud y escasean negocios habituales en cualquier otro rincón de Madrid. Más allá de bares y franquicias, el pequeño comercio es inexistente: no hay estancos, mercerías, bazares o fruterías.
Esa distribución tiene consecuencias visibles cuando cae el sol, especialmente junto a las vías ferroviarias que encorsetan su trazado, como en la manzana en la que se sitúa el Instituto Antonio Fraguas Forges, donde este diario ha encontrado una de las imágenes más difíciles de conciliar con la nueva postal inmobiliaria: jeringuillas usadas abandonadas junto a un acceso al centro.
Debido a la escalada de precios en Baleares, que registra el metro cuadrado más caro de España (4.384 euros), uno de cada cuatro residentes opta por comprar vivienda en otras comunidades, principalmente en Asturias, donde los precios son significativamente menores.

El informe Vivienda en Costa 2026 de Tinsa revela que los precios de la vivienda en la costa española suben un 13,5% y el esfuerzo de compra supera el 40%, dificultando el acceso a la población local frente al auge de la segunda residencia.
Una década de regulación de vivienda en Catalunya ha traído medidas como topes a los alquileres, la reserva del 30% para VPO en Barcelona y la redefinición de grandes tenedores, generando un intenso debate entre patronales inmobiliarias que denuncian falta de oferta y sindicatos que exigen mayor control.

El mercado inmobiliario español experimenta un freno en las compraventas al contado durante los primeros cinco meses de 2026, cayendo a mínimos de cinco años. A pesar de una ligera bajada general de operaciones, la firma de hipotecas crece impulsada por el encarecimiento de la vivienda y tipos de interés por debajo del 3%.

Un incendio en la última planta de un edificio en la calle García de Paredes de Chamberí, Madrid, provocó el derrumbe del tejado de madera. 15 personas y un perro fueron desalojados, sin registrarse heridos ni intoxicados. Bomberos y Samur Social intervinieron para controlar la situación y realojar a los afectados.

Carmen Pérez-Pozo, abogada con experiencia en el socavón del Carmel (2005), lidera la defensa de los afectados por el hundimiento en Sant Gervasi, Barcelona. El incidente del 7 de julio, causado por obras de la L9 del metro, desalojó a 300 vecinos y busca una negociación colectiva con la Generalitat para indemnizaciones.