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Nuri, la cleptómana, y la serie Vicios ocultos: entre capullos y pringados
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La Vanguardia9/4/2026Opinion3 min readSpainView translation

Nuri, la cleptómana, y la serie Vicios ocultos: entre capullos y pringados

Quick Look

El autor recuerda a su madre y a Nuri, una amiga cleptómana que robaba incluso regalos hechos por ella, y conecta este recuerdo con la serie Vicios ocultos (Your Friends & Neighbors) y un artículo de Robin Givhan en The New York Times que divide a la sociedad entre capullos y pringados, analizando la moralidad del éxito, la riqueza y el comportamiento humano en tiempos de competencia desleal y aspiraciones vacías.

AI-generated summary

Why It Matters

El autor recuerda a Nuri, una amiga cleptómana de su madre que robaba objetos incluso cuando ella misma se los había regalado previamente, y conecta este recuerdo con la serie Vicios ocultos y el artículo de Robin Givhan en The New York Times que analiza la división social entre capullos y pringados.

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Mi madre tenía una amiga tan cleptómana que, cuando venía a casa, se llevaba cosas que ella misma nos había regalado antes. No lo podía evitar. Estaba en su naturaleza. “Niños, que hoy viene Nuri a comer, cuidado”, nos advertía. Y, por mucho cuidado que tuviéramos, siempre faltaba algo. Nuri llegaba al Corte Inglés y se metía en el bolsillo a las dependientas de tal modo que no solo se iba con el bolso lleno de cosas sin que ellas se enterasen, sino que le pedían que regresara pronto y las siguiera haciendo reír.

Era prima hermana de una cantante de la Nova Cançó que, a ella le extrañaba, nunca quería quedar con ella. A su propia nuera le robó una vez para ir al bingo. Cuando se murió, aún le debía a mi madre 15.000 pesetas que hoy me vendrían de maravilla para ir a cenar esta noche poco más que una tortilla panadera al Flash Flash.

Me he acordado de Nuri al ver la primera temporada de la serie Vicios ocultos (Apple TV), cuyo título original es Your Friends & Neighbors (Tus amigos y vecinos), protagonizada por Jon Hamm. Sí, el inolvidable e irresistible Don Draper, hoy maduro macho alfa, que sigue creando revuelo en las redes sociales por las fotografías en las que marca paquete hasta llegar al siguiente titular: “El pene de Jon Hamm saca a su dueño de paseo”. Al hilo de la serie he leído un punzante artículo en The New York Times titulado “Are You a Jerk or a Sucker?”(¿Eres un capullo o un pringado?). Jerk significa capullo, idiota o cabrón y sucker, pringado, iluso o incauto), firmado por Robin Givhan.

La serie cuenta la historia de Andrew Cooper —Coop para los amigos—, un tipo que trabajaba en fondos de inversión de alto riesgo. Sus clientes confiaban en él para aumentar su capital, hasta que una noche cede a la tentación con una empleada y pierde el trabajo, el matrimonio y el estatus y, en lugar de aceptar que ya no puede mantener la vida de rico, empieza a robar a sus propios vecinos: hurta relojes Patek Philippe, un bolso Birkin, una botella de vino de valor incalculable, joyas y obras de arte que luego revende a precios que le permiten mantener su estatus socioeconómico.

Según Robin Givhan, la vida contemporánea se divide entre dos tipos de personas: los capullos y los pringados. Podríamos incluir a los derrotados, los que tenían un plan perfecto como Johnny Clay en aquella película genial de Kubrick, Atraco perfecto, que descubre demasiado tarde que entre un golpe maestro y un fracaso ridículo puede haber apenas una maleta y una mala ráfaga de viento.

Givhan plantea cómo podemos evitar convertirnos en cretinos o en ingenuos. Detectar a los capullos no es difícil: abusan, humillan, necesitan demostrar constantemente su posición y siguen a rajatabla la enseñanza de Gore Vidal: “Con tener éxito no es suficiente, ¡los demás deben fracasar!”. Y los pringados son aquellos que quieren caer bien, los que tragan, los que no saben decir que no, los que esperan una llamada, los que hacen favores que nadie les devuelve, los que carecen de ambiciones desmesuradas… ¿Cuál de los dos preferimos ser?

Eres un cabrón o eres un pringado. El artículo plantea la disyuntiva moral: ¿es mejor ser el capullo que se aprovecha de los demás o el pringado del que todos se aprovechan? Cuenta Robin Givhan, que ganó un premio Pulitzer como crítica de moda, que la riqueza de Coop “carece del aura de la edad dorada, de las manchas de sudor de la revolución industrial o del optimismo futurista y despreocupado de los magnates tecnológicos. Coop no inventó ni mejoró nada; simplemente está muy bien pagado y vive rodeado de otras personas con altos ingresos que gastan su dinero compitiendo por acumular bienes. Ser rico resulta costoso: hay que mantener el ritmo”. Séneca lo había visto venir: “Nadie puede tener suficiente de lo que considera insuficiente”.

Durante un tiempo, a Coop se le ve encantado con su nuevo oficio: la relativa facilidad con que da los golpes, el beneficio económico, el placer de tomarse la revancha contra esa comunidad engreída a la que, por un lado, detesta y, por otro, admira. Según Givhan, Coop es como muchos de nosotros, independientemente de nuestros ingresos, porque el éxito económico ajeno genera disonancia emocional.

La dificultad del capullo para alegrarse por el éxito de un amigo es extraordinaria porque ese éxito siempre apuntará a su fracaso. A menudo pensamos que, si fuéramos ricos, no tendríamos ninguno de esos problemas, seríamos súper generosos, vestiríamos mejor y nos comportaríamos con más clase que quienes realmente lo son. Para la autora, Coop sale a flote gracias a su audacia, pero también gracias a las inseguridades de sus vecinos para gestionar su propia versión de “monstruo tóxico”, y ese “monstruo” habita en cada uno de nosotros porque, aunque no robemos, buscamos permanentemente algo que realce el personaje que nos sentimos obligados a interpretar en nuestras vidas. “Todos aspiramos a una imagen que se aleja fuera de nuestro alcance a medida que nos acercamos a ella”.

Sea por una cosa o por otra, nunca se llega a la meta. El creador de la serie, otra serie más sobre ricos peleando por complicarse la vida, Jonathan Tropper, declaró a The New York Times: “Estamos criticando un sistema de valores, pero, al mismo tiempo, estamos haciendo que el programa sea aspiracional”. ¿Cómo evitar convertirse en un cretino o en un ingenuo? Esa es la cuestión. Lo más determinante es, sin duda, rodearse de personas que nos vean tal como somos, “no por nuestros éxitos, sino a pesar de ellos”.

No todo el mundo está fascinado. En The New Yorker, Inkoo Kang hace un paralelismo de esta serie con la serie Succession y dice que Hamm y el resto del elenco “sirven porno de lujo disfrazado de crítica social”. Lucy Mangan señalaba en The Guardian que parece estar a medias entre criticar a los ricos y estar enamorada de sus adornos. Tanto es así que, en un momento dado, el asesor financiero de Coop, llamado Barney Choi, dice que su matrimonio consiste en lo siguiente: “Comemos, bebemos y compramos toda esta porquería. Luego hablamos de la porquería que hemos comprado y de la que vamos a comprar; y, al final, vamos a comprarla”.

Givhan plantea también esta pregunta: “¿Alguien logra realmente un éxito financiero descomunal por mérito propio? ¿Acaso las únicas personas que creen en el sueño capitalista estadounidense son unos tipos siniestros y unos incautos? No es una trama precisamente edificante, pero sí muy oportuna”. Al fin y al cabo, vivimos en la era del beneficio propio desenfrenado en la que, como recuerda la autora del artículo, “el presidente de Estados Unidos ganó 2.200 millones de dólares el año pasado, principalmente gracias a negocios relacionados con las criptomonedas”.

Podríamos añadir que el capullo ha entendido que el mundo no es justo y ha decidido aprovecharse de ello, mientras que el pringado, que también lo ha entendido, continúa comportándose como si las reglas fueran otras. Uno piensa: si no lo hago yo, me lo harán a mí. El otro: no quiero convertirme en alguien así. ¿Pero cuándo deja de ser virtud ser buena persona y empieza a ser estupidez?

En otro artículo sobre la serie, el periodista Ross Douthat afirma que los personajes de Vicios ocultos tienen dinero, casas, coches, carreras, familias, relaciones… y, sin embargo, siguen comportándose como si estuvieran compitiendo por algo que siempre está un poco más allá. Y es cierto: su atmósfera carece por completo de estilo. Viven un mundo de decoración insípida, moda anodina y mansiones pretenciosas vacías de contenido emocional o intelectual. Uno se alegra de no ser tan rico como ellos porque los ricos de Vicios ocultos tienen mucho más que perder que los pobres. La riqueza como estado permanente de inseguridad. Luego pone un ejemplo que todos conocemos: “Imaginar que uno disfruta de los hoteles de The White Lotus forma parte del atractivo de la serie, aun cuando uno se alegra sinceramente de no ser ninguno de sus personajes”.

El pringado todavía cree en conceptos que los demás han abandonado: lealtad, amistad, reciprocidad, palabra, generosidad. Por eso pierde. El capullo tiene una ventaja competitiva: nunca siente que esté incumpliendo las reglas porque considera que las reglas son precisamente para los pringados. El capullo conoce las reglas y sabe cuándo saltárselas. Tratamos con ellos cada día: hay gente cuyo patrimonio, procedencia y sueldo le legitima para despreciarte cuanto le dé la gana sin ser conscientes de que el tiempo también pasa para ellos. El pringado cumple las reglas incluso cuando nadie más lo hace y pierde porque pensaba que era buena idea jugar limpio.

Quizá por eso los derrotados resultan tan interesantes. Porque hay algo conmovedor en quien ha perdido y ya no tiene nada que demostrar. Johnny Clay pierde el botín del atraco. Coop pierde el trabajo, el matrimonio y el estatus. Y Nuri se dedicaba a robar pequeñas cosas que ella misma nos había regalado, como si hubiera descubierto una forma de vivir al margen de toda lógica de acumulación, prestigio o competencia. Tal vez ese sea el verdadero lujo: no tener que competir. O, al menos, competir solo contigo mismo. Nuri lo había entendido a su manera. No quería ser más rica que nadie, ni más importante, ni siquiera mejor. Solo quería salirse con la suya. Algo que, según cómo se mire, puede aceptarse como victoria.

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • El debate sobre la moralidad de la riqueza y el comportamiento social impulsado por Vicios ocultos y artículos como el de Robin Givhan continuará en medios y redes sociales durante las próximas semanas

    Likely · Within weeks

  • Se aumentarán las comparaciones entre Vicios ocultos y otras series de crítica social como Succession y The White Lotus en análisis culturales y periodísticos

    Possible · Within months

Open Questions

  • ¿Qué pasó exactamente con los 15.000 pesetas que Nuri debía a la madre del autor?
  • ¿Cuál es el origen exacto de la cleptomanía de Nuri y si recibió algún tipo de tratamiento?
  • ¿Cómo reaccionaron las dependientas del Corte Inglés al descubrir los robos de Nuri?
  • ¿Qué otras series o películas además de Succession y The White Lotus han sido comparadas con Vicios ocultos en críticas recientes?

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This article was originally published by La Vanguardia.

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