Pedro Sánchez abre la puerta a culpar a Marruecos por la crisis migratoria en Ceuta bajo la presión del Congreso
El presidente del Gobierno promete desclasificar informes del CNI y replantear la colaboración con Rabat tras la entrada de 72.000 inmigrantes.
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha abierto la puerta en el Congreso a culpar a Marruecos por la crisis en Ceuta si los servicios secretos presentan pruebas, prometiendo desclasificar informes y replantear la colaboración con Rabat ante la enorme presión política y social.
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Why It Matters
La entrada masiva de 72.000 inmigrantes en Ceuta ha provocado una grave crisis política e institucional en España.
La política funciona casi siempre bajo máxima presión. El presidente del Gobierno está frente a una de sus crisis más graves y en el peor momento posible, a las puertas de unas elecciones generales que pueden ser en pocos meses si finalmente las adelanta para que se voten antes las generales que las autonómicas y municipales, como le piden algunos presidentes y alcaldes. La entrada de 72.000 inmigrantes de golpe en Ceuta y una muy discutida gestión posterior han dejado al Ejecutivo muy tocado.
Fuentes de La Moncloa admiten que Pedro Sánchez sabe que la mayoría de la población española, incluida la izquierda y muchos votantes del PSOE, culpan a Marruecos. Él insiste en que no puede hacerlo sin pruebas, porque no es responsable desatar un conflicto diplomático o incluso militar de consecuencias incontrolables sin tener una prueba clara de que Rabat organizó, impulsó o dirigió el salto de los días 30 y 31 de julio.
Pero este jueves en el Congreso, frente a esa enorme presión, Sánchez dio un giro claro sobre el tono que había usado el lunes en la entrevista en la Cadena SER. Y en el hemiciclo, por primera vez, abrió la puerta a culpar a Marruecos y, en ese caso, tomar decisiones graves. Frente a una oposición que le acusa de estar “chantajeado” por Rabat ―porque, según sostuvo sin pruebas Feijóo, los servicios secretos de este país habrían encontrado algo inconfesable en el móvil del presidente cuando se lo espiaron―, Sánchez fue a la Cámara Baja a intentar demostrar lo contrario: que él no le teme a nadie, y que de la misma manera que se ha enfrentado a Estados Unidos o a Israel ―dos de los países más influyentes del mundo, sobre todo por la masacre en Gaza o su rechazo a subir al 5% el gasto en Defensa―, él no teme a un choque con Marruecos si eso es lo que conviene a los intereses nacionales.
Con esta idea, la promesa de desclasificar todos los informes secretos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y otros organismos sobre esta tragedia que provocó la muerte de 141 personas, la noticia de que se convocó el 21 de agosto a la embajadora marroquí y una promesa de que se va a replantear la colaboración con Rabat porque es evidente que algo ha fallado estrepitosamente, Sánchez intentó en el Congreso rebajar la enorme presión; y no solo la que viene de la oposición, sino de la izquierda y de sus propios votantes, o al menos de la parte de ellos que no acaba de comprender por qué el presidente sigue teniendo buenas palabras hacia Marruecos después de que la inacción de su policía, por incapacidad o por decisión, le haya generado un problema humanitario, social y político de primera magnitud en Ceuta y en todo el país, y haya desacreditado por completo su giro de acercamiento a Rabat en 2021.
“Sánchez entregó la posición tradicional del PSOE sobre el Sáhara a cambio de que algo así como este salto masivo no pudiera suceder. Lo hizo para que no volvieran a entrar nunca más 10.000 personas, que fue lo que pasó en 2021, y ahora hemos tenido una entrada ocho veces mayor. Algo tiene que cambiar, y el presidente lo sabe”, señala un miembro del Gobierno de Sumar. En este grupo, muy crítico con la cercanía de Sánchez a Rabat, confían en que este jueves se haya iniciado un giro que lleve al jefe del Ejecutivo a una distancia mayor con el régimen vecino.
En La Moncloa explican, sin embargo, que Sánchez lo que está haciendo no es un giro de alejamiento de Rabat, sino una explicación razonable de su posición prudente. Este paso implica esperar a que los servicios secretos terminen la investigación en marcha para determinar con alguna certeza si fue Rabat o no. De momento, el presidente insiste en que los informes serios que tiene encima de la mesa no apuntan con claridad a la autoría de Marruecos.
El Gobierno ha desautorizado el informe que el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional envió a una jueza de la Audiencia Nacional, porque cree que sin información sobre el terreno no se puede llegar a conclusiones sólidas, y considera que solo el CNI la tiene con sus espías en Marruecos. Y, en cualquier caso, tampoco atribuía rotundamente la autoría intelectual a Rabat, solo una colaboración de algunos agentes.
Cambio de tono
Lo cierto es que el tono del presidente ha cambiado. Sigue diciendo que no tiene ninguna prueba que apunte al reino alauí, pero cada vez se abre más a que eso suceda en el futuro. “Si existieran pruebas [de la participación de Rabat], actuaríamos en consecuencia. Este Gobierno no tiene miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros. Pero vamos a trabajar cargados de hechos probados”, insiste el presidente. Y además da otro salto que en estos días el Gobierno no había hecho. Admite que sabe que la mayoría de los ciudadanos sospecha de Marruecos, y señala con claridad que este país dejó desatendida la frontera. “Sabemos que el 30 de julio la gendarmería permitió el cruce de la frontera. Y que después lo controló. ¿A qué se debió la falta de control? ¿Hubo incapacidad o inacción? Nuestros servicios de inteligencia darán con todas las claves. Vamos a hacer públicos todos los informes. De momento, ninguna de estas instituciones ha entregado evidencias sólidas de que Marruecos planificara o ejecutara este episodio", planteó Sánchez.
El presidente está abriendo la puerta a que haya un informe definitivo de los servicios secretos que provoque un cambio radical de la situación. Pero de momento, él quiere a toda costa evitar el conflicto porque le parece muy arriesgado. Y cree además que es lo que haría cualquiera que estuviera en La Moncloa. Sánchez recordó que cuando eran presidentes, tanto José María Aznar como Mariano Rajoy se cuidaron mucho de enemistarse con Marruecos y ninguno de los dos visitó Ceuta y Melilla de manera oficial —él lo ha hecho cuatro veces— ni permitieron que el Rey fuera a las ciudades autónomas, algo que solo hizo José Luis Rodríguez Zapatero en 2007 y va a hacer él “en pocas semanas”. Esa visita podría abrir la puerta a una escalada con Marruecos, que en 2007 ya retiró a su embajador por la presencia del jefe del Estado en un territorio en África que no reconoce como español.
El análisis más instalado en los círculos del Gobierno es que Sánchez está defendiendo la única opción responsable, la de evitar un conflicto con Marruecos, que además sigue siendo fundamental para la devolución de los miles de inmigrantes que aún quedan en Ceuta, mayores y menores, pero a la vez es una posición muy débil porque la mayoría de la sociedad no la entiende ni la comparte, y responsabiliza a Rabat de este desastre. El Ejecutivo admite la debilidad del momento, pero confía en ver la luz al final del túnel en las próximas semanas, cuando todos los inmigrantes dejen las calles porque tengan un lugar digno donde dormir, empiecen las devoluciones, lleguen las ayudas económicas, empiecen las clases y vuelva una cierta normalidad a Ceuta.
La oposición, por el contrario, intentará estirar esta crisis al máximo y cree que finalmente ha dado con el golpe que termine de rematar a Sánchez. El desgaste de una crisis imposible que el Gobierno no ha sido capaz de gestionar bien parece inevitable, pero solo el tiempo determinará su dimensión. Claro que esta vez no hay mucho margen temporal, porque las elecciones ya empiezan a estar en el horizonte.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Visita del Rey a las ciudades autónomas en pocas semanas
Likely · Within weeks
Open Questions
- ¿Demostrarán los informes del CNI la autoría de Marruecos?
- ¿Adelantará Pedro Sánchez las elecciones generales?





