
Ambos bandos extienden la guerra con bombardeos a refinerías, puertos y ferrocarriles, dejando numerosas víctimas civiles en ambos lados de la frontera.
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La guerra en Ucrania ha entrado en su cuarto año, con un frente terrestre estancado y una estrategia de ataques de largo alcance contra infraestructuras críticas. Ambos países enfrentan crisis de personal y bajas significativas.
Rusia y Ucrania extendieron este sábado la guerra de ataques en profundidad con nuevas oleadas contra ferrocarriles, puertos, refinerías y centros logísticos situados lejos del frente. Los ataques rusos dejaron muertos en Kiev y Zaporiyia. Los drones ucranianos causaron víctimas civiles en Yeysk, Belgorod y la región ocupada de Lugansk, además de incendios por primera vez en un almacén de Ozon, la otra compañía que junto a la repetidamente atacada Wildberries lidera las compras por internet de por rusos. También ardió una refinería de Samara. Mientras, en Kryvyi Rih, ciudad natal del presidente ucraniano, sigue el rescate de las víctimas del centro comercial atacado por Rusia el viernes. En su cuarto año de invasión, Moscú está aterrorizando a la población ucraniana mientras Kiev trata de dañar la economía del enemigo causando cada vez más muertes de civiles.
El balance de aquel doble ataque del contra el mayor centro comercial de Kryvyi Rih ascendió a 16 muertos y más de 130 heridos, entre ellos más de 20 menores. Nueve personas siguen desaparecidas, incluidos dos niños. Sesenta y una permanecen hospitalizadas y 23 se encuentran en estado grave o crítico. La primera oleada alcanzó el Soniachna Galereya durante el horario de apertura. La segunda, más traicionera, llegó unos 30 minutos más tarde, cuando bomberos, sanitarios y policías trabajaban ya en el recinto. Volodimir Zelenski acusó a Rusia de dirigir deliberadamente ese segundo ataque contra los equipos de emergencia.
Este sábado siguieron los ataques. Rusia lanzó misiles y drones contra varias regiones ucranianas. Un misil alcanzó una instalación ferroviaria en el distrito de Darnitsia, en Kiev, y mató a un empleado. Un dron causó otro muerto y cuatro heridos en Kushugum, Zaporiyia. La estación de Rozdilna, en Odesa, sufrió daños y un paso fronterizo con Moldavia quedó temporalmente cerrado. Los partes regionales sumaron otras cinco muertes y 26 heridos en Jerson, Donetsk y Sumy. Ucrania afirmó haber neutralizado tres misiles tierra-aire, seis pequeños misiles de crucero y 182 drones.
La oleada ucraniana dejó al menos seis civiles muertos en Rusia y en zonas ocupadas, según las autoridades rusas. En Yeysk, en región sureña de Krasnodar, murieron dos niños de una misma familia y sus padres fueron hospitalizados. El objetivo del ataque era una empresa situada dentro del puerto, aunque los restos de los drones derribados provocaron allí un incendio. La ciudad tiene, además del puerto de carga del mar de Azov, una importante base aérea militar. En Belgorod, también situado en el lado ruso pero junto a la frontera con Ucrania, murieron dos personas y 13 resultaron heridas. En Lugansk, ocupado por Rusia desde 2014, fallecieron otras dos personas, entre ellas un adolescente de 16 años, y nueve sufrieron heridas.
En Samara, los drones alcanzaron por primera vez un centro logístico de Ozon, segundo gigante ruso del comercio electrónico, tras semanas de ataques contra depósitos de Wildberries. El almacén de Chapaevsk ha sido incendiado y ha suspendido su actividad. Ozon ha evacuado a más de 500 trabajadores e informó varios heridos: ahora todas las compras por internet de Rusia están en la mirilla ucraniana. El Estado Mayor ucraniano reivindicó el ataque contra la refinería de Novokúibyshevsk, situada a unos 900 kilómetros del frente y capaz de procesar 8,8 millones de toneladas de crudo al año. Kiev afirma que produce combustibles y lubricantes para las fuerzas rusas. Moscú aseguró haber interceptado 457 drones durante la noche.
Rusia incorporó desde el inicio de la invasión el bombardeo de ciudades, redes eléctricas, puertos y ferrocarriles. Ucrania ha llevado este verano sus drones cada vez más lejos para incendiar refinerías, atacar bases y perturbar la retaguardia económica rusa con pérdidas, desabastecimiento y humaredas. Kiev presenta esa ofensiva como un intento de reducir la capacidad de guerra de Moscú. En realidad, es una manera de anticiparse a ataques que no va a poder parar por su falta de interceptores.
El frente terrestre avanza lentamente y consume demasiados hombres. El Estado Mayor ucraniano elevó este sábado a 1.475.270 su estimación de bajas rusas, incluidas 1.240 durante la última jornada. El recuento nominal de Mediazona y el servicio ruso de la BBC ha identificado a 239.354 militares rusos muertos hasta el 13 de agosto. Otro cálculo de Mediazona y Meduza, basado en los registros rusos de herencias, situó en 352.000 las muertes ocurridas hasta el final de 2025.
Ucrania afronta su propia crisis de personal. Un breve informe de Carnegie describió en marzo unidades del frente con graves carencias, descenso del reclutamiento voluntario, fatiga entre los veteranos y cifras récord de ausencias. Los centros de reclutamiento enviaron a la policía más de 1,5 millones de peticiones para localizar a evasores durante lo que llevamos de 2026. La Policía Nacional ha investigado más de 20.000 causas penales desde 2022, ha anulado 6.500 dictámenes irregulares de comisiones médicas y ha imputado a 76 responsables de centros de reclutamiento en investigaciones por corrupción. En ese clima, las tensiones desembocan en algunos casos en violencia. Los medios ucranianos informan hoy de que un reclutador militar de 55 años murió apuñalado el viernes en Lviv durante un control de documentos. Un policía disparó en la pierna al sospechoso, de 25 años, y los agentes lo detuvieron. Actualmente todos los varones de 25 a 60 años están sujetos a movilización bajo la ley marcial, incluso algunos rechazados por el ejército.

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