
La actriz mallorquina habla de su carrera, su activismo por la vivienda, su relación con el cuerpo y el envejecimiento, y su rechazo a la censura en el cine.
Victoria Luengo, actriz española de 36 años, reflexiona sobre su carrera, su activismo por la vivienda, su rechazo a la censura cinematográfica y su decisión de envejecer con honestidad, tras rodar con Javier Bardem y participar en proyectos como 'El ser querido' y 'La bola negra'.
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Victoria Luengo es una actriz española de 36 años que ha participado en proyectos como 'Amarga Navidad' de Pedro Almodóvar, 'El ser querido' de Rodrigo Sorogoyen, 'Reina roja' y 'Sants'. Rodó una película con Javier Bardem y su película 'La bola negra' compitió para ir a los Óscar.
Fíjese en la imagen anterior. La pantera de Cartier, entre granates y diamantes, trepa por el dedo corazón de Victoria Luengo. En una bestia parecida, su primo el jaguar, que no ruge, que sólo sisea y ronronea, le gustaría a la actriz encarnarse. Es honesta: sabe que creen que se parece más a una ardilla, ágil, avispada, de ojos enormes. Es consciente: ahora mismo es un pollo sin cabeza. La conversación arranca y tropieza. Acaba de recordar que guardó algo en la caja fuerte del hotel en el que se hospedaba y allí, en un armario de Roma, mientras ella, al teléfono, se dirige al aeropuerto, se ha quedado escondido. Varias llamadas y un amigo sale a la carrera y obra el milagro. El tesoro se ha recuperado. Catástrofe esquivada.
Esto a ella no le suele ocurrir. Nunca olvida sus deberes. Es "superresponsable". Pero lleva un año rodando por las alfombras rojas de los festivales, posando ante las cámaras de periódicos, televisiones y revistas nacionales e internacionales. En su agenda reciente: Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar; El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen; Reina roja, la segunda temporada de la adaptación de la novela de Juan Gómez Jurado; Sants, de Miquel Gurrea. Las firmas de moda la invitan a sus desfiles en Milán y en París. Todos quieren un pedazo de Victoria Luengo.
La mallorquina los administra. Traza la frontera entre persona y personaje para que la materia con la que trabaja no resulte autolesiva. Tuvo, como en la película que coprotagoniza con Javier Bardem, algo parecido a un «padre ausente. Los buenos compañeros respetan los límites. Hay cosas de las que quiero beber y otras de las que no. No es sano para un actor estar siempre trayendo sensaciones a un rodaje».
¿Es sencillo convertirse en un ser querido por Victoria Luengo?
En general soy de acceso fácil, pero quizás hace un tiempo era más sencillo. A medida que cumples años también tienes menos espacio para abrirte a personas nuevas. A mis amigas las echo mucho de menos. Sobre todo en esta época de promoción en que estoy viajando de Roma a París, de París a Albacete, de Albacete a Tudela. Intentamos hablar por teléfono. El espacio con ellas es muy importante porque es el lugar donde yo me dejo caer. Ahí suelto. Puedo ser yo sin la sensación de que me vayan a juzgar o a señalar. Y eso me parece muy bonito.
No es facilísimo descubrir quiénes son o si está emparejada o si tiene un gato o un canario. Su Instagram está blindado a lo personal.
No me gusta compartir mi vida en redes. No lo juzgo, pero yo lo uso sólo por trabajo. No me lo paso bien mirándolo, no me divierte. A mí las actrices que más me gustan son aquellas de las que no logro comprender quiénes son. Si te enseño toda mi vida y me ves comiendo, desayunando, haciéndome una foto mientras lloro, me va a ser más difícil convencerte con mis personajes. Es por egoísmo.
Antes que actriz soy persona: no puedo callarme para conseguir que se siga viendo mi trabajo
VICTORIA LUENGO
Sin embargo, sí se posiciona en temas de actualidad. ¿No puede eso marcarla?
Lo que marcará es que habrá gente que no quiera ver mis personajes. Pero es que hay momentos vitales y sociales donde creo que es peligrosísimo no posicionarse. Jennifer Lawrence, por ejemplo, dijo que ha decidido no hablar porque "cierto tipo de gente me va a odiar, no va a venir a ver mis películas y yo cambio el mundo con las pelis que hago". Me parece lícito y estoy de acuerdo, pero por otro lado, antes que actriz soy una persona. No puedo callarme. No puedo no decir en voz alta que agradezco profundamente la acampada de Sol. Y no es por mí. Yo entiendo que cuando los actores hablamos la gente no nos escuche. ¿Qué me va a decir esta de la vivienda si la veo todo el día vestida de alfombra roja? Olvidan que somos personas. Yo tengo alrededor familiares que no están pudiendo pagar el alquiler. No puedo callarme para conseguir que mi trabajo se siga viendo. Cuando estamos en momentos políticos complicados, es una responsabilidad tratar de decir las cosas como son.
La opinión es hoy un asunto tribal. ¿Cómo se enfrenta a la diferencia?
Primero me activa la frustración. Luego trato de comprender que hay muchos discursos que tienen que ver con el odio y que la única manera de combatirlo es intentando hacer reflexionar con amor, ni con ira ni con desprecio. Que de todo lo que estamos hablando busquemos y hagamos una pequeña cosa en la que estemos de acuerdo. Creo que es la única manera de combatir este momento.
Es el de La bola negra, con la que compitió para ir a los Óscar. Está arrasando.
Siento muchísimo orgullo por el cine español. Han conseguido que las salas de cine estén petadas de gente joven. No puedo atribuirle ningún sentimiento negativo, sólo positivos. No siento envidia porque no me podría estar pasando a mí. Lo que sí pienso es que deben de estar agotados. Si yo lo estoy con el nivel de promoción que tengo... Ojalá ganen. Lo deseo de corazón. También para explicar a todas estas personas que están ahora queriendo censurar «las películas que adoctrinen» que La bola negra es un escudo contra todo eso. Le escribí el otro día a Carlos González porque realmente está maravilloso. La película está muy bien rodada y la fotografía es preciosa. Ojalá traigan a España todos los Óscar que merecen.
De nada vale tener un Óscar en casa si te levantas y no estás tranquila con tu vida
VICTORIA LUENGO
Esa es señal inapelable de éxito profesional. ¿Cuáles son las que usted busca?
No vale de nada tener un Óscar en tu casa si tú no estás tranquilo con tu vida. Para mí no es estar haciendo una película con Javier Bardem o que El ser querido esté dando la vuelta por Europa. Para mí el éxito es levantarme y sentirme en paz. Como actriz, es estar en el punto en el que estoy, pero no por las cámaras, ni las fotos ni las alfombras rojas. El éxito es que yo era una niña de 14 años que quería ser actriz y que ahora soy una mujer de 36 pudiendo dedicarme a lo que quiero, eligiendo los proyectos y haciendo películas que me hacen sentir orgullosa. Es el éxito más grande que podía tener. No sé de dónde me vino la vocación porque mi madre no se dedicaba a esto y ella me recuerda que con 8 años yo ya decía que quería ser actriz. Es una cosa loquísima. Y también, entre comillas, me hace sentir un poco pobre. Quiero decir: qué poco pedía, ¿no? En vez de ser astronauta, que es mucho más increíble. Hace tiempo que he cumplido con creces las expectativas de lo que a mí misma me pedía. Me hace muy feliz.
Desde ahí arriba, ¿cómo se ve hoy la ficción? ¿Debe la moralidad institucional anteponerse al valor estético de una película?
La ficción no tiene que ser moral. Si se lo exigimos, estamos censurándola. Pero estando donde estoy, en este sitio privilegiado donde tengo tantos proyectos, no me metería a hacer justamente los que no me hacen sentir bien o cómoda. Pero no creo que se tenga que censurar nada. El arte está para hacernos hablar, para ver algo y decir "hostia, yo no quiero esto en mi vida".
Anda Woody Allen rodando por Madrid. ¿Qué habría contestado a su llamada?
No depende sólo de que te llame. De primeras, creo que le habría dicho que no. Pero no lo aseguro. Estamos en un momento donde simplificamos demasiado. Todo parece que tiene que estar polarizadísimo. O estás en contra o estás a favor. Yo creo realmente que existe el gris. Y creo que no se puede preguntar ni siquiera esto tan a la ligera porque, por ejemplo, mis compañeros que están haciendo esa película a lo mejor no están a gusto con Woody Allen. Quizás llevan tiempo sin trabajar o necesitan el dinero o les hace muchísima ilusión que los llame, yo qué sé. No es bueno posicionarse de manera totalitaria. Necesitas cierto privilegio para poder reflexionar. Lo he aprendido mucho de Bardem: que puedas alzar la voz y decir «yo esto no lo haría nunca» significa que tienes un privilegio.
¿Qué pasó para que Vicky se convirtiera en Victoria?
Sentía que Vicky me empezaba a resultar un traje que me quedaba pequeño. No como actriz, sino a nivel vital. Empecé a pensar que tenía 35 años y que no me quería hacer llamar por un diminutivo. La razón por la cual yo me puse Vicky a los 14 años era exclusivamente que sentía que Victoria era muy grande como nombre. Me parecía demasiado. Ha ido pasando el tiempo y la niña que decidió que Victoria era un nombre demasiado grande para ella ha dejado de sentirlo. De repente me pareció un nombre precioso. Mi madre me llama así, mis amigos me llaman así. No quiero estar toda la vida firmando las películas con un diminutivo.
¿Cuáles son, por ahora, sus grandes victorias?
La relación con mi madre, que no ha sido siempre fácil. Lo intento. Casi siempre, cuando hay un estreno aquí, ella viene porque le hace mucha ilusión. Y cuando tengo tiempo libre voy yo a verla. Ha sido, como todas las relaciones con padres y madres, compleja. Pero cuando la trabajas, es bonito poder estar tan orgullosa de ella. Mis amigas también son mis grandes victorias. Y mi conquista a la hora de aprender a quererme a mí misma, que también me ha costado.
De Javier Bardem he aprendido que para decir 'yo eso no lo haría' se necesita hablar desde el privilegio
VICTORIA LUENGO
Es peliagudo para una actriz. O adelgazan de golpe o, como Emma Stone, aparecen con caras nuevas perfectas. Con su físico como herramienta de trabajo, expuesto, fotografiado y grabado, ¿cómo lo lleva?
Pues con todas las contradicciones con las que lo navegamos todas. Soy muy consciente de mi vulnerabilidad y entiendo perfectamente que la gente, en el mundo loco que vivimos, con la presión estética que tenemos las mujeres, se sienta fatal y quiera hacer algo para sentirse mejor. Y más aún en las actrices. Yo también me veo y digo "me gustaría tener mi cara como la tenía hace 10 años". Por supuesto que lo pienso. Pero he decidido que, de momento, y digo de momento porque tengo 36 años y a lo mejor cuando tenga 45 te digo otra cosa, lo que quiero hacer es honrar mi cuerpo. Y si quiero ser honesta con sus partes, no puedo no serlo con mi cara. Mi fisionomía puede hacer cambiar mis emociones y mi manera de expresarlas. Yo quiero que mi sobrina pequeña, que ahora también dice que quiere ser actriz, vea a una mujer de 36 y piense "qué guapa es". No tenemos referentes que nos ayuden a pensar que un rostro envejecido es bello. Tampoco se trata de estar a favor o en contra del bótox. En la inseguridad influye cómo se ha construido la autoestima, la sociedad en la que vives, a qué te dedicas. Con mi facialista, Jennifer Alonso, he aprendido a quererme. Me pongo cremas y me hago sesiones de Indiba, pero he tomado la decisión de no elegir un tratamiento agresivo. Quiero tratar de quererme así y de envejecer con honestidad, que será la que pueda dar a mis personajes.
La ficción no tiene que ser moral. Si selo exigiéramos, estaríamos censurándola
VICTORIA LUENGO
Si desapareciera esa mirada ajena, ¿qué rasgo quedaría en pie?
La gente que está contigo desde siempre ve una cara que vosotros no veis. La que enseño a mis amigos no es la de las alfombras y las revistas. Es la cara a la que no todo le va bien. Se puede confundir y llegar a pensar que mi vida está rodeada constantemente de esa euforia. Se mantendría mi entusiasmo. Me gusta mucho la vida. Soy una persona muy alegre y muy apasionada. Eso seguiría siendo parte de mí, aunque no existiera nadie que lo señalara desde fuera.
Equipo
Maquillaje y peluquería: María Verano. Asistente de foto: Camila Lloris. Asistentes de estilismo: María Requejo y Carmen Cruz

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