
Casi 159 millones de brasileños votan este domingo en unos comicios que reeditarán el duelo entre el actual mandatario y el clan Bolsonaro.
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Brasil celebra elecciones con Lula da Silva y Flávio Bolsonaro como principales contendientes en un escenario de polarización política.
Hay un tópico repetido hasta la saciedad que dice que la historia no se repite, pero suena igual. Y aunque es un dicho que tiene muchos matices, en las elecciones de Brasil de este domingo todo suena extrañamente parecido. Casi una década después de que el histórico líder izquierdista, Lula da Silva, fuera condenado por corrupción y el ultraderechista Jair Bolsonaro llegara al poder, los papeles se han invertido. Un Lula en libertad tras haber sido anulada su condena encabeza las encuestas para revalidar su mandato como presidente, mientras que Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años de prisión domiciliaria por intentar un golpe de Estado tras perder las últimas elecciones. Pese a todo, en Brasil nada está dicho nunca del todo. Este domingo los brasileños volverán a votarán por los mismos apellidos: el de Lula, que con 81 años busca su cuarto mandato, y el de Bolsonaro, que a través de la candidatura de su hijo mayor, Flávio, pretende volver a situar a su familia en el poder y, por qué no, recuperar la libertad a través de un indulto.
La primera economía de América Latina renovará este domingo 1.650 cargos públicos, entre el presidente, gobernadores, dos tercios del Senado y los Congresos nacionales y locales. Casi 159 millones de brasileños acudirán a las urnas en un país cada vez más polarizado. Un síntoma de época que en Brasil se ha personificado en dos políticos que generan las mismas pasiones que rechazos. "Estamos en uno de los momentos más importantes en la historia política de nuestro país, porque es una elección que va más allá de la defensa de la democracia en Brasil, va también contra el imperialismo de Estados Unidos", dice en la imponente Avenida Paulista de Sao Paulo Wellington Amorim, un joven director de fotografía que ha acudido al último acto de campaña de Lula. Sobre los últimos cuatro años de este en el poder, defiende sus políticas sociales y la marcha de la economía, aunque no niega que "todavía hay mucho por hacer".
En el mismo sentido se expresan Alexandre Barbosa y Lucía Masini, dos profesores universitarios que dicen haber votado hasta en siete ocasiones a Lula desde que se presentó por primera vez a finales de los 80. "Lula ha continuado con sus políticas de inclusión social y de valorización del salario mínimo. La economía está mucho mejor de lo que estaba y también han progresado las políticas de educación y salud. Por eso, aunque la gestión de la política económica no es exactamente como nos gustaría, en términos de justicia social no hay comparación", agregan. Preguntados por el candidato opositor, creen que "sería mucho peor que el Gobierno de su padre" y supondría "un desastre" para su país.
Una opinión que los seguidores de Bolsonaro replican casi con exactitud, pero refiriéndose a Lula. En Sao Paulo esta visión antagónica de país y, también, de miedo al adversario, se muestra evidente en la calle. Gabriel, un paulista de mediana edad que prefiere no dar su nombre real, afirma que solo hay un candidato que quiere lo mejor para Brasil, y ese es Flávio Bolsonaro. "Tenemos que volver a centrarnos en lo importante" y "recuperar la alianza con Estados Unidos", algo que, insiste "se ha perdido por culpa de Lula". Conscientes de que esta ciudad —la más poblada del continente americano— y su estado homónimo —cuya población es casi la misma a la de España— podrían ser la llave del Palacio del Planalto, ambos candidatos han terminado ahí sus campañas electorales este sábado.
¿Qué dicen las encuestas?
Ambos candidatos aparecen en casi todas las encuestas separados por unos cinco puntos porcentuales: Lula encabeza los sondeos con una cifra que oscila entre el 39% y el 42% de los apoyos, mientras Flávio Bolsonaro lo hace entre el 34% y el 37%. Además de Lula y Bolsonaro, habrá otros diez candidatos este domingo. Los que podrían sacar porcentajes relevantes son el autor de libros de autoayuda Augusto Cury; el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado; el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema Neto; y el agitador ultraderechista Renan Santos. Aunque todos están muy alejados de Lula y Bolsonaro en los sondeos, su presencia fragmenta el voto y hace muy difícil que alguno de los dos logre la mayoría necesaria para evitar una segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre.
Habrá que ver entonces a dónde irán sus votantes, ya que, así como la izquierda va en coalición con Lula, la derecha y extrema derecha lo hará separada este domingo. En la noche electoral los candidatos derrotados podrían pedir directamente el voto por alguno de los candidatos a la segunda vuelta, aunque eso no significa que haya un trasvase exacto. Para el balotaje, los sondeos apuntan a una reducción de la distancia entre Lula y Bolsonaro a un 2% o, algunas encuestadoras, como Quaest, un empate a 42%. El resultado final se decidirá por un escaso margen, como ya ocurrió en 2022, cuando Lula ganó al padre del actual candidato por tan solo el 1,8% de diferencia, lo que llevó a Jair Bolsonaro a proclamar un fraude electoral y a movilizar a sus seguidores, que terminaron asaltando la Plaza de los Tres Poderes en Brasilia, donde están las sedes del poder ejecutivo, judicial y legislativo.
Lula y Bolsonaro, dos modelos diferentes
Que los dos candidatos que están cerca de ese 50% del electorado brasileño sean tan diferentes en fondo y forma es un ejemplo más de la polarización tan acuciada del país. Por un lado, Lula ha hecho una campaña marcada por la nostalgia, con vídeos en los que repasa su carrera desde la oposición sindicalista a la dictadura hasta sus primeros dos mandatos en el poder (2003 a 2011) y el ensalzamiento de lo que considera sus logros en esta última legislatura. Entre ellos está la creación de 10 millones de empleos formales, bajando los índices de pobreza y el desempleo a mínimos históricos, la ampliación de ayudas sociales para mitigar el aumento de costos como el combustible y el crecimiento de la economía.
Entre las críticas que se hace a su gestión está el no haber conseguido bajar la tasa básica de interés, una de las más altas del mundo, situada en un 13,75%, lo que dificulta el acceso al crédito y ha provocado un aumento del endeudamiento de las familias que, según datos oficiales, dedican ya cerca de un tercio de sus salarios a pagar sus deudas. Además, la oposición le acusa de no haber conseguido encontrar la forma de acabar con el crimen organizado, todavía muy presente en el país.
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Celebración de una segunda vuelta electoral el 25 de octubre.
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