La falta de un sistema común de tallaje y medidas genera insatisfacción corporal y puede actuar como detonante de trastornos de la conducta alimentaria, según los expertos.
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La OCU y el Instituto de Biomecánica de Valencia analizaron prendas de 13 marcas para comparar la disparidad de medidas en una misma talla.
Comprar ropa online y acertar con la talla puede ser una lotería, especialmente por la diferencia de medidas existentes entre marcas, que hace que un mismo tallaje pueda llegar a ser 10 centímetros más grande o más pequeño dependiendo de dónde se compre. Este baile de tallas es casi endémico. Ahora lo señala con datos la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que junto con el Instituto de Biomecánica de Valencia han elaborado un estudio comparativo con 13 firmas de ropa de referencia, constatando las importantes diferencias entre marcas en una misma talla. Atendiendo a los resultados, piden medidas corporales de referencia claras y un sistema común de tallaje. Una solicitud que hace tiempo que reclaman las expertas en trastorno de conducta alimentaria (TCA) porque avisan que este decalaje afecta a la insatisfacción corporal y puede ser la puerta de entrada a un TCA.
El estudio de la OCU compara las medidas reales de cuatro prendas (camisetas y vaqueros de hombre y mujer) de 13 conocidas marcas de ropa y revela diferencias de hasta el 26% para la misma talla. El tallaje escogido para hacer la comparativa fue la L. En mujeres dio más de 11 cm de diferencia en la cintura de un vaquero de corte recto y tiro alto. La diferencia, en mayor o menor medida, sucede en todas las mediciones, advierte el informe: hasta un 25% (12 cm) de diferencia en la anchura de las camisetas de mujer de algodón talla L; hasta un 25% (13 cm) en las camisas de hombre de ajuste regular talla L y hasta un 10% (3,5 cm) en los vaqueros rectos de hombre talla L.
La organización lamenta que la diferencia varíe significativamente dependiendo de la marca que la comercialice. Una disparidad que va acompañada de términos como Slim, Relaxed u Oversized que “no siempre son fáciles de interpretar”, argumenta el informe. El documento constata además que la mitad de las principales webs de venta de ropa no ofrece una información “mínimamente aceptable” sobre las medidas y el tallaje de sus prendas.
“El sistema actual no es coherente con las medidas antropométricas que hay en la población”, denuncia Sara Bujalance, directora de la Associació contra l’Anorèxia i la Bulimia (ACAB). Si en zapatos el sistema es más “estable” y hay pocas variaciones, por ejemplo, en la talla 38, en el mundo de la moda textil esto se hace mucho más difícil, detalla la psicóloga. De forma que el sistema de tallas actual puede contribuir a la “insatisfacción corporal”, algo que ya apuntan diferentes estudios, avisa. “Puedes salir de compras, tener un cuerpo desde el punto de vista biológico normal y ordinario y no encontrar talla”, lamenta Bujalance. Así, dadas las diferencias que constata el estudio de la OCU, es bastante habitual que una compradora acabe necesitando una talla superior a la que inicialmente creía que tenía. Y muchas veces, la experiencia de quedar fuera del propio sistema de tallas o ver que llevas una talla superior a la que tú consideras o lo que “socialmente se considera deseable”, produce “insatisfacción corporal”, insiste la psicóloga.
Bujalance señala que es relativamente frecuente, por ejemplo, que el ir de compras o probarse ropa pueda actuar como “precipitante de una dieta para intentar bajar de peso”. Porque pensar que llevas una M y acabar teniendo que comprar una L cuando el cuerpo sigue siendo el mismo puede descolocar a la compradora. Esto hace que la persona en cuestión pueda cambiar la percepción que tiene sobre su cuerpo porque socialmente la L no está “tan bien considerada como una M”, lamenta. Avisa que estas situaciones pueden provocar que la clienta piense, por ejemplo,“mejor bajo de peso para entrar en una M, que así me encontraré mejor”. El peligro a que sea un precipitante de conductas de riesgo afecta a todas las edades, aunque Bujlance recuerda que las mujeres de 12 a 25 años son más vulnerables, por su inmadurez, a desarrollar un trastorno de conducta alimentaria. Del mismo modo, también tienen más riesgo aquellas mujeres más mayores con antecedentes de un trastorno de la conducta alimenticia.
Para la docente e investigadora en BAU Centro Universitario de Artes y Diseño, Cristina Real, un sistema unificado de tallas rebajaría la “indignación social” ante la amplia diferencia de tallajes en el mercado y permitiría asociar un cuerpo a una talla con la “certeza” de que se ajusta. Pero considera que unificar las tallas no soluciona del todo las controversias existentes. La investigadora apunta que dos prendas cortadas con el mismo patrón pueden variar de tamaño dependiendo del tejido o de los tintes usados y considera que las diferencias morfológicas entre países imposibilitan una unificación de tallas. Por eso opina que se necesitan sistemas propios que aborden características específicas.
La experta también lamenta que los sistemas de tallas han estado creados para un “modelo de cuerpo determinado e ideal” y la persona que se aleje de ese modelo o va a tener difícil para encajar. Por otro lado, explica, la variabilidad de cuerpos provoca que las marcas centren su tallaje en aquellos cuerpos más “estables”. Así, “la XL se trabaja como una M aumentada”, apunta. Por eso considera que un sistema unificado podría paliar parte de las limitaciones, pero no acaba de resolver una “reflexión más profunda”. Porque Real defiende que los sistemas de talles deberían ser “pivotantes”. Y considera que se debería trabajar el patronaje “desde el cuerpo individual y no desde un sistema de tallas industrial”
El informe de la OCU clama por un sistema de tallas más homogéneo. Algo que también pide Bujalance. Aunque la psicóloga se conforma con que “que fuera coherente con las medidas antropométricas que hay en la calle”. En este sentido, la experta lamenta que hoy la ropa no se ajusta al cuerpo sino que es el cuerpo el que debe ajustarse a la ropa.
OCU critica la “falta de coherencia” de la industria de la moda y reclama cambios que faciliten la elección de ropa y reduzcan además el impacto ambiental generado por la devolución de prendas que no encajan con las medidas del consumidor, ya que acostumbra a ser habitual que, ante este baile de tallas, el comprador encargue diferentes tamaños para acertar y acabe retornando los que no le valen.
La psicóloga recuerda que todas las personas, pero especialmente las mujeres, viven en “un entorno psicosocial en el que predomina la presión estética”. Por eso Bujalance cree que la mejora del sistema de tallas tiene que ir acompañado de otras medidas que eliminen la presión estética, “favoreciendo realmente el respeto por la diversidad corporal”. En este sentido, justamente, uno de los aspectos que denuncia el informe es la aún escasa existencia de tallas grandes integradas en la colección principal. Real lamenta que los cuerpos “no normativos” no encuentren representación en la ropa que el mercado actual ofrece. “Lo particular no tiene cabida y es tratado como un error o una excepción”, señala. Y ese es el motivo, asegura, por el que muchos consumidores se culpan de que las prendas no les queden bien.
Bujalance explica que en la historia personal de las personas que acaban desarrollando un trastorno de la conducta alimentaria son “frecuentes” las experiencias negativas con la ropa. Y que, como parte del tratamiento de un trastorno de la conducta alimentaria, es habitual que durante un tiempo, y en función del caso, no sepan bien qué peso tienen, pero tampoco qué talla usan.
La industria de la moda ha crecido a pasos agigantados hacia la Fast fashion, que comercializa la ropa de manera rápida y barata y que mayoritariamente tiene en el online su manera de difusión y compra. Bujalance lamenta que este modelo intenta “encajar toda la diversidad de cuerpos en una misma prenda, y eso conceptualmente es imposible”. También denuncia que “teniendo en cuenta la anatomía propia del cuerpo, puede ser dificultosa desde el punto de vista estético”. Bujalance lamenta que en una campaña publicitaria se puede ver un pantalón de tallaje bajo en una modelo, pero que hay que pensar que las modelos habitualmente tienen cuerpos muy delgados “con muy poquito porcentaje graso” y que esa misma prenda no va a quedar igual a otras personas. Además de que la imagen puede estar retocada artificialmente.
La psicóloga considera fundamental “proteger” a las chicas jóvenes de la presión estética, además de “favorecer un espíritu crítico ante el mundo de la moda, de la belleza, del sistema de tallas y de la publicidad”. Todo ello con la finalidad de que puedan construir una identidad y una vida “que vaya mucho más allá del aspecto físico”.

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