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El artículo describe una riada devastadora en la región de Langtang, Nepal, provocada por el colapso de un frente de hielo de más de 600 metros de un glaciar a 5.200 metros de altura. El evento ha dejado 900 fallecidos y 3.000 desaparecidos según la Junta Nacional de Turismo de Nepal, y ha destruido pueblos e infraestructuras clave. Se vincula al calentamiento global y se cita evidencia científica sobre el aumento de lagos glaciares y su riesgo de desbordamiento.
La ingobernable naturaleza del Himalaya ha hecho bueno el viejo dicho atribuido al productor de cine Cecil B. DeMille, que aseguraba que "una película debe empezar con un terremoto y de ahí seguir in crescendo". Pero la devastadora riada en la región nepalí de Langtang, cerca de la frontera con el Tíbet (China), que medio mundo vio el pasado 26 de agosto en sus móviles y televisiones no era una producción de Hollywood: ha sido una catástrofe real cuyos letales efectos siguen sintiéndose.
La catástrofe provocada por el desprendimiento de un frente de hielo de más de 600 metros en uno de los glaciares situados a 5.200 metros en las laderas de la montaña Langtan Lirun, de 7.272 metros, se ha saldado hasta el momento con 900 fallecidos y alrededor de 3.000 desaparecidos, según la Junta Nacional de Turismo de Nepal. La llegada de las lluvias y las bajas temperaturas dificultan las tareas de rescate y localización de víctimas. Pero sobre todo, se teme que la tragedia vuelva a repetirse.
Los investigadores han reconstruido gracias a las imágenes satelitales cómo se produjo la peor tragedia que sufre Nepal después del terremoto de 2015 que causó cerca de 9.000 víctimas y cuyos efectos continúan visibles por todo el país.
Una reconstrucción clave para intentar evitar más víctimas en los próximos días. La caída, la pasada semana, de ese frente de hielo, agua arriba de la garganta abierta por el río Bhote Koshi, precipitó un deslave de rocas y tierra de similares dimensiones, que cayó dos mil metros ladera abajo, hasta el lago situado en su base. La ingente masa de materiales formó una represa que cegó el desagüe natural. La presión del agua acumulada no tardó en hacer estallar la inestable barrera de escombros, produciéndose una riada imparable.
A una velocidad de 200 kilómetros por hora, la ola de inundación alcanzó en menos de tres minutos Gyirong, situada a 10 kilómetros. Auténtico tsunami fluvial, continuó cauce abajo desbordando otros ríos como el Lhende y el Trishuli, donde a los 30 minutos del colapso, el nivel de sus aguas subió nueve metros. Las poblaciones de Timure, Syabrubesi y Rasuwagadhi quedaron devastadas, igual que diferentes infraestructuras como puentes, carreteras, sistemas de agua, redes de telecomunicaciones y varias centrales hidroeléctricas. Sin electricidad e incomunicada por tierra, a la región solo es posible el acceso en helicóptero.
La situación actual es muy preocupante, y ha llevado a interrumpir las tareas de rescate en varias ocasiones. En la cabecera del Bhote Koshi, los sedimentos continúan cayendo de la montaña, cuya acumulación ha formado otro lago. Los seis millones de metros cúbicos de agua que se calcula que contiene amenazan derrumbar la barrera de sedimentos y desencadenar otra inundación.
Punto clave de la ruta comercial más importante entre Nepal y China, el puesto fronterizo de Gyirong se sitúa en un estrecho desfiladero fluvial expuesto a los rigores de la cordillera más elevada de la Tierra. De hecho, permaneció cerrado entre julio de 2025 y enero de este año por los daños que causó otra riada en sus infraestructuras.
Y es que detrás de este desastre en el lejano Nepal subyace una causa que no es local ni remota, sino que afecta a todo el planeta: el calentamiento global producido por las actividades humanas.
Tanto Europa como los océanos y mares del planeta han batido récords de temperatura este verano, mientras el fenómeno El Niño promete ser este año más extremo que nunca. En las grandes cordilleras del planeta las consecuencias del cambio climático no son menos importantes. Sus glaciares son particularmente sensibles a estos cambios que los derriten como azucarillos en agua caliente.
Una tragedia anunciada
Con una superficie global estimada de 700.000 kilómetros cuadrados, los glaciares almacenan el 70 por ciento de los recursos mundiales de agua dulce. El Servicio Mundial de Vigilancia de los Glaciares, WGMS, estima que desde 1975 se han derretido nueve billones de toneladas de hielo, sin contar las masas de hielo del Ártico y la Antártida. "Esto equivale a un bloque de hielo de 25 metros de grosor del tamaño de Alemania", señala uno de sus informes. La UNESCO advierte que los glaciares tropicales se habrán derretido dentro de 25 años, mientras que los de las regiones centrales de Asia han perdido el 30 por ciento de su volumen en las últimas seis décadas.
Un estudio publicado en febrero de 2023 por la Glacier Mass Balance Intercomparison Exercise (GlaMBIE), proyecto internacional financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA), advertía del grave peligro de inundaciones repentinas por desbordamiento de lagos glaciares, consecuencia del derretimiento de los glaciares situados sobre ellos, que "pueden provocar una importante pérdida de vidas humanas".
El informe señala un aumento de estos lagos superior al 50 por ciento en pocas décadas, así como el crecimiento de las poblaciones aguas abajo. Según sus datos, un millón de personas viven a menos de 10 kilómetros de un lago glaciar y 90 millones a menos de 50 kilómetros, dentro del área de desbordamiento. Más de la mitad se localizan en sólo cuatro países: India, Pakistán, Perú y China.
De las 19 cuencas glaciares establecidas en el mundo, las de Alpes, Andes, altas montañas de Asia y las de la región noroeste del Pacífico tienen el mayor riesgo. Ciertas regiones andinas, de Pakistán y de China presentan el nivel más alto de amenaza, mientras en Groenlandia es cero, a pesar de ser el territorio con mayor número de lagos glaciares, al no existir poblaciones en las posibles trayectorias de desbordamiento.
Aumento de la población
El nivel de riesgo del fenómeno tiene mucho que ver con el desarrollo de las poblaciones que viven aguas abajo. Comparado con Langtang, el caso sucedido en Suiza el verano de 2025 lo ilustra perfectamente. Los datos registrados por el Servicio Sismológico helvético, hicieron estimar a los geólogos que podían deslizarse cinco millones de metros cúbicos de escombros, consecuencia de la velocidad de flujo y posible colapso del glaciar Birch, en el cantón del Valais.
La amenaza hizo que el 19 de mayo de 2025 fueran evacuados los pueblos de Blatten, Ried, Oberried y Tännmatten. Solo nueve días después se produjo un deslave de diez millones de metros cúbicos de escombros. Las citadas poblaciones quedaron arrasadas, afectando estructuras del valle de Lötschental, que quedó inundado por una masa de 2,5 kilómetros de longitud, 200 metros de ancho y cien metros de espesor en algunos puntos. Solo se produjo la muerte de un desprevenido pastor que se encontraba en la zona afectada.
Todo lo contrario a lo sucedido la semana pasada en Nepal, donde Aakriti Dotel, coordinadora de la Red Nacional de la Juventud Nepalesa por la Acción Climática (NYCA), señala que "las devastadoras inundaciones en Rasuwa son otro doloroso recordatorio de la creciente crisis climática que azota a Nepal y al Himalaya. A medida que nuestros glaciares se derriten y los fenómenos meteorológicos extremos se vuelven cada vez más impredecibles, las comunidades que viven río abajo sufren las devastadoras consecuencias".
Desde 350.org, organización conservacionista internacional empeñada en la disminución del uso de combustibles fósiles en favor de las energías renovable, Savio Carvalho, director de campañas, incide en ello al señalar que "cada glaciar desestabilizado en un Himalaya que se calienta es una bomba de relojería que puede estallar sin previo aviso, y cuando lo hace, quienes menos responsabilidad tienen en la crisis climática pagan con sus vidas".
La montaña más sagrada del mundo
Hasta las recientes inundaciones, Gyirong ha sido el paso más utilizado por los turistas, excursionistas y montañeros que acceden a Tíbet desde Nepal. También ha sido utilizado por los peregrinos, que constituyen la mayor cantidad de quienes cruzan esta frontera. Hinduistas, budistas, jainistas, taoístas, seguidores de la ancestral religión tibetana bön, sijs y practicantes del zurvanismo, tienen como objetivo prioritario de sus vidas una peregrinación hasta el monte Kailash. Con ella purificarán su karma y lograrán la paz interior. Algo similar a lo que sucede en otras religiones, como la musulmana en La Meca y la hinduista en Varanasi.
La montaña más sagrada del planeta alza su armoniosa silueta triangular aislada a 6.638 metros en la cordillera Gangdise Shan, en el Transhimalaya. Origen de cuatro de los ríos más importantes del continente asiático: Indo, Brahmaputra, Satluj y Karnali, tributario principal del Ganges, por lo que las aguas que nacen en sus alturas desembocan en mares tan lejanos como el Arábigo y el de Bengala. A los pies del Kailash se extiende el no menos sagrado Manasarovar, el lago de la Conciencia Suprema y su gemelo el Raksas Ta, asociados al Sol y la Luna.
El halo místico de la montaña ha hecho que su ascensión esté prohibida a los alpinistas. La Montaña Joya de la Nieve, significado de su nombre tibetano, Gang Rinpoche, es para los tibetanos el ombligo del mundo, el centro del universo. Los hindúes sitúan en el Kailash el hogar de Shiva, señor supremo del Universo; los bombos aseguran que el fundador de su credo bajo de los cielos y aterrizó en esta montaña; los budistas creen que es la residencia de Demchog, la Máxima Dicha y escenario de la batalla entre Milarepa, representante de la fe budista y Naro Bön-chun, dios máximo de la religión Bön, en la que salió vencedor el primero.
AI outlook — possibilities, not facts
Se producirán nuevas evacuaciones o interrupciones en las tareas de rescate debido al riesgo de colapso de la barrera de sedimentos formada por el deslizamiento.
Likely · Within days
Aumentará la presión internacional y nacional para implementar sistemas de monitoreo y alerta temprana de lagos glaciares en riesgo.
Very likely · Within months
Entre 2015 y 2024 se construyeron 10.680 piscinas en Mallorca, un promedio de tres al día, según Terraferida. El 30% están en suelo rústico. Baleares tiene el doble de piscinas por persona que el resto de España. El consumo asociado a piscinas representa el 6% del agua destinada al abastecimiento, equivalente al uso anual de 50.000 viviendas. Municipios como Deià y Valldemossa han aplicado restricciones de agua este verano.

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Las aguas del Mediterráneo a 33 grados alimentan tormentas severas como la supercélula que causó un tornado EF2 o EF3 en Pomas (Francia). Los expertos advierten de que estos fenómenos también ocurren en España y urgen a mejorar los protocolos.