El avance de la ultraderecha en Alemania y el resquebrajamiento del muro antifascista europeo
La victoria de AfD en Sajonia-Anhalt pone en alerta a las cancillerías europeas ante el auge de los movimientos radicales
Quick Look
- La victoria de Alternativa por Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt con el 43,8% de los votos desafía el consenso democrático europeo.
- El auge de la extrema derecha, impulsado por el descontento social y económico, preocupa a líderes internacionales ante posibles cambios geopolíticos.
AI-generated summary
Why It Matters
AfD ha obtenido un 43,8% de los votos en Sajonia-Anhalt. El partido es calificado por la inteligencia alemana como radical de extrema derecha.
El muro antifascista que ha preservado la democracia europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial se resquebraja. La victoria aplastante de Alternativa por Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt abre una brecha que asusta en el Elíseo, Downing Street, la Moncloa y otras cancillerías, como la polaca, que temen el regreso de Europa a 1933.
Hoy estamos lejos de 1933, pero el año próximo podemos estar un poco más cerca si la derecha radical de Marine Le Pen gana las presidenciales en Francia, si la inestabilidad política se agrava en Alemania y si Vox gobierna con el PP en España. Lo más probable es que estas previsiones se hagan realidad.
La inteligencia interior alemana asegura que AfD es una organización “radical de extrema derecha”. Sus líderes simpatizan con el nazismo, minimizan el Holocausto, han criticado a la escuela de diseño Bauhaus, que los nazis cerraron en 1933, y tratan a los inmigrantes como ciudadanos de segunda clase.
Cuenta con el apoyo de casi un tercio del electorado alemán y su triunfo en el pequeño estado de Sajonia-Anhalt (2,1 millones de habitantes) les abre las puertas del gobierno. Ha conseguido el 43,8% de los votos, mientras que los democristianos de la CDU han quedado en segunda posición con el 17,2%. Roza, por tanto, la mayoría absoluta y su gobierno depende de un pequeño partido radical de izquierdas y aliado de Rusia que ya ha indicado que le dará vía libre.
AfD quiere que Berlín recupere las buenas relaciones con Moscú. Esta alianza permitía a la industria alemana funcionar con gas ruso a bajo coste, una ventaja estratégica sobre sus competidores que se perdió con las sanciones de la UE al Kremlin por la invasión de Ucrania.
Alemania es el motor económico de Europa. Hace años, sin embargo, que apenas crece. La previsión para finales de este año es del 1,4%. El modelo de crecimiento parece agotado. No solo por la falta de gas ruso, sino porque es un modelo exportador y China, su principal mercado, ya no le compra coches, al contrario, ahora sus automóviles eléctricos le comen el mercado europeo a Volkswagen.
El modelo funcionaba también gracias a la austeridad presupuestaria y la contención de salarios. La clase trabajadora, sobre todo la obrera, se ha quedado atrás. La austeridad ha debilitado al estado del bienestar y el coste de la vida sube tanto que es difícil llenar la nevera, salir a cenar e ir de vacaciones.
Ningún gobierno europeo consigue revertir el sentimiento de pérdida, incluso de abandono de las clases medias y bajas, una ansiedad que los partidos de la extrema derecha saben aprovechar muy bien.
AfD, por ejemplo, se presenta como el partido de la clase obrera y de la paz. Critica que haya dinero para armas y no para el crecimiento industrial. También critica la política de acogida de inmigrantes y aboga se expulsen a cuantos más mejor. Considera que son un lastre insostenible para los servicios sociales.
La coalición de gobierno, formada por democristianos, socialdemócratas y verdes, ha decidido endeudarse para gastar más en defensa, pero no en bienestar. AfD acusa al canciller Merz y sus aliados haber perdido el contacto con la realidad y no atender las necesidades de la ciudadanía.
La clase dirigente, en todo caso, considera que Rusia es la principal amenaza a la que se enfrenta Alemania y el resto del territorio OTAN. Considera que el rearme es tan urgente que ha enmendado la Constitución para superar el límite de endeudamiento. Si es para defensa, no hay problema en que el presupuesto supere el 0,35% de déficit que marca la Constitución.
Las cifras de gasto son astronómicas: 100.000 millones de euros para empezar y un gasto anual de al menos 150.000 millones hacia final de la década. El objetivo es tener el ejército convencional más importante de Europa en 2039.
AfD afirma que no está en guerra con Rusia y Kirill Dmitriev, asesor del presidente Vladímir Putin, ha sido uno de los primeros en celebrar su triunfo. Lo mismo ha hecho Donald Trump.
A las oligarquías ultranacionalistas que gobiernan en Rusia y EE.UU. les interesa una Europa bajo la dirección de los radicales alemanes y franceses.
Los partidos conservadores del frente antifascista hace años que intentan sostenerse asumiendo las medidas antiinmigratorias de la extrema derecha. Sajonia-Anhalt demuestra el fracaso de esta estrategia, que ya se estrelló hace dos años en Turingia, donde también ganó AfD, aunque allí funcionó el cordón sanitario y no ha podido gobernar.
Ninguna sociedad ha revisado su pasado con más honestidad que la alemana. Procesar la historia y asumir el legado del Tercer Reich ha sido complejo. Decir, como dijo el canciller Schroeder en Aushwitz, que los crímenes nazis también forman parte de la identidad alemana, supone una gran honestidad y valentía. Francia, por ejemplo, aún no ha asumido como propia la colaboración del régimen de Vichy con los nazis, y España sigue lejos de un consenso sobre la guerra civil.
Son estas ascuas del pasado las que ahora reviven en Sajonia-Anhalt. El muro de contención se resquebraja. Millones y millones de europeos han perdido el miedo al fascismo. Creen que sus sucesores tendrán éxito donde los demócratas han fracasado.
La esperanza para los demócratas es que las mismas urnas que allanan el camino e la ultraderecha hacia el poder, también pueden cerrárselo, como ha sucedido en Hungría. Hace tres años, la ultraderecha ganó elecciones en los Países Bajos, donde hoy gobierna una coalición de centro.
Si las instituciones aguantaron en Hungría y los Países Bajos, también pueden hacerlo en el resto de Europa. Esta es la gran diferencia entre hoy y 1933.
Open Questions
- ¿Logrará AfD formar gobierno en Sajonia-Anhalt?
- ¿Cómo afectará el resultado a la estabilidad de la coalición nacional?





