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BackEl debut teatral de Javier Bardem con su maestro: “A mis 57 años, me estoy poniendo en un lugar de vulnerabilidad que me hace más fuerte”
El debut teatral de Javier Bardem con su maestro: “A mis 57 años, me estoy poniendo en un lugar de vulnerabilidad que me hace más fuerte”
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El País12 hours agoCulture7 min readSpainView translation

El debut teatral de Javier Bardem con su maestro: “A mis 57 años, me estoy poniendo en un lugar de vulnerabilidad que me hace más fuerte”

El actor español se estrena en las tablas a los 57 años en el Espacio Zafra de Madrid, apostando por la intimidad y la vulnerabilidad frente a las grandes producciones.

Quick Look

  • Javier Bardem debuta en el teatro a los 57 años con la obra '¡Chéjov, Chéjov!', dirigida por su mentor Juan Carlos Corazza.
  • La producción, que se estrena el 19 de noviembre en el Espacio Zafra de Madrid, busca la intimidad y la sencillez en una sala pequeña.

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Why It Matters

Javier Bardem debuta en el teatro a los 57 años tras una larga carrera cinematográfica. El proyecto es una colaboración con su mentor Juan Carlos Corazza en el Espacio Zafra de Madrid.

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Cuando el pasado verano Javier Bardem anunció que iba a debutar en el teatro, cabía imaginar que lo haría con un papel estelar en una gran producción. Es lo que se espera de una estrella del cine con un Oscar, un Globo de Oro y muchos otros reconocimientos internacionales. Pero Bardem ha preferido hacerlo a su manera: en una sala de barrio con apenas 100 butacas, con textos breves de Chéjov, un reparto coral y un director prestigioso, Juan Carlos Corazza, pero no mediático.

No resulta extraño en la trayectoria y el carácter de Bardem. Su carrera ha discurrido en el cine, pero ante todo es actor y ha vivido el teatro desde la infancia con su madre, la actriz Pilar Bardem, aunque ha esperado a tener 57 años para enfrentarse al público en directo. Se hace evidente que ese salto no podía hacerlo de otra forma cuando se le ve junto a Corazza, el profesor y director con el que dio sus primeros pasos a los 20 años, al que se dirige como “maestro, mentor y queridísimo amigo”. Se abrazan, se cuidan, bromean y derrochan una complicidad pletórica durante la sesión de fotos para esta entrevista, que se desarrolla en el epicentro de su aventura común: el Espacio Zafra de Madrid, la sala donde ensayan ¡Chéjov, Chéjov!, en vísperas de su estreno el 19 de noviembre.

—Lo he tenido claro desde el minuto cero. He tenido propuestas de aquí y allá para hacer teatro con varios directores, pero siempre he dicho que no. Quizá también porque me veía con la obligación de hacerlo como se esperaba, en un gran teatro. Pero si era con alguien, sería con Juan Carlos. Y en un espacio que fuera nuestro. Que pudiéramos manejar como quisiéramos, con los temas que nos apetecieran y en el momento que consideráramos adecuado.

Tras fantasear durante años, el momento ha llegado. Corazza, junto con el actor y otros socios, abrió el Espacio Zafra en febrero de 2025 y el proyecto empezó a cobrar forma. “Ahora me siento ya con ganas, listo. Como que el deseo, el placer y la aventura de este juego están muy por encima del miedo y la inseguridad”, explica el actor. Lo vive como una experiencia de libertad y aprendizaje: “Para mí todo esto es nuevo, absolutamente todo. Estoy ilusionado como un niño con zapatos nuevos, porque a mis 57 años me encuentro descubriendo cosas y poniéndome en un lugar de vulnerabilidad que me hace más fuerte. Justamente por eso: por aceptar la vulnerabilidad y trabajar con ella, no pelearme. Y con cuatro compañeros a los que conozco desde hace años y que están en lo mismo”.

Se refiere a Alicia Borrachero, Rafael Castejón, Manuela Velasco y Ben Temple, formados igualmente con Corazza. Todos cimentan su trabajo sobre las enseñanzas de un maestro que ha guiado las carreras de muchos actores que hoy triunfan tanto en el cine como en los escenarios, desde que en 1990 abrió su estudio en Madrid tras emigrar desde Argentina. Por ejemplo: Elena Anaya, Silvia Abascal, Sergio Peris-Mencheta, Susi Sánchez, Juana Acosta, Alberto Ammann, Alba Flores o Consuelo Trujillo. Otros acuden a él para preparar trabajos concretos, entre ellos Penélope Cruz, pareja de Bardem desde hace dos décadas y madre de sus dos hijos. Bardem, por supuesto, también: su icónico personaje en No es país para viejos, por el que ganó el Oscar a mejor actor de reparto en 2008; el de Mar adentro (2004), de Alejandro Amenábar; Biutiful (2010), de Alejandro González Iñárritu, o Skyfall (2012), de Sam Mendes.

Recuerda Corazza que cuando Bardem llegó a su estudio, casi recién abierto, sus condiciones ya estaban a la vista. “Su fuerza en escena, la voz muy vibrante. En su primer año ya estaba en él un gusto, un instinto por una actuación viva, no acartonada, no encorsetada, no solemne. Una búsqueda de calidad en la actuación, pero desde la humildad y la sencillez. Digamos que venía no solo a entrenarse para tener éxito y actuar mejor, sino por el placer mismo de investigar. A ver qué pasa, a ver qué aparece. Le gusta trabajar”, cuenta.

Nacido fortuitamente en Las Palmas de Gran Canaria por un traslado temporal de sus padres, Javier Ángel Encinas Bardem (su nombre completo) se había criado en Madrid y por entonces jugaba al rugby y estudiaba en la Escuela Oficial de Artes y Oficios. Un día, saliendo del baño del mítico Café Comercial, alguien le preguntó si era actor. Al pertenecer a una familia de artistas había hecho intervenciones esporádicas en televisión y cine, pero su respuesta fue un rotundo no. De su debut, a los cinco años en la serie El pícaro, dirigida y protagonizada por el fallecido Fernando Fernán Gómez, queda una célebre anécdota: tenía que reírse cuando le apuntaran con una pistola, pero el gesto le asustó y se puso a llorar. Bardem recuerda la reacción de Fernán Gómez (imitándolo bastante bien): “No pasa nada, dejadle, ¡es un actor dramático!”.

Pese a todo, aquel día en el Café Comercial le propusieron hacer una prueba porque buscaban a alguien con su físico para una breve aparición en una película. Se presentó y le escogieron. Poco después, acompañó a su hermana Mónica a un casting y de nuevo le invitaron a presentarse. Volvió a ser elegido. En 1990, el director Bigas Luna le ofreció su primer papel relevante en Las edades de Lulú, donde también estaba su madre. Nació así Javier Bardem, el último en incorporarse a una larga saga de actores y cineastas en la que estaban, además de su progenitora, sus abuelos Matilde Muñoz Sampedro y Rafael Bardem, su tío Juan Antonio, su primo Miguel y sus hermanos, Carlos y Mónica. Después, todo se precipitó: fama, un trabajo tras otro, repercusión internacional, premios dentro y fuera de España. En todo ese tiempo, nunca dejó de asistir al pequeño estudio de Corazza en Madrid.

La larga y estrecha relación entre el actor y su maestro tiene mucho que ver con la elección de Chéjov para el debut de Bardem. En primer lugar, porque Corazza vuelve una y otra vez al autor ruso, tanto como director en ocho montajes distintos como en numerosísimos ensayos y ejercicios con sus alumnos. “Parece cursi, pero es amor. Chéjov es un retratista tan minucioso de la variedad de personas que habitaban su época, que todavía nos retrata. Con profundidad y sensibilidad, con sentido de la verdad y compasión. Siempre encuentro en él la posibilidad de comprender y aprender algo sobre la condición humana”, explica Corazza. También sobre el arte de la interpretación: “Sus textos se enfrentaron a una actuación apoyada en la declamación y la impostación. Pedían algo más orgánico, con una lógica y un tipo de expresividad que no admitían el acartonamiento ni la exageración. Hay en ellos una cotidianidad que requiere naturalidad: la gente come, bebe, dice tonterías; y mientras tanto, sus vidas se arruinan o encuentran la felicidad. Creo que eso estimuló una renovación e influyó mucho en Stanislavski”, prosigue.

En este punto, Corazza se levanta alborozado y descuelga una foto de la pared de su despacho: “Mira, aquí está Javier sentado en la silla de Chéjov. Y yo en la de Stanislavski”. Fue durante un viaje que hicieron hace 15 años al Teatro de Arte de Moscú, donde Stanislavski sentó las bases metodológicas de la interpretación moderna a finales del siglo XIX.

¡Chéjov, Chéjov! integra obras cortas y cuentos del autor ruso, entre ellos El oso, Petición de mano o Trágico a pesar suyo, adaptados por Corazza. Todos están recorridos por el humor y un tema: las relaciones entre hombres y mujeres, atravesadas por la misoginia de la época. “Lo tenemos muy presente en la adaptación, en cuanto que estos hombres no quedan nada bien parados como seres humanos. Buscamos puertas para expresar esto. Para tratar de poner conciencia al dolor de la mujer en ese momento, con tanta opresión, tan poco respeto y un lugar tan limitado en la sociedad”, explica el director.

La elección de obras breves, en lugar de alguno de los grandes dramas de Chéjov, es una decisión muy meditada. “Queríamos que el trabajo tuviera coherencia con el sentido de lo que hacemos. Que coincida con quiénes somos. Chéjov apreciaba mucho las piezas breves y no consideraba que fueran menores, porque en la brevedad y la sencillez encontraba la manera de mostrar la esencia de sus personajes. Eso buscamos también nosotros: sencillez. No queremos utilizar un decorado ni un vestuario que reflejen la época de manera acabada, sino evocar algunas imágenes que nos la recuerden. Pero aquí y ahora, en una sala cercana, pequeña, donde la intimidad del encuentro propicie algo esencial en el teatro: estar juntos”, resume Corazza. Al su lado, Bardem coincide: “El teatro para mí es una manera de compartir. Exponer mis incapacidades, mis limitaciones y mis defectos. También mis virtudes, demostrarlas y compartirlas. Para aquellos que lo quieran ver. Por eso no hemos hecho un Hamlet ni un gran evento. Yo voy a salir ahí con lo que tengo, con lo que soy y con lo que puedo. Ni más ni menos. Y espero que interese”.

Pero incluso en espacios tan íntimos, hay que gestionar una enfermedad habitual entre los actores: el pánico escénico. Bardem no oculta que tiene miedo. “Eso está ahí. Sé que la pregunta antes de salir será: ‘¿Para qué cojones hago esto?’. Y solo habrá una respuesta: ‘Me quiero ir’. Es inevitable. Pero luego sucede otra cosa, la magia de que has nacido para esto, te guste o no. Y tu labor es ser comunicador, en este caso de palabras, conceptos, sueños, imágenes muy hermosas y elevadas, con estos textos, esta intimidad, este espacio, este grupo y este director. Vas con todo el miedo, pero también con el placer de saberte en un lugar muy especial, que no es un lugar puramente profesional, sino un lugar de búsqueda y experimentación”.

El actor confía en Corazza también en esto: “Sabe cómo hacer que el actor esté en lo que tiene que estar: creando, divirtiéndose, para no tener la atención puesta en algo que no le va a hacer bien”. Ríe cuando se le recuerda la manía que tiene de mover los dedos de los pies cuando se enfrenta a una situación difícil: “Para tocar tierra. Y respirar y respirar”, explica.

Otro aspecto de Chéjov que les cautiva es que en sus obras vislumbran a un “cuidador”. Como médico, amante de la naturaleza y ecologista literario. Puede encontrarse en ello un nexo con el activismo de Bardem, que ha alzado la voz en numerosas ocasiones y contextos difíciles, como cuando gritó “Palestina libre” en la última ceremonia de los Oscar. “Bueno, me gustaría ser mucho más cuidador, pero para eso hay que valer. Cuando vas a un hospital público y ves lo que esos profesionales están manejando a diario: eso es ser cuidador. Y encima les tratamos mal y les pagamos poco. O cuando te vas con Médicos sin Fronteras a una campaña de vacunación en Etiopía. Alucinas. No duermen. Yo no soy un cuidador en absoluto. Lo que intento es dar luz a aquellas cosas que creo que merecen cuidado: los derechos humanos, el planeta y tantas otras cosas”, confiesa.

Artísticamente, eso tiene también un reflejo. “Siempre tratamos de no condenar o salvar a un personaje. Ni juzgarlo”, apunta Corazza. “Incluso cuando es el malo, tratamos de que no sea un perfil cerrado, sino entendiendo que hay una humanidad ahí que se desvió en algún momento”, añade Bardem. “En todo caso, no creo que haya hecho ningún personaje en el que no me haya puesto en evidencia. Tienes que poner lo tuyo para hacerlo personal. No hablo de quedarte enganchado en tu psicodrama, que es una de las cosas que he aprendido gracias a mi maestro. Uno siempre, sobre todo cuando es joven, piensa que si no sufres no tiene sentido y no es bueno, pero es lo contrario. Hablo de que tienes que encontrar algo muy íntimo para poder hacerlo. A veces con mejor suerte y otras peor. A veces con materiales muy difíciles y otras con experiencias más cercanas, como ese padre de El ser querido [reciente película de Rodrigo Sorogoyen]. Porque soy padre y he sido hijo. Hay mucha materia orgánica en mi trabajo”.

Este es el actor que se va a enfrentar al público en directo por primera vez a los 57 años. Un hombre, según su maestro, “que se ha ido haciendo cada vez más amigo de sí mismo. Disfrutando más de la vida y su profesión”.

—También he visto que el ruido del éxito enorme y merecido que ha tenido le ha distraído poco. Que no lo ha dejado en las nubes demasiado tiempo. Seguramente, un factor fundamental para mantenerse con los pies en la tierra ha sido esa familia tan hermosa que ha formado, en la que hay mucho cuidado de parte de todos. Pero a la vez veo que conserva intacta una pureza de alma: en relación con la búsqueda, la honestidad, la verdad y el verdadero amor por la profesión y por lo humano. Siempre ha estado y nunca lo ha perdido.

El actor pide réplica.

—Si algo he crecido, aparte de mi familia, mis amigos y mi terapia, es porque tengo este maestro que para mí es un regalo. El maestro que indica el camino con el que uno se pelea, se rebela, lo contradice, pero al que siempre vuelves. No es solamente enseñar una técnica, es humanizar al actor. Los actores somos difíciles, ambiciosos, a veces estamos duros, tensos, difíciles, enfadados. Rebajar eso y que salga la verdad, la vulnerabilidad, es muy difícil.

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • Estreno de la obra ¡Chéjov, Chéjov! el 19 de noviembre.

    Very likely · Within days

Open Questions

  • ¿Cómo será la recepción de la crítica ante el debut teatral de Bardem?

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This article was originally published by El País.

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