El uso de sombrillas para combatir las altas temperaturas se consolida como una medida de adaptación al cambio climático en Europa.
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El uso de paraguas como protección solar es una práctica consolidada en Asia que se está adoptando en Occidente debido al calentamiento global.
17:35 de un lunes de agosto en San Sebastián de los Reyes, Madrid. Susana (52 años) camina en dirección al metro. La acera no tiene sombra natural. El sol castiga. Los 36 ºC parecen 45ºC con tanto hormigón y asfalto. La mujer avanza protegida, con un paraguas negro sobre su cabeza que hace posible el inhóspito trayecto. “Lo empecé a usar el verano pasado. Lo llevo siempre en el bolso. Caminar bajo este sol es imposible”, dice sobre un hábito que gana cada vez más adeptos. Este utensilio portátil, hasta ahora asociado exclusivamente a los días de lluvias, ya es -en España y en muchos países de Europa- una herramienta de protección frente al cambio climático.
Para los expertos, la consolidación en occidente de una costumbre asiática infalible para protegerse del sol no es más que una medida de adaptación al calentamiento global. En paralelo a la mitigación -la reducción de gases de efecto invernadero-, las ciudades -y sus habitantes- están obligadas a modificar infraestructuras, entornos y hábitos para reducir los daños del nuevo clima.
Al tratarse de un fenómeno reciente, no existe todavía una estadística oficial europea que mida cuántos paraguas se compran específicamente para combatir el calor. Sin embargo, la tendencia sí puede retratarse desde el mercado. El paraguas de verano se está convirtiendo en un nuevo producto de consumo. La empresa doppler, fabricante europeo de paraguas con sede en Austria, ha incrementado sus ventas un 50% en 2026. Uno de los modelos más vendidos es el “zeroSun”, diseñado específicamente para proteger de la radiación UV y del calor. “Un paraguas te proporciona tu propia sombra personal”, utiliza la firma como slogan de venta.
En junio, el periódico británico The Guardian describió el nacimiento del “sunbrella”, un paraguas utilizado como accesorio de moda y protección frente al sol durante las olas de calor europeas. El nuevo hábito está generando una categoría comercial específica: los paraguas con protección a los rayos ultravioletas. Este mercado superó los 1.600 millones de dólares en 2025. La estimación de mercado es que alcance los 2.800 millones en 2033, con un crecimiento anual del 7%.
Según Verified Market Research (VMR), empresa global de consultoría e investigación de mercados, esta proyección se explica porque Europa y regiones de América están importando una costumbre que durante décadas fue mucho más habitual en Asia: utilizar el paraguas no para protegerse de la lluvia, sino para crear sombra individual.
El nuevo hábito tiene respaldo científico. Investigadores de la Universidad de Chang’an (China) publicaron en marzo de este año un trabajo que mide cómo el uso de paraguas modifica el confort térmico de peatones expuestos al sol. El resultado principal: la temperatura radiante media -que tiene en cuenta la radiación procedente del entorno además de la temperatura del aire- puede disminuir aproximadamente entre 5 y 10 °C bajo la sombra de un paraguas.
Los dermatólogos aclaran que llevar una sombrilla o paraguas para crear sombra sí puede reducir la exposición directa a la radiación ultravioleta y generar confort, pero advierten de que no debe entenderse como un sustituto del protector solar. Parte de la radiación UV puede llegar por reflexión desde el suelo, edificios, agua o arena, por lo que recomiendan combinar la sombra con ropa protectora, gafas de sol y un fotoprotector de amplio espectro SPF 30 o superior en las zonas expuestas.
La jefa de Dermato-Oncología del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, Carla Ferrándiz-Pulido, afirma que “los paraguas protegen del sol, porque reducen la radiación solar directa que llega a la piel”. Por tanto, pide que el nuevo hábito no debe “sustituir” al resto de medidas de fotoprotección.
Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Alabama (Reino Unido), ha comprobado que incluso los paraguas convencionales pueden proporcionar una protección significativa frente a la radiación solar. Durante varios días compararon la temperatura bajo un paraguas convencional y uno diseñado específicamente para proteger de los rayos UV.
Los resultados mostraron que cualquier paraguas reduce la exposición térmica: el convencional registró una temperatura 1,7 °C inferior a la del sol directo, mientras que el paraguas con protección UV llegó a ser 2,7 °C más frío que estar a pleno sol.
La explicación es que el paraguas crea una zona de sombra que reduce la radiación solar que recibe directamente la cabeza y el cuerpo. El trabajo sugiere, por tanto, que los paraguas pueden convertirse en una herramienta sencilla de adaptación frente al calor extremo, especialmente para quienes caminan o trabajan al aire libre.

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