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Europa ante un verano extremo: crisis climática, incendios y desafíos sistémicos
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La Vanguardia1 hour agoEnvironment4 min readSpain

Europa ante un verano extremo: crisis climática, incendios y desafíos sistémicos

La sequía, las olas de calor y los incendios forestales sin precedentes en Europa plantean una crisis internacional que exige una reevaluación de la gestión forestal y la gobernanza global.

Quick Look

Un verano de calor extremo e incendios forestales en Europa ha afectado gravemente al medio ambiente, la economía y la salud pública, forzando un debate urgente sobre la gestión forestal, la política climática y la necesidad de una gobernanza global.

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Why It Matters

Europa enfrenta una combinación de crisis políticas, demográficas y climáticas. El aumento de temperaturas y la sequía han afectado infraestructuras críticas como reactores nucleares y vías navegables.

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Este verano incandescente ha ofrecido escenas nunca vistas en Europa. Hidroaviones captando agua del Sena para sofocar el incendio de Fontainebleau, en el histórico bosque de caza de los reyes de Francia. El Rin y el Danubio a su más bajo nivel de caudal y casi inaptos para la navegación. Fuegos forestales en Gales, en la frontera entre Bélgica y Alemania, en las playas de Croacia.

El clima -primero el calor, luego los violentos temporales- se ha ensañado con un continente que acumula crisis, políticas y socioeconómicas, una Europa en declive demográfico pero donde las migraciones masivas alarman y desestabilizan, unos países que, además, se rearman porque se sienten amenazados por Rusia.

En este contexto, la sequía, los fuegos forestales, las repetidas olas de calor extremo y a menudo la lluvia torrencial posterior tienen un impacto devastador, medioambiental, económico y sanitario, un factor adicional que fragiliza Europa. Decenas de miles de fallecimientos se atribuyen al efecto térmico en las personas vulnerables. Las pérdidas son cuantiosas para el sector agropecuario. El turismo se resiente. Los reactores nucleares deben apagarse. Y lo peor es que no parece un fenómeno circunstancial sino un deterioro sistémico.

“Este verano pone a la vista una crisis internacional mayor, y lo más preocupante es que no se sabe analizarla y existe una estrategia de ocultación de la realidad”, asegura a La Vanguardia Bernard Badie, profesor emérito de Relaciones Internacionales en Sciences Po, en París. A su juicio, la crisis climática y las pandemias son “el primer desafío a la que está expuesta de manera uniforme la humanidad entera”. “La ruptura es total frente a la concepción clásica de las relaciones internacionales, que no conocía otra cosa que la concurrencia de intereses nacionales –prosigue Badie-. Hace falta, pues, de manera urgente, sustituir la razón de Estado por la razón del planeta , y dotarse de medios para una verdadera gobernanza mundial (…) También hay que silenciar a los escépticos del clima, desde Trump a las extremas derechas europeas”.

Una de las zonas cero de este verano infernal ha sido la región al oeste de Burdeos, donde el fuego arrasó 42.000 hectáreas y quemó 240 casas. Desde Lège Cap-Ferret, un paraíso de veraneo, su alcalde, el conservador Philippe de Gonneville, admite a este diario que está “extremadamente preocupado” por el futuro y ve inaplazable “repensar el bosque”. “Hace falta que los ecologistas no nos obstaculicen en los trabajos indispensables para la protección de bienes y personas, y dejen de dar prioridad a un medio ambiente que está mal adaptado al cambio climático”.

–¿Los ecologistas? ¿No es paradójico?

–Sí, es una paradoja, pero estoy en conflicto con ellos porque se debe tener una visión global de las cosas. Llevar al extremo el ecologismo va totalmente en contra de la protección de la fauna y de la flora. Una reserva natural que presido se ha quemado entera porque no se permitía desbrozar. Había que proteger a los lagartos, las tortugas, los insectos. Ahora han ardido todos.

De Gonneville insiste en que hay que cambiar las leyes sobre gestión de los bosques y “acabar con el diktat de los ecologistas”. “Tenemos que hacer ciertos sacrificios forestales, cortar algunos árboles para ensanchar los cortafuegos, aunque moleste a los animales, desbrozar el bosque, para evitar desastres como el de este año”, concluye.

Más de mil kilómetros al norte, en la frontera entre Bélgica y Alemania, otro gigantesco incendio lleva una semana arrasando una región muy verde en la que la pluviometría solía ser muy alta. “En todo el siglo XX hubo dos incendios y en los últimos años (2011, 2023 y 2026) llevamos ya tres; sí, estoy inquieta”, explica desde Monschau, en el land alemán de Renania del Norte-Westfalia, su alcaldesa, Carmen Krämer, una independiente elegida con apoyo de los ecologistas. Esta pintoresca localidad de 12.000 habitantes, con numerosas segundas residencias, recibe 1,3 millones de visitantes anuales. Ese fin de semana han tenido que anular un popular festival de música, arruinando el negocio a hoteles y restaurantes.

“Ahora es el incendio, pero ya veíamos los síntomas -agrega Krämer, que es doctora en Filosofía-. Desde hace cinco años tenemos que comprar agua a otros pueblos en verano porque nuestro pantano está demasiado bajo. No llueve lo suficiente. De hecho, este verano mirábamos todo el tiempo hacia la Europa del sur porque aquí todo estaba también muy seco y temíamos que nos pasara lo mismo”.

De la dura experiencia de este estío no solo se sacan conclusiones negativas. La Unión Europea, por ejemplo, ha funcionado bastante bien como comunidad solidaria. Se han compartido los medios de extinción, desde bomberos a aeronaves. En Francia causó impacto la llegada de setenta bomberos ucranianos, con una decena de modernos vehículos, a pesar de la guerra.

Para Erwan Le Méné, cofundador y director general de EcoTree, una compañía dedicada a la gestión forestal y a diseñar soluciones climáticas sostenibles para empresas, existen diversas vías para minimizar el riesgo de incendios, empezando por la diversificación de las especies de árboles –el monocultivo es nefasto para contener las llamas-, la drástica ampliación de los cortafuegos o una medida tan simple como obligar a los vehículos a llevar un extintor, que sería muy útil para impedir que pequeños fuegos se extiendan.

“Este verano ha abierto los ojos a quienes pensaban que la ecología no era una cuestión empresarial –sostiene Le Méné, que quiere ser optimista pese a las circunstancias-. Las empresas empiezan a comprender que el medio ambiente, la ecología, no es algo externo a la cadena de valor, una cuestión marginal a la que se presta atención solo de vez en cuando para una exención fiscal o por puro marketing. En realidad, la base de cualquier negocio son los recursos naturales. Si se agotan, si los bosques arden, si no hay agua, si todo está seco, si hace 40 grados en verano, tu empresa no puede funcionar.”

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • Revisión de las leyes de gestión forestal en regiones afectadas.

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Open Questions

  • ¿Cómo se reconciliarán las políticas de conservación con la gestión de riesgos de incendios?
  • ¿Qué medidas concretas tomará la UE para la gobernanza climática mundial?

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This article was originally published by La Vanguardia.

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