El Govern defiende sus previsiones meteorológicas mientras los municipios afectados critican la falta de alertas móviles (Es-Alert) ante la magnitud de las inundaciones.
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Las lluvias torrenciales afectaron gravemente a municipios de Tarragona, superando los 140 litros por metro cuadrado en 24 horas. La orografía local y la falta de alertas previas complicaron la evacuación de campings y discotecas.
Las precipitaciones de la madrugada del sábado en el norte de la Costa Daurada desbordaron todas las previsiones del Govern. Las administraciones no emitieron ningún Es-Alert, los móviles no sonaron más de la cuenta, la ciudadanía no recibió ninguna ruidosa advertencia en sus teléfonos... y a las pocas horas, más de 400 personas tuvieron que ser evacuadas y once resultaron heridas, una de ellas, de manera crítica.
Hasta una discoteca fue desalojada de un modo muy precipitado. Al parecer, varios testimonios aseguran que los sacaron de repente, muy deprisa, con poca organización... A pesar de ello, el Govern defendió sus previsiones y aplaudió la rápida actuación de los efectivos de Protecció Civil, de las policías locales, de los bomberos... Todos ellos evitaron el desastre.
El Vendrell, Roda de Berà, Creixell y Torredembarra fueron sin duda los municipios más afectados por las lluvias, según la evaluación proporcionada por Protecció Civil en un comunicado. En concreto, en El Vendrell se registraron 145,4 litros por metro cuadrado en 24 horas, mientras que en Torredembarra se alcanzaron los 136,5 litros por metro cuadrado.
Calles anegadas de agua, bajos de casas inundados, mobiliario urbano y coches arrastrados por el agua y árboles, arbustos y setos arrancados. Un par de campings fueron parcialmente evacuados, y el agua irrumpió de manera inesperada en fiestas mayores, en celebraciones de verano, en bares de copas...
Además, los vehículos de muchos veraneantes quedaron atrapados en aparcamientos del todo inundados. Si nos hubieran avisado, se dijeron los veraneantes, tantos visitantes de la zona... Pues no los habríamos dejado allí, los coches. Estas intensas precipitaciones al parecer inesperadas dejaron tras de sí un paisaje muy inquietante y perturbador.
No es una situación catastrófica, pero muchos amanecieron con la impresión de que se podían haber ahorrado un susto tan mayúsculo, de que podían haberse preparado mucho mejor. La noche y la madrugada se hicieron este sábado muy largas en el litoral de Tarragona, entre las comarcas del Baix Penedès y del norte del Tarragonès.
El Govern, sin embargo, miró al cielo y defendió sus previsiones meteorológicas. El conseller de Justícia de la Generalitat, Ramon Espadaler, antes de reunirse con los alcaldes de los municipios afectados, subrayó que los ayuntamientos y los diferentes cuerpos policiales y de emergencia reaccionaron “con mucha celeridad”.
Y preguntado el conseller sobre por qué no sonó el Es-Alert, Espadaler explicó que, en el momento en el que se produjeron las lluvias más intensas, el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC) no informaba de un nivel suficiente para activar la alerta. “La meteorología no es una ciencia exacta –dijo el conseller de Justícia–, y no es aconsejable emitir una alerta si no tiene la información de calidad, de la que en ese momento no se disponía”.
Protecció Civil mantiene en fase de alerta el plan especial de emergencias por inundaciones (Inuncat) para hacer un seguimiento de las incidencias. El organismo explicó que está haciendo un seguimiento de la evolución de la situación y valorará la desactivación del plan “a medida que se vaya recuperando la normalidad”.
La acumulación de agua y la fuerza con la que bajó por torrentes, avenidas y rieras en municipios como Roda de Berà, Torredembarra, Creixell o Vendrell obligaron a movilizar a los equipos de emergencias y hacer decenas de salidas para evacuar personas y atender heridos.
La peor parte se la llevó una niña que estaba con su familia cerca del puerto de Roda de Berà (Tarragonès) y que el sábado por la noche seguía ingresada en el hospital Joan XXIII de Tarragona con pronóstico reservado, después de ingresar crítica. Un muro de una casa situada junto al puerto se derrumbó, por la fuerza del agua torrencial, y envistió a la familia, que esa tarde había estado trabajando en un mercado.
“La fuerza del agua y el viento han tirado pinos como nunca he visto toda la vida en Roda, y tengo ya 62 años –destacó Pere Virgili, alcalde de la propia Roda de Berà–. El agua se ha llevado por delante la señalización viaria y encima ha destrozado las playas”. De esta manera para muchos en Tarragona la noche se hizo de repente eterna.
Fueron cerca de 700 llamadas al 112, 200 avisos a Bombers y 35 activaciones del Servei de Emèrgencias Mèdiques (SEM). “Nunca habíamos visto nada igual”, coincidieron muchos durante la mañana, pasado el mayúsculo susto, achicando agua de los bajos de sus casas, garajes, patios y jardines.
Atrás quedan ya unas horas oscuras de un 22 de agosto en las que se temió por la seguridad de las personas en varios puntos de la Costa Daurada. Angustia y en definitiva un muy mal rato en un par de campings de Roda y Creixell (Tarragonès) donde fue necesario evacuar a cerca de 300 personas. No pocos quedaron estupefactos. Agarraron a los más pequeños y salieron corriendo.
También en El Vendrell (Baix Penedès) los bomberos tuvieron que socorrer a un centenar de jóvenes de una discoteca. Allí también se quejaron de que nadie les advirtió de lo que podía pasar. “La preocupación ahora es volver a ponerlo todo en orden, por suerte ya ha pasado el riesgo para las personas”, contó Kenneth Martínez, alcalde del Vendrell.
La orografía de los terrenos afectados, con torrentes y rieras que desembocan en el mar de forma abrupta, y algunos pasos a nivel junto a la vía ferroviaria, como es el caso de Roda de Berà, complicaron de sobremanera la situación vivida. De repente, en muy poco tiempo, se acumuló muchísima agua.
También dificultaron la gestión de las precipitaciones la presencia de obras para laminar mejor el agua que baja con tanta fuerza cuando se dan lluvias torrenciales como estas. Son situaciones extremas cada vez más frecuentes ante la emergencia climática que obligan a tomar cuanto antes medidas.
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