
El PP inicia su precampaña electoral con un discurso de ataque constante contra Pedro Sánchez y una estrategia orientada a frenar el crecimiento de Vox, apelando al voto útil y reforzando su posición en temas como inmigración y voto por correo, mientras ambas formaciones de derecha disputan la hegemonía del bloque.
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El PP inicia su precampaña tras el anuncio de elecciones anticipadas, enfrentando un crecimiento de Vox en las encuestas y una posible pérdida de votos hacia la derecha radical, lo que ha llevado a ajustar su estrategia hacia el voto útil y el endurecimiento en temas como inmigración y voto por correo.
Las dos frases que más han repetido los portavoces del PP en la primera semana de precampaña han sido «por fin» y «no les vamos a dejar pasar ni una». La primera intenta mostrar que a Alberto Núñez Feijóo el adelanto electoral no le pilla a contrapié, precisamente, y la segunda marca la pauta de los 50 días que restan hasta la cita con las urnas: ataque frontal y constante en lo discursivo y choque de cuernas jurídico-institucional contra Sánchez en lo formal. Hay consenso sobre el carácter determinante y casi plebiscitario de estas elecciones, y por eso mismo se van a escuchar discursos pasados de revoluciones, a cara de perro, sin piedad ni miedo a pasarse de frenada. Nos adentramos en el terreno de la lucha libre: vale casi todo.
Feijóo lo sabe. El favorito de las encuestas pronosticó ante la directiva del PP de Madrid, a puerta cerrada, como adelantó este diario, «la madre de todas las batallas» contra Pedro Sánchez, y después advirtió a la Junta Directiva Nacional de los populares, también en privado, de que los partidos del Gobierno van a hacer «cosas muy sucias», en su opinión. «Van a intentar manipular a la gente, va a haber muchas trampas», subrayó.
El plan del PP es potenciar la apariencia de elección binaria para azuzar el voto útil: o Sánchez o Feijóo. En busca de este efecto de segunda vuelta, la estrategia de Génova pasa, por ahora, por no pisarle la manguera a su más que probable socio. Nada de distraerse en pugnas cainitas con Vox, para no repetir «el error de 2023». Pero -y es un pero importante- la verdad es que la batalla electoral que definirá el futuro Gobierno es, a esta hora, la de la correlación de fuerzas entre el PP y Vox. Porque si las encuestas no yerran estrepitosamente, ambas formaciones sumarán una mayoría absoluta holgada en la que la influencia del socio pequeño se medirá al peso.
La formación de Santiago Abascal no para de subir en todas las encuestas, mientras el PP se mantiene o incluso retrocede. La crisis de Ceuta, el contexto internacional y el propio clima impugnatorio que se respira en España llevan a Vox en volandas. Va ganando puntos sin bajarse del autobús, sin necesidad de proponer nada, ni siquiera en materia de vivienda, sino simplemente invocando la patada al tablero. La derecha radical se acerca ya al umbral psicológico de los 70 escaños, a partir del cual se activaría la lógica del sorpasso a cuatro años vista. Dicho de otra forma, un Vox fuerte podrá dedicarse a su primer y principal objetivo: depredar al PP para arrebatarle la hegemonía del bloque.
Esta idea la fijó con claridad el ex presidente del Gobierno José María Aznar, el lunes: «No es lo mismo un PP con 140 y un Vox con 60 que un PP con 165 y Vox con 35; la segunda fórmula permite afrontar los problemas del país, y la primera fórmula yo no estoy seguro de que lo permita». De esto va la campaña en el bloque de la derecha. De quebrar primero la aritmética del muro y «echar» a Sánchez de La Moncloa, sí, pero también de una lucha de gran calado y combustión lenta entre los dos partidos de la derecha, que determinará el reparto de roles en la «reconstrucción nacional» post Sánchez.
Pese a la lección de 2023, cuando Vox asustó a una parte del electorado y la derecha murió en la orilla, a cuatro escaños de la mayoría, las encuestas vaticinan un enorme trasvase de votos desde el PP hacia la formación ultra. De no menos de 1,2 millones de votos. Y que no para de aumentar. Por eso el Partido Popular ha comenzado la precampaña pisando de nuevo terrenos discursivos fronterizos con Vox, para taponar las fugas. Primero, poniendo en duda la garantía total del voto por correo, y después, dándole una vuelta de tuerca a su discurso migratorio. Y apresurándose a pedir la imputación del PSOE, que el juez ha rechazado por prematura, aunque ya vea «indicios».
«Hay que disputar ese electorado» que bascula entre los populares y la formación ultra, explican fuentes de la sala de máquinas del PP. «Nosotros no decimos las mismas cosas que Vox, y tenemos que competir por los que dudan entre los dos. Nuestro principal mensaje para convencerlos es bajar impuestos, seguridad y la garantía de que votando al PP van a echar a Sánchez», explican las fuentes.
«Nuestros puntos fuertes respecto a Vox son la gestión y la capacidad de echar a Sánchez», insisten. O sea, ¿que la manera de frenar a Vox es el voto útil? «No, es la garantía del cambio; tenemos que convencerlos de que si votan a Vox es más difícil que se vaya Sánchez y sólo si votan al PP, el cambio es una garantía», añade un alto cargo de Génova. Pero, ¿decir cosas que gusten al electorado de Vox no hace que éste acabe votando al original? «No, si haces buena campaña: el rechazo a la marca PP entre los votantes de Vox está entre el 8% y el 9%, solamente», explican las fuentes. «Y hay al menos otro 10% del electorado que puede votarnos a nosotros», mientras que «ya no hay tantos trasvases» entre bloques.
La inmigración y la crisis de Ceuta delimitan el principal campo de batalla de ese voto «fronterizo» que podría oscilar entre el PP y Vox. En ese sentido, la reforma estrella que propone Feijóo es el cambio en la Ley de Extranjería, como adelantó EL MUNDO el jueves. ¿En qué consistirá? Rechazo inmediato en frontera -tanto por tierra como por mar- de todos los inmigrantes que entren a España de manera irregular. Triajes en 72 horas para quienes ya se encuentren en territorio español. Y una vez que se les haya identificado, sólo habrá dos opciones «inmediatas»: retorno o asilo. Quienes estén en uno de los dos procedimientos irán sin solución de continuidad a un centro de internamiento. Y los plazos para repatriarlos se acortarán al máximo «en casos de crisis» o de ataques híbridos, como el de Ceuta. Para las repatriaciones, se llegará a acuerdos con «terceros países», para evitar que algunas naciones de origen torpedeen la vuelta de sus ciudadanos, como ha ocurrido en muchas ocasiones con Marruecos.
En el caso del voto por correo, la polémica no ha nacido de la campaña de Feijóo, pero éste ha entrado de lleno, para intentar encontrar una solución intermedia. Si Isabel Díaz Ayuso aseguraba que recomendaba a todo el mundo no votar por correo, sembrando así dudas sobre la limpieza del sistema, y Borja Sémper le replicaba que el PP confía en las «garantías» del modelo, Feijóo se situó entre los dos, más cerca de este último. El presidente del PP aseguró que confía en Correos, pero no en sus directivos, y por eso pedirá garantías adicionales a la Junta Electoral Central. Roma locuta, causa finita... por ahora. Mientras tanto, Vox sí les reclama a sus seguidores que voten en urna.
Hay dirigentes populares que reconocen tener «cierto miedo» a que Vox siga escalando y complique no sólo la conformación del hipotético futuro Gobierno, sino su propia viabilidad para acometer las reformas necesarias. Pero no es eso lo que ha llevado a Feijóo a meter una marcha más. El PP no está improvisando, según otras fuentes de Génova. El líder de la oposición preparó su plan de campaña antes de las vacaciones. En una reunión de la cúpula del partido, en junio, «se planteó la campaña entera, los 54 días», con la idea de ataque total para «no darle respiro» a Sánchez y «taponar a Vox». «Veníamos trabajando desde abril o mayo», reconocen fuentes de Génova. Es un plan «susceptible de cambios, pero con criterios demoscópicos, orgánicos y políticos bien definidos». «En esa reunión, dijimos: [Sánchez] nos pilla una vez, pero no nos pilla dos». Y también se dijo: «Estamos listos para votar aunque sea Nochebuena».
AI outlook — possibilities, not facts
El PP intentará frenar el crecimiento de Vox mediante reformas en inmigración y cuestionando el voto por correo
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