París y otras ciudades enfrentan daños materiales masivos tras una jornada de protestas que derivó en saqueos y ataques a edificios públicos.
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Las protestas se originaron por el coste de la vida, el precio de la gasolina y la decadencia del sistema educativo. Los disturbios superaron en violencia a las protestas de los chalecos amarillos de 2018.
París y varias ciudades de Francia han amanecido este domingo con un paisaje apocalíptico, con muchas de sus calles literalmente arrasadas, entre restos de papeleras y coches quemados, cristales, pedazos de adoquín y comercios desvalijados. La jornada de manifestaciones y violencia del sábado ha dejado un balance de 1.800 detenidos, 855 de ellos solo en París. Hay 500 policías heridos y 1.500 comercios saqueados o destrozados. Sin una cifra global aún de manifestantes heridos, la cadena Franceinfo habla de medio centenar. El presidente de la República, Emmanuel Macron, se dirigirá a la nación a las ocho de la tarde.
La Plaza de la República en París, donde arrancó la manifestación y donde se sucedieron los enfrentamientos durante todo el día hasta bien entrada la noche, está arrasada. El alcalde de la capital, Emmanuel Gregoire, lo ha resumido así: “Es un nivel de violencia que no habíamos visto antes en París”. Ni siquiera durante las protestas de 2018 de los chalecos amarillos.
Una de las imágenes más impresionantes fue la del incendio del Ayuntamiento de Limoges, al sudoeste de París, al que un grupo de individuos prendió fuego. El edificio, construido en el siglo XIX, estaba declarado monumento histórico. Acabó devorado por las llamas y se cayó la aguja. Los violentos atacaron edificios públicos en otras muchas ciudades: en Marsella y en Lille también intentaron asaltar el consistorio, y en Lyon las llamas alcanzaron a la principal oficina de turismo.
Desde el mismo sábado crecen las críticas, por parte de los alcaldes y los partidos de la oposición, al ministro de Interior, Laurent Nuñez, por no haber sabido planificar un dispositivo policial a la altura de lo que podía avecinarse. Nadie esperaba, sin embargo, las escenas de violencia que se vivieron, al margen de las manifestaciones autorizadas.
A pesar del gran despliegue policial, los agentes se vieron desbordados. Los alborotadores les lanzaban proyectiles y pedazos de adoquín y los policías respondían con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras. Grupos de manifestantes quemaban papeleras, bicis y coches para luego aplaudir, minutos después, a los bomberos que venían a apagar los fuegos.
Se movilizaron unas 800.000 personas en todo el país, según los sindicatos, 550.000 según Interior. Los estallidos de violencia eclipsaron las reivindicaciones de los estudiantes, chalecos amarillos, profesores, bomberos o pensionistas que protestaban en calma. Por el alto coste de la vida, por la subida del precio de la gasolina y por la decadencia del sistema público de educación.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha convocado una nueva célula de crisis para última hora de la tarde de este domingo, para empezar a valorar los daños materiales, entre otras cosas. También ha anunciado que va a recibir a los alcaldes de París, Lyon y Marsella, que han criticado la falta de medios para contener la violencia.
Lecornu ya señaló el sábado, casi de madrugada, que el balance económico de los destrozos sería grande. También advirtió que, viendo las imágenes, es raro que no haya habido pérdidas mayores y más heridos. El Gobierno achaca el estallido a individuos de ultraizquierda, radicalizados y “extremadamente violentos y peligrosos”.
Aunque desde primera hora de la mañana del sábado ya se vivieron momentos de tensión con la policía en muchas ciudades, la violencia fue escalando y llegó a su punto álgido por la tarde, cuando los alborotadores se acercaron a los Campos Elíseos y la plaza de la Madeleine, zonas que estaban blindadas, por su proximidad al palacio del Elíseo.
Durante toda la noche atacaron y saquearon comercios. En París, intentaron asaltar las icónicas Galerías Lafayette, que estaban cerradas a cal y canto. La federación del comercio y la distribución calcula centenares de millones de euros en destrozos.
El alcalde de París ha puesto en marcha este domingo una célula de urgencia para acompañar a los comerciantes, cuyos negocios han quedado completamente arrasados. El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, ha anticipado que la respuesta judicial a los autores del caos y los destrozos de ayer será firme. Macron ya condenó el sábado por la noche a “quienes siembran el caos, buscan derribar las instituciones e impiden que quienes quieran expresarse pacíficamente puedan hacerlo”.
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Discurso nacional de Emmanuel Macron a las 20:00 horas.
Very likely · Within hours

This Sunday, new concentrations in Paris and other French cities provoked police charges after the massive protests on Saturday over the high cost of living, which left one dead, 2,000 arrested and 600 injured among security forces. The most serious incident was the intentional fire of the Limoges town hall, a historic 19th century building completely destroyed by hooded men who acted with workers inside.

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