
Familias que practican la educación en casa relatan su día a día, los retos de la conciliación y el choque con la obligatoriedad escolar en España.
Familias en España que practican homeschooling o educación en casa comparten su experiencia de aprendizaje sin aulas ni pupitres, mientras se enfrentan a un marco legal que exige la escolarización obligatoria entre los 6 y 16 años.
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La escolarización en centros homologados es obligatoria en España entre los seis y los dieciséis años según la LOE.
En casa de Amaya Cáceres, en León, no hay pupitres, ni aulas, ni una campana que marque el recreo. Sus hijos (Carlota, de 18 años; Mateo, de 15; y Carmen, de 12) no han ido al colegio ni al instituto y, sin embargo, todos los días estudian y aprenden. Lo que practican se conoce como homeschooling o educación en casa: una opción por la que algunos progenitores deciden asumir directamente la educación de sus hijos al margen de la escolarización.
Para Amaya, educar en casa no significa trasladar el colegio al salón: "Yo no soy una profe y esto no es una escuela", resume. En su caso, leer juntos durante horas, salir a la naturaleza, poemas semanales, cocinar, ir a la compra, juegos de mesa o aprovechar un viaje en coche para hablar de Derecho penal forman parte del aprendizaje cotidiano.
Para sus hijos, crecer así nunca fue algo extraño. Carlota es la primera que verbaliza lo que sus hermanos secundan: "No lo hemos vivido de ninguna forma porque es lo normal para nosotros. Igual que a un niño que ha ido al colegio no le preguntas cómo ha vivido ir al colegio porque es lo que hace todos los días".
En España, no existen datos oficiales sobre cuántas familias educan en casa. Desde el Ministerio de Educación aseguran que "no hay un registro estatal específico porque la educación doméstica no está reconocida como modalidad educativa en el ordenamiento jurídico español". Por su parte, la Asociación por la Libre Educación (ALE), que reúne actualmente a unas 400 familias, maneja una cifra orientativa de entre 2.000 y 4.000 familias en España, aunque admite que no se sabe con certeza.
Tantos sistemas como familias
Amaya llegó a esta opción porque conoció de cerca a una familia que educaba así. "Sentí algo en esa casa", recuerda. Una amiga la animó a intentarlo antes de escolarizar a Carlota, que entonces tenía 3 años y medio: "Y dije: venga, pues vale. Y así, hasta hoy".
En casa sus hijos han compartido aprendizaje, aunque adaptado a sus edades. "Si estamos viendo la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, la pequeña no se va a enterar igual. Pero está escuchándome, está oyendo palabras que a lo mejor desconoce", cuenta.
Para organizarse toma como referencia los contenidos mínimos de Primaria y Secundaria, sin dividirlos estrictamente por cursos. También ha recurrido a profesores externos para algunas materias, como inglés, matemáticas, física y química. "Hay muchas formas de hacer educación en casa, tantas como familias hay", recalca Amaya.
Para los tres hermanos, educarse en casa tiene muchas ventajas, aunque cada uno destaca su parte favorita del homeschooling. Carlota señala la libertad para profundizar en sus intereses. "A mí de pequeña me gustaban mucho los egipcios y sabía un montón, pero porque tenía la libertad de decir: pues yo quiero estudiar esto".
Mateo ha aprendido las capitales del mundo con juegos de mesa y dedica parte de su tiempo a investigar sobre animales e insectos por su cuenta. "Lo de aprender jugando es con lo que más aprendo yo, con lo que más memorizo", asegura. Y para Carmen, la pequeña, lo mejor de educarse en casa "es estar con mi familia", aunque admite que haya piques entre hermanos. "Hay sus discusiones, pero luego bien, te acostumbras", dice sonriendo.
Límites y conciliación
En la Sierra Oeste de Madrid, José Novillo también eligió educar a sus hijas en casa, en un modelo denominado unschooling, basado en seguir los intereses de las niñas. "No hay ningún formato cerrado, ni un horario", explica. "Simplemente vas siguiendo los intereses del niño y proporcionándole lo que necesita, ayudándole, acompañándole". Museos, bibliotecas, talleres y encuentros con otras familias homeschoolers formaban parte de sus días. "La mayor parte de la educación, en casi todas las familias que conozco, aunque se llame educación en el hogar, es fuera de casa".
Pero libertad no significaba ausencia de reglas. "Siempre hay que poner límites", advierte José. En su casa había responsabilidades, como cuidar de las gallinas, y compromisos que cumplir. "A mí me interesa mucho más que mi hija sea una lectora crítica y autónoma a que se sepa todas las provincias de España", explica.
Ese acompañamiento exige, sin embargo, tiempo. "La disponibilidad es lo más complicado", reconoce. Su mujer, arquitecta autónoma, tenía horarios flexibles y él, trabajador de IBM, pidió reducciones de jornada, excedencias y teletrabajo. "Nos coordinábamos los dos y, como teníamos estos horarios tan flexibles, siempre había alguien presente", recuerda. Reconoce que en otras familias suele ser la madre quien permanece en casa, una situación que relaciona con las dificultades de conciliación laboral.
Años después, sus hijas acabaron incorporándose al instituto por decisión propia. La mayor, en tercero de la ESO, después de que la pandemia redujese drásticamente sus encuentros sociales. La pequeña, en cuarto, para después estudiar peluquería. "Siempre hemos tenido claro que esto era por ellas. Si necesitan ir al cole, pues van al cole", afirma.
La transición fue buena, aunque no automática. La mayor, recuerda, la primera vez que tuvo que hacer un examen hizo solo la mitad porque no dio la vuelta a la hoja. Sabía responder, pero no estaba acostumbrada al formato. "Un examen oral, lo clavaba. Pero en el escrito le fallaba la velocidad de escritura", cuenta José.
Socialización
La socialización es la pregunta inevitable cuando se habla de educar en casa. ¿Con quién se relacionan los niños que no van al colegio? Amaya cuestiona que estar en un aula con niños de la misma edad sea la única forma de socializar. Sus hijos tienen amigos, hacen actividades y tratan con adultos. "Mis hijos no están aislados", insiste. Como ejemplo, recuerda que Carlota llegó a aparecer en la camiseta de final de curso de sus amigos del instituto, aunque ella no estudiaba allí.
José coincide en esta idea: "La sociabilidad no es tanta en el colegio y no es tan poca fuera del colegio", sostiene. Sus hijas tenían amigas que también eran homeschoolers, participaban en encuentros con otras familias y se relacionaban con los niños del pueblo. "La gran mayoría no nos quedamos en casa. Estamos fuera, en la sociedad".
Nely Vicario, miembro de la junta directiva de ALE, recuerda que socializar también implica asumir normas, gestionar conflictos y tolerar frustraciones. "Cualquier menor necesita enfrentarse a la diversidad, a la frustración, a las normas, pero eso no se da únicamente dentro de un aula o dentro de una escuela". Reconoce, sin embargo, que estos niños pueden tener menos oportunidades de ver a sus amigos cada día.
¿Sienten entonces que se han perdido algo por no ir al colegio? "Nunca se me ha pasado por la cabeza eso de que me he perdido cosas", responde Mateo, el hijo mediano de Amaya. Y plantea una paradoja: aunque él tiene tiempo para quedar entre semana, sus amigos escolarizados apenas pueden hacerlo por la carga de deberes y exámenes. "Yo puedo salir entre semana y ellos no pueden salir ni un solo día", lamenta.
Legalización
En España, la escolarización en centros homologados es obligatoria entre los seis y los dieciséis años, según la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2006. Desde el Ministerio de Educación recuerdan además que el Tribunal Constitucional avaló esta exigencia en su sentencia 133/2010 y explican que el absentismo y el homeschooling "conceptualmente son distintas": el primero implica "la inasistencia reiterada o continuada" de un alumno matriculado en un centro educativo; el segundo, "plantea una situación de no escolarización o desescolarización".
Pero ambos, insisten, "pueden dar lugar a actuaciones administrativas orientadas a garantizar el derecho a la educación del menor", y pueden activar la intervención de servicios sociales, inspección educativa y, en determinados casos, Fiscalía.
Amaya vivió este choque con la ley en primera persona cuando fue denunciada por no escolarizar a sus hijos. "Fuimos juzgados por abandono de familia", recuerda. Según relata, los trabajadores sociales visitaron su casa, entrevistaron a los menores y emitieron un informe favorable, pero el caso llegó igualmente a los tribunales. Durante los cuatro años que duró el proceso "hubo momentos malos, pero bueno, en general lo vivimos tranquilos, porque como decía mi marido: no estábamos haciendo nada malo, solamente había que defenderse y ya está", asegura.
Benito Aláez Corral, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Oviedo, explica que "la escolarización obligatoria persigue un fin constitucionalmente legítimo y hasta obligado: la educación democrática en la socialización cívica del alumno". El jurista se muestra contrario a legalizar el homeschooling porque le preocupa que algunas familias rechacen los valores que transmite el sistema educativo y acaben creando "sociedades paralelas". Admite, no obstante, que la sentencia del TC no impide que el legislador pudiera permitirlo, aunque si finalmente se regulase, considera imprescindible "hacerse con un sistema de autorización, supervisión periódica y evaluación periódica de los resultados educativos".
Desde ALE, Nelly Vicario reclama precisamente este cambio normativo: "Evidentemente la educación tiene que ser obligatoria, pero no la escolarización". Reivindica legalizar el homeschooling "porque esta realidad ya existe", y reclama "abrir la posibilidad de que los menores sean educados de acuerdo al modo que sus familias consideren más adecuado".
En una posible regularización, la asociación acepta la intervención del Estado para asegurar el bienestar infantil, aunque "para nosotros sería muy relevante que estos seguimientos los hicieran personas formadas en esta opción educativa". El Ministerio, por su parte, señala que "actualmente no existe ninguna iniciativa estatal de reforma normativa destinada a reconocer o regular el homeschooling como alternativa a la escolarización obligatoria".
Amaya, que ahora ejerce como abogada de otras familias en situaciones similares, concluye: "Las familias que educamos en casa queremos lo mejor para nuestros hijos, igual que el resto de familias, solo que lo hacemos de forma diferente".

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