
El nuevo espacio exhibe vestuario, utilería y mobiliario de diversas producciones cinematográficas mexicanas, buscando dar una segunda vida a los objetos.
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La galería se ubica en la bodega A de los Estudios Churubusco y busca rescatar material cinematográfico que estaba deteriorándose en almacenes. El proyecto es el primer paso hacia la creación de un museo del cine en la institución.
Un cañón apunta hacia ninguna parte. A sus pies reposan pistolas y, sobre el muro, 12 fusiles ya libraron su guerra frente a las cámaras. Detrás, una pequeña tropa de uniformes azules con puños y cuellos rojos espera inmóvil otra batalla.
A unos pasos cambia la escena: rosarios, cruces, sotanas, cirios, candelabros y reclinatorios. Más adelante aparecen vestidos de época, faldas, rebozos, sombreros, baúles, vajillas, radios, globos terráqueos y vasijas de barro. Son rastros de distintas filmaciones que durante años permanecieron entre cajas y roperos.
El pasado jueves se inauguró La piel de las películas, galería permanente instalada en la bodega A de los Estudios Churubusco, entre los foros 1 y 2. En 342 metros cuadrados reúne vestuario, utilería y mobiliario utilizados en producciones cinematográficas.
Cerca de mil prendas, unos 250 objetos de arte y un centenar de muebles salieron de los almacenes para quedar a la vista del público y, en muchos casos, buscar otra historia frente a una cámara.
El acervo conserva elementos de El viaje de Teo (2007), de Walter Doehner; Hidalgo: La historia jamás contada (2010), Morelos (2012) y Macho (2016), de Antonio Serrano; Obediencia perfecta (2014) y la reciente Amor de madre, de Luis Urquiza Mondragón, entre otras producciones.
“Porque el cine no es desechable. Tampoco lo son las piezas que le dan vida”, se lee a la entrada.
Lourdes García, productora cinematográfica y directora de la galería, trabajó cerca de dos años para concretar la iniciativa. Parte del material estaba arrumbado y comenzaba a deteriorarse. “Era una tristeza y una obligación”, explicó a La Jornada. Quería darle una oportunidad a aquello que había quedado “aventado”.
El lugar conserva algo de guardarropa cinematográfico. Los vestidos cuelgan uno junto al otro; las sotanas forman largas filas negras; la ropa campesina muestra tonos terrosos, costuras desgastadas y manchas hechas para parecer antiguas.
Entre los percheros, aquello que la pantalla reduce a unos segundos recupera volumen y textura. Se puede mirar de cerca una chaparrera, apreciar la estructura de una falda o calcular el peso de una vasija que un actor sostuvo durante el rodaje.
“Puedes tocar cómo se llevó a cabo el diseño”, señaló Suyin Novelo, del área de vestuario. Incluso las pinturas exhibidas revelan otra dimensión fuera de cuadro: “No es impresión, realmente está pintado con pincel”.
Para la museógrafa y curadora Patricia García Vázquez, esa cercanía permite descubrir el trabajo que suele escapar a la cámara y dar a cada elemento “una segunda vida, una tercera vida y una cuarta vida”.
Antes hubo que saber qué había sobrevivido. Durante casi cinco meses, García Vázquez abrió cajas, descolgó ropa, revisó mobiliario y clasificó un conjunto que no conocía de antemano. Parte estaba demasiado deteriorada; otra podía regresar a la luz. “Los tuve que ir descubriendo”, recordó.
De ese trabajo surgieron ocho núcleos, sin cronología ni una división estricta por películas.
Un vestido rojo usado por Ana de la Reguera y prendas de Demián Bichir pertenecen a Hidalgo; otros atuendos corresponden a Dagoberto Gama en Morelos y Juan Carlos Colombo en Obediencia perfecta. Parte del guardarropa pasó de una cinta a otra: los uniformes de los realistas volvieron a utilizarse, la ropa campesina encontró nuevos personajes y el mobiliario adquirió contextos diferentes.
Las telas también cuentan su propia historia. Recibieron tierra, manchas y tratamientos para aparentar desgaste y dar verosimilitud antes de que el actor entrara a cuadro. Entre ellas aparecen los llamados “desarrapados”, personajes del pueblo vestidos con ropa maltratada y suciedad incorporada.
La vida cotidiana dejó otros rastros. Tazas, platos, radios, cuadernos, mesas y vasijas de barro poblaron cocinas, haciendas y casas ficticias. Ahí permanece el estuche de un violín empleado en El viaje de Teo. En la cinta, un niño queda separado de su padre y conserva el instrumento ligado a su recuerdo.
Arriba, el paisaje vuelve a cambiar. Pelucas, sombreros, vestidos y faldas ocupan percheros y maniquíes. Hay incluso un probador para quien desee medirse alguna prenda.
Aquí se rompe la distancia habitual entre público y objeto de exhibición. Parte del inventario se puede tocar, usar, rentar o comprar. Todavía no hay precios fijos: los interesados deberán acercarse a los responsables para acordar el costo.
Una producción profesional podrá rentar o adquirir vestuario y utilería; para estudiantes que preparen su primer cortometraje, Lourdes García contempla paquetes o préstamos. “La idea es que las piezas no se queden aquí, sino que participen en nuevas historias”.
El acervo también podrá crecer con materiales aportados por directores, productores y diseñadores de producción. Los recursos obtenidos mediante renta y venta ayudarán a impulsar un proyecto de mayor alcance: un museo del cine dentro de los Estudios Churubusco.
Cristián Calónico, director de la institución, definió el lugar como “un espacio de memoria”. La intención es hacer crecer el proyecto hacia los tres niveles de la zona de bodegas, que suman alrededor de mil metros cuadrados, mientras se busca una sede más adecuada.
Una futura convocatoria buscará reunir fotografías y otros materiales conservados por la comunidad cinematográfica; Lourdes García prevé incorporar cámaras y equipo de iluminación. No hay todavía una fecha para concretar el proyecto. “Este es el inicio del museo”, resumió.
La piel de las películas se puede visitar de lunes a viernes, de 10 a 15 horas, en la bodega A de los Estudios Churubusco (Atletas 2, colonia Country Club). La entrada es gratuita y el espacio formará parte de los recorridos guiados por las instalaciones. Para agendar visitas en otros horarios se puede escribir a [email protected]

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