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BackMusic for 18 Musicians: 50 años de una obra maestra de Steve Reich
Music for 18 Musicians: 50 años de una obra maestra de Steve Reich
Culture
La Jornada (México)2 hours agoCulture5 min readSpain

Music for 18 Musicians: 50 años de una obra maestra de Steve Reich

Un análisis sobre la técnica del phasing y el impacto sensorial de la partitura de Steve Reich en su 50 aniversario.

Quick Look

En el 50 aniversario de 'Music for 18 Musicians', el autor Pablo Espinosa analiza la obra cumbre de Steve Reich, destacando su técnica de 'phasing', su impacto psicoacústico y la vigencia de sus grabaciones más emblemáticas.

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Why It Matters

La obra 'Music for 18 Musicians' fue estrenada hace 50 años y utiliza un sistema de composición llamado 'phasing' inventado por Steve Reich. La pieza se basa en un ciclo de 11 acordes y explora efectos psicoacústicos mediante instrumentos acústicos.

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Celebración doble: los 50 años del estreno de una partitura portentosa, Music for 18 Musicians, y los 90 años de su autor, Steve Reich, que los cumplirá en octubre.

El compositor estadunidense ocupó dos años en escribir esta obra, en cuyo estreno participó como percusionista, su antigua labor, y dos años después el productor alemán Manfred Eicher realizó una de sus incontables hazañas: grabó este trabajo y, contra todo pronóstico, convirtió ese disco en un fenómeno de ventas.

Esa versión discográfica en ECM sigue siendo la mejor, de entre la docena de versiones que se han registrado en medio siglo. La más reciente de ellas es de hace tres años, a cargo de Colin Currie Group and Synergy Vocals. Es francamente alucinante.

Ambas, la primera y la nueva, son las más recomendables para sumergirse en una experiencia sensorial intensa, misteriosa, placentera.

Escuchar esta obra proporciona sensaciones, pensamientos, emociones, altos vuelos. Es sencillamente fascinante. Es casi una hora de magia, sorpresas, visiones, imaginerías.

Los 18 músicos: un violinista, un violonchelista, cinco marimbistas, cinco pianistas, dos clarinetistas bajo, cuatro cantantes femeninas.

Es música acústica y pareciera hecha con computadoras, sintetizadores, artefactos electrónicos.

Lo que más me emociona de esta música son las cuatro voces femeninas, canto sin palabras, sirenas alrededor de la barca de Ulises, hadas a mitad del bosque, voces incisivas, venidas de sueños, murmullos, emulsiones.

Vaya prodigio.

Estas voces suenan a imaginación, aventura, a coros tántricos, a murmullos de criaturas de la noche.

Junto a ellas, los dos clarinetes bajo crean efectos de oleaje de cobalto, un sonido metálico amortiguado en un efecto de grandes moles de sonido que rebotan consecutivamente mientras avanzan mar adentro. Buques.

Las marimbas cumplen papel protagonista. Se encargan del encabalgamiento de melodías acariciantes que van cambiando, tornasoles, mientras ascienden. Volutas.

Los pianos aportan apoteosis. Suenan a lo lejos, a lo cerca, alojados en naves oscuras con sus tapas abiertas: ellos mismos, sus siluetas dibujadas en el horizonte. Navíos.

Un vibráfono, en medio del océano de instrumentos, propone dulzura, calma, emociones lindas.

El violín y el violonchelo proporcionan el aspecto humano de esta sinfonía extraña por sus peculiaridades: instrumentos acústicos que no suenan a lo que suenan cotidianamente, convertidos aquí en entes raros fascinantes merced al oficio y el genio del compositor, quien mediante recursos técnicos de su invención logra estos mares de sonido.

Este recurso técnico es un sistema que inventó Steve Reich y que bautizó con el nombre de phasing.

La técnica de composición musical denominada phasing consiste en la emisión de sonido con dos o más instrumentos que interpretan una frase repetitiva en un tempo estable pero no idéntico: uno de ellos va ligeramente atrasado respecto del segundo y crea un efecto de eco que se desliza (phasing) hasta que se produce un sistema muy complejo mediante el cual el eco vuelve a escucharse como un unísono. Es el equivalente rítmico de los ciclos de dos formas de onda que se desplazan en fases. Ese sistema puede apreciarse de cuerpo entero en la otra obra monumental de Steve Reich: Drumming, que consiste en 56 minutos de frases que se repiten y forman olas que se desplazan en fases.

Escuchar esa obra nos conduce a un estado de trance, a un efecto hipnótico en el que los instrumentos de percusión toman formas lejanas y cercanas, oleajes que nos remiten por igual a la música ancestral de África que a procedimientos técnicos similares a los que inventó Karlheinz Stockhausen (1928-2007) en su obra maestra titulada Stimmung, donde los escuchas alcanzamos niveles elevados de sinestesia.

Al igual que las auroras boreales que suenan en la obra de Stockhausen, la activación de los sentidos en Drumming, de Steve Reich, remite a lo ritual, lo ancestral, lo tribal: voces, silbos, campanas de cristal.

Steve Reich gusta de participar en la grabación de los discos con sus partituras. Por ejemplo, aplaude junto con Kristjan Jarvi al interpretar su obra titulada precisamente Clapping music (Música de aplausos), al igual que toma las baquetas y su turno junto a músicos muy jóvenes en distintas grabaciones que ha hecho con su obra Drumming.

En la grabación que hoy nos ocupa, Music for 18 Musicians, Steve Reich utiliza el sistema phasing para lograr efectos sicoacústicos como los que mencionamos en la escucha de Drumming.

Hay distintas versiones disponibles en las plataformas digitales y en todas ellas garantizo un estado de trance al escucharlas, algo así como observar, oler, tocar, saborear y escuchar el lento avance de las ondas de agua en el estanque de un jardín cuando deslizamos sobre él, desde nuestros dedos, una piedra de río.

Music for 18 Musicians está basada en un ciclo de 11 acordes. Una pequeña pieza musical está a su vez basada en cada uno de esos 11 acordes y la pieza regresa a su forma original al final del ciclo. Las distintas secciones se denominan Pulsos, y Secciones, del I al XI. Es la primera obra de Reich montada monumentalmente y la multitud –18 músicos o más– de intérpretes culmina en un proceso de efectos sicoacústicos, siendo la sicoacústica una rama de la sicofísica que comprende el estudio científico de la percepción del sonido por el sistema auditivo humano.

Esa rama científica corresponde al estudio sicológico de las respuestas humanas asociadas con sonido, incluyendo el ruido, el discurso y, por supuesto, la música.

La sicoacÚstica conforma un campo interdisciplinario que incluye la sicología, la acústica, la ingeniería electrónica, la física, la biología, la fisiología y la ciencia de la computación.

Todo esto porque la escucha de música no es nada más un fenómeno mecánico de propagación de ondas, sino que se trata de un evento sensorial y perceptivo.

Cuando una persona oye algo, que a veces llega al oído como un sonido mecánico de onda que viaja por el aire, pero dentro del oído se transforma en una serie de acciones neuronales. Estos pulsos nerviosos viajan hacia el cerebro en el instante en que son percibidos por el oído.

Es la neurociencia de la música.

Para lograr la complejidad polirrítmica de esta obra maestra, Steve Reich aplica sus conocimientos vastos del uso de la técnica del overdubbing, que consiste en grabar capas de audio sobre una toma prexistente, pero en realidad el proceso es completamente acústico con instrumentos tradicionales, para lograr una obra absolutamente humana.

Lo fascinante es que traspasa límites y barreras que hasta entonces eran insalvables. Estamos frente a la creación musical pura, sin necesidad de máquinas o procedimientos tecnológicos. Es la ciencia de lo humano lo que suena.

Es por eso que cuando escuchamos una y otra vez esta hora de Música para 18 Músicos nos extraviamos en nuestros laberintos neuronales más placenteros, navegamos por la imaginería, redondeamos formas de pensamiento, perdemos la noción del espacio y el tiempo.

Y flotamos en la no nada.

En la plenitud.

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This article was originally published by La Jornada (México).

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