
Familias y docentes de la ciudad autónoma afrontan la vuelta a las aulas con temor debido a la presión migratoria y la cercanía de centros de acogida
Las familias y docentes de Ceuta afrontan con inquietud y temor el inicio del curso escolar en medio de la crisis migratoria, lo que ha llevado al Ministerio de Educación a implantar vigilancia privada 24 horas y coordinar la seguridad con las fuerzas policiales.
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La crisis migratoria tras la llegada masiva de migrantes desde Marruecos en julio ha alterado la vida cotidiana y la seguridad en Ceuta, afectando a la comunidad educativa ante el inicio del curso escolar.
Antes que los libros, los cuadernos o la mochila, Vanesa Castro, vecina de Ceuta, ha comenzado a preparar la vuelta al colegio de su hija de 14 años con un elemento de autodefensa. “De material escolar, lo primero ha sido comprar un spray de gas pimienta. Y me ha costado hacerme con él porque en la ciudad están agotados. Me lo he traído de la península”, cuenta. Después de pasar unas semanas de vacaciones en Málaga, llamó a Algeciras (Cádiz) para encargar este aerosol, cuyo uso en España está regulado por ley y prohibido a los menores. Entre su apuro y la falta de existencias, el dueño de la tienda terminó vendiéndole uno que tenía empezado. El testimonio de esta mujer es una muestra del temor de numerosos ceutíes a cómo vivirán un regreso a las aulas en mitad de una crisis migratoria que ha alterado por completo sus vidas en poco más de un mes. “Mi hija iba y venía sola al colegio, que está cerca de casa”, señala Castro, que vive en el barrio de Otero. “Eso ya no es posible, como tampoco que vista de la misma forma en la que lo hacía antes porque se quedan mirándola descaradamente. Estamos en una situación en la que hay que llevar y traerles de todos los sitios”.
“Hay malestar, preocupación y mucha inquietud en la comunidad educativa, especialmente por la seguridad. Cada día ocurre algo diferente y estamos cada vez más crispados”, afirma Sofía Ortega, representante de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos Cuatro Culturas de Ceuta. Una decena de padres consultados por EL PAÍS, cuatro de ellos docentes, coinciden con esta percepción.
El Ministerio de Educación, encargado de las competencias educativas en la ciudad autónoma, ha puesto vigilancia privada tanto dentro como fuera de la treintena de centros de educación (entre infantil, primaria y secundaria) de la ciudad, y también en las rutas escolares. “Es una vigilancia continua, durante las 24 horas y los siete días de la semana. Se mantendrá el tiempo necesario y mientras continúen las circunstancias actuales”, señalan fuentes del departamento dirigido por Milagros Tolón. Sus 1.749 docentes ya se incorporaron esta semana y los alumnos, el año pasado se matricularon unos 13.400, volverán a las aulas el martes 8 de septiembre.
Los padres han recibido de buen grado los refuerzos de seguridad, pero no terminan de fiarse. “Quizás el miedo también les pueda. Muchas familias están declarando que en los primeros días no van a llevar a sus hijos al colegio. Igual esperan a ver cómo comienza todo”, valora la representante de las asociaciones de padres y madres.
“La educación de los niños y niñas de Ceuta no debe interrumpirse”, piden en el Ministerio de Educación. Los resultados educativos de la ciudad autónoma están entre los peor de España, según los datos del último Informe PISA (de 2022). Además, está marcada por un alto abandono escolar temprano. “Los centros escolares son y continuarán siendo seguros”, insisten en Educación. Para vigilar los trayectos de ida y vuelta a casa, se coordinarán con diferentes cuerpos policiales, como Policía Local, Nacional, Guardia Civil o Fuerzas Armadas, añaden.
Los niños ceutíes han vivido este verano una situación excepcional. Desde finales de julio, cuando se produjo la gran avalancha de migrantes desde Marruecos, pasan la mayor parte del tiempo encerrados en sus viviendas. Los más afortunados han ido de vacaciones a la península. Pero ahora tienen que volver al colegio con una situación que ha cambiado poco en las últimas semanas. “Se ha visto afectado su derecho al ocio: playas, parques, poder salir y disfrutar de su ciudad con normalidad. Los niños necesitan crecer felices, sentirse seguros y tener una infancia normal”, reclama una de las madres consultadas. “Nos preocupa que tampoco puedan vivir con normalidad algo tan básico como ir al colegio. No queremos que nos digan simplemente ‘no va a pasar nada’. Queremos garantías, estabilidad y soluciones (…) algo tan básico como poder llevarlos al colegio sin miedo”, añade. Mientras tanto, alrededor de 1.500 menores migrantes continúan en Ceuta sin un horizonte claro sobre su futuro inmediato.
Salvo en el centro de la ciudad, una burbuja en la que se respira una tranquilidad aparente, el trasiego de migrantes es constante. Padres, madres y docentes temen que sus hijos presencien situaciones de caos, como peleas, persecuciones o cargas policiales.
Las zonas por las que hay mayor temor son aquellas que están cercanas a los centros de acogida temporal que está abriendo el Gobierno para dar a los migrantes unas condiciones dignas, techo, medidas de higiene y comida, y también para poder agilizar los trámites legales para devolverles a Marruecos. Ya se han creado 3.400 plazas y se quiere llegar hasta 6.000 en los próximos días. Tanto el Gobierno como la ciudad autónoma están haciendo encaje de bolillos para encontrar esos lugares, ya que reciben una fuerte oposición vecinal.
En la última semana se han sucedido las protestas de docentes y padres para que no se ubique uno de los centros para migrantes en un solar aledaño a la antigua cárcel del barrio de Los Rosales, al lado del centro de Educación Infantil Nuestra Señora de África. “Tenemos miedo de dejar a nuestros niños aquí, ya se han metido durante el verano. Me planteo no traerlo”, contaba el martes Dina, madre de un bebé de diez meses. Pero las obras siguen a buen ritmo. La guardería, sin inaugurar y que iba a unir a un centenar de alumnos de otros dos centros públicos de la ciudad autónoma, finalmente no recibirá a los más pequeños. La Consejería de Educación de Ceuta los repartirá en las instalaciones del centro infantil público de El Morro, con el mismo nombre, y en otros privados, explica Juan Francisco Vega, secretario del sector de administración local de UGT en Ceuta. El personal de cocina y el director se mantendrán trabajando en las instalaciones, pero los niños irán a otros espacios.
“Los padres tienen miedo, se intenta dar normalidad, pero es que hay muchos que no tienen alternativas para llevarlos a otros centros o de dejarlos en casa”, comenta una docente que trabaja en la ciudad y que, como la mayoría de los consultados, no quiere ser identificada. El Ministerio de Educación planea acciones de intervención psicosocial para restaurar el bienestar emocional en la comunidad educativa y también estudia extender el servicio de aula matinal y vespertina en varios institutos de Educación Secundaria de Ceuta. La medida está pensada para alumnos de los primeros cursos de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), para que puedan acceder a los cursos antes o después del horario lectivo.
Durante el verano, dos centros del municipio han sido utilizados para albergar a menores migrantes, y otros colegios han sufrido incursiones nocturnas en las que los han usado para dormir o pasar el rato, algo que sigue ocurriendo. En el Centro de Educación Especial San Antonio, ubicado junto a otro de los centros de acogida del Gobierno, en Loma Margarita, sorprendieron a migrantes dos veces en una zona en la que se dan clases de música. En una de ellas, tenían el aire acondicionado encendido y el canal de YouTube sintonizado en las pizarras digitales interactivas. El jueves también encontraron a migrantes durmiendo en la Escuela Infantil La Pecera.
Padres y profesores se ponen en el momento en el que comience a llegar el otoño y los niños entren a clase a las ocho de la mañana, casi sin luz. Vanesa Castro, la madre que compró el gas pimienta, aprovechará que en su trabajo, en una casa de apuestas, le permiten teletrabajar. “El primer día de clase la voy a acompañar, tenemos el colegio cerca, y suele haber policía controlando el tráfico”, describe. Cerca de su casa hay una escalera en la que se sientan muchos migrantes y no sabe si por entonces seguirán ahí. “Tampoco puedo estar pidiendo permiso cada dos por tres, porque también tiene extraescolares en el centro”, detalla. Su hijo, de 19 años y que estudia un grado superior de Informática, está matriculado en el turno de tarde y terminará las clases a las 21.00. De momento, apenas sale de casa: “Dice que también tiene miedo”.
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Inicio del curso escolar el 8 de septiembre con vigilancia privada continua en centros
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