
Las familias ceutíes expresan desconfianza ante el despliegue de seguridad en los centros educativos tras la llegada masiva de inmigrantes el pasado 30 de julio.
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El 30 de julio, más de 70.000 inmigrantes cruzaron la frontera de Ceuta con Marruecos, provocando una crisis social y de seguridad en la ciudad.
El próximo martes, 8 de septiembre, miles de niños volverán a las aulas en Ceuta. Pero el primer día de clase, y probablemente muchos de los que vendrán después, estarán profundamente marcados por la crisis que sufre la ciudad desde que el pasado 30 de julio más de 70.000 inmigrantes cruzaron la frontera con Marruecos. Si los ánimos entre la población ceutí están crispados, entre las familias predomina una sensación de "inseguridad" y "desconfianza". Que el Gobierno haya desplegado seguridad privada en las puertas y alrededores de los colegios no ha tranquilizado a la comunidad educativa, que siente que le han robado la normalidad y duda de que las condiciones actuales sean las más adecuadas, sobre todo para los adolescentes que ya van solos al instituto.
"Hay mucha gente que no quiere llevar a sus hijos al colegio, que tiene miedo. A otros no nos queda otra porque trabajamos… aunque si viera que la mayoría de familias decide no llevarles, me lo plantearía", asegura a 20minutos Laura Ferrón, una ceutí de 42 años, madre de un niño de tres años que irá al colegio por primera vez este septiembre. Con un año menos, el pequeño ni siquiera tendría la posibilidad de ir al centro, pues Ceuta decidió retrasar el inicio de las clases en las escuelas infantiles hasta finales de septiembre por esta situación.
Consciente de la necesidad de calmar los ánimos, el Gobierno anunció un plan de seguridad para que los colegios permanezcan vigilados durante el horario lectivo, pero también por las tardes y las noches para "evitar intrusiones" y garantizar que "el acceso a los centros educativos será un traslado seguro", según subrayó el secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa. El dispositivo prevé que haya agentes de la Policía, de la Guardia Civil, del Ejército y de Protección Civil en las rutas escolares, paradas de autobús, inmediaciones de los colegios y en la puerta de los propios centros, especialmente en los horarios de entrada y salida y en los recreos. No se conoce, sin embargo, el número concreto de agentes que se destinarán al dispositivo y fuentes de la delegación del Gobierno aseguran a este periódico que no lo facilitarán "por motivos de seguridad".
Pero las familias ven estas medidas como un "parche" y temen que esto se alargue durante todo el curso. "¿Un año entero de seguridad en las puertas? No me gustaría que mi hijo piense que la normalidad es tener a un militar en la puerta del colegio", asevera Ferrón. Lo mismo opina Cristina Roldán, de 43 años, madre y profesora de un instituto público de la ciudad. "Va todo muy lento y de momento no están poniendo soluciones reales", denuncia a este periódico.
"Les han robado el verano, que no les roben la educación"
La docente confiesa estar sintiendo una "contradicción" entre el miedo a llevar a sus hijos al colegio y la creencia de que deben acudir a clase para que no pierdan eso también. "Como muchos otros padres, no estoy totalmente segura de que mis hijos vayan a estar seguros en el colegio. Pero por otro lado también creo que a mis hijos les han robado el verano, la playa, los parques, sus amigos... y a lo que no estoy dispuesta es a que también les roben su educación y su rutina", señala.
Como profesora de secundaria, Roldán tuvo una reunión previa al inicio de clases con el claustro, donde la directora les trasladó cómo iba a funcionar ese plan de seguridad: "El problema es que en nuestro instituto la mayoría de alumnos van y vienen solos ya. Entonces, van a poner vigilancia en la puerta, sí, pero ¿y durante el camino qué?" Su hijo de 7 años, además, volverá al Ortega y Gasset, uno de los centros que fueron ocupados por varios migrantes en los primeros días de la crisis. "Entraron a las aulas y todo. El conserje me contó que hace poco todavía seguían entrando a dormir, aunque nos han dicho que ya lo han limpiado todo y listo para el primer día de clase", relata.
Aun así, la directora de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (FAMPA) Cuatro Culturas de Ceuta, Sofía Ortega, asume que el curso arrancará con altos niveles de absentismo. "Hay familias que nos dijeron que incluso a pesar de que se tomen medidas, no les llevarán los primeros días al cole", cuenta. El problema, asegura, es que hay una desconfianza generalizada hacia la administración y "mucho malestar" e "inquietud" ante el inminente inicio de curso, y sienten que tienen muy poca información. "Lo que les preocupa a las familias es la seguridad, dentro de los propios centros y fuera, porque la ciudad está un poco tensa y los ánimos están muy crispados", cuenta Ortega, que reivindica "recuperar la confianza que se ha perdido"
Más allá de la seguridad
Más allá de la seguridad, profesores y familias advierten de una segunda consecuencia: el impacto psicológico del último mes. Los docentes describen un ambiente de preocupación y alerta y reclaman que la respuesta no recaiga únicamente sobre ellos. Los sindicatos han insistido en la necesidad de reforzar el apoyo psicológico, tanto para los alumnos como para los profesores, ante una situación que puede afectar a la convivencia y al propio desarrollo del curso.
"Tiene que haber un psicólogo en todos los centros, porque esto va a traer cuenta. Los profesores no pueden abarcar ya más carga de la que llevan", reivindica Lola Cuadra portavoz de CSIF Educación en Ceuta, que exige también apoyo para los docentes que ahora, dice, viven en una "constante alarma".
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Inicio del curso escolar con altos niveles de absentismo en Ceuta.
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