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Israel afronta unas elecciones decisivas con Netanyahu y la oposición lejos de la mayoría
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El País Internacional2 hours agoPolitics6 min readSpainView translation

Israel afronta unas elecciones decisivas con Netanyahu y la oposición lejos de la mayoría

A diez días de las elecciones, el primer ministro enfrenta un escenario de igualdad y escándalos, mientras la oposición evita alianzas con partidos árabes.

Quick Look

  • A diez días de las elecciones en Israel, el Likud de Netanyahu y el bloque opositor se encuentran en un empate técnico.
  • La campaña está marcada por el rechazo de la oposición a pactar con partidos árabes y escándalos de seguridad que afectan al primer ministro.

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Why It Matters

Israel enfrenta elecciones anticipadas tras años de inestabilidad política y un aumento de la polarización tras el ataque de Hamás en octubre de 2023.

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El lema, en carteles electorales repartidos por Israel, es conciso y rima en hebreo: “Derecha o Palestina”. Es del Likud, el partido del primer ministro Benjamín Netanyahu, el hombre que más años (19) lleva en el poder en la historia del país y que pretende aumentar esa cifra en las elecciones del próximo día 27. A apenas diez días, los sondeos dibujan escenarios igualados y de difíciles alianzas, principalmente porque casi todos los partidos judíos de la oposición se han disparado en el pie al prometer que excluirán de un posible Gobierno a las dos listas árabes, con las que tendrían mayoría clara. Ni los socios de Gobierno (Likud, ultraortodoxos y ultranacionalistas) ni el bloque anti-Netanyahu (en su mayoría formaciones de derechas lideradas por sus exministros decepcionados o traicionados) rozan la mayoría, así que imperan las cábalas sobre Ejecutivos en minoría, tránsfugas o alianzas contranatura.

En este contexto de igualdad y desconfianza, la campaña se ha convertido en una mezcla de todos contra todos, diluyendo la competición entre los bloques pro y anti-Netanyahu. Uno de los principales líderes de la oposición, Avigdor Lieberman (exministro de Defensa y Exteriores y líder del partido Israel Beitenu), acusó incluso este viernes al candidato más potente del bloque opositor, Gadi Eizenkot, de preparar una alianza con Netanyahu tras las elecciones. Es el exjefe del Estado Mayor, al que casi todos los sondeos dan la victoria.

El partido de Eizenkot (Yashar) se orienta desde esta semana a asegurarse la victoria, incluso a costa de otras formaciones del mismo bloque. “Estamos trabajando para que Yashar sea significativamente más grande que el Likud y para garantizar que el bloque cuente con una mayoría. No veo ninguna contradicción entre ambas cosas”, aseguró este martes en la radio militar. “Estamos realizando un gran esfuerzo para atraer a votantes de la coalición [de Netanyahu]. Esto también servirá para legitimar que me asignen el mandato”.

La fuerza más votada no recibe automáticamente el encargo de formar Gobierno. El presidente, Isaac Herzog, lo otorga a quien vea con más probabilidades, tras las consultas con los grupos. Pero sí da la iniciativa. Y Herzog prefiere un Ejecutivo estable de unidad nacional. Lo impulsó en 2020 y ahora ha dicho que hará “todo” para impedir una repetición electoral, como las que encadenó el país hace un lustro.

El esfuerzo de Eizenkot por “atraer a votantes de la coalición” ha generado una dinámica descorazonadora para quienes esperan que una derrota de Netanyahu otorgue a los palestinos un horizonte de esperanza. En uno de sus últimos vídeos de campaña, Eizenkot se jacta de no haber defendido jamás la creación de un Estado palestino, recordando que Netanyahu —que se opone firmemente— llegó a mencionarlo hace una década para la galería, presionado por el entonces presidente estadounidense, Barack Obama. El vídeo se lo recuerda antes de convertir el lema “Derecha o Palestina” en “Benjamín [Netanyahu] es Palestina”. También ha prometido que, si es primer ministro, Hamás no seguirá en el poder en Gaza dentro de 18 meses.

Las cosas están, pues, en “empate”, como admitió el propio Netanyahu en su entrevista el miércoles en la televisión pública, en la que mostró claramente dos preocupaciones: la abstención entre quienes le devolvieron al poder en 2022 (antes de que el ataque de Hamás de octubre de 2023 rompiera su imagen de “Míster Seguridad”) y Ofer Winter, un general de derechas con voluntad de verso suelto.

Algunos sondeos dan al partido de Winter, Amjá Israel, más del 3,25% de votos necesarios para obtener representación parlamentaria. La diferencia es clave: por debajo de ese porcentaje, todos esos votos van a la basura. Por encima, se entra a la Knesset con al menos cuatro diputados (de un total de 120).

Con un tono de suficiencia que no escondía su preocupación, Netanyahu aprovechó hasta tres preguntas para desviar la respuesta a un llamamiento a sus bases a votar al Likud o al resto de partidos con los que forma la coalición más de derechas que ha tenido nunca el país. Netanyahu exhortó a “no caer en la trampa de los partidos fake de derechas”, en referencia a Winter; y volvió a presentarse como víctima del “Estado profundo”. “Está claro que lo hay en Israel”, subrayó, muy al estilo de Donald Trump y de otros líderes populistas.

Según la conocida analista política israelí Mazal Mualem, Netanyahu está yendo “con todo, y antes que en anteriores campañas”, a recuperar a los decepcionados sin intentar rascar votos en caladeros ajenos. Hace cuatro años obtuvo 32 diputados. Ahora, se quedaría entre 20 y 22, según los sondeos. Sobre todo, por su responsabilidad política en el fiasco de seguridad que permitió la masacre de Hamás (incluidos avisos de socios árabes) y su rechazo a que una comisión independiente lo investigue.

Esta semana se ha emitido todo el voto desde el extranjero. Son la excepción (unos 4.800 diplomáticos y enviados, más sus familias), ya que los otros cientos de miles de ciudadanos que residen fuera no pueden votar por correo, internet o en las legaciones diplomáticas. La alta participación (un 86%, frente al 69% de 2022) apuntala la sensación general de que hay mucho en juego.

El desplome del Likud no ha cambiado en los dos últimos meses. El estado de ánimo, en cambio, sí. El entusiasmo en la oposición al ver cómo algunas encuestas le daban mayoría sin necesidad de apoyarse en los partidos árabes se ha transformado en pesimismo y, sobre todo, incredulidad al ver cómo Netanyahu está más dentro que nunca de la batalla tras un mes de revelaciones que en otros países habrían hundido a cualquier candidato.

Primero, la del diario Haaretz de que Netanyahu recibió, antes del 7 de octubre de 2023, una advertencia explícita del presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed bin Zayed, de que Hamás preparaba una gran operación. Luego, se supo que las autoridades israelíes sabían de antemano el nombre del piloto omaní que trató de estrellar un avión contra el aeropuerto de Tel Aviv, según han concluido los investigadores emiratíes. El jefe aquel día del Shin Bet (los servicios secretos internos), Ronen Bar, lo ha demandado por difamación, por acusarle de haber elegido no despertarle el 7 de octubre, y ha mostrado que Netanyahu rechazó una propuesta previa de matar a líderes de Hamás. Y, quizás la más grave: su exsecretario militar, Avi Gil, rompió su silencio para denunciar que el equipo del primer ministro falsificó su registro horario de aquella jornada.

La oposición, sin embargo, no ha conseguido traducir los escándalos en votos. Uno de los principales comentaristas políticos, Ben Caspit, explica en el diario Maariv el mapa electoral recordando que la sociedad israelí “no se ha desplazado hacia la izquierda, sino que ha migrado en masa hacia la derecha”, donde está la mayoría de la oposición. No es, pues, una lucha entre derecha e izquierda.

Lo que ha cambiado el balance de poder, prosigue, son dos fenómenos. Uno es la aparición en escena de dos nuevos partidos de derechas (el citado Amjá Israel y Los Reservistas), hacia los que va parte de la decena de antiguos escaños de Netanyahu que gravitaba antes hacia el llamado bloque del cambio. El otro, el crecimiento del voto de los palestinos con ciudadanía israelí.

En este contexto, Netanyahu azuza el racismo. Ya lo hizo en el pasado, como en 2015, cuando llamó a los suyos a votar porque los árabes lo estaban haciendo “en masa”. Pero esta carrera electoral está siendo particularmente sucia hacia los representantes políticos de los dos millones de ciudadanos palestinos de Israel, un quinto de la población nacional.

El Likud basa su campaña en martillear una idea: como a los partidos judíos de oposición no les dan las cuentas para gobernar, acabarán teniendo que recurrir a las formaciones árabes, como si las liderase el mismo Osama bin Laden, aunque ahora lo rechacen. El Likud coge los vídeos de Eizenkot y les añade con inteligencia artificial a Mansur Abbas (cabeza de la Lista Árabe Unida) y a Ahmed Tibi, uno de los diputados palestinos más odiados por la mayoría social. “Eizenkot trata de ocultar que va a formar un Gobierno izquierdista peligroso con los partidos árabes y Yair Golán (líder de Los demócratas)”, dice una voz en off en uno reciente.

En los platós de televisión, Netanyahu juega desvergonzadamente la carta del miedo y la mentira. Votar a la oposición, advierte, supondrá recibir por la puerta de atrás la “autonomía” de la Galilea y del Neguev (con población árabe), retiradas de las tropas israelíes en Líbano, Siria y Gaza, y a Mansur de ministro del Interior. “Ve a saber lo que haría”, agregó.

En vez de reorientar el relato, la oposición ha asumido el marco y trata a los partidos árabes como apestados. A excepción de Golán, que aboga por integrarlos.

La apuesta va en línea con un Israel que es más excluyente e intolerante desde el ataque de Hamás (el día más sangriento de su historia, con más de 1.200 muertos), pero está llena de paradojas y contraviene la voluntad del 61% de sus votantes, según una encuesta del Canal 13. La principal es que la Lista Árabe Unida ya integró un Ejecutivo, entre 2021 y 2022, en el único lapso sin Netanyahu en el poder desde 2009. Fue, de hecho, el primer partido árabe en hacerlo desde la creación del país, en 1948, y muchos lo aplaudieron.

Lo incluyeron casi los mismos que ahora le ningunean, como Naftali Bennett y Yair Lapid (que se alternaron en la jefatura de Gobierno y ahora concurren juntos en la papeleta de Yahad) o Lieberman, pese a que Mansur lleva además esta vez de número dos a un vicejefe judío de la Policía, Yoav Segalovich.

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  • Elecciones el próximo día 27

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  • ¿Quién logrará formar gobierno tras las elecciones?
  • ¿Qué impacto tendrá el voto de los partidos árabes?

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This article was originally published by El País Internacional.

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