
La falta de unidad y la polarización interna marcan la precampaña, mientras la ultraderecha lidera las encuestas y figuras como Mélenchon y Hollande definen sus estrategias.
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La izquierda francesa se encuentra dividida ante las próximas elecciones presidenciales, con múltiples candidatos y estrategias enfrentadas. El Partido Socialista busca un candidato común mediante primarias, mientras LFI mantiene su propia candidatura.
La izquierda francesa se comporta en los últimos tiempos como esos organismos unicelulares que se reproducen a través de su escisión. Más que nunca, las fuerzas progresistas llegan a la recta final de la legislatura y al comienzo de la precampaña de las presidenciales extremadamente desunidas y alejadas. Cada día se suma un candidato nuevo a la partida. Unas primarias en el espectro socialdemócrata, a las que algunos candidatos ni siquiera quieren presentarse, decidirán el nombre final del espectro socialdemócrata. Pero ahí no termina el baile de nombres.
La Francia Insumisa (LFI) presentará a su candidato, Jean-Luc Mélenchon, en cabeza del bloque de izquierdas (alrededor de un 14%). Y los Ecologistas meditan hacer lo mismo con su líder, Marine Tondelier. Un cóctel perfecto para el avance sereno de la ultraderecha hacia el Palacio del Elíseo, cuya líder, Marine Le Pen tiene ya alrededor de un 35% de intención de voto en los sondeos.
El Partido Socialista (PS) y Place publique, el partido de Raphaël Glucksmann (el nombre con mayor proyección de este bloque, con un 11,5% de intención de voto), ratificaron hace una semana su acuerdo sobre las modalidades de las primarias de la izquierda socialista y democrática. Se celebrarán en dos vueltas, los días 9-10 y 16-17 de octubre, con el objetivo de designar a su candidato conjunto a las elecciones presidenciales.
Las primarias no convencen a todos. Tampoco el método ni el número de participantes. Pero los aspirantes deberán presentar oficialmente su candidatura entre el 1 y el 15 de septiembre. Por el momento, cinco ya han anunciado su intención de participar: el propio Glucksmann —eurodiputado e hijo del reputado filósofo, André Glucksmann—, que tiene el apoyo incluso del jefe de los socialistas en la Asamblea, Boris Vallaud. “Considero que es el mejor preparado y situado para ganarlas. Reúne muchas sensibilidades de la izquierda, también ecologistas. Y puede crear una nueva izquierda plural”, señala al teléfono. “Una elección presidencial siempre es difícil, pero no hay nada escrito. Y Glucksmann empieza desde una buena posición para estar en la segunda vuelta”, insiste.
Las primarias contarán también con cuatro socialistas: los diputados Philippe Brun y Jérôme Guedj, así como la excandidata a la Presidencia de la República Ségolène Royal y el actual número uno del partido, Olvier Faure, que lo hizo el domingo por la noche en pleno prime time y sin demasiadas esperanzas en su rostro.
Pierre Jouvet, secretario general del PS y número dos de la formación, cree que las primarias son una buena noticia. “Para empezar, somos el único partido que las va a hacer. Y eso es una señal de democracia interna en un momento de fragmentación de todos los partidos políticos. Además, creo que serán un éxito porque habrá debates interesantes que crearán una dinámica interesante y positiva. El país tiene ganas de construir una alternativa a la victoria de la extrema derecha”, apunta. “Estas elecciones siguen abiertas. Hemos visto muchos favoritos batidos al final de los comicios. ¿Alguien imaginaba a Pedro Sánchez ganando y manteniéndose en el poder diez años?”.
La situación de la izquierda ahora mismo, sin embargo, es extremadamente compleja e invita al bloque de centroderecha a soñar con pasar a la segunda vuelta con un candidato de herencia macronista como el exprimer ministro Gabriel Attal (Renaissance) o su predecesor en el cargo, Édouard Philippe (Horizons) . El único aspirante claro para la izquierda sigue siendo Jean-Luc Mélenchon, que gobierna LFI con mano de hierro.
El politólogo François Dosse va más allá y la define como “catastrófica”. “La unidad de la izquierda le habría dado alguna posibilidad de plantarse en la segunda vuelta, aunque ideológicamente lo que gane enteros ahora sean las ideas de derecha y extrema derecha. Pero ese principio no llegará porque Mélenchon se presenta y está fuera de discusión que ceda el paso a otro candidato. Y ese es el principal problema, porque su figura es muy divisiva. Si LFI hubiera encontrado a alguien menos marcado, menos polarizante, hubiera sido más fácil, porque su programa no es tan radical como podría pensarse. Es la personalidad de Mélenchon la que asusta a un determinado electorado”.
Mélenchon cuenta con un electorado sólido, reforzado en los últimos años con la estrategia de la llamada “Nueva Francia”. Es decir, un proceso de seducción del voto de las periferias, generalmente procedente de la inmigración. Son los famosos 400.000 votos que el líder de LFI siempre esgrime como causa de no haber pasado a la segunda vuelta en las presidenciales de 2022. La aplastante victoria en Saint-Denis ―la principal ciudad de la provincia con más inmigrantes y también la más joven del país― en las últimas municipales del candidato de LFI fue la primera respuesta a la nueva estrategia.
Bally Bagayoko se convirtió en el primer alcalde negro y musulmán de una ciudad de más de 100.000 habitantes y el mejor ejemplo de ese renovado impulso del partido. “Mélenchon tiene una base de votantes muy resistente y tiene una parte de los electores ecologistas orientados hacia él. Respecto a los anteriores comicios presidenciales tiene un electorado potencial mucho mayor”, explica Bruno Cautrès, Investigador del CNRS en el CEVIPOF y profesor en la universidad de Sciences Po.
Mélenchon lleva preparándose para ese escenario desde hace cinco años. “Al final, la disputa será entre los fascistas y nosotros. He organizado toda mi estrategia alrededor de esa división”, explicaba hace dos meses a este periódico. Pero el candidato de LFI es también la figura que más rechazo genera entre quienes no son sus votantes (el 71% de franceses). Un dato que irremediablemente otorgaría la victoria a Le Pen en una hipotética segunda vuelta electoral entre ambos candidatos, situados en los extremos. Y ese es el principal temor de la izquierda. Pero también la esperanza de otra gran figura procedente del socialismo francés.
Mientras todo eso ocurre, la figura más importante del PS que se ha postulado como candidato, el expresidente de la República François Hollande, ha rechazado participar en las primarias. En julio su entorno confirmó que no contemplaba esa idea y ni siquiera participó en el primer debate que mantuvieron los siete principales candidatos en el estadio de Roland-Garros el pasado jueves. “No quiere bajar a ese barro y mancharse tan pronto. Queda mucho partido. La estrategia es otra”, explica una persona de su entorno. “Yo creo que es un error, porque sabe de sobra que el candidato de nuestra familia política tiene que salir de las primarias”, critica Jouvet.
La idea de Hollande, sin embargo, es mantenerse al margen y presentarse eventualmente si el candidato salido de la primaria se desploma en las encuestas. Muchos ven él al único capaz de competir con Mélenchon. “Es la única esperanza que tengo en ese sentido. Está por encima de la melé, de la batalla de egos, porque fue presidente de la República. Tiene esa fuerza. Y aunque no fueran cinco años exaltantes, permiten una relectura actual que podría ser útil. Hizo mejores cosas en ese tiempo que Macron en diez años”, señala François Dosse.
Cautrès también cree que debe tenerse en cuenta seriamente la posibilidad de que Hollande, pese a que terminó su quinquenio siendo el presidente más impopular, acabe como el líder de los socialdemócratas otra vez. “Sí, por supuesto. Es el viejo jefe del estado. Quiere ser candidato, así que hay que tomarlo en serio. La gran cuestión es si su apuesta será positiva para él. No quiere pasar por las primarias. Si la candidatura de Glucksmann no fuera muy positiva, él sería como una especie de recurso. Su imagen ha mejorado mucho. En lo sondeos está entre un 8% y un 9%, y no está nada mal”.
El panorama, coinciden todos los expertos, no se despejará hasta el mes de diciembre. Será entonces cuando comenzarán los acuerdos y muchos de los actuales candidatos, como ocurre siempre en un momento determinado de la vida, reconsiderarán sus ambiciones.
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Celebración de primarias del PS los días 9-10 y 16-17 de octubre.
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