La oportunidad perdida de la izquierda: razones y consecuencias de ir dividida al 29-N
El proceso de negociación entre el Frente Amplio y Podemos concluye en una fragmentación electoral que, según expertos, responde a estrategias de supervivencia de marca sobre la maximización de representación.
Quick Look
- El intento de unidad a la izquierda del PSOE fracasó, resultando en una fragmentación donde Podemos concurrirá mayoritariamente por separado.
- Expertos señalan que la falta de acuerdo responde a una estrategia de Podemos para proteger su marca frente al Frente Amplio.
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Why It Matters
La izquierda a la izquierda del PSOE ha intentado negociar una candidatura conjunta, pero las diferencias estratégicas y la desconfianza mutua han impedido un acuerdo total.
“Espectáculo dantesco”, “vodevil”, “culebrón turco”. Son los términos que han utilizado algunos de los involucrados en las negociaciones para la unión de la izquierda a la izquierda del PSOE al describir el proceso. Los múltiples llamamientos en medios de comunicación y redes sociales para “estar a la altura de la responsabilidad histórica” y responder a “lo que pide la gente” derivaron en reproches mutuos y han concluido en una foto engañosa que tiene más que ver con las expectativas generadas que con las posibilidades reales. En último término, como resume el politólogo Pablo Simón, “se trataba de un juego de incentivos en el que cada formación debía decidir qué quería: maximizar la representación, es decir, que hubiese más tarta para repartir entre todos, o proteger o reflotar la propia marca”. La respuesta a esa pregunta explica, en gran parte, el desenlace de esas conversaciones.
Finalmente, el denominado Frente Amplio y Podemos solo han alcanzado un acuerdo en la Comunidad Valenciana y Canarias. En el resto del territorio, los primeros, encabezados por IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar, han sellado alianzas con otros 11 partidos. Los segundos, un acuerdo de colaboración con ERC para incluir a dos miembros de Podemos en las listas de Esquerra por Cataluña y para que Gabriel Rufián participe, según él mismo ha aclarado, en un acto de campaña con Irene Montero en la capital.
La politóloga Cristina Monge describe esa foto final de desunión como “un problema de percepción”. “Se han unido 15 partidos de izquierda y uno no, pero el que no lo ha hecho, Podemos, tenía ya una representación muy pequeña: está fuera de la mayoría de parlamentos autonómicos, cuenta con cuatro diputados en el Congreso, de cuando se presentó a las elecciones con Sumar, y dos en Europa. Su proyección es más mediática que de base social real y política”.
Podemos carece de arraigo en los territorios. Obtuvo un 0,9% de los votos en los comicios regionales de Aragón; un 0,7% en los de Castilla y León; un 2,25% en Euskadi; un 0,26% en Galicia... Pero esa pérdida progresiva de apoyo electoral no impide que la ausencia de su firma en el acuerdo de la mayoría tenga un coste para el conjunto. Y la razón no solo tiene que ver con las matemáticas y el sistema de reparto de escaños en cada circunscripción, sino, sobre todo, con las emociones.
Incluso cuando ha habido acuerdos sobre la bocina, la batalla previa contaminaba campañas electorales posteriores a cara de perro. Belén Barreiro, directora de 40dB., la casa que hace las encuestas para este periódico, explica: “Para que la unidad funcione electoralmente tiene que ser real y creíble. De eso depende el número de indecisos, la movilización, que haya o no más personas que en este caso contemplen la papeleta del PSOE como voto útil, algo que estamos viendo ya en los sondeos. El unidos, pero no del todo, quiebra la confianza, desilusiona. Y la división es un factor tradicional de castigo electoral, tanto en partidos de izquierda como de derecha, porque lo que transmite al ciudadano es que la pelea es por el puesto, no por políticas públicas. Se dice que en Madrid y en Barcelona no se desperdicia el voto aunque se vaya desunido, porque son lugares donde es más fácil que el porcentaje de voto se traduzca en escaños, pero ese es un argumento mecánico y unas elecciones no van solo eso, sino de la capacidad de generar ilusión. Puede que en esas ciudades no pierdas tanto como en otras, pero lo que haces allí afecta al resto. Con un Vox tan fuerte como está ahora, una unión impecable de las izquierdas no impediría, a día de hoy, el cambio de color del Gobierno, pero, desde luego, les habría dado más escaños”.
“Si el mensaje final tras esa negociación”, añade Monge, “hubiera sido el de un acuerdo histórico entre las izquierdas, se habría generado un efecto ilusionante, pero no porque Podemos sea muy relevante numéricamente, que no lo es, sino por una cuestión de percepción en un contexto en el que lo que necesita, sobre todo, ese espacio es movilizar”. La politóloga contrapone esa negociación “a golpe de tuits y alaracas” al “proceso que ha permitido listas conjuntas del PSOE y el Frente Amplio para concurrir al Senado en 43 provincias, un trabajo discreto, que partió de la sociedad civil, y que lleva fraguándose cerca de un año”.
Gaspar Llamazares, líder de IU entre 2000 y 2008 y muy crítico, en su momento, con la alianza con Podemos, deseaba esta vez un acuerdo total, aun cuando comparte con los politólogos consultados que en este momento era la formación de Ione Belarra “la que necesitaba a Izquierda Unida en las ciudades intermedias y no al revés”. “Las listas al Senado son un acierto que compensa el ruido de Podemos”, concluye.
Que el acuerdo no haya sido total también introduce un factor de confusión. Izquierda unida. Podemos. Unidas Podemos. Más País. Sumar con Podemos. Sumar sin Podemos... Adelante Andalucía. Por Andalucía. Podemos-Equo; Podemos-Alianza Verde; IU-Movimiento Sumar; Podemos-IU-Alianza Verde. Movimiento Sumar-Verdes. Más Madrid-Verdes-Equo. Catalunya Sí que es Pot. Catalunya en Comú-Podem. Comuns-Sumar... Son ejemplos de la ensalada de siglas y de cambiantes fórmulas de coalición o desunión con las que ha tenido que bregar el electorado del espacio a la izquierda del PSOE en los últimos 11 años a nivel nacional y autonómico. Al fracasar la idea de una papeleta conjunta, el próximo 29 de noviembre seguirá haciendo falta un croquis.
“El votante”, explica Simón, “necesita algo identificable para poder decir: ‘Estos son los míos’. Estar cambiando continuamente el nombre de la marca, el logo...es muy mala idea porque la gente no está pendiente de la política todo el rato”. La última encuesta de 40dB. daba a Sumar un 5,3% y a Podemos —que abandonó la coalición apenas unos meses después de las generales—, un 2,3%. En el escenario de una candidatura conjunta, llegarían al 9,5%. Traducido a escaños: cinco para Sumar/Frente Amplio y dos para Podemos en caso de concurrir por separado y 15 si iban juntos.
El trampantojo de algo que nunca pudo ser, como ha admitido ahora el protagonista, una papeleta única para toda España encabezada por el portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián, fue eso: un trampantojo. Para buena parte del electorado de ese espacio político que seguía con ilusión las charlas conjuntas en salones de actos repletos, como la del propio Rufián con Emilio Delgado, de Más Madrid, el pasado febrero, esa era la mejor opción. Lo mostraron enseguida las encuestas. “Rufián”, explica Barreiro, “ya tenía en marzo un apoyo transversal de ese electorado. Claramente, era el favorito, con una diferencia abismal sobre el resto. Era un reclamo popular que no tenían por qué seguir, y de hecho, no siguieron, pero ese era el dato”.
“Yo siempre dije”, declaró Rufián en TVE el pasado viernes, “que nunca iba a dejar ERC. Mi plan nunca fue liderar a la izquierda española, sino intentar encontrar puntos de colaboración”. Sin embargo, esa era la expectativa que había generado, también con frases como esta que pronunció el pasado mayo en el club siglo XXI de Madrid: “Si yo puedo ayudar a que haya una confluencia, una colaboración o un espacio de unión para maximizar resultados electorales ente las formaciones políticas soberanistas y españolas siendo yo el cabeza de lista, p’alante”.
“Era una expectativa”, recuerda Monge, “que apuntaba a que Rufián podía jugar un papel de liderazgo en la izquierda a la izquierda del PSOE. Eso es lo que entendió la gente, entre otras cosas porque él no contribuyó a desmentirlo”. Joan Tardà, uno de los escuderos de Rufián en ERC, ya lo dejaba entrever en una entrevista en EL PAÍS el pasado junio. Preguntado por cómo creía que iban a aterrizar en las listas electorales esos llamamientos a la unidad, contestó: “Rufián se ha colocado de liebre en una carrera de galgos”. Es decir, nunca fue el cazador.
Para entender lo ocurrido, Simón anima a fijarse más en los incentivos de cada parte y menos en los relatos. En ese espacio, explica, hay tres cestas diferentes. “Por un lado, están los independentistas y nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, EH Bildu, ERC, el BNG. Tienen su propio electorado y jamás han ido ni irán en unión total con las izquierdas estatales porque no las necesitan: ya son competitivas, también cuando las izquierdas estatales concurren juntas, y no tienen problema para pactar después, como se vio en 2023. Luego hay una cesta intermedia, la de las fuerzas territoriales regionalistas que, según las circunstancias, pueden juntarse o no con las izquierdas, de un modo similar a lo que ocurría con el PP y UPN o con el PP y el Par. Por ejemplo, ahora a Adelante Andalucía le interesa definirse como una alternativa propia, mientras que CHA hace la lectura inversa porque no se ve tan fuerte y sabe que tenía cierto voto prestado de la izquierda a la izquierda del PSOE. Y en la tercera cesta están los partidos de ámbito estatal, IU y Podemos, a los que hay que añadir a Comunes y a Más Madrid porque, al haber participado en el Gobierno central, no son meros partidos territoriales. Los de esta última cesta son los que, con una fusión efectiva, podrían atraer a más partidos de la cesta intermedia para que no les perjudique el voto disperso y aumentar la movilización, pero no todos quieren lo mismo”.
Para evidenciar que había una parte, el Frente Amplio, que deseaba maximizar la representación, y otra, Podemos, que estaba pensando más en reflotar la marca propia, tanto Monge como Simón y Llamazares ponen los mismos ejemplos (los anuncios del acuerdo con ERC y la convocatoria de primarias) y aluden a idéntico precedente: el análisis de la formación de Belarra de los resultados de las generales de 2023.
“En el momento en el que Montero pacta con Rufián, dejando fuera a los comunes”, opina Simón, “ya se hizo evidente que no había vocación de integración, sino afán de buscar una coartada para que Podemos pudiera decir que no iba solo. Su estrategia es la de los cuarteles de invierno, proteger su marca confiando en poder reflotarla desde la oposición recogiendo el descontento, con una portavoz institucional, Montero, y uno mediático, Pablo Iglesias”. Para Monge, se trata de la vieja estrategia del “cuanto peor, mejor”. “Eso es jugar a que Alberto Núñez Feijóo ya es presidente y su razonamiento es el de marcar perfil propio para recuperar la marca desde la oposición”. El precedente citado para apoyar esa tesis es el análisis que Belarra hizo de los resultados de las generales de 2023, en las que Sumar, la coalición de la que entones formaban parte, obtuvo un 12,3% de los votos, porcentaje que resultó clave para reeditar el Gobierno de izquierdas. Mientras Yolanda Díaz celebraba haber logrado “lo imposible”, Belarra declaró: “La estrategia de invisibilizar a Podemos no ha funcionado electoralmente”. En la posterior negociación de Gobierno, Podemos exigió el Ministerio de Igualdad para Montero, a lo que el PSOE se negaba. Nacho Álvarez, en Podemos desde su fundación y al que Díaz había propuesto una cartera, dimitió de todos sus cargos ante la postura de su partido, que demandaba escoger las carteras. Según Sumar, intentaron buscar una alternativa, incluida Belarra, pero la postura del Podemos era o Montero o nada. Según Podemos, la decisión de echarles del Ejecutivo “estaba tomada desde mucho antes”.
Diversas fuentes del Frente Amplio coinciden en que, aunque ya era muy difícil, todo saltó por los aires con la decisión de Rufián de quedarse en ERC y pactar una colaboración con Podemos en campaña. El acuerdo fue interpretado por Comuns, rival electoral en Cataluña, como un ataque directo: “Venía a unificar las izquierdas y está haciendo todo lo posible por dividirlas”. Llamazares también la define como una de las señales de la falta de voluntad de acuerdo. Preguntadas reiteradamente al respecto en la última semana, tanto Belarra como Montero han insistido en que llegaron a ese pacto porque era “lo que quería la gente”.
Las primarias para elegir a Montero como referente, en todo caso, se celebraron a posteriori. La eurodiputada, única candidata, fue elegida con el apoyo del 90% de los 26.590 participantes. El partido promovió la votación y sus reglas de manera unilateral. Antonio Maíllo, líder de IU, comentó que en un encuentro casual con la exministra de Igualdad por la calle le pidió que le llamara para hablar sobre las primarias, pero ella nunca lo hizo. La participación en esa votación fue un 54,3% más baja que la consulta exprés que la formación convocó en 2023 para autorizar la negociación de la lista con Sumar y supone 600 personas menos de las que reeligieron a Belarra como secretaria general en 2025. Para Llamazares, esa invitación a las primarias “era una broma”. Monge y Simón coinciden. “Era una excusa porque la fuerza de Podemos”, señala este último, “no son sus votos, sino su militancia online. Aquí había que cuadrar muchas organizaciones con distintos estatutos. Si el amago hubiera sido real, se hubiera planteado de otra manera”.
Las formaciones del Frente Amplio se han cuidado mucho de rechazar de manera expresa esas votaciones, aunque Simón cree que deberían haber “recogido el guante y plantear que las primarias fueran presenciales”. La llegada de Ada Colau al liderazgo, después de un pulso con Más Madrid, resucitó la idea de un posible entendimiento. Montero reconoció varias veces en medios que llevaba meses hablando con la exalcaldesa de Barcelona y Colau fijó la entrada de Podemos en la coalición como una prioridad. Pablo Iglesias ya había adelantado en sus intervenciones en medios y redes sociales la estrategia: ir con IU (no el Frente Amplio) en circunscripciones donde la división penaliza más y dejar fuera Madrid y Barcelona, que son más proporcionales. Maíllo respondió que trocear los acuerdos no era una opción aceptable y la propia Colau la rechazó en público, aunque aún con la mano tendida a Montero, poniendo incluso su liderazgo al frente de la candidatura en cuestión.
A poco más de dos horas de que se cerrara el plazo, el Frente Amplio ofreció por escrito a Podemos puestos de salida en las listas de Madrid y Barcelona y una portavocía en el grupo. Ángela Rodríguez Pam, que ocupó la Secretaría de Estado de Igualdad con Montero en el Ministerio, había presionado por la mañana para el pacto cuando Delgado dijo en TVE que habían propuesto que el número dos de la lista en Madrid fuera para la eurodiputada. “Si se les ofrecen puestos de salida que garantizan tener diputados, no hay excusa posible para negarse a un acuerdo. De lo contrario, ¿cuál es el verdadero objetivo de su estrategia?“, tuiteó. En la misma línea se pronunciaron antiguos miembros del partido, así como el diputado Javier Sánchez Serna.
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