La Unión Europea enfrenta fatiga y divisiones en la aplicación de sanciones contra Rusia
Quick Look
- La UE muestra signos de fatiga y división al aprobar nuevos paquetes de sanciones contra Rusia, requiriendo concesiones a miembros como Grecia e Italia.
- Tras 21 paquetes, la dificultad para encontrar nuevas medidas sin afectar intereses nacionales es creciente, llevando a buscar vías como sancionar a terceros países o usar mayoría cualificada.
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Why It Matters
Tras más de cuatro años y 21 paquetes de sanciones contra Rusia por la invasión a gran escala de Ucrania, la Unión Europea enfrenta una creciente fatiga y divisiones internas para aprobar nuevas medidas.
La Unión Europea necesitó seis semanas, tres intentos fallidos y casi una noche de negociaciones maratonianas para sacar adelante el último paquete de sanciones contra Rusia. No fue un tropiezo aislado. Apenas tres meses antes, el anterior estuvo bloqueado 76 días por el veto cruzado de dos países, Eslovaquia y Hungría. Veintiún paquetes y más de cuatro años después de que la UE lanzara sus primeras sanciones a la órbita del Kremlin por la invasión a gran escala de Ucrania, la maquinaria que avanzaba casi al unísono, con la excepción del húngaro Viktor Orbán, empieza a mostrar signos de fatiga. No porque la Unión Europea haya dejado de castigar a Moscú, sino porque lo que ya está en la lista es tan numeroso que ahora cada vez le cuesta más encontrar algo nuevo que sancionar sin que algún socio se levante de la mesa.
La Comisión presentó el paquete 21 como el mayor conjunto de sanciones individuales aprobado desde el inicio de la guerra, con 218 personas y entidades señaladas. Desde bancos a barcos que forman parte de la flota en la sombra con la que Rusia sortea las restricciones para mover sus hidrocarburos. Lo que no contó, al menos no con ese detalle, fue todo lo que tuvo que ceder para conseguirlo: una excepción para que una naviera griega pudiera seguir transportando gas natural licuado ruso a terceros países, la retirada completa de la prohibición de importar bacalao y abadejo rusos, una rebaja sustancial de las restricciones de visado a exmilitares o el permiso, tan pintoresco como revelador, para que Italia y Grecia sigan comprando piel de marta cibelina rusa con la que vestir a la alta costura europea.
La UE no está lejos de alcanzar su “pico de sanciones”, opina Jacob Funk Kirkegaard, investigador del think-tank económico Bruegel, es decir, el punto en el que los gobiernos empiezan a priorizar sus intereses económicos nacionales por encima de nuevas restricciones a Rusia. “Lo que queda son, digamos, unas lonchas de salami muy finas”, explica en conversación telefónica. Lo más delicado, elementos que, si no se han tocado en dos decenas de paquetes anteriores, suele ser precisamente porque algún Estado miembro tiene un motivo —y un poder de veto real, ya que las sanciones se aprueban por unanimidad— para impedirlo.
Desde febrero de 2022, cuando uno de los primeros paquetes europeos de sanciones congeló los activos del presidente Vladímir Putin y del ministro de Exteriores Serguéi Lavrov, la UE ha ido construyendo un cerco económico que hoy incluye la inmovilización inédita de unos 210.000 millones de euros en reservas del banco central ruso. Además, la UE ha aprobado la desconexión de los principales bancos rusos del sistema de mensajería financiera SWIFT; un embargo al petróleo ruso transportado por mar acompañado de un tope de precio impulsado junto al G7; la prohibición de importar carbón, madera y vodka; el veto a los diamantes rusos, que privó a Moscú de una fuente de ingresos estimada en 4.000 millones de euros al año; el bloqueo de acceso a puertos europeos para más de 670 buques de la llamada flota fantasma de Rusia, y la retirada de licencias a medios de comunicación como RT y Sputnik.
Además, la lista negra de sanciones individuales de la Unión suma ya miles de nombres, desde diputados de la Duma hasta empresarios del sector militar, pasando, en el último paquete, por más de un centenar de bancos y operadores de criptomonedas, más de 40 buques de la flota fantasma y varias refinerías de petróleo en Rusia y Bielorrusia. El objetivo declarado por Bruselas en cada ronda es el mismo: privar al Kremlin de los ingresos con los que financia la guerra y encarecer, sector a sector, el coste de mantenerla.
Pero la invasión a gran escala va camino de su quinto año sin perspectivas de un alto el fuego. Y la UE trabaja ahora para seguir manteniendo el ritmo de las sanciones, que no solo mandan un mensaje a Rusia (y a Ucrania), sino que además suponen un desgaste para la economía rusa. Un ejemplo es que la factura que Moscú logró cobrar el cuarto año de guerra fue un 27% menor que antes de la invasión, según el rastreador de exportaciones rusas del think-tank finlandés CREA. Y otro: las ventas a la UE, antes su mercado estrella, se desplomaron un 36%.
“El problema es que la estrategia de las sanciones que se ha aplicado, una larga lista ómnibus, que mezcla distintos tipos de medidas y nombres, se está volviendo más complicada”, reconoce un diplomático de Bruselas. El paquete 21 es un ejemplo de ello. No logró salir adelante hasta que se acordó diluirlo por las reclamaciones de Alemania y Portugal sobre el pescado ruso, de Francia e Italia por los visados, de Austria, que negoció una salida para los activos rusos ligados al banco Raiffeisen o de Bulgaria, que logró retirar de la lista negra al patriarca de la iglesia ortodoxa rusa Kirill. Además, en un episodio inédito, Grecia logró incluir una referencia explícita que enmienda un paquete anterior para que Dynagas, una de sus grandes navieras, pudiera seguir transportando gas ruso a terceros países.
Ante ese bloqueo creciente, Kirkegaard distingue dos vías por las que ya está discurriendo la política de sanciones europea. La primera consiste en apuntar cada vez más hacia empresas de terceros países, como las 14 compañías chinas sancionadas en los últimos meses por sus vínculos con la industria de defensa rusa. Es un terreno más cómodo políticamente, señala, porque no hay detrás ningún interés nacional europeo especialmente poderoso o bien conectado dispuesto a bloquearlo, aunque conlleve el riesgo de represalias. De hecho, Pekín ya respondió con contramedidas inmediatas.
La segunda vía es más delicada porque supone sacar ciertas cuestiones del paraguas de las sanciones, que requieren unanimidad, y reconvertirlas en política comercial o energética ordinaria, sujeta a mayoría cualificada. Es la única forma, opina Kirkegaard, de sortear vetos como el griego sobre el transporte de gas licuado a terceros países, algo que por la vía de la unanimidad, admite, “está claro que nunca vas a superar”. Trasladar esas competencias, avisa el experto, no será sencillo.
De cara a los próximos paquetes, el economista de Bruegel cree que el terreno más prometedor ya no está en inventar nuevas categorías de restricciones —casi siempre acaban protegidas por algún Gobierno nacional en cuanto tocan un interés concreto—, sino en perseguir con más contundencia la elusión de lo ya aprobado. Pone como ejemplo los misiles rusos que Ucrania ha ido desmontando en el frente, y que han revelado componentes tecnológicos occidentales llegados a Rusia a través de intermediarios en terceros países. De cara al futuro, resume Kirkegaard, el verdadero margen de maniobra está más en la aplicación efectiva que en cualquier otra cosa.
Desde Bruselas insisten en que el balance, pese a todo, sigue siendo favorable a Europa. Según cifras presentadas por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la economía rusa se desacelera con fuerza; más de dos tercios de los activos líquidos del fondo soberano del Kremlin han desaparecido y los ingresos energéticos rusos cayeron en torno a un 40% a comienzos de este año. Lo que ya nadie en Bruselas se atreve a garantizar, ni siquiera quienes diseñan las sanciones, es que la Unión Europea pueda seguir presionando a Moscú al mismo ritmo con el que lo ha hecho hasta ahora.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
La UE se enfocará más en sancionar a empresas de terceros países vinculadas a la industria de defensa rusa.
Likely · Within months
La UE buscará trasladar ciertas cuestiones de sanciones a políticas comerciales o energéticas sujetas a mayoría cualificada.
Possible · Within months
Open Questions
- ¿Cómo afectarán las represalias chinas a futuras sanciones a terceros países?
- ¿Qué impacto tendrá el cambio a mayoría cualificada en la política de sanciones de la UE?
- ¿Será suficiente la aplicación efectiva de las sanciones existentes para mantener la presión sobre Rusia?






