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Lo que está en juego
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La Vanguardia2 hours agoPolitics6 min readSpainView translation

Lo que está en juego

El panorama político español se tensa ante la proximidad de los comicios, marcado por la incertidumbre electoral, las divisiones en la izquierda y la presión sobre el sistema de pensiones.

Quick Look

  • El electorado español muestra inquietud ante las elecciones del 29 de noviembre.
  • Mientras el PSOE y la derecha ajustan sus estrategias, las divisiones en la 'izquierda de la izquierda' y las protestas por la vivienda en Madrid marcan el clima político actual.

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Why It Matters

España se prepara para unas elecciones generales el 29 de noviembre tras un periodo de alta tensión política. El sistema de pensiones y la crisis de vivienda son los ejes centrales del debate.

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Más de la mitad de los españoles observan las elecciones del 29 de noviembre con inquietud. No es una mera impresión, hay estudios al respecto. El sociólogo Ignacio Urquizu, actual director general de Metroscopia, lo explicaba hace unos días en la cadena Ser. Más de la mitad de los votantes del Partido Popular y de Vox se muestran convencidos de que el bloque conservador va a ganar, pero un cuarenta por ciento expresa inquietud. No están seguros. En la izquierda predomina la inquietud, especialmente acusada entre los electores que dieron su voto a Sumar hace tres años. Hay motivo. El bochornoso espectáculo que ha dado esta semana la denominada ‘izquierda de la izquierda’ dibuja una siniestra perspectiva. Aunque el PSOE crezca, aunque llegue a ser el partido más votado, posibilidad que hoy no se puede descartar, puede encontrarse con un desierto a su alrededor en el Congreso. No ocurrirá lo mismo en el Senado.

Inquietud en la izquierda e inquietud también en un amplio segmento de la derecha. Mucha gente teme que su afinidad política pierda en unas elecciones decisivas. Para unos se trata de echar de una vez a Pedro Sánchez, al que la derecha ha distinguido con la gran cruz del aborrecimiento, por decirlo con la suave ironía del escritor Ignacio Peyró en un reciente artículo en el diario El País (Peyró es el más elegante columnista del ámbito conservador). Para otros, se trata de evitar un gobierno administrado por el Partido Popular bajo dirección estratégica de Vox, que dé un fuerte volantazo a la derecha y recorte el Estado social dando vivas a España.

Recordemos que el PSOE, en solitario y últimamente en alianza con otros grupos de izquierda, ha gobernado más de la mitad del periodo democrático: 29 años y cinco meses sobre un total de 49 años y cuatro meses. La matriz principal de la democracia española sigue siendo socialdemócrata, con pinceladas neoliberales, cierto; con potentes brochazos neoliberales. Hemos tenido un claro ejemplo de ello esta semana. Por equivocación o por inexperiencia, quizás por las dos cosas a la vez, la portavoz parlamentaria del Partido Popular, Ester Muñoz, dejó caer en un podcast que el sistema de pensiones español está “petado”. Seguramente repetía lo que oye decir en casa a los mayores. De inmediato se armó la de San Quintín.

La novel Muñoz se vio obligada a rectificar y, en un programa nocturno de televisión, el director de Ok Diario, Eduardo Inda, locuaz derechista, reprendió públicamente al Partido Popular: “Callad, callad, no digáis nada de las pensiones, ¡cómo se os ocurre!, esperad a ganar, mejor dicho, esperad a haber formado gobierno, y entonces haced lo que tengáis que hacer”.

El cinismo de Inda no es ninguna novedad, pero no deja de sorprender la desfachatez de su mensaje ante unas elecciones de gran calibre. Una vez más queda demostrado que no hay mucha disciplina en el bloque ideológico de la derecha española. Esta es una historia antigua; muchas veces ha sido así. No logro imaginarme al director de un diario digital del bloque conservador italiano poniendo en apuros en televisión a Giorgia Meloni en estos momentos, cuando en ese país faltan pocos meses para unas elecciones legislativas que probablemente también se van a adelantar. Están muy pendientes de España.

El lenguaraz Inda ha metido al PP en un aprieto en los primeros segundos de un partido de baloncesto yugoslavo, uno de esos trepidantes encuentros que no se decidían hasta el último minuto, después de muchas faltas personales, tiempos muertos, triples agónicos y una gran bronca en las gradas. Núñez Feijóo ha tenido que pedir tiempo para dar garantías al electorado de que el PP no revisará a la baja el sistema de pensiones y que las actualizará conforme al crecimiento del IPC. (El portavoz económico del partido matizó más tarde que esa actualización se llevará a cabo si las condiciones económicas del país lo permiten).

Hay pánico a ese tema en Génova. La fortaleza electoral del Partido Popular reside en estos momentos en los mayores de 55 años. Esa es su franja de edad más fuerte. El PP no puede romper el marco socialdemócrata cincuenta días antes de las elecciones. Ni siquiera puede hacerlo Vox. La semana que viene viajará a Madrid el presidente argentino Javier Milei, invitado por Santiago Abascal. Será interesante ver en qué términos se expresa el presidente argentino. Tengo la impresión de que veremos a un Milei un poco más calmado. Quizás me equivoco. La imagen de la motosierra no interesa hoy a la derecha española.

El partido de Abascal se está moviendo desde hace meses con verdadera disciplina, concentrando la artillería sobre Sánchez, centrando el foco en Ceuta y en la inmigración, sin abrir más frentes de combate ideológico con la izquierda. Ya no se habla tanto del feminismo, tema estelar de la extrema derecha hace siete años. Vox intenta evitar los errores cometidos en la campaña electoral de julio del 2023. Extrema prudencia en Catalunya, donde intentarán captar a una parte del potencial electorado de Aliança Catalana, organización independentista que no se presentará a las elecciones generales españolas. (Nominalmente, AC es radicalmente independentista, pero más del 50% de sus simpatizantes se muestran algo tibios al respecto; lo que más les atrae del discurso de Silvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, es la inflamada oratoria antiinmigración y el rechazo visceral a los musulmanes).

El marco principal sigue siendo socialdemócrata y, por esta razón, la portavoz del PSOE, Montserrat Mínguez, militante del PSC, se ha visto obligada a presentar la renuncia después de que trascendiese la información de que su marido dirige una inmobiliaria con más de 30 pisos en propiedad. No es inmoral dedicarse al negocio inmobiliario (aunque se cometen inmoralidades en ese sector), pero el Partido Socialista ha convertido el caso Maricarmen en la enseña de su recuperación política. Cuando el PSOE levanta listones, los primeros en caer suelen ser cuadros socialistas. Ya ha ocurrido en ocasiones anteriores.

La dimisión de Montse Mínguez es el precio que paga el Partido Socialista para que la acampada de la Puerta del Sol no se vuelva en su contra. Esa acampada es telúrica. Se ha convertido en un nódulo muy sensible del momento español. La presidencia de la Comunidad de Madrid ordenó ayer el cierre de la estación de Sol, en la que se cruzan tres líneas de metro y dos líneas de cercanías, para enemistar a los usuarios del transporte metropolitano con los jóvenes acampados en la plaza. La disciplinada acampada no está dirigida por ninguna fuerza política representada en el Parlamento, conviene retener ese dato. Sus principales animadores, el Sindicato de Inquilinas y la Coordinadora Juvenil Socialista, son instancias nuevas, totalmente desvinculadas de Podemos, la formación política que más reclamó la herencia del 15-M.

A medida que nos aproximemos al 29 de noviembre, la tensión alrededor de Sol irá en aumento. Los sindicatos Comisiones Obreras y UGT han convocado una huelga general para el 11 de noviembre para vincular las reclamaciones sindicales a la cuestión de la vivienda. Los dos sindicatos, principalmente Comisiones Obreras, no quieren verse desbordados por nuevas instancias sociales, pero el seguimiento de esa convocatoria es hoy una incógnita. Ya ha comenzado en Madrid la campaña para desacreditar el alcance de esa protesta.

El marco principal sigue siendo socialdemócrata; Sol es un fusible, PSOE y Vox son los dos partidos que hoy marcan el ritmo del debate político, el PP está teniendo problemas de foco, la ‘izquierda de la izquierda’ acaba de dar un espectáculo bochornoso, la sorpresa es el acuerdo de las izquierdas para el Senado, la reinterpretación de las encuestas del CIS se ha convertido en el nuevo deporte nacional, se está desvaneciendo la hipótesis de una mayoría de derechas con 200 diputados, y se impone, a izquierda y derecha, la sensación de que las elecciones generales del 29 de noviembre serán las más importantes que se habrán celebrado en este país en muchos años.

Segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, elecciones legislativas en Israel, elecciones de medio mandato en Estados Unidos y elecciones generales en España. Esta es la secuencia de los próximos cincuenta días. Estamos en primera línea. En todas esas elecciones, y en las que vendrán después (Italia, Francia y Polonia en 2027), se decide el futuro de América y de Europa. Es mucho lo que está en juego y la sociedad lo está percibiendo.

Es mucho lo que está en juego y la ‘izquierda de la izquierda’, la gran novedad política del periodo 2015-2023, acaba de cerrar una semana sin sentido que les pasará facturas en las urnas. Esta crónica ha sido cerrada a las 0,45 h. de la madrugada del sábado, 17 de octubre. A medianoche, el denominado Frente Amplio y Podemos no habían logrado cerrar un acuerdo para presentarse juntos en todo el país. Ha habido algunos acuerdos a nivel autonómico, el más relevante de los cuales se refiere a la Comunitat Valenciana, pero no hay acuerdo general. El principal motivo de desavenencia es la lista de Madrid. En Madrid se registró la primera escisión de Podemos (Más Madrid nace en 2018 tras la ruptura entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón), y en Madrid se volverán a enfrentar ahora. Siempre se regresa al lugar del crimen. Las escisiones en la izquierda emanan efectos tóxicos durante muchos años.

Catalunya es caso aparte. Desde Barcelona, Gabriel Rufián ha engañado a muchos durante meses para fortalecerse como candidato de ERC. Con notable talento escénico ha hecho creer que podía ser el líder reagrupador. Ciento cincuenta y cinco monedas de plata y algunas piezas de cobre. Con ese capital simbólico, Rufián acudirá a las elecciones, diciendo que él hizo todo lo que pudo para unir a la izquierda.

Mucha gente se siente decepcionada por la comedieta de esta semana y ello puede traducirse en una mayor decantación de voto útil en favor del PSOE. Los espacios políticos no son propiedad de nadie. En 2015, Podemos estuvo a punto de superar al PSOE, pero en 2008, los socialistas habían dejado a Izquierda Unida con solo dos diputados en el Congreso. No hay espacios, hay dinámicas.

También a medianoche se supo que el PSOE y el Frente Amplio han llegado a un acuerdo para concurrir juntos al Senado en 40 provincias, bajo la denominación 'Senado de Progreso'. Con esa candidatura unitaria, la izquierda podría asegurarse el control de la cámara alta en la próxima legislatura, con la consiguiente incidencia en la renovación del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial. El acuerdo se ha negociado con mucha discreción y profesionalidad, en vivo contraste con la patética discusión para las listas del Congreso entre el Frente Amplio y Podemos.

Observemos bien un rasgo de la situación. Es tiempo de movimientos disciplinados.

What to Watch

AI outlook — possibilities, not facts

  • Huelga general convocada por sindicatos para el 11 de noviembre.

    Likely · Within weeks

Open Questions

  • ¿Lograrán el Frente Amplio y Podemos cerrar un acuerdo nacional?
  • ¿Cuál será el impacto real de la huelga del 11 de noviembre?

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This article was originally published by La Vanguardia.

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