
El Gobierno y la oposición señalan a Jean-Luc Mélenchon como responsable de los disturbios mientras el país enfrenta toques de queda y daños en infraestructuras.
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Francia enfrenta una ola de protestas y vandalismo tras semanas de manifestaciones. La clase política debate la responsabilidad de LFI en los disturbios.
Francia está asediada por las protestas y el vandalismo desatado tras las manifestaciones de las últimas semanas. Unas 800.000 personas salieron en unas 110 marchas a la calle el sábado. Después llegaron los saqueos y los incendios. Murió una persona, y los ayuntamientos de Limoges, Marsella y Lille sufrieron gravísimos daños. Hay más de 2.000 detenidos, y las grandes ciudades de Francia decretaron toques de queda por las noches. El Ejecutivo ha admitido haber perdido el control de la situación, el ministro del Interior presentó su dimisión, aunque fue rechazada por el presidente de la República, Emmanuel Macron. Pero antes de que se apagaran los primeros incendios, la clase política ya tenía un culpable: Jean-Luc Mélenchon.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, señaló la responsabilidad del partido de izquierda radical La Francia Insumisa (LFI) desde el mismo sábado. Después se fue sumando todo el arco político. Édouard Philippe, principal candidato del centroderecha en las próximas elecciones presidenciales, acusó a los insumisos de cuestionar los cimientos de la República. Raphaël Glucksmann, el candidato socialdemócrata, le reprochó apostar por el caos y servir de escalón a la extrema derecha. La familia socialdemócrata, representada por el candidato a las elecciones presidenciales de 2027, tiene graves dificultades para hacerse oír en medio de los enfrentamientos verbales entre LFI y el bloque presidencial. Y Gabriel Attal, Bruno Retailleau y la ultraderechista Marine Le Pen se sumaron a la quema. “Las reivindicaciones sociales han sido secuestradas por la extrema izquierda”, señaló la ultraderechista. Macron prometió que quienes intentaron derrocar a la República responderán por ello, refiriéndose veladamente al partido izquierdista.
La Asamblea Nacional abrirá una comisión de investigación para esclarecer lo que ocurrió el sábado pasado, los fallos en el dispositivo de seguridad y señalar a los principales agitadores. Los toques de queda se han reeditado en las principales ciudades francesas como París, Niza, Lyon o Lille. En la capital la prefectura aseguró que se mantendrá “durante todo el tiempo que sea necesario”. El martes, además, las primeras informaciones han revelado que el autor del incendio que destruyó el ayuntamiento de Limoges era un militante de ultraizquierda fichado como peligroso por el ministro del Interior. Y ahí ya todo el mundo volvió la vista definitivamente hacia la formación de Mélenchon.
La realidad es que LFI tiene una implantación entre los estudiantes y las periferias urbanas extraordinaria. También que sus votantes son bastante impermeables a este tipo de críticas. Pero el cóctel, a medio plazo, puede ser nocivo para la formación, que intenta achicar agua. Su líder habló de una “crisis de régimen” y denunció un mando policial aberrante en París que “abrió la puerta al caos”.
La defensa de Mélenchon tiene argumentos. El diario digital Mediapart publicó esta semana un intercambio de mensajes escritos el 18 de octubre en los que un comisario de la inteligencia territorial se queja a sus colegas de que se les pida escribir que LFI está detrás del movimiento. Afirma que es objetivamente falso, en opinión general de su servicio, y concluye: “Forzosamente hay decisiones políticas”. Mélenchon va más lejos y dice que la cúpula del servicio pide implicar a LFI sabiendo que no es verdad. El Ministerio del Interior niega haber dado esas instrucciones.
Mathilde Panot, jefa del grupo parlamentario de LFI, se lanzó en tromba contra el primer ministro en la tarde de este martes en la Asamblea. “Está cruzando un límite inadmisible. Nos señala como responsables de los problemas que ustedes mismos han creado para eludir la responsabilidad por su desastroso balance”, afirmó.
Lecornu, que anunció que el dispositivo de seguridad para la manifestación que han vuelto a convocar los chalecos amarillos será “masivo”, calificó de “absolutamente escandalosa la manera en que La Francia Insumisa han instrumentalizado este artículo de Mediapart, que se hace eco de unas declaraciones extraoficiales de un comisario de policía anónimo. ”En Francia no existe el espionaje político; las fuerzas policiales no trabajan para vigilar a la oposición", insistió el primer ministro, a quienes algunos piden que bloquee determinadas redes sociales para evitar nuevas convocatorias de revueltas.
La aritmética pesa
La corriente general contra LFI invita a pensar en elementos que van más allá de las revueltas. Detrás del ruido hay una cuenta precisa. A principios de octubre, la media de sondeos daba a Le Pen un 34,2% en la primera vuelta, seguida de Édouard Philippe (17,5%) y Mélenchon (16,2%). Este último había ganado 3,3 puntos en un mes. En el último Elabe para BFMTV (14-16 de octubre), Le Pen tiene 34,8%, Mélenchon 16,6% y Philippe 15,5%. Glucksmann acaba de ganar la primaria socialista, el 11 de octubre, sin haber despegado todavía. El segundo puesto, el que da acceso a la final contra Le Pen, se decidirá, si no cambian mucho las cosas, entre Mélenchon y Philippe. Y el miedo del llamado Frente Republicano, el espectro central de la política francesa, es conocido: si el líder de LFI llega a esa final, Le Pen tendrá una autopista hacia el Elíseo.
El cerco no empezó el sábado. El 1 de octubre Matignon atribuyó la violencia a una “maniobra organizada por LFI y sus proxies de la ultraizquierda”. Ese mismo día Retailleau planteó prohibir el partido, aunque admitió que sería muy difícil en derecho. Mélenchon respondió entonces: “Y por supuesto, es culpa de LFI”.
La campaña contra LFI echa raíces en algunos episodios pasados. El partido mantiene lazos con movimientos violentos, empezando por la Jeune Garde (Guardia Joven), de los que nunca ha querido renegar. En febrero, la muerte del activista de extrema derecha Quentin Deranque en Lyon, en un ataque en el que fue detenido un asistente parlamentario de Raphaël Arnault, un diputado insumiso, ya había abierto el debate sobre un cordón sanitario en torno a LFI.
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La Asamblea Nacional abrirá una comisión de investigación sobre los disturbios.
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