Marina Echebarría, consejera de Competencia: “Me ha tocado ser un símbolo de que las barreras se rompen”
La catedrática de Derecho mercantil y activista LGTBIQ+ asume su cargo en el organismo regulador tras una trayectoria académica y política marcada por la superación de barreras.
Quick Look
- Marina Echebarría Sáenz, catedrática de Derecho mercantil y activista LGTBIQ+, se convierte en la primera persona trans en el consejo de la CNMC.
- Su nombramiento, propuesto por Sumar, destaca por su perfil técnico frente a la polarización política.
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Why It Matters
Marina Echebarría fue nombrada consejera de la CNMC el 22 de julio tras ser propuesta por Sumar. Es la primera catedrática trans en la universidad española.
Marina Echebarría Sáenz (San Sebastián, 63 años) es la primera persona trans que forma parte del consejo de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). El currículum de la catedrática en Derecho mercantil, e histórica activista LGTBIQ+ combina títulos y distinciones en su ramo, basados en casi cuatro décadas como profesora en la Universidad de Valladolid, junto con galardones como el premio Pluma de la Federación Estatal LGTBI+.
Echebarría explica en su ciudad cómo se ha convertido en un referente trans, ahora desde un alto cargo institucional. En su trayectoria ha tenido que enfrentar campañas de odio, como los ataques en las pasadas elecciones autonómicas, cuando fue número dos de Izquierda Unida (IU) por Valladolid: “Me ha tocado ser un símbolo de que las barreras se rompen”.
La jurista especializada en Derecho mercantil conversa en un bar de su barrio de Valladolid, desde donde se desplaza a Madrid en tren varios días a la semana, ida y vuelta en jornadas intensas, un cambio vital y profesional que conlleva abandonar “la zona de confort” de esas dos almas entre las que late: los pulsos del mercado y la lucha LGTBIQ+.
“Tengo un perfil atípico, profesora universitaria catedrática que ha llegado hasta arriba y además activista; no me ha ido mal”, expone la nombrada consejera de la CNMC el pasado 22 de julio tras proponerla Sumar como miembro de la Sala de Supervisión Regulatoria. Esta designación en este órgano independiente de vigilancia, “que no es decorativo, sino que influye en cuestiones clave como los peajes o imponiendo multas millonarias”, se une a su amplio historial como emblema del colectivo.
Echebarría fue la primera trans en la universidad española. La docente habla de su labor académica, coronada por más de 100 publicaciones y por haberse convertido en experta en cuestiones tecnológicas que la han llevado a su nuevo puesto en Madrid. Allí lidiará con la aplicación de reglamentos europeos en materias como la protección digital en amenazas virtuales como la pornografía infantil, el juego o el bloqueo de ciertos contenidos, algo que choca con la “crispación política”. “En otros tiempos serían cuestiones técnicas de Estado y de interés general, es muy triste la lucha sin cuartel”, observa la catedrática. Reconoce cierta frustración ante ataques como los que sufrió al poco de entrar en la CNMC, por una supuesta “connivencia con un Gobierno ilegal y con la corrupción”.
Echebarría resta importancia a las acusaciones de partidismo por su vinculación a formaciones de izquierdas y rebate que con cualquier Ejecutivo ha habido nombramientos con historiales políticos concretos: “El que quiera que lo utilice, pero no pueden pretender que quien llegue a cierto nivel no tenga un pasado”. Ella insiste en que su vida personal y su activismo LGTBIQ+ no han tenido nada que ver en su designación más allá de los bulos interesados sobre posibles “cuotas”, emitidos por “agitadores en redes y la prensa no seria”. El resto, defiende, no ha mostrado ningún problema.
“Esto no debería ser considerado noticia”, reflexiona, pero la tensión social y la ola reaccionaria conllevan campañas de odio que afectan a todo el colectivo. Ahí existe una pinza entre la ultraderecha y las feministas transexcluyentes, lo cual “convierte tu vida en un debate social”. “El odio no es fácil de entender”, zanja. La furia late más en las redes sociales, pero ella se define como “resistente”: “Si te atreves a ser pública pagas un precio”.
La consejera de la CNMC lleva décadas en el movimiento y conoce este tipo de reacciones, pero Juan Gascón, cabeza de lista por IU en Castilla y León los pasados comicios, aún se asombra: “Marina es una referente LGTBIQ+, en su militancia social, política y en su labor profesional. Hacer la campaña con ella me ha permitido conocer cómo funciona el odio de determinados grupos contra las activistas trans”.
Gascón la define como “una persona muy formada políticamente, cercana, humilde”. Aunque celebra su puesto en la CNMV, “necesitamos gente como ella en los espacios de poder”; reconoce que le apena la “pérdida en la izquierda transformadora de un perfil como el suyo, catedrática de Derecho mercantil en un espacio bastante hostil para la izquierda”.
Echebarría destaca que en los últimos años la brecha de género se ha ido estrechando en la universidad y bromea con que a menudo mira hacia atrás y se siente como en una película: “Te preguntarás cómo he llegado hasta aquí”.
A veces, tiene ganas de escribir un libro sobre sus vivencias, complejas, a veces duras, y fuera de lo convencional. Clave fue el año 2020, cuando se convirtió en la primera catedrática trans, y en una facultad de Derecho de Valladolid, con prejuicios conservadores que no percibió. El profesorado la apoyó, “hubo algún sorprendido, pero todo civilizado”, y sus alumnos fueron “estupendos”.
Echebarría sonríe al evocar cómo se ha ido encontrando con esos exalumnos en la propia CNMC, como directivos de grandes empresas energéticas o estratégicas o en lustrosos despachos de abogados: “Son como mis polluelos; algo habremos hecho bien en este noble pueblo castellano”.
Open Questions
- ¿Cómo afectará su perfil a las futuras decisiones regulatorias de la CNMC?






