
Estudiantes, chalecos amarillos y sindicatos se unen en manifestaciones masivas mientras el Gobierno endurece la respuesta policial
AI-generated summary
El movimiento de los Chalecos amarillos surgió en 2018 contra impuestos a combustibles. Las protestas actuales combinan demandas estudiantiles por la educación pública con el descontento por el coste de vida.
Los estudiantes de secundaria, los Chalecos amarillos, los agricultores y los sindicatos han unido fuerzas en la "convergencia nacional" de este sábado, con medio millar de manifestaciones convocadas en toda Francia. El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha convocado una célula interministerial de crisis y el ministro de Interior, Laurent Nuñez, ha autorizado el uso de granadas aturdidoras en el caso de violencia.
La jornada ha arrancado con máxima tensión en las grandes ciudades, ante el temor de enfrentamientos con la Policía que han causado en tres semanas más de 8.000 detenidos y 1.300 heridos en los bloqueos y protestas por la precariedad de la educación pública. La reactivación del movimiento de los Chalecos amarillos contra los impuestos a los combustibles y por el coste de la vida, que paralizó el país en el otoño del 2018, ha añadido una preocupación extra a las fuerzas de seguridad, en medio de duras críticas por la represión policial.
En París, tras los disturbios recientes en la plaza de la Nación y ante la cúpula de Los Inválidos, los organizadores y la Policía han mantenido un pulso hasta última hora para autorizar la marcha en la capital, que ha partido a las dos de la tarde de la plaza de la República y llegará la plaza de Clichy. Las fuerzas antidisturbios están desplegadas durante todo el trayecto, así como en los alrededores del palacio del Elíseo y de Matignon. La Policía ha advertido que todas las concentraciones "no declaradas" están prohibidas desde las siete de la mañana a las diez de la noche.
El arranque de la marcha ha estado precedido de una primera carga policial y una lluvia de gases lacrimógenos. La Policía ha formado un cordón policial y ha controlado férreamente el acceso a la plaza, semicubierta por una nube. Miles de manifestantes, muchos de ellos con mascarillas del Covid, han entonado gritos de "Todos detestamos a la Policía".
En la capital, con 133 detenciones a las dos de la tarde, la Policía ha justificado el lanzamientos de gases lacrimógenos "en respuesta a un centenar de individuos violentos, esencialmente de ultraizquierda, que atacaron a los agentes" y han causado daños contra la propiedad, incluido un coche incendiado.
"La Policía dice que responde a la violencia, pero no deja de intimidarnos de principio a fin de las manifestaciones", se lamentaba Lauraine, de 16 años, estudiante del instituto Sophie Germain, que ha acudido a la marcha parisina con una pancarta donde podía leerse: "Bienvenidos a la Lacrimodemocracia". "Es la tercera vez en 10 días que nos gasean por salir a la calle a reivindicar nuestros derechos, esto no ocurre que yo sepa en ninguna otra democracia".
En un ambiente festivo, pese a los enfrentamientos iniciales con la Policía, decenas de miles de manifestantes han enfilado por el bulevar Magenta en un inusual recorrido hacia la plaza de Clichy, el único trayecto autorizado por la prefectura de París. Los antidisturbios han usado no solo gases lagrimógenos, también cañones de agua para hacer frente a los primeros conatos de violencia. Decenas de personas, muchos de ellos con mascarillas y pasamontañas, se han encaramado a la estatua de la República profiriendo gritos contra la Policía y haciendo coro al "¡Macrón dimisión!", una de las consignas más oídas.
A los pies del monumento, vestido de Jesucristo con una cruz a cuestas y arrastrando un surtidor de cartón que marcaba 108 euros por 30 litros de gasolina, Gilbert Delors se unió a "la madre de todas las protestas". "Estamos llegando a una situación límite, mucho peor que la que sacó a la calle a los chalecos amarillos", advertía Delors. "La vida diaria empieza a ser un via crucis para la mayoría de los franceses, menos mal que los jóvenes han tomado la iniciativa".
Amaury Perrault, de 52 años, desempolvó su viejo chaleco amarillo como tantos de su generación "para unirme a esta nueva causa que nos afecta a todos, como padres preocupados por el presente y por el futuro que estamos creando para nuestros hijos". Sostiene Perrault que estamos ante "un nuevo movimiento que va a ir a más y que va a hacer caer a más de un político: no pueden esconder la cabeza bajo tierra y decir que todo esto es violencia urbana".
En Marsella, la primera manifestación arrancó por la mañana también bajo una lluvia de gases lacrimógenos. Ya a primera hora de la tarde, los manifestantes han forzado la entrada al Ayuntamiento y el alcalde, Benoit Payan, ha tenido que pedir refuerzos policiales al presidente Macron. En Lyon se ha vandalizado una oficina de turismo y se declaró un incendio en la plaza Bellacour.
En Rennes se produjeron también a primera hora de la mañana los primeros conatos de disturbios y en Lyon hubo incidentes protagonizados por "un grupo hostil de un centenar de personas en las ribera del Ródano", según ha informado la Policía. La prefectura local ha advertido que "no se tolerará ningún bloqueo de ejes viarios principales ni en infraestructuras clave o esenciales". En el barrio de Canebiére en Marsella, un grupo de jóvenes -algunos de ellos con chalecos amarillos- han atacado una comisaría de Policía y ha cortado el tráfico con una barricada de cubos de basura quemados en plena calle.
Emmanuel Macron pidió "calma" a la población durante una intervención en Bruselas el viernes por la noche. Ausente del país durante gran parte de las movilizaciones estudiantiles, el presidente reclamó "ética y proporcionalidad" a sus ministros tras las escenas de violencia de las últimas semanas. Su primer ministro adoptó en los últimos días un tono más combativo. "Esto ya no parece un movimiento estudiantil, sino más bien un movimiento de violencia urbana", declaró el jueves Sébastien Lecornu. "Últimamente, nos resulta difícil celebrar una manifestación en este país sin que se infiltren grupos violentos, especialmente de extrema izquierda y, en ocasiones, de extrema derecha".
Las fricciones entre el ministro de Interior y el ministro de Educación, Edouard Geffray, por la respuesta policial a la protestas estudiantiles han saltado a la luz esta semana. Geffray se reunió el viernes con los sindicatos y aseguró "haber recorrido una buena parte del camino" en la última semana. Los sindicatos alegan sin embargo que la respuesta del Gobierno del Gobierno se ha limitado hasta ahora solamente a cubrir las más de 3.000 plazas de profesores ausentes, sin atender a otras demandas como el elevado número de estudiantes por clase, la rigidez de los horarios, el estado ruinosos de algunos institutos y la falta de transparencia del Parcoursoup, la plataforma de acceso a la escuela superior.
"Somos los estudiantes de hoy y los trabajadores del mañana", declaró la secretaria nacional del Sindicato de Escuelas Secundarias Lydia Hamadene, que recalcó la importancia del apoyo recibido en los últimos días por el resucitado movimiento de los "chalecos amarillos". "Jóvenes y amarillos" ha sido de hecho una de las consignas más difundidas estos días en las redes sociales.
Algunos líderes más visibles del movimiento de los Chalecos amarillos, como Eric Doruet, Priscilla Ludosk, Jacline Mouraud o Jérôme Rodrigues (que perdió un ojo durante los enfrentamientos con la Policía), han vuelto a primer plano estos días y han pedido el apoyo a las demandas estudiantiles, respaldadas por el 69% de los franceses, según un sondeo de Elabe para el canal BFMTV.
Violencia policial
Los números de las protestas estudiantiles de estas semanas lo dicen todo: más de 8.000 jóvenes han sido detenidos (el 85% de ellos menores) y más de un millar personas han resultado heridas, entre agentes de Policía (937), estudiantes (248) y personal docente (149), desde el inicio de las protestas estudiantiles. La Inspección General de la Policía ha abierto hasta ahora 36 investigaciones por el uso excesivo de la violencia por parte de sus agentes que han causado cuatro "mutilaciones" de menores (como la amputación de una mano) por uso de "armas explosivas" y "heridas sustanciales" (como la pérdida de un ojo) durante los bloqueos a los institutos y las manifestaciones.
Los abogados de los estudiantes afectados denuncian el uso desproporcionado de la violencia y las "heridas de guerra" causadas principalmente por los efectivos de la CRS (Compañías Republicanas de Seguridad), especializados en el control de disturbios y manifestaciones con armas "no letales" como los gases lacrimógenos, los lanzadores de pelotas de defensa (LBD) y las granadas aturdidoras, que volvieron a ser autorizadas para hacer frente a las manifestaciones del 17 de octubre tras varios días de suspensión.
La explosión de una granada aturdidora está precisamente detrás del caso más notorio, el un estudiante de 15 años (Evan) que perdió la mano izquierda el 5 de octubre en Lens. Su abogado, Bertrand Wattez, ha rechazado la versión oficial (que alegaba que el menor intentó volver a lanzar la granadas a la Policía) y ha recalcado que su cliente caminaba simplemente hacia su instituto "sin participar en la violencia" y que las heridas graves se produjeron al explotar el dispositivo cerca de su cuerpo. Las granadas aturtidoras producen destellos y sonidos de hasta 180 decibelios para desorientar y dispersar a hipotéticos agresores y su uso ha sido duramente criticado en los últimos años.
En Tours, el 30 septiembre, otro estudiante conocido como Mael (16 años) perdió un ojo en la carga policial contra el bloqueo del instituto Gustave Eiffel. La herida sufrida "es compatible con el impacto de una pelota de goma del tipo LBD". El uso abusivo de armas LBD estuvo detrás de numerosas heridas y demandas judiciales durante las manifestaciones de los "chalecos amarillos" en el 2018.
Otro estudiante de 14 años, identificado como Eden, sufrió graves heridas en el rostro, dos fracturas en la mandíbula y varios dientes rotos por el impacto de un lanzagranadas a una distancia de metro y medio durante una protesta estudiantil en Saint-Ouen. "Estamos hablando del equivalente armas de guerra", denunció a The Guardian su abogada, Elsa Marcel. Los padres han presentado una denuncia contra las fuerzas de seguridad por "intento de asesinato".
"El papel de la Policía es proteger las libertades públicas"
La violencia de los enfrentamientos en las calles de las ciudades francesas ha llegado a tal extremo que la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ha expresado públicamente su "preocupación" y ha pedido que "el derecho de reunión pacífica sea respetado". "El papel de la Policía es proteger las libertades públicas y la seguridad de todos", ha recordado por su parte Alexis Deswaef, presidente de la Federación Internacional de Derechos Humanos. "Observamos sin embargo que la policía parece estar actuando únicamente para reprimir la protestas democráticas (...). Las demandas de los jóvenes son legítimas y el Gobierno debe escucharlos".
"Cuando una movilización social se descalifica como una violencia urbana, eso conduce a una respuesta puramente represiva", advierte Nathalie Tehio, presidenta de la Liga Francesa de los Derechos Humanos, que denuncia las detenciones sistemáticas de más de 6.700 menores, de los cuales menos de la tercera parte son puestos a disposición judicial. "Eso demuestra que de lo que se trata en el fondo es de meter miedo a la gente y evitar que se manifiesten".
"Las técnicas represivas están dirigidas principalmente a asustar a los jóvenes que no están acostumbrados a las manifestaciones", recalca Vanessa Codaccioni, profesora de la Universidad de París y autora de Cómo reprimen los estados. "Pero la violencia represiva no frena los movimientos sociales. Por el contrario, y esto es una constante histórica, sirven para fortalecer el compromiso de los manifestantes, como aquí ocurre ahora en la lucha adicional contra la violencia policial".
Los gritos de "todos detestamos a la Policía" han sido una constante en las protestas estudiantiles contra la precariedad de la educación pública. Desde el primer momento, el Gobierno acusó de la violencia a "infiltrados de extrema izquierda" próximos a La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon. La presencia de "alborotadores", que acuden cubiertos e incluso con máscaras antigás a las manifestaciones, es pública y notoria al final de las marchas, cuando la Policía recurre a todo su arsenal de armas "no letales" para dispersar a la multitud (incluido el despliegue de los imponentes vehículos blindados Centaure, como esta semana ante la cúpula de Los Inválidos).
El ministro de Interior, Laurent Nuñez, pidió mano firme contra los manifestantes en su reunión con los prefectos el viernes, en la antesala de un sábado especialmente crítico para las fuerzas del orden. Rudy Manna, del sindicato policía UNSA, lanzaba desde las ondas de FranceInfo un llamamiento a los manifestantes para "desviarse de los alborotadores en el momento de una carga policial, para que podamos desafiar a las personas adecuadas". "Hay que distinguir claramente entre la violencia urbana y las reivindicaciones legítimas", advertía Lecornu.

Analyst Jérôme Fourquet describes the social climate in France as an "end of reign" for Emmanuel Macron, marked by the budget crisis, youth discontent and political polarization that benefits the extremes.
The Spanish electorate shows concern about the November 29 elections. While the PSOE and the right adjust their strategies, divisions in the 'left of the left' and housing protests in Madrid mark the current political climate.

Marina Echebarría Sáenz, professor of Commercial Law and LGTBIQ+ activist, becomes the first trans person on the CNMC council. His appointment, proposed by Sumar, stands out for his technical profile in the face of political polarization.

Spain has gone four years without new General State Budgets, operating under accounts extended from 2023. Although the economy grows, experts warn about the loss of efficiency, business uncertainty and the erosion of parliamentary control.

Vox is considering not presenting Senate candidates in certain provinces to ask the PP to vote, seeking to avoid a left-wing majority after the 'Senate of Progress' alliance between PSOE and Frente Amplio. The final decision rests with the National Executive Committee.

The leader of the PP, Alberto Núñez Feijóo, has appointed Xavier García Albiol, mayor of Badalona, as head of the Congress list for Barcelona. The objective is to stop Vox, subtract votes from the PSC and strengthen the electoral aspirations of the PP in Catalonia.