Pedro Sánchez responde a la crisis de Ceuta con estrategia de victimización
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El gobierno de Pedro Sánchez responde a las críticas por la situación en Ceuta, acusando a una conspiración interna y externa, mientras un informe policial vincula a Marruecos en la invasión.
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Why It Matters
El gobierno de Pedro Sánchez enfrenta críticas por la situación en Ceuta y un informe policial que implica a Marruecos en la invasión.
La respuesta de Pedro Sánchez a la insostenible situación de Ceuta y el creciente malestar social que se expresó ayer en las calles de España sigue el mismo esquema de usos y costumbres del presidente socialista en momentos de serias crisis, como fueron la pandemia, el apagón eléctrico, la DANA o los casos de corrupción. Esta manera de ser y de actuar de Sánchez se resume en 1) su absoluta frialdad ante los hechos, la distancia de quien se siente un mero observador; 2) su nula empatía respecto a las víctimas (a las que suele convertir en culpables si sus quejas le señalan); 3) un rechazo natural a asumir cualquier tipo de responsabilidad política y 4) un paranoico victimismo que le lleva a acabar presentándose, libre de todo pudor y vergüenza, como el principal damnificado de la crisis de turno y/o de las maniobras en su contra de la derecha y "los poderosos".
En esta ocasión, el informe policial que certifica la participación de las fuerzas de seguridad marroquíes en la invasión de Ceuta rompe la estrategia del Gobierno de negar cualquier implicación de Rabat y empuja a Sánchez a la fase 4 de su habitual patrón de comportamiento: presentarse con tono afligido como una víctima -condición que aflorará seguramente hoy en su discurso en el Congreso-, tanto de una mano negra exterior dirigida por Trump y Netanyahu, que al desestabilizar a Ceuta busca desestabilizar al Gobierno, como, sobre todo, víctima de la guerra interior, judicial (lawfare) y policial, que ha aprovechado la oportunidad del frente abierto en Ceuta para ocultarle información y perjudicarle.
El malestar de muchos españoles por el abandono de Ceuta y las primeras grietas en el liderazgo de Sánchez en el PSOE, con casi cuarenta alcaldes rompiendo las órdenes y participando en las movilizaciones de apoyo al pueblo ceutí, han llevado al Gobierno a contaminar el debate público con un nuevo episodio de la conspiración del «Estado profundo» contra Sánchez, con una unidad de la policía escondiendo información de inteligencia al ministro Marlaska. Pero esta tesis monclovita de emergencia obvia que el informe se elaboró en calidad de Policía Judicial, y como tal solo reporta ante el juez, y orilla que la ministra Robles había confirmado que existían varios informes sobre las maniobras marroquíes -uno de estos fue emitido el 29 de julio, antes del asalto- y que fueron compartidos con la Delegación del Gobierno.
Que Sánchez prefiera sacrificar la credibilidad de su Gobierno -y de su ministro del Interior-, dejándolo como un pobre inepto, antes que señalar a Rabat dice más sobre la influencia de Marruecos que sobre la supuesta conspiración del «Estado profundo». Y es que su intento de presentarse como una víctima también de la crisis de Ceuta, finalmente el principal damnificado, sin importarle aparecer como un presidente que no se entiene de nada y que no controla el ministerio del Interior, hace más sospechosa todavía la cerril protección por parte del Gobierno del régimen marroquí. ¿Qué debe o teme Sánchez?
Open Questions
- ¿Qué medidas concretas tomará el Gobierno para abordar la crisis en Ceuta?
- ¿Cómo afectará este episodio a la relación entre España y Marruecos?




