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La escasez de órganos humanos para trasplante es una crisis global, con decenas de miles en lista de espera. Los intentos históricos de xenotrasplante han fracasado por rechazo inmunológico y limitaciones técnicas, pero la edición genética como CRISPR ha renovado el interés en este enfoque.
En enero de 2025, Tim Andrews recibió un trasplante de riñón de un cerdo en el Hospital General de Massachusetts, en Boston. El paciente, que tenía 66 años en el momento de la intervención, vivió con ese riñón durante 271 días sin necesidad de la diálisis que había requerido los dos años anteriores para sustituir a sus riñones fallidos. Esos nueve meses son el récord de duración para un trasplante de un animal a una persona.
Además, según cuenta este jueves el equipo que realizó la operación en la revista médica The Lancet, en enero de este año, Andrews recibió un riñón de un donante humano que le ha permitido continuar con su vida con relativa normalidad. Esta transición, que hace ver un futuro posible en el que los órganos extraídos de animales modificados sirvan, al menos, de salvavidas durante la espera de un donante humano, también es la primera realizada con éxito en la historia.
“La escasez de órganos es la mayor crisis que tenemos ahora mismo en el campo de los trasplantes”, ha dicho Leonardo Riella, director médico del programa de trasplante renal del Hospital General de Massachusetts y autor principal del ensayo. “Sabemos que la mejor opción de tratamiento para los pacientes con enfermedad renal terminal que han desarrollado insuficiencia renal es el trasplante, pero sencillamente no tenemos suficientes órganos humanos para realizar los trasplantes a tiempo. Nuestra visión es que el xenotrasplante [trasplantar células, tejidos u órganos de una especie animal a un ser humano] podría ayudar a cubrir esta carencia: inicialmente, como un puente que permita a los pacientes dejar la diálisis mientras esperan un riñón humano de un donante y, potencialmente, a medida que confirmemos su seguridad y durabilidad a largo plazo, como un tratamiento definitivo por derecho propio”, ha añadido.
En 2025, en la UE había 53.343 pacientes en lista de espera para el trasplante de un órgano de un donante. En EE UU, pese a tener un 25% menos de población, la cifra supera las 100.000 personas. Aunque la diálisis permite sobrevivir en el caso del riñón, no sustituye completamente el trabajo de este órgano y suele deteriorar poco a poco la calidad de vida. Por eso, desde hace décadas, los científicos han intentado utilizar órganos de animales para trasplantarlos a seres humanos.
Desde principios del siglo pasado, se realizaron intentos de sustituir órganos dañados de seres humanos por otros de animales, sin éxito. Corazones de cerdos, ovejas, babuinos e, incluso, chimpancés, se trasplantaron en humanos con tiempos de supervivencia que fueron de las horas a los meses. En 1964, Edyth Parker, murió un día antes de cumplir 9 meses con un riñón de chimpancé, la misma barrera alcanzada por Andrews seis décadas después.
Como sucede con los trasplantes entre humanos, el sistema inmunitario rechaza los cuerpos extraños, pero, en el caso de los animales, con más intensidad dadas las mayores diferencias inmunológicas. Las últimas técnicas de edición genética, como CRISPR, han cambiado el panorama.
En el caso del estudio publicado hoy, la empresa estadounidense eGenesis creó un animal modificado genéticamente con 69 cambios en su ADN para que el cuerpo de Andrews no identificase su riñón como algo extraño. Algunos de esos retoques eliminaron el rechazo instantáneo que provoca el contacto de un órgano de cerdo con la sangre humana y otros añadieron genes humanos destinados a controlar procesos como la inflamación, la coagulación y la activación del sistema inmunitario. Además, los investigadores desactivaron unos fragmentos de ADN conocidos como retrovirus endógenos porcinos, fragmentos de material genético insertado en los ancestros de los cerdos que se transmiten de forma hereditaria y podrían producir infecciones en los humanos.
El equipo médico cuenta que los resultados iniciales fueron muy buenos. Durante la misma intervención quirúrgica, el riñón comenzó a producir orina y generó entre cuatro y cinco litros al día en la semana posterior a la operación. Esa labor de limpieza de la sangre libró al paciente de la diálisis y le devolvió una independencia que no había tenido en los años anteriores.
Dos semanas después aparecieron los primeros problemas. Las células inmunitarias, en concreto los linfocitos T, que defienden al cuerpo de los virus o el cáncer, empezaron a atacar al riñón en un episodio típico de rechazo. Entonces, los médicos lo pudieron resolver con el tratamiento habitual, que incluye fármacos que bloquean la respuesta inmune.
Como suele suceder en los pacientes candidatos a tratamientos experimentales con muchos riesgos desconocidos, Andrews tenía problemas muy serios de salud, y el equipo médico tuvo que enfrentar varias crisis en los meses posteriores, desde una infección en una pierna a una angina de pecho que necesitó que le insertaran otro stent en el corazón, pero el riñón siguió cumpliendo su función.
Sin embargo, a los seis meses, cuando tuvieron que reducir la medicación inmunosupresora para combatir una infección bacteriana, apareció un segundo tipo de problema. Una inflamación de los vasos del riñón hizo que se fuesen acumulando coágulos en el órgano que mermaron su capacidad para filtrar la sangre. Curiosamente, este daño no estaba causado por anticuerpos, sino que parece obra de otra rama del sistema inmune: los macrófagos y células NK (natural killer) que forman parte del sistema inmune innato. A los 271 días, el daño ya era irreversible y los cirujanos tuvieron que extraer el riñón de cerdo.
Uno de los aspectos destacados del estudio, según cuenta Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes, es lo que sucedió después. Algo más de dos meses después de la retirada del órgano animal, Andrews tuvo suerte y apareció un donante humano con las raras características que él necesitaba. Siete meses después de injertárselo, seguía funcionando correctamente y no ha habido una respuesta inmune causada por el contacto con el riñón de cerdo. “Esto abre la posibilidad futura de que hablemos de un trasplante renal puente al trasplante humano mientras se espera a que haya uno disponible”, dice Domínguez-Gil, que aclara que este sigue siendo “un terreno experimental”.
Los autores del trabajo advierten que el estudio es solo sobre un paciente sin grupo de comparación y que no se pueden sacar conclusiones definitivas. Para el futuro, Pablo Ramírez, jefe de Cirugía General y Trasplantes del Hospital de la Arrixaca en Murcia y miembro del Comité de Expertos en Xenotrasplante del Consejo de Europa comenta como puntos más interesantes “entender qué sucede con esas natural killer que han sido clave en el rechazo de este riñón y no aparecen en el trasplante humano”. “A continuación, seguramente, harán una modulación con inmunosupresión para controlar ese mecanismo de rechazo”, predice.
Los autores mencionan también la necesidad de mejoras en los fármacos para proteger los vasos sanguíneos del riñón a largo plazo y la modificación genética de los cerdos para seguir avanzando hacia el objetivo de conseguir que los órganos de cerdo salven vidas humanas.
AI outlook — possibilities, not facts
Se realizarán estudios adicionales para entender el papel de las células NK y macrófagos en el rechazo del riñón de cerdo y modular la inmunosupresión en consecuencia.
Likely · Within months
Se buscarán mejoras en fármacos para proteger los vasos sanguíneos del riñón trasplantado a largo plazo.
Likely · Within months
Se continuarán modificando genéticamente los cerdos para mejorar la compatibilidad y seguridad de sus órganos para trasplante humano.
Very likely · Within years

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