Puigdemont vuelve; ¿Rufián se va?
Quick Look
- Tras la declaración unilateral de independencia de 2017, Carles Puigdemont decidió exiliarse en Bélgica tras una reunión en el monasterio de Montserrat donde se debatió su futuro político.
- Nueve años después, la aplicación de la amnistía ha igualado su situación judicial con la de Oriol Junqueras, permitiendo su posible retorno activo a la política catalana pese a las tensiones internas en Junts y la competencia con Aliança Catalana.
AI-generated summary
Why It Matters
Tras la declaración unilateral de independencia de Catalunya el 1 de octubre de 2017, Carles Puigdemont y otros líderes independentistas enfrentaron cargos judiciales por rebelión y desobediencia. Puigdemont huyó a Bélgica para evitar el ingreso en prisión, iniciando un exilio que se ha prolongado durante nueve años. La reciente aplicación de la ley de amnistía ha anulado parcialmente esos cargos, reabriendo el debate sobre su retorno político activo.
El destino de Carles Puigdemont tras la declaración unilateral de independencia del 2017 pasó por una sala de reuniones del monasterio de Montserrat. Un reducido grupo de colaboradores evaluó, por encargo del president, el qué, cómo y dónde. La tensión entre Puigdemont y el PDECat iba en aumento y muchos pensaron que lo que se dirimía en aquella habitación con vistas al valle del Llobregat, coca y chocolate sobre la mesa, era una escisión posconvergente. Lo que se puso sobre la mesa fue el camino que debía seguir el president.
La dicotomía entre la figura de Mandela o Assange sonaba grandilocuente. Quizás ¿Otegi o Assange? La referencia del líder de Bildu incomodaba por sus condenas por enaltecimiento del terrorismo, aunque los seis años en prisión por el Bateragune se saldaran con una sentencia europea contra el Estado. Otegi ha sido uno de los líderes que ha visitado a Puigdemont en Waterloo. “A ver si acabaremos haciendo un Tarradellas”, pensó alguno en la reunión. Treinta y ocho años en el exilio hasta su triunfal retorno en 1977. Tarradellas volvió sin consellers, y Puigdemont, probablemente también. El regreso triunfal está por ver. El momentum Puigdemont es una incógnita electoral.
Aunque el tiempo ha borrado algunos pactos entre los líderes del procés , había unanimidad en las filas puigdemontistas y ERC en que había que proteger la figura del president. No hubo ni dudas “ni votos particulares”, aseguran. Puigdemont debía marcharse, pero en aquella reunión “nadie se planteó que duraría nueve años”. Se defendió que refugiarse en el extranjero permitía “plantar cara” sin someterse a las estructuras “represivas” del Estado. Hacerlo desde Bélgica era lo más seguro legalmente y la capital europea se convertía en la mejor tribuna.
El plan incluía a los consellers, aunque se convino que era una decisión personal. Oriol Junqueras nunca pensó en irse, algunos se quedaron con las maletas hechas, siete se fueron, cinco volvieron… Lluís Puig se fue dos veces. También fue unánime el compromiso de no usar la decisión que cada uno tomara como arma de descrédito. Con el tiempo llegaron las descalificaciones de quienes nunca se jugaron nada: Gabriel Rufián llegó a llamar “tarado” a Puigdemont.
¿Valió la pena? “No deja de ser una victoria”, responden ahora en Junts a pesar de los costes personales y políticos. El tiempo también ha sanado heridas entre familias convergentes. “Todos van volviendo”. Quienes criticaron el procés desde dentro, hoy se ven reconfortados con un Junts que se parece más a Convergència a pesar de que las encuestas les niegan el aliento frente a Aliança Catalana.
Y se compensa la competencia independentista. Nueve años después, la aplicación de la amnistía vuelve a situar al líder de Junts y Junqueras en igualdad de condiciones en el cauce del sistema. La normalización política en Catalunya hace años que se predica, pero hasta ahora no podía considerarse efectiva. La paradoja es que los indultos y la amnistía son fruto de las necesidades aritméticas de Pedro Sánchez y la virtud se acaba con los mismos votos que lo invistieron en el 2023.
Puigdemont recibió el lunes en Waterloo a Jordi Turull y Albert Batet, los vicepresidentes de Junts cuando Sánchez ya había convocado las elecciones. El tamtam judicial hacía prever que, tras la decisión del Tribunal Constitucional, decaería la orden de detención. Se celebró, pero el auto del juez Llarena está plagado de salvedades, el president no tiene prisa y las urgencias electorales son menos cuando Sílvia Orriols no entra en la ecuación de las generales. Otra cosa son los alcaldables. Cuentan con la gira prevista por Puigdemont para engrasar la maquinaria aunque no aclare su futuro en el partido.
What to Watch
AI outlook — possibilities, not facts
Carles Puigdemont anunciará su retorno político activo a Catalunya dentro de los próximos 3 meses para participar en la campaña electoral autonómica o estatal.
Likely · Within months
La aplicación de la amnistía generará nuevos recursos judiciales ante el Tribunal Constitucional o el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por parte de acusaciones populares o partidos políticos opositores.
Possible · Within months
Open Questions
- ¿Cuándo planea Carles Puigdemont retornar oficialmente a Catalunya para participar en política activa?
- ¿Cómo afectará su posible retorno a la dinámica interna de Junts y su relación con ERC?
- ¿Qué condiciones podría imponer el Tribunal Supremo o el Tribunal Constitucional a su regreso pese a la amnistía?
- ¿Logrará Junts recuperar terreno electoral frente a Aliança Catalana y ERC en las próximas elecciones?





