
Ruslana Panchyshyna, exconcursante de 'Operación Triunfo', habla de su debut como actriz en la película 'A fuego', su conexión personal con el proyecto, la presión de madurez precoz en la industria musical, su relación con las redes sociales y la bifobia dentro de la comunidad LGTBI, afirmando que vive su bisexualidad con naturalidad y rechaza las expectativas externas.
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Ruslana Panchyshyna ganó fama tras participar en 'Operación Triunfo' hace tres años. Desde entonces ha desarrollado una carrera musical independiente y ahora debuta como actriz en la película 'A fuego', que trata sobre la juventud y la vocación artística.
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Ruslana Panchyshyna, nacida en Ucrania en 2005 y criada en Adeje (Tenerife), saltó a la fama en ‘Operación Triunfo’ hace tres años, pero ha decidido no coger el camino fácil y azucarado de tantos triunfitos anteriores. Le está funcionando. No reniega del rock ni del posicionamiento social; es abiertamente bisexual, pero se atreve a denunciar las contradicciones de la comunidad LGTBI, y debuta como en actriz en ‘A fuego’, una película sobre la juventud y la vocación artística que ya está en las salas.
¿Hay mucho de lo que tú has vivido en la trama de la película?
Sí, ha sido el proyecto perfecto para empezar en el mundo del cine porque me he sentido muy identificada con las cosas que muestra y los valores que promueve. Los protagonistas son un poco más jóvenes que yo ahora mismo, pero hace no tanto yo he vivido todo eso. Las primeras veces, cuando te equivocas y cuando no, las amistades y el amor en un entorno de competitividad y presión, los sueños artísticos. Así que, sí, me he sentido muy, muy, muy conectada al proyecto.
¿Es una experiencia aislada o ves ahí una segunda carrera?
Sí que veo ahí un camino profesional porque, aunque no sea una cosa que haya gritado a los cuatro vientos, siempre he pensado que me encantaría ser actriz. La vida me ha llevado por otro camino, pero yo estaba destinada a estudiar teatro musical y la actuación siempre estuvo superpresente en mi proyecto y en mi persona. Así que lo afronto como una segunda vía al 100%. Sin dejar nunca la música, obviamente, pero es algo guay que explorar con un poco más de inocencia. Me ha encantado.
¿Has perdido esa inocencia con la música en estos tres años que han pasado desde tu irrupción con OT? Jugando con el título de la peli, ¿aún vives a fuego o has frenado?
Es que estos últimos tres años han parecido diez. Te cambian, te maduran, te pasa de todo. Luego el ritmo se estabiliza, por así decirlo. Creces, tomas decisiones de qué cosas quieres hacer, a qué quieres prestarle más atención y eliges tu propio camino. Pero, vamos, si quieres conseguir algo en la vida y en esta industria, nunca se tiene que dejar de vivir a fuego. Así que ahí sigo.
¿Sientes que has tomado el control de tu carrera y de tu vida?
Poco a poco, sí. Se están estabilizando las cosas y yo también estoy intentando tomármelo con toda la tranquilidad que puedo, que a veces me cuesta. La primera parte, esa del boom y de aparecer está muy bien, pero mantener una carrera requiere una estabilidad y una toma de decisiones muy conscientes. Ya es hora de buscar el lugar en que te sientes cómoda y seguir luchando desde ahí.
¿No os exige vuestra profesión decisiones demasiado maduras para tener 20 años?
Fíjate, he pensado bastante en eso. Se te exige una madurez que, literalmente, no tienes con los años que has vivido. Es imposible. Entonces, lo que he aprendido es a no hacer caso de eso. Obviamente, intento tomar las mejores decisiones que puedo, tampoco soy tonta, pero de puertas hacia fuera no me preocupo por aparentar la edad que no tengo. Te insisten, por ejemplo, en que tengas cuidado con lo que dices en público, pero, joder, tienes 18 o 20 años, no pasa nada por ser natural o, incluso, equivocarte. Es lo normal. No es que seas joven, es que eres casi un bebé. Relax.
No me gustaría ver a mi yo de 20 años responder a una entrevista.
Claro, por eso te digo. Por eso creo que lo más importante es no ceder a esa presión ni dejar de ser tú misma. Es muy fácil con 18 años, cuando todavía no tienes conciencia de ciertas cosas y aún se está formando tu personalidad, verte influenciada por ciertas personas y ciertos intereses ajenos. Cómo tengo que salir, cómo tengo que actuar, cómo tengo que vestir, qué tengo que decir, qué tengo que ocultar… El mejor consejo que puedo dar a cualquier artista joven que se encuentre en mi situación de hace dos años es que huya de eso, siga siendo ella misma y, si te equivocas, pues chica, aprendes y ya está. Nada es tan grave.
El primer sencillo que sacaste tras OT fue ‘Las chicas malas desafinan’. ¿Fue una declaración de intenciones?
Lo de desafinar no, pero chica mala lo seré siempre [risas].
Pese al éxito, ¿mantienes la conexión con la realidad y los problemas de tu generación o vives en una burbuja?
La rara soy yo, mis amigas sufren todos los problemas de la juventud; trabajos precarios, vivienda inalcanzable… Claro que me preocupa. Cuando nosotras hablamos de cómo será nuestra vida dentro de 20 años, las respuestas no son muy optimistas. Hay mucha incertidumbre, pero no quiero hacer un reproche a las generaciones anteriores. El mundo está cambiando constantemente y nos toca a nosotros luchar para que cambie a mejor. La gente joven tiene que movilizarse y gritar, pero con cabeza. Somos una generación que tiene que lidiar con un problema nuevo: la sobreinformación y la falta de información que hay por culpa de las redes sociales. Hay tanta gente opinando que es difícil saber qué es verdad y qué es propaganda. Lo estamos viendo con tantos influencers que hablan de lo que no saben y meten la pata. Teniendo una herramienta tan potente en nuestras manos con la que poder alzar la voz, tenemos que ser muy conscientes de todo lo que decimos y pensarlo mucho en casa antes de teclear. Hay que posicionarse, pero antes hay que invertir tiempo en informarte bien y en saber qué piensas tú sobre todo eso.
¿Cuál crees que es ahora mismo la principal lucha que merece ese posicionamiento?
Ahora mismo, en España, el mayor problema es el acceso a la vivienda. El hecho de que a los jóvenes se nos exijan unos precios y unas condiciones para independizarnos que, a no ser que sean unos privilegiados, no se pueden alcanzar. Yo soy de esas privilegiadas que he podido comprar un piso, pero para la mayoría es vivir durante años metido en una jaula de la que no sabes si vas a salir. Obviamente, hay guerras en el mundo, pero en España esta debe ser la principal lucha. Luego, evidentemente, no hay que dejar de luchar jamás por los derechos de la comunidad.
Parece que mantienes una relación de amor-odio con las redes sociales pese a que son una herramienta fundamental para los artistas de tu generación.
Sí, absolutamente. Es que las redes son algo oscuro y muy poderoso a la vez. Yo no quiero criticarlas por decir que soy antisistema, porque todos los artistas emergentes estamos en el mismo barco y las necesitamos, pero creo que es conveniente señalar y conocer sus peligros. Creo que las redes son una cosa extremadamente tóxica y mi relación con ellas ha tenido altibajos y no me importa decirlo. Con 18 años salgo de una Academia a la que entré siendo anónima, todo el mundo está hablando de mí en redes y digo: "¿Qué cojones pasa aquí?". Tu ropa, tu físico, tus relaciones, tu trabajo, tus opiniones… Todo se debate y se ataca. Eso es muy complicado, obviamente. A día de hoy, pasado ese shock, las veo como una herramienta de trabajo e intento ser lo más natural posible y ceñirme en lo posible a lo profesional. Estoy muy contenta porque me he quedado con la parte que no es tóxica. He logrado purgar a los haters, no respondo y la gente se va a echar mierda a otro, así que ya está.
Hablabas antes de la lucha por los derechos, eres bisexual y dentro de la propia comunidad LGTBI a menudo hay cierto recelo hacia vosotras.
Totalmente. Las bisexuales somos las marginadas de la comunidad. Se nos tacha de demonios por decirlo como si fuera algo que no existe o un juego. Implementar etiquetas es necesario para acometer en una lucha hacia fuera, pero dentro de la comunidad deberíamos ser un poco más permisivos con esto. Si tengo que ponerme una etiqueta, pues sí, soy bisexual, pero se me hace raro etiquetarme porque he tenido la suerte de nunca haber tenido que salir del armario con mi familia ni mi entorno, he vivido mi sexualidad con una naturalidad absoluta y es una bendición. No he sufrido dentro de mí esa lucha de quién soy o dejo de ser. Yo soy yo y ya está. En un momento sí pensé que sólo me gustaban las chicas, luego vi que no y hoy voy a vivir mi vida y lo que traiga. Lo más preocupante para mí es que dentro de la propia comunidad se nos juzgue.
¿En qué sentido?
Se nos margina un poco y se dice que es por moda. A mí eso me duele que pase dentro de la propia comunidad; fuera, pues bueno, hay gente estúpida y no pasa nada. Unos cuantos se merecen una lobotomía, pero entre nosotras eso no debe pasar.
Hace poco, Anna Castillo denunció que había sufrido esa bifobia por, tras romper con su novia, empezar a salir con un hombre.
Claro, te llaman traidora. Es que cuando, como le pasa a Anna Castillo, te conviertes en icono queer sin haberlo pedido, de repente estás con un tío y ya se te tiran encima y flipas. Es como: "Oye, a ver si vamos a ser tan intransigentes como el resto". Yo llevo mi sexualidad por bandera y por delante, porque es lo que soy, es el mundo en el que vivo y me gusta. Ni he pretendido ni he pedido ser un icono queer, tampoco creo serlo. Si alguien se siente conectado con algo que yo diga, me parece perfecto, pero no quiero vivir con la presión de tener que cumplir las expectativas de nadie.
AI outlook — possibilities, not facts
Ruslana Panchyshyna continuará desarrollando su carrera como actriz junto a su música
Likely · Within months
El debate sobre la bifobia dentro de la comunidad LGTBI ganará más visibilidad en los próximos meses
Possible · Within months

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